Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Nochebuena

Nochebuena
Se vistió con su mejor ropa de calle, cogió el carro de la compra y se encaminó al mercado. De tanto en tanto, saludos, Feliz Navidad. Sí, sí, este año los tengo a todos, contestaba. Estarás contenta. Claro, claro. La primera parada en la carnicería; toma para el horno como me dijiste, te he reservado el mejor cabrito, cinco cortes. Sí, sí, los otros comerán pescado. Chica, entre carnívoros, vegetarianos, veganos… me tienen loca, pero qué voy a hace, es una vez al año. Cuántos sois al final. Quince, somos quince. Ya, ya, una faena. Te ayudarán, no. Ah, no, no quiero oírme luego ni tan siquiera que han hecho la mahonesa. Lo tengo preparado, ya sabes estos chicos siempre protestan. Pues venga, aquí lo tienes.
Pasó a la pescadería por la parte de atrás, solo verla una de las dependientas le entregó el encargo. A pasarlo bien. Igualmente, claro, claro, muy contenta. De ahí a las legumbres, también a punto para el falafel, el humus de la vegana. Los frutos secos en una bolsa, pago y el consabido Feliz Navidad. El carro ya casi lleno de vuelta a casa. A medio camino la bodega. El cava, el vino blanco, tinto…Espera, ya lo coloco yo, dijo el dueño, sobrará supongo. No creo, la noche se alarga con los turrones y cae hasta el anís del mono. Un beso, suerte y Feliz Año si no nos vemos; se me olvidaba, toma un almanaque. Perfecto, me va ideal, las casillas son grandes y puedo anotar las citas. Llegando al portal más saludos de vecinos, besos con quienes no se hablaban durante el año.
Abrió la puerta, colgó el abrigo en el armario del pasillo. Las seis, noche cerrada, camino a la cocina iba encendiendo luces, la tele volumen al máximo; el extractor al máximo. Las ventanas de la cocina y del patio de luces de par en par; subían voces de vecinos gritos de niños, bromas discusiones. Ella ruido de cazuelas, platos, cubiertos. Del fijo al móvil y del móvil al fijo; los teléfonos no paraban de sonar. Sí, sí, igualmente para vosotros, gracias por llamar, adiós. Hola, qué alegría; no, no voy a bajar este año, los tengo a todos aquí. Después de navidad, seguro. Vale, abrazos que se me quema el cabrito. Hablaba muy alto, pegada a la puerta del patio. Colgaba y cantaba fuerte los villancicos de la tele mientras ollas y sartenes tropezaban. Movía sillas y sofás para adaptar el espacio.
Hacia las nueve, abría y cerraba a porrazos la puerta de la calle como hacían los vecinos conforme iban llegando los familiares. Al fin, qué alegría. Añadió música en YouTube y a eso de las diez cogió el carro de la compra, se puso el abrigo y se dirigió a la calle. Dejó los aparatos encendidos. Salió cerrando la puerta con sigilo. El móvil y el inalámbrico sin batería de tanto llamarse de uno a otro. Mientras esperaba el ascensor, rogaba para no encontrarse con ningún vecino. Ya en la calle, directa al contenedor; dejó el carro repleto al lado. Alguien sí tendría una inesperada Nochebuena. Se perdió en el casco antiguo, nadie en la calle; a través de ventanas y balcones se deslizaba el falso jolgorio de la Navidad.
Miguel Fentet, 24 de diciembre de 2018

etiquetas: navidad, nochebuena, falsas apariencias, soledad
4
1comentarios 52 lecturas relato karma: 46
#1   Historia de una noche, que puede ser de unos, que puede ser de todos...
votos: 0    karma: 17