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Un motivo para sonreír

Samuel un niño demasiado intemperante que no tenía amigos, por su mal carácter en el colegio nadie quería ser su amigo, porque cualquiera que se acercaba a él, lo golpeaba, es por eso que le tenían miedo. Samuel solo vivía con su abuelo Jaime, quien también tenía un mal carácter. Cierto día, a don Jaime le llego una carta donde le comunicaban que su hija y su yerno habían fallecido en un accidente y que su pequeña nieta Graciela de seis años sobrevivió al accidente. Don Jaime se sentía profundamente dolido porque ya había perdido a su hijo mayor quien era el padre de Samuel y ahora perdía a su hija, y almacenaba en su corazón mucha amargura, y en esa carta le mencionaban que tenía que quedarse con la custodia de su nieta. Así, que fue a recogerla, Graciela era una niña tan bella, dulce y tierna, que tan solo al ver a su abuelito corrió a abrazarlo, porque estaba muy feliz de verlo.

Graciela estaba entusiasmada en estar en la casa de su abuelo para poder ver a su primo Samuel a quien no había visto desde que tenía tres años. La pequeña niña al ver a su primo corrió a abrazarle con mucho cariño y la actitud de Samuel para con ella no era la misma que tenía con sus compañeros de clase ya que se sentía identificado con ella porque su primita también había perdido a sus padres y solo quería protegerla y tomar el papel de hermano mayor.
La pequeña Graciela siempre mostraba una sonrisa y Samuel no entendía porque era feliz, hasta que un día decidió preguntarle -¿Por qué siempre ríes?-ella de contesto-la vida es demasiado bella para desperdiciarla estando tristes, mis padres me dijeron que nunca dejara de sonreír y debo de cumplir esa promesa. A partir de ese día Samuel trato de ser un niño diferente porque tenía el ejemplo de su primita que a pesar de la adversidad mostraba una sonrisa y le agradecía a Dios por la vida.
Moraleja: la importancia de mantener y cumplir una promesa.
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