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Muchos poetas

La música del bar era bastante agradable,
jodidamente bajita, si no los chillidos
de aquel hijodeputa se habrían hecho insoportables.

La mesa era perfecta, hacedme caso, inmaculada, perfectamente robusta, como si una jodida extremidad del planeta tierra
estuviese sujetando nuestras copas,
en casos con los tipos como yo, las copas cargan peso de más.

Había mujeres compartiendo cenicero junto a nosotros, más hermosas que los polvos de domingo resacosos, los otros tres niñatos soñaban con ser escritores,
hablar se les daba bien, se reconocer el talento; escribir, parecía una violación.

Abroché el carharrt helado,
los tres pseudo-poetas se fueron,
no mal acompañados,
yo vuelvo tropezando a casa,
a vomitar versos de Ibarra.

Dolor de huevos y soledad

por aquel entonces,
los dioses no estaban de mi parte
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