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El Paradero De Lú... Final

Cinco años ya. Cinco años que no la volví a ver. Preguntandome, ¿quienes son esas personas que me llaman...papá, mi amor, amigo? Cinco años intentando recordar.
El temazepam no me hace efecto ya, es que fuerzo el dormir para verla, pero nunca esta. Todo sigue muy blanco, perdi el contraste de las cosas, mi cielo solo tiene una ventanilla para que escurra la humedad.
¿Donde estara? Me pregunto si fui lo suficientemente bueno para que quiera recordarme, si en algun momento de nuestros encuentros haya sentido algo verdaderamente lindo como para no olvidarme. Necesito que vuelva, necesito levantarme. En algunas de las pocas salidas transitorias que tuve, pude intuir como su aroma me perseguía en el aire, su silueta merodeaba a la par mia, era hermoso pero...¿era real? es que mi realidad era indefinida, no podia dar con seguridad que estaba sucediendo, era hundirme en mi agonía.
Y así, me pesan los dias. Siento en mi corazon una gangrena que no me deja respirar, las personas raras que me cuidan de no se qué, dicen que no voy aguantar. Hablan de operar.

Lo bueno de ser adulto es que puedo tomar decisiones por mi cuenta, al menos algunas . Decidí no hacer nada. Sin Lú en mi vida ¿para que estirarla a mas? no tiene sentido seguir transitando sin su caminar. Pero la familia que habia adoptado por mera conformidad no avalaba mi decision, me querian obligar.
Así fue que un ventoso día, gris, de un invierno cualquiera, de vaya a saber que año...abandoné el lugar adonde habían trascurridos las ultimas horas de mi vida.
Me alejé de mis pertenencias, objetos, mis paredes; me despedia de ellos sabiendo que nunca volvería a verlos.
Alejado de todo y de todos...Mi única compañia eran sus recuerdos, que ultimamente me causaban gran tristeza. Si eran de su sonrisa, de nuestros caminos al colegio me apenaba porque ya nunca los volvería a vivir, y si viceversa, eran oscuros, me dolía porque los recuerdos tristes siempre apenan.
Sin embargo había algo que siempre me reconfortaba: al menos un día pude saludarla...

Recorrí varios kilometros de mi pueblo, siempre alejado de la sociedad, hoy me adentro en una choza a metros de la ruta, abandonada se ve hace mucho tiempo. Humilde y precaria, pero leal. Solo un par de arboles rodeaban mi morada y a veces un par de pajaros pasaban a saludar.
Cuando la brisa soplaba entre sus ramas, su voz parecía un lamento por tanta soledad. Oía sus notas de piano entre tanto pastizal. Pasaba mis ultimas horas escribiendo, mi enfermedad se hacia notar. Pero pensaba: ¿Si Lucrecia era mi cura, ella me tendría que salvar? Nunca tuve respuesta a esa pregunta, va, y a muchas más...
Nunca tuve miedo a morir.
¿Será que ya estoy muerto y no lo puedo notar? ¿ven lo que digo? ni estas simples preguntas me puedo contestar.
Me gustaba por la noche ver los solsticios de luna sobre los charcos de agua, imaginaba nuestros hijos juntos Lú, verlos jugar e inventarse poderes que podrían dominar. -¿Dondé estas?

En esos hermosos instantes de imaginar, cuantas veces lamenté que las personas no sepan ver lo hermoso que es amar y que solo vivan para conspirar, lastimar y apetecerse, muriendo, sin entender que hay otro espacio dentro de estos mismos, que es minusculo y se está agotando para los que cierran los ojos y sólo miran con el corazón...
Tal vez muchos den por sentado que estoy loco.
Nunca me importo.
Me basta saber que Lú tomo mi mano y que yo tuve la suerte de sentirlo.

Despúes de varios días sin comer, mi cuerpo ya no respondia como antes. Ella no volvía, mis latidos cada vez mas inmóviles. Sentía la poca fuerza de mi aliento golpeándome el pecho, el temblor desusado de mis piernas, el frío inyectándose en mis huesos.
- ¡Dejala ir! Dijo mi cuerpo pidiendo clemencia.
-Ya está, en un par de minutos me encontraré con ella.
- ¿Quién es ella?. Mis sentidos returdian en mi cabeza.
Al momento de agotar mi batería, sentí el ruido de unos pasos acercarse.
Temblé, lloré, quise abrir mis ojos y no pude. ¿Quién me acompañaba en ese lugar? La quietud del recinto se trasformó en una marea convulsionada. -Te amo, amor- solía repetir una extraña melodía. No se si Lú estuvo conmigo aquel día, aunque recuerdo un detalle que no sé a qué atribuirlo... es que en ese instante todo volvió a ser como antes.
Mi paz, mi calma, todo igual; repetía su risa mientras caía en un sueño profundo, me sudaban sus manos para no irme defitivamente solo.
Èsto no es una historia de locura, es una historia de amor. Sobre la libertad inherente al acto de amar, aun cuando es imaginando. Yo la amo y lo estoy asegurando. Es que después de remover tantos años buscando en la vida, la felicidad que perdí, llorandola, sufriendola, ya cansado de husmear, decidí que mis últimos pasos trascurrieran en la más inmensa de las soledades...


- Hola amor: ¿llegue tarde?
- Nunca es tarde...

etiquetas: hipermnesia, lucrecia, adios
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