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Emigrante

Varios meses organizando todo, con muchas ganas de conocer un lugar nuevo, cargado de esperanzas e ilusiones.

La emoción, la tristeza, los pensamientos, inundaban su corazón, el momento de partir había llegado, tenía que disimular que sentía alegría por la nueva experiencia que le esperaba.

Sin embargo, algo si que le preocupaba, el miedo a lo desconocido y pensaba en todo lo que dejaba atrás, aquellas personas de toda la vida, esos lugares de siempre, ese cariño y amor de la familia.

Su ojos se humedecieron, pero de inmediato tuvo que reprimir sus ganas de soltar esas lágrimas, de expresar la tristeza, las pocas ganas de irse, la frustración por tener que alejarse de todo aquello que le pertenecía.

Sabía que en el justo momento de atravesar esa puerta, empezaría a perder tiempo con los suyos, tiempo perdido imposible de recuperar, emociones sin vivir, abrazos rotos, besos perdidos, un posible hasta pronto o un adiós para siempre.

Lo peor de todo, era ver sus rostros a través del cristal, no quería fijar la mirada con la de ellos, era imposible no hacerlo y meno, contener el llanto inevitable por la separación.

Tras la puerta cerrada sintió que se congelaba su pecho, su corazón roto en trocitos y fluyeron riachuelos de lágrimas en sus ojos.

Siempre será difícil decir emprender un viaje, ser un emigrante, dejar detrás una vida y empezar en un lugar desconocido, pero esa primera vez, es inolvidable.
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1comentarios 65 lecturas relato karma: 30
#1   Por muy empática que sea una persona, un cambio de vida como este que relatas no creo que logre comprenderlo. Muy emotivo tu relato.
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