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Mi doctor

Hoy, después de mucho tiempo; decidí dejar las excusas y visitar por fin a mi doctor.

¿Saben ese típico doctor, joven y divertido, que visitas una vez y, cuando te das cuenta, ya te está bautizando a un sobrino?

Bueno, él definitivamente no es uno de esos, es joven, si, pero, digamos que, es mas de esos que te hacen preferir despertarte en la madrugada a tomarte una pastilla, que hacerlo molestar.

De igual manera, nuestra relación siempre ha sido agradable, sincera y respetuosa.

Así que, al llegar a su oficina, pasamos un largo rato hablando y poniéndonos al día; y luego de tomarme la tensión y hacerme algunos exámenes, decidió, así, sin más; decirme que estaba muriendo.

...

Recuerdo perfectamente lo que sucedió después...

...

El silencio invadió la sala, llenándola de lado a lado; no tardaron en aparecer las caras largas, las pupilas dilatadas; mi boca entre abierta denotando mi sorpresa, porque, oh, ¿cómo iba a ser eso posible?, ¿En qué momento pasó esto?, ¿cómo estaba tan seguro?, ¿No habría alguna manera de evitarlo?

Quedé, allí, anonadado, escuchando sus respuestas, sus complicadas explicaciones, expuestas en esa jerga medica que, aunque tratase de simplificarla para mí, no había manera de que pudiera entenderla.

Y es que ¿cómo iba a poder entender algo con la imagen de la muerte rondando mi cabeza?, ¿con ese frío interno?, ¿ese temor?, ¿esa tristeza pasmada por la confusión del momento?, esas lágrimas que dudaban en salir. ¿Servirían de algo?

Si ya la suerte estaba echada, el luto, las nubes grises, las coronas secas, ese tribunal de huesos y flores marchitas, raíces profundas e insectos hambrientos, que allí, estarían ya, esperando.

Me tocó entender, sumido en mi mente, mientras él aun perdía su tiempo tratando de explicarse, que ya no había nada que hacer, más que seguir viviendo. Vivir, sin detenerme a contar los sonidos de las agujas del reloj, sin darle importancia a las arrugas, o a la ausencia de ellas; ya que estas, al final no son tomadas en cuenta a la hora de decidir nuestro destino.

Destino cruel, insensato, caótico; tren de llegada aleatoria, de asientos exclusivos para aquellos con la suerte suficiente de alcanzar a abordarlo inconscientes, y es que si; siempre ha sido lo mejor dormir en el viaje cuando se está cansado.

Pues ya todo estaba claro, tendría que aguantar...

Esperar...

Permanecer...

Transcurrir...

Perdurar...

Existir...

Honrar la vida...

...

...

...

Y conseguir otro doctor, por supuesto.
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