Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Ahmed

AHMED VIVÍA EN UN PEQUEÑO OASIS EN MEDIO DEL MAYOR
DESIERTO QUE CONOCIERAN LOS TIEMPOS. SU FAMILIA
TRABAJABA LAS PALMERAS Y CUIDABAN LAS POCAS CABRAS QUE
SOPORTABAN LOS RIGORES DE AQUEL CLIMA. Nunca nadie
había traspasado los límites del horizonte...nadie
excepto su abuela. Ella vino de algún lugar que nunca
se supo. Llegó en la grupa de una grácil gacela hacía
tanto tiempo que nadie se acordaba. Pero ella sabía
cosas que los demás ignoraban.Pero nunca relataba
nada, como si temiera que al hacerles partícipes de
sus conocimientos provocara una desgracia, allí donde
tan feliz había sido, y donde tan alegre era y sería
por siempre.
Todo cambió cuando nació Ahmed. Era tan bello y listo
que pensaron que no era humano, que era un ángel
enviado por Alá para que las personas conocieran el
poder de su fuerza y de su misericordia. Su abuela se
sorprendió tanto que sus recuerdos se le hicieron
realidad. Ella volvió a vivir aquello que guardaba en
lo más escondido de su alma. Y empezó a narrarle las
historias que recordaba como si hubieran ocurrido el
día anterior. Como la historia del valle donde los
ríos eran de miel y llovía el vino más delicioso de la
tierra, donde los árboles daban frutos que parecían
manjares y de la tierra salían los platos más
exquisitos ya preparados. Allá las personas se querían
y las peleas eran juegos llenos de erotismo y pasión.
También le hablaba de aquella comarca en la que nadie
sabía hablar y cada hombre y cada mujer era una isla,
tan remota unos de otros como la distancia entre las
estrellas. Y de aquella isla donde los animales
hablaban y el califa era un conejo tan sabio como
justo....Y de miles de lugares mágicos donde había
vivido..o a lo mejor sólo había soñado...pero donde
seguro había amado.
Ahmed aprendió a soñar desde pequeño y a ver señales
donde los otros sólo veían normalidad. Así un
aullido de chacal lo asociaba al rumor de las olas en
un lejano océano, los cantos de las pocas aves
migratorias que descansaban en la pequeña charca lo
asimilaba a los cantos de las odaliscas en las cortes
más lujosas....Soñaba más despierto que dormido. El
oasis se le quedaba tan diminuto como grande era su
imaginación..Así la suerte estaba echada y su
preparación del viaje era inevitable. Y no iba a ser
un simple viaje; no, iba a ser EL
VIAJE.....
3
sin comentarios 37 lecturas relato karma: 39