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Yo solo quiero reconocerme en mi tumba

Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche lo envuelve todo en un halo de soledad teñido de una sucia escala de grises, a cada cual más oscura, como el techo de mi habitación cuando trago horas en blanco mirando a ninguna parte, porque la almohada no me acoge en su seno, y solo puedo tratar de encontrarme perdiéndome. Los pasos me llevan a ninguna parte, pisando las frías piedras de las aceras, con las manos en el bolsillo protegiéndome de la fría noche, con el vaho saliendo a través de las solapas de mi abrigo que me cubren la mitad de mi rostro del frío y tratando de discernir algo entre el frío relente que me cala con la helada de esta fría madrugada en que todo es frío en cada rincón y yo solo puedo caminar, por no morir congelado en el frío de resucitar los recuerdos ante la ausencia de expectativas en esta vida de sinsabores.

El sol se ha escondido hace ya largas horas, y la ciudad en brumas se difumina entre la oscuridad dejando apenas entrever siluetas informes de mansiones y caserones salidos de cualquier ensueño de pesadilla. Construida a las prisas la vida parece no llegar a ninguna parte, pero por más vueltas que le des tampoco vas a encontrar ninguna solución. Supongo que por eso a veces solo queda eso: caminar. A ver si así llegamos a alguna parte.

La luz se ha oscurecido cuando mi mirada fría se ha quedado vacía y vaga en el infinito, como mis pasos infinitos que me hacen avanzar sin querer seguir caminando, pero obligándome a seguir, para no calarme de frío, porque quiero todo menos volver al hotel ahora mismo y dejarme invadir por todos mis fantasmas. Odio los fantasmas. Así de claro. Siempre he sido más de demonios. Jugar con las tinieblas para crecer. Tiene su encanto. ¿Pero los fantasmas? ¿De qué te sirven? Te arrastran a cada paso que das. Tiran de ti. Te invaden de frío. Y en la soledad de la habitación te enfatizan tus más tristes sentimientos. Los demonios solo te atormentan. Pero los fantasmas te arrastran hasta otro plano astral en el que no hay lugar para nada, ni felicidad, ni tristeza, ni dolor; solo vacío. Así, sin más. Solo llano e infinito vacío.

¿Y eso de qué sirve?
Dime.
¿Eso de qué sirve?

Para nada.
El vacío no sirve para nada.

Solo
soledad.

Solo eso.

*
**
*
**

Deambulo por la gris ciudadela que es esta infinita cortina de lluvia tras la que se esconde una ciudad en sombras. Las flechas de los edificios se pierden en el negro cielo, como saetas que tratan de arañar a Dios, como tristes baladas que te recuerdan que todo pasó, que ya no queda nada. En la soledad de las calles es cuando más capaz te ves de huir para siempre. Por eso camino. Por eso camino. Por eso siempre camino. Para huir lejos de mí. Del dolor. Del recuerdo. Del mundo. De la eternidad.

Por eso camino.

Para olvidar.

Camino por una ciudad en sombras que ya no encuentra cobijo para los fantasmas que me invaden. Solo somos tétricas ilusiones tras decenas de espejos que se han roto a nuestro paso, y los cristales de los comercios me devuelven mi imagen distorsionada, como si así hubiese forma de hallar cobijo, de hallar palabras que definan esta infinita sensación de vacío.

El tiempo.

El tiempo se ha marchado.

Y el último cigarrillo ya no tiene sentido.

Por eso lo lanzo a la infinita caída en esta ciudad de brumas.

En la soledad de este mundo traté de encontrarme y solo me perdí. ¿Comprendes? Solo me perdí. Y este es el final del sagrado pasado. Innumerables murallas han caído antes ¿por qué no va a caer esta? Katagena ya no llora. Pero por favor, no trates de pronunciar mi nombre. Ya no existe.

Solo quiero desaparecer en una maraña de sombras, en un rastro de fuego que arda entre mis cenizas; que no quede rastro de mi existencia; que no quede nada. Quiero vagar por la negra ciudad en brumas sin existir. Como un Carax que ha borrado sus pasos, su vida, su existencia. Por favor. Déjame ir. Por favor. Déjame ir. Me digo. Por favor.

Y eso hago.

Camino.


Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche todo lo envuelve en un halo de soledad e infinito vacío.

Las cenizas ya se han ido con la tormenta.
Y el humo del cigarrillo se ha perdido entre la cortina de lluvia.

Solo queda caminar con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo hacia ninguna parte.

Solo queda caminar.

Solo queda caminar.

Solo queda
esta triste y fría soledad
que lo envuelve todo
en un halo de olvido
que solo quiero dejar atrás.

*
**
*
**

Gracias.
Y adiós.
Gracias.
Y adiós.


Me voy. Para no sentir dolor. Me voy. Porque es peor el paredón de mis fantasmas. Me voy. Porque es así mejor.

Camino...
porque no sé hacer otra cosa...
camino...

etiquetas: poetry, poesía, soledad
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1comentarios 85 lecturas prosapoetica karma: 108
#1   Es una gran historia
votos: 0    karma: 20