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Para Nuria

Cuando llegó la noche, la melena atezada de la joven se confundió con la oscura atmósfera de la calle que llevaba a su casa. Caminaba hacia su hogar cabizbaja, con los ojos humedecidos por las lágrimas que había vertido. Había tenido un mal día. Nada más despertar, un mensaje de su novio la citaba después del trabajo con el pretexto de que tenían que hablar. Un desayuno rápido y al tajo. Allí, un fallo en su departamento desencadenó un gran contratiempo, llevándose ella la mayor bronca como responsable de sección. El día comenzaba fatal, y todavía quedaba lo peor. Después de comer, volvió al trabajo, y gracias a la ayuda de Elena y Mario pudo solucionar mínimamente el problema, aunque antes de la hora de plegar, el jefe, el Sr. Rodrigo, reapareció para de nuevo abroncar a la joven y sus ayudantes. Nuria, que así se llamaba la chica, salió rápidamente de la oficina en dirección al lugar donde la había citado Luís, su novio.
Entró al pequeño bar donde tres años antes se habían conocido por casualidad; allí la esperaba el chico, sentado en una de las mesas del fondo. Su cara no expresaba ninguna buena noticia. Cinco minutos de conversación bastaron para dejar claro que la relación se había acabado. Luís, se había enamorado de otra chica, una tal Emma, compañera de estudios del joven. Nuria dejó el bar disimulando sus lágrimas. Cogió el autobús y se fue a su casa. Había sido un día nefasto, y lo único que quería era echarse a dormir y abandonarse al mundo de los sueños, un lugar mágico donde todo era posible. Caminaba triste y cabizbaja hacía la puerta de su casa, cuando de pronto una voz desconocida la hizo parar.

-¡Disculpe señorita!- dijo la voz.- Se le ha caído el pañuelo.

Nuria alzó la cabeza para toparse de frente con un apuesto joven.

-¿Se encuentra bien?- volvió a hablar el chico mientras le devolvía el pañuelo que había caído al suelo.- La veo triste. ¿Necesita ayuda?

Nuria quedó sorprendida. Por primera vez en todo el día, se encontraba frente a una amable situación. Ese chico le era familiar, pero no recordaba porqué.

- Muchas gracias - dijo ella muy amable y correcta.- Estoy bien, solo he tenido un mal día en el trabajo y con mi novio. Bueno….con mi ex. Por cierto, tu cara me es familiar, pero ahora no me viene a la memoria.

- Me llamo Samuel. Hace unos meses me trasladé a este barrio. Vivo dos calles atrás, cerca del parque. Por cierto, si te apetece cenar iba a por comida italiana al bar de Francesco. Una charla agradable no te irá mal, quizá te sirva para olvidar tu mal día.

- Estaría bien. Pareces un chico simpático.

Esa noche, Nuria y Samuel cenaron juntos. Lo pasaron tan bien charlando y riendo que las citas se repitieron en el tiempo. Años después, Nuria recordaba ese día como el mejor de su vida. Ya no evocaba las broncas del Sr. Rodrigo, tampoco recordaba a Luís. Tan solo podía acordarse de ese joven que le tendió la mano, y que veinte años después, todavía le sacaba una sonrisa nada más verlo.

etiquetas: amor, microrrelato, relato
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2comentarios 144 lecturas relato karma: 38
#1   Que bonito relato, precioso final.Enhorabuena¡¡
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#2   Muchas gracias. Un placer que te haya gustado.
Lo escribí hace algún tiempo para animar a una amiga que lo estaba pasando mal.
Saludos.
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