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Miami-Habana

— Cuba es un país pequeño, hermoso, de bellos palmares y cocoteros; de dulce caña y deliciosas frutas… ¡Y tiene un cielo tan azul! ¡Tan azul!... que es el principal motivo de lo acogedor de sus playas, de sus preciosas playas. Tiene más o menos la figura de un caimán, de un caimán que no se arrastra, y bien dicho sea, pero que se sabe defender y no permite que se le ofenda. Y su gente… ¡Qué gente! No los hay en el mundo más solícitos, campechanos y guarosos, que en el español cubano significa: abiertos, familiares y tan divertidos que enseguida se granjean el afecto y el cariño de quienes los visitan… —Disertaba con elocuencia ante un grupo de viajeros de un vuelo demorado con destino a La Habana.
— ¿Eres cubano…? —Le preguntó otro pasajero con los ojos empañados...
—No lo soy, aunque me sentiría dichoso de serlo. He visitado tantas veces la isla... ¿Y tú, de donde eres? —dijo el viejo.
—De Cuba —dijo con cierta vergüenza.
— ¿Pero eres cubano de aquí, o de allá?
Tras una larga reflexión contesto apesadumbrado:
—Me fui de allá hace más de treinta años…—y pasándose la mano por la cabeza continuó —Desde entonces no he vuelto, lo hago hoy por vez primera. A ver familiares, algunos que solo conozco en fotos.
—Es duro eso. ¿Eres feliz?
No respondió. Respiro profundamente y se pasó el dorso de la mano por los ojos al notar que eran observados con atención por otros interesados en escucharlos.
—Usted me ha conmovido con sus palabras. Extraño todo lo que dijo. Solo no mencionó, entre otras cosas: Tabaco y ron. —Dio un largo abrazo a su interlocutor, sin poder ocultar las lágrimas.
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1comentarios 40 lecturas relato karma: 50
#1   Hermoso relato compañero.
votos: 0    karma: 20