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Destino o condena

Había intentado huir pero, como si viviera un bucle maldito, siempre acababa en el mismo camino, franqueado por el verde frescor de las hojas de las viñas que tanto le recordaba otro frescor; el sudor de aquel cuerpo del que conocía todos los rincones, incluso los más oscuros y cálidos.

Había intentado quemarlas. Llegó incluso a acudir a ese camino con cerillas y un botellón de gasolina. Las pisoteó, arrancando sarmientos y ramas vivas para preparar la hoguera. Pero no podía soportar la idea de reducirlas a cenizas. Sabía que la viña tenía alma y encerraba el secreto de su verdadero amor.

Había intentado concentrarse en cultivar girasoles, pensó que sería una buena elección: los girasoles son bellos y fáciles de cuidar. Los girasoles se esforzaban mucho en crecer y contentarlo. Los girasoles…
... los girasoles no eran viñas. Pensaba que una vez que has vivido la poda, el llanto de la vid, su resurgir, la vendimia…. una vez que has probado el jugoso fruto, todos los demás cultivos son de segunda categoría.

Había intentado casi de todo. Pero se dio cuenta de cuál era su destino. Maldición o fortuna era viticultor y aquella era su viña.

María Serrano

etiquetas: microrelato, amor, desamor, poema, viña, destino
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4comentarios 46 lecturas relato karma: 58
#1   Interesante obra, con un bello estilo y un tema tratado con habilidad y gracia. Un gusto de lectura. Saludos cordiales.
votos: 1    karma: 21
#2   #1 Muchísimas gracias.
votos: 0    karma: 14
#3   Maravilloso relato que también podría ser una alegoría de un amor durmiendo a otro. Felicidades.
Un saludo
Andrés
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#4   #3 Gracias. Un saludo.
votos: 0    karma: 12