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Soy un ave frente al mar...

La lluvia cubre la mirada con caricias de brisa en mi pelo.
Un ejército de gotas de ilusión al sentir el viento,
privilegiada escena de la profundidad del mar frente a mí; me observa.

El impresionante sonido entre las escolleras; tu fortaleza.
Donde las olas se estampan al querer escapar,
me hace volver los ojos al cielo,
me han recordado el anhelo de querer el espacio surcar.
Respiros interminables con sabor a sal que acumulan los recuerdos tocan mi rostro.

En mi memoria, atormentan los vestigios del primer paso en la arena,
la sensación del salitre entre mis dedos que hipnotiza la piel y me consume lentamente al caminar,
un susurro que invade el viento; vuela.
Interminables travesías que dejaron ecos dentro de cada palabra; la eterna libertad.

Espacio y tiempo se detienen,
cada caricia de tu brisa me hace recordar la esencia del universo.
Deseo retornar al cielo como el ave que viaja sin desvelo.
Puedo sentir, te siento, puedo llorar te lloro, puedo extrañar te extraño,
ingredientes que se unen a un ser irracional.
El mar consume mi vida, la añoranza perdida del querer volar.

Has estado a mi lado como olas que vienen y van,
me he sumergido hasta lo más profundo, resurgido sin parar.
Envuelves mi alma con sintonías de sirenas que me indican el camino.
Quiero emprender el ascenso con el plumaje mojado,
pesan mis alas no puedo.
Se marchitan mis ojos al intentar corregir mi andar.
Estas tú, siempre tú,
mezclado en cada gota que cae,
tiendes los hilos que me atan cada ala para poderme curar.

Me detengo frente a un muro de escolleras,
un suspiro profundo me hace comulgar con la vida.
Tengo que regresar a mi mundo te he dicho, déjame volar.
Me has contestado que solo puedo observar,
que en cada tormenta quieres escapar.
Así es mi vida, es la vida que me ha convertido en océano.
Con nubes de turbulencias oscuras, que se compensan con días soleados.
Con gélidos vientos de invierno que hacen contraste con el calor del verano,
con el brillo de la luna que se refleja en mi espejo.
Siempre aquí, esperando por ti cada año.

Soy el mar y sé que deseas volar de nuevo.
Camina sobre mi arena percibe mi aroma de paz,
tú eres ave que camina, un lienzo de historias por pintar.
Cual guerrero en la batalla prepara con disciplina tu lucha sin cesar,
levántate al claudicar.
Concede deseos, promesas de verdad.
Yo, yo siempre te estaré esperando, pues quiero verte volar.





Por: WilyHache®

22 de octubre de 2018






etiquetas: amor, distancia, inefable, serendipia, pasión, saudades
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