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Caudal de ilusiones

Desde que arribamos al Mundo por la puerta natural (¿o quizás antes?), asistidos por las primeras manos que nos tocan, comienzan a inundarnos las ilusiones, ¡tantas y… tan diversas! Sería imposible cuantificarlas o describirlas con certeza, porque ilusiones al fin, tienen apariencia real, pero son engañosas. Germinan, crecen y se desarrollan como un árbol frondoso de infinitos ramajes y hojas que se nos develan durante toda nuestra existencia, estemos donde estemos, dormidos o despiertos.
Recién nacidos, a veces antes de abrir los ojos, creamos a los que nos observan una ilusión:
– ¡Mira como se sonríe…! –dicen. No reparan en que aún desconocemos el humor e iniciamos nuestro aprendizaje de los sentidos, que sí parece una sonrisa nuestro gesto facial, realmente es ilusoria.
Las ilusiones ópticas, en una amplia gama de presentaciones no dejan de sorprendernos, tanto en la tierra como en el cielo, de día o de noche; bajo luces o sombras. Siempre nos maravillamos con ellas.
Mientras crecemos, aprendiendo a vivir nos vamos nutriendo de experiencias. Se despiertan nuestros instintos por querer ver y conocerlo todo. Cosa imposible, pero aún sabiéndolo no renunciamos a tal empeño. Entonces nos hacemos ilusiones, tantas, que como las hojas del árbol desprendidas, se renuevan, desengaño tras desengaño. Siempre con la fe de hacerlas realidad. ¡Algunas se logran! Y nos hacen felices por un tiempo, porque las ansias de nuevas emociones se reproducen a perpetuidad.
¿Qué sería la vida sin ilusiones? Con ellas damos sentido a nuestra razón de ser, de vivir por alcanzar el amor ideal, un trabajo digno y salario adecuado para dar techo y alimento a la familia, educar a los hijos y prepararlos de modo que nos sintamos superados por ellos. En mi caso particular, muchas de mis ilusiones se deshicieron como pompas de jabón, pero las narradas en éste párrafo se hicieron realidad y vivo orgulloso de ello.
Tengo una gran ilusión. Parece irrealizable: Que los billones que se utilizan para matar y sembrar el odio provocando guerras fratricidas, se empleen en alimentar a los hambrientos, en la estabilidad de los pueblos para poner fin a las migraciones en que se pierden tantas vidas. Que cesen las ambiciones. ¡Que se destruyan las armas nucleares! ¡Que haya PAZ!
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2comentarios 62 lecturas relato karma: 51
#1   Un hermoso relato mi amigo Pedro.
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#2   #1 Gracias, amigaUn abrazo.
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