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A las 22:22 horas

Te encuentro y reencuentro en el mismo plano astral,
previa solicitud y anuencia de un Ser Supremo de Luz,
quien autoriza dicha reunión,
en el paraíso de una canción.
Hay acuerdos firmados en la tierra
y sus efectos surgen en un lugar secreto.
El reloj anuncia las horas 22:22,
y la estrella fugaz en la alfombra mágica se monta.
Se enciende el carbón de colores y el tranvía arranca.
Inicio el viaje y llego hasta él
y él brota por entre las nube y a veces,
como luz al final de un túnel
y mi alma reconoce sus grandes alas.

Las llamas violáceas nos envuelven,
los fanales se encienden al cerrar los ojos
y ejercemos las solemnidades de siempre
y no esperamos a que llegue diciembre.
Arribamos a nuestro refugio embrujado,
lejos de todos; cerca de la nada y no produce miedo.
Un espacio donde componen nuevas canciones,
y suenan de fondo y el amor bailotea bajo la lluvia.
Danzamos una melodía almística.
Una zona donde las flores de lotos se confunden con estrellas;
Una isla rodeada de un mar camaleónico,
que puede ser: verde, turqueza, aquamarino o azul;
revestido de arenas doradas ocres o plateadas;
de palmeras, pinos y cactus.

Diseñamos nuestro ambiente, nada permanece inerte y
tenemos surtidos de lluvia, calor, flores, piedras preciosas y nieve.
Nada se compra y el dinero no sirve para adquirir muebles y enseres,
basta soñarlos y por arte de magia se realizan todos.
Vivimos segundos momentos y quizá otras vidas,
desde nuestra morada de campo; cabaña de bambúes verdosos,
construida sobre la rocosidad del ego.

Accedemos a ella, por una escalera de piedras preciosas
y consta de un balcón sin techo, para que la lluvia nos moje;
el baño dispone de una bañera sin fondo;
la ventana con vista a la montaña nevada, nublada o despejada;
La habitación amplia, pequeña y acogedora;
la cama provista de cómodas nubes;
las cortinas y las sábanas detentan de motivos floreados rosas
y en el sillón colgamos el cuerpo cansado.
No posee chimenea; porque de nuestro volcán activo emana calor y vino.

Solo podemos comer frutas exóticas
y en cada reencuentro brindar con bebidas espirituosas.
Nunca falta el canto de algunos pájaros extintos.
Nadamos, volamos o caminamos por entre las nubes rosas o neutras.
Traspasamos los umbrales del universo.
Consolidamos nuestra unión espiritual-conyugal.
Meditamos, nos amamos y hasta en un dúo cantamos
y en verso libre nuestra historia escribimos.
Actuamos según lo convenido en el amar,
de acuerdo a lo prometido frente en la orilla del mar,
donde un par de ángeles fueron testigos.

Al pozo mágico vertemos sendos baldes de arenas,
repletos de impurezas, desequilibrios y suciedad
y en él arrojamos todo lo que deseamos transmutar.
Programamos el ejercicio de amor,
paz, repetuo mutuo, armonía y bienestar.
A las afueras, una fuente provista de jazmines blancos.
Nos adentramos en un mar de luciérnagas, de estrellas o de lentejuelas,
según lo fantaseado: llueve, hace calor, frío o nieve, si lo deseamos.

Pero al despertar recaemos en el mismo abismo y
dificil resulta mantener el compromiso del soñar
y no me identificas aquí en la tierra
y sigues aborreciendo mi presencia.
y parece que nunca el perdón tendrá lugar;
pero la fe nunca se pierde y los milagros aparecen
y en tu alma confío; por lo menos me acompaña y me enaltece
y el perfume de las flores, las nubes, la lluvia y el rocío,
que desde el más allá me concedes, cruzan la atmósfera
y esa energía negativa, en positiva se convierte,
en virtud del saneamiento del alma y del cuerpo.
Algún día el orgullo quedará sin repuestos y no
habrá culpabilidad, separaciones ni impedimientos.
Viajemos otra vez, hasta quedarnos de verdad.


23 de mayo de 2016
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2comentarios 50 lecturas relato karma: 53
#1   Detenta, bonita palabra.

saludos
votos: 1    karma: 36
#2   Oh!! Gracias. Feliz tarde
votos: 0    karma: 16