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Aquel mango complice

Bajo el mango de la esquina,
entre la sombra de sus ramas,
descubrí el sabor de tu boca,
aquel sábado que regresábamos de la fiesta,
con el frío de la noche,
unas cuantas copas de licor corrían por nuestras venas,
mientras jugábamos a abrigarte con el roce de mis manos sobre tu espalda,
nos detuvimos allí, donde la oscuridad era más intensa,
nos miramos fijamente, se detuvieron las sonrisas,
tu boca en la mía, la mía en la tuya,
mis manos recorriéndote,
las tuyas tratando de detenerme
pero como quién miente y quiere que continúe,
sobre tu blusa notaba dos misiles apuntándome,
tu respiración se acelera al ritmo de la mía,
aunque hace frío, sudamos,
no hay obstáculos para mis manos que rozan cada parte de tu cuerpo,
pasan los minutos en la oscuridad cómplice de nuestro juego,
recorro tu cuello, tratando de bajar,
tu blusa me detiene, la quiero rasgar,
no hay palabras, me pides más,
con habilidad de contorsionista
logro acariciar los misiles como tratando de que no exploten,
pero se siguen calentando,
mi pierna entre las tuyas presiona con fuerza,
mientras nos deseamos,
trato de abrir el botón de tu pantalón
que frena mi avance hacia una posible embestida,
no quieres pero me dejas, luchamos, bailamos, jugamos,
aunque sin palabras, dices no, digo si, decimos si,
pero un soplo de aire fresco matutino nos detiene,
con un suspiro profundo reaccionamos,
el cielo enrojecido anuncia el amanecer,
lamentamos las circunstancias que no nos permiten más,
con un apretón de manos sellamos el compromiso de volverlo a intentar,
con sonrisas de placer nos arreglamos y marchamos.
Después de varios pasos con un beso en la mejilla
me despides desde la puerta de tu casa.

etiquetas: amor, amor frustrado, mango, erotismo
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