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¿Hacemos las paces?

Acabó de recoger las mantas de los sofás, las dobló y las dejó colgando del reposabrazos del más pequeño.

Dio un último vistazo a la cocina, todo estaba en orden: el lavavajillas en marcha, el mármol limpio, sin ningún utensilio ni objeto encima… sólo quedaba una cosa por arreglar….

Se sentía irritada, no podía quitarse de la cabeza la discusión con Joan, siempre por el mismo tema; eternamente se enfadarían por las mismas cosas. Pero hoy le tocaba a ella hacer las paces… Él lo había hecho la semana anterior.

Aquello le gustaba.

Entró en la alcoba y le encontró sentado en la butaca, de espaldas, leyendo el libro de turno. Abrió el primer cajón de la mesilla de noche y dejó que se cerrara de golpe.

Aquel leve ruido despertó todos los sentidos del hombre. Giró la butaca poniéndose de cara hacia ella y la miró fijamente. Helena bajó levemente la cabeza sin apartar la mirada, desafiándolo con aquellos ojos provocadores.

Joan observaba cómo sus manos jugaban con la goma blanca del pelo que había sacado del primer cajón.

Ella introdujo los cinco dedos de la mano derecha en la goma que los rodeó. Muy poco a poco, con la mano izquierda, se mesó los cabellos, recogiéndolos en una coleta. Levantó el brazo derecho dirigiendo la mano hacia atrás…

Los ojos de Joan seguían cada uno de sus movimientos.

Con la ayuda de la mano derecha, acabó de recogerse el pelo, lo rodeó y con la mano izquierda, lo pasó por la goma, cruzando ésta sobre sí misma y volvió a pasarlo, dos… tres veces.

Siguiendo con el mismo ritual, bajó lentamente ambos brazos, acabando de arreglarse el pelo con las manos, sobre la cara y el cuello. Al llegar a los hombros, deslizó el dedo pulgar de cada mano bajo cada tirante de su camiseta. Con un movimiento muy mesurado, los dos cayeron por ambos lados de los brazos.

Él no podía dejar de mirarla.

Ella, aunque sabía que el tiempo había dejados la inevitable huella en su cuerpo y que no era precisamente una Venus, se sentía adorada bajo aquellos ojos verdes, que la escudriñaban aún como el primer día.

Dirigió la mano derecha hacia Joan, con la palma hacia arriba y con un suave movimiento del dedo índice, le invitó a acercarse. Al final susurró:

-¿Hacemos las paces?...

Àngels de la Torre Vidal (c)
"Cotidianeidades"

Obra de la fotografía: José María Madrid Sanz (c)

etiquetas: relato, erotismo
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