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Queda un Palo y No Es el As de Bastos

En el fondo de una mísera barraca, el mazo de barajas reta las esquirlas de la suerte
De mano en mano, entre la nebulosa de tabaco incinerado:

El filo de una espada decapita a sota
En un reinado de caballos de oro
Languidecen los frágiles tesoros
En la embriaguez de un as de copas.

El también dorado nivel de una botella de ron no cesa de bajar, como una infausta marea inversa nos quita lucidez, para alimentar las residuales sombras restantes en la madrugada.

El precario techo de cinc impide la vista al cielo
Ya sin ganas de jugar sirvo los tragos de ron
Yo lo tomo con limón, y dos cubitos de hielo.

Más temprano, colgué mi guerrera en un oxidado gancho de hierro que sobresale en una de las deleznables paredes de este rancho, la insignia apuntando al suelo, pero de frente a la puerta, de manera que cualquiera al entrar, se dé por enterado que en esta sórdida sala hay un cabo primero.

En una vieja libreta
A ocasiones apuntando
El coro que en mis oídos
Redunda con la receta
Ni bebiendo ni fumando
Yo lograré darte olvido.

La libreta en cuestión, la perdí el día del licenciamiento, a los veinte años sentía que había perdido más de lo que tenía —Me equivoqué—
El hombre que más ganaba en aquella mesa, se abría la camisa exhibiendo sobre su voluminoso abdomen, una cicatriz que le cruzaba el pecho y finalizaba en el cuello.

Para nada me intimido
Con la insinuante crudeza
Yo vi un amigo tendido
Con un tiro en la cabeza.

Sobre la melodía de aquel montuno lacerante sobresalía la voz de Lavoe , y después, discurrían los trombones como lagrimas de un despechado en la antesala del coro que volvía lacónico y pausado «no te Olvido…bebiendo, ni fumando»

Amaneció el día risueño
El crepúsculo manchado
Y nuestros ojos hinchados
Por la abstinencia de sueño.

Dentro de mis nociones de consuelo, puedo decir que esta noche no he perdido otra cosa más valiosa que tiempo, si las caricias y los celos de ninguna mujer son para mí, puedo jugarme la vida en el canto de una baraja.

Puedo desojar recuerdos
De los amores negados
Puedo darme por pagado
Sí en el juego todo pierdo.

Es que no estaba del todo ileso, una herida en mi corazón fragmentaba el pilar fundamental de un estado feliz, el hombre de la cicatriz en el pecho, hizo mención de una palabra incompatible con el juego, en algún momento de la repartición, en frases hediondas a nicotina nos hizo saber que aquel que en el amor bien camina, anda mal en los juegos.

Amaneció más temprano
El sol quitó las estrellas
Dentro de esta botella
Todavía queda un palo.

etiquetas: prosa, poética
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