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Don Olegario "un señor de bien" : El Enlace

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Las azotainas que me ha dado la vida, en lugar de llenar de resentimiento mi existencia, fueron diluyéndose lentamente, dando génesis al sentido de lo justo y equitativo.


Todo acto aleve del cual fui testigo, en forma directa o indirecta, sacudió y sacude las fibras íntegras de mi ser.


Lo he sostenido. No se trata de ignorancia, se trata de maldad. La maldad de las almas mustias, que arrastran crueles cadenas forjadas en existencias anteriores, y que hoy, pretenden imputar a otros.


El péndulo de nuestra existencia gira en círculo, y un día, las rosas o espinas en el camino, nos obligarán a mirar atrás o dar gracias por lo acontecido.



¡El fruto de la vid fue puesto en los labios para ser saboreado!



Fue una mañana soleada, como aquellas, donde se palpa a cabalidad, la genialidad del pincel de la eternidad.


Subí las escaleras que parecían interminables, hasta que al fin, llegue a la cima, a la cima de aquel peldaño de cemento. Me acerque lentamente al interruptor de la puerta de entrada de aquel edificio, siendo dirigida ipso facto al piso sexto del mismo. El olor a canela que se respiraba en los pasillos, me hizo imaginar, que manos diligentes y necesitadas, maquillan a diario con su sudor, cada línea, cada centímetro, hasta convertirlos en espejos. Espejos que reflejan sin lugar a dudas, las injusticias que se ocultan, más allá de sillones, escritorios y salas de juntas.


En espera a ser atendida, un hombre de estatura baja, en actitud amable, pidió esperar. Justo al frente, una gran sala de juntas finamente decorada, permitía vislumbrar, la importancia de los personajes que ventilaban sus ideas, concretando al unísono, grandes negocios en ese recinto.


De pronto, las puertas del ascensor se abrieron, apareciendo ante mis ojos, un hombre alto, de 1.90 de estatura, con una sonrisa de oreja a oreja. Saludó efusivamente, dirigiéndose sin más a su oficina, la que cerró a su espalda de forma hermética.


Mi mente daba vueltas en círculo, pues a este caballero, un mes antes, lo había visto a la entrada del Edificio Hernando Morales Molina. Llamó mi atención, en aquel entonces, su jovialidad y don de gente.



Los hilos enigmáticos del destino, tejen y entretejen, a su querer y acomodo nuestro sendero.



¡Quise mirar la estela de mi existencia!
¡Quise medir distancias!
¡Quise acallar sonidos!


¡Y solo atiné, a mirar las palmas de mis manos!



Veía correr a todos de forma desesperada, sin entender la razón. Mi jefe cómodamente sentado en su mullido sillón, se daba el lujo de leer libros de historia, mientras el tiempo escapaba silencioso, perdiéndose más allá de un horizonte fallido.


Sigue…



Imagen tomada del muro de Islam Gamal.
Luz Marina Méndez Carrillo/22052020/ Derechos de autor reservados.

etiquetas: proyectos, de, novela
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