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La marcha de Boriath

Boriath completó lo últimos preparativos,
subió a la barca, la pena que arrastraba en su corazón montó con él, "La partida" de los elfos llenó de lágrimas sus ojos.

Boriath el elfo, bendecido por el don de Launrehl, dicen que cuándo nació, el dios bendijo al elfo con su arte para la música, su voz encandilaba a los animales y aves de toda la tierra, su dedos tejían la vida y la muerte en notas musicales.

Boriath sujetó el remo, la barca se deslizó a través del río Brumoso, siguiendo su curso hacia el mar, hacia abajo, hacia él no retorno.

Sus cuerdas vocales entonaron las primeras notas de "La ambigua balada del sol y la luna" una de sus propias obras, mientras lloraba, mientras el río lloraba también.

- Oh, Boriath el elfo, hijo de Digeör, tocado por Launrehl, ¿Que apesadumbra tu alma?

La dama del río se había sentado en su bote, de espaldas a él, su mano acariciaba la superficie del agua, con la misma suavidad con la que la bruma camina por el horizonte del mar.

- Mi dama, mi lozana dama, guardiana del río, durmiente en sus corrientes. Debo abandonar esta tierra, nuestra edad aquí termina, sólo nos queda fuego y muerte.

- No llores, no pierdas el calor de tu voz, oh mi elfo, tus ojos se dirigirán hacia la región inmortal, no te vuelvas para contemplar lo abandonas.

-Mi señora, que tú sangre nace a brotar en los riscos helados, partes la greda y alimentas al bosque dormido, acompáñame, olvida esta tierra y huye de sus últimas bocanadas, no queda esperanza.

Los peces más valientes se arremolinaban alrededor del bote.

-Joven Boriath, no puedo satisfacer el deseo que anhelas, yo soy hija de este lugar, mi días verán los último rayos de sol y los últimos besos de la luna en esta tierra, uniré mí sino al suyo y al de los hombres. No puedo darte lo que añoras, no puedo darte esperanza.

Agua dulce resbalaba entre las translúcidas mejillas de la dama del río.

- ¿Que esperanza puedo encontrar más allá del mar? Tan lejos de vos, de vuestro húmedo abrazo, no sanaré las heridas que dejo atrás. Deme pues, un último beso, déjame beber de su aliento.

El bote navegó lentamente hasta donde convergen todos los caminos.

Cuentan los que vivieron aquellos días, durante "La partida", que el río cantó hermosas sinfonías en los últimos días de los hombres, más nunca se volvió a escuchar el don de Launrehl entre los elfos.
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