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Yatziri

En el centro, una gran mesa arqueada iluminaba el recital. Los doce candelabros de oro y rubí, empotrados en la pared, simbolizaban los doce reyes del séptimo cielo, al igual que las doce sillas finamente decoradas, situadas a lado y lado de la mesa.

Delicados golpes se oyeron en el umbral de la eternidad. Un guía vestido de blanco rebosando juventud, se hizo visible.

Depositó sobre la mesa una jarra de vidrio cincelado y flores doradas, dejando caer sobre la misma, esferas de purificación de cuyos colores difuminaba paz y sanación. Sin más, dando vuelta, desapareció.

Aun costado del pasillo y sin ser vista, eso creyó, observó y percibió tan divina sensación. Viró en círculo exhalando amor. ¡Oh, dulce gratificación!

Casi que ininteligible, escucho una dulce voz. Una vez puesta la túnica, puedes ingresar. Guardó silencio. La voz se emitía en los cuatro costados del lugar.

¡Sus delicados labios fueron sellados!

Abrochaba a su hombro izquierdo la blanca túnica y ceñía sobre la frente la cinta negra de blancas estrellas, cuando divisó a través del cristal, que del extraño estanque de aguas acaneladas y aromatizadas flores, volaban diminutas mariposas y caballitos de mar de diversos colores que se adherían silenciosos a las almas yacentes.

Al borde de aquel estanque, una joven, de tez morena, cabello negro y lacio que tocaba su cintura. Ceñía en su cabeza una cinta blanca trenzada de diademas y pétalos de diversos colores. Era delgada e inmensamente linda. Su cuerpo soportaba un diminuto sujetador bordado de azahares, y una túnica amarilla reluciente bifurcada en dos, colgaba del sujetador y su cintura. Calzaba sandalias color café. No se comprendía, pues sus pies no tocaban el piso.

¡El encanto de la adolescente la hechizó! Ella, le hizo señas que se acercara. Tomándola de la mano vociferó: Recibirás, baños de sanación espiritual. “Seres de contrariedad circundan tu esencia”

En la orilla del estanque y con los pies sobre el agua perfumada. Dicha joven, vertió lentamente y sobre su cabeza , desde la flor de los mil pétalos y hasta la punta de sus pies y más allá, el contenido de la jarra cincelada. Una a una, diminutas y luminosas esferas deslizaban, traspasando el cuerpo físico y espiritual. Al caer sobre el agua, bifurcaban en una multiplicidad de divinos colores, no vistos por el ojo humano

“Tus dones han sido revitalizados” manifestó.

Amplios ventanales permitían alcanzar elevaciones espirituales en su máxima intensidad. ¡El mundo y la eternidad! ¡Alma y espíritu, divina fusión!

YATZIRI, flor del rocío, doncella de la luna, sabiéndose protegida, desveló el fino lienzo que separa el mundo onírico de la real inmensidad.




Imagen tomada de la Revista Criterios y Valores.


Luz Marina Méndez Carrillo/04052019/Derechos de autor reservados


etiquetas: magia
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2comentarios 34 lecturas prosapoetica karma: 72
#1   Espectacular poema
votos: 0    karma: 20
#2   Me alegra que te haya gustado Agustin. Saludos.
votos: 0    karma: 16