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La derrota huele a caraotas

Caracas 14/05/2016
10:37 PM

Narra Dante Kalcala

Acaba de terminar un relato. Trataba sobre un hombre que se creía Adolf Hitler. Intento ganar las elecciones para exterminar los judíos en Venezuela. Era un buen relato... Lo volví a leer. Arregle alguno que otro error ortográfico. Ahora solo me faltaba enviarlo a una revista que no lo hubiera rechazado. Esa era, sin duda, El Turpial Literario. Era un revista que publicaba cualquier relato, poema o articulo que le enviasen, por muy malo que fuese. Decían querer apoyar el "talento venezolano".
Copie el correo electrónico de la revista, accedí a mi correo, pegue el correo electrónico de la revista, anexe el relato, una pequeña biografía y lo envíe.
Me eche hacia atrás en la silla y suspire. Acaricie mis bolas. Estaban sudadas y olían a zarigüeya muerta.
Mi situación era bastante jodida. Había dejado la universidad porque la consideraba un completa perdida de tiempo. Sacaba malas calificaciones y siempre conseguia pelearme con alguien todos los dia. Mi novia me dejo; me dijo que yo era poca cosa para ella. No tenía la voluntad para salir a la calle y conseguir un trabajo, y lo peor de todo, era que Maduro no dejaba la presidencia. ¡Ese hijo de puta me tenía los cojones chavistas!
Me Levante de la silla, fui hasta la nevera y saque un paquete de cervezas. Regrese al cuarto, deje el paquete a un lado de la cama y me acosté a un lado de ella. Abrí una cerveza y la bebí de un trago. Lance la botella contra la pared y esta se rompió estruendosamente. Me estire y tome otra cerveza. Estuve haciendo eso hasta que se acabo la cerveza. Habían un montón de pedazos de vidrios esparcidos por todo el suelo de la habitación. Saque una revista Play Boy que estaba debajo de mi almohada. Me quite mi short y los calzones, me senté al borde de la cama y comenzó a masturbarme. Justo cuando estaba a punto de acabar el teléfono comenzó a sonar. Deje de masturbarme. Me subí los calzones y fui a contestar el teléfono (me costo llegar el ya que tenía que tener cuidado por donde pisaba). Conteste. Era Samuel Colina, un poeta negro y homosexual que todavía viva con su madre.

-¿Que quieres, Samuel?

-Voy a dar un recital mañana a las 3 y media de la tarde. Me gustaría saber si quieres ir.

-Lo siento, Samuel, no puedo... Mañana voy a cogerme a una japonés en el Hotel Meliá justo a esa hora.

-¿Una japonesa?

-Si, una puta japonesa.

Colgó. Supongo que no me había creído... Soy un mal mentiroso. Deje el teléfono donde estaba y regrese con cuidado a mi cama. Me quede allí, tendido en mi tumba personal, esperando la muerte como un codorniz en una jaula. Me tire un pedo. Cerre los ojos y me dormí.
La brisa del pasado hace bailar el pasto del estadio deportivo.

etiquetas: relato, corto
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