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El Lobezno

Antes de oír el alud
soñábamos despiertos,
sin sueños que olvidar.
Nunca debimos soltar al lobezno...

Recién nacido arañaba la cama,
abría los ojos,
al rato los cerraba;

tus mechones de pelo
yo a menudo
los confundía con los suyos,

se le enredaba la cabellera
en la verja de alambre,
y desde el jardín,
hasta encontrarme,
arrastraba detras de sí
una estela de azabache;

y su aullido por delante,
como siempre,
llenándonos el corazón.

Un día me di cuenta
de que no envejecía,
y de que el mechón arrancado
ya nunca le crecería...
Su pelo, cada vez,
era más tosco y encrespado;
su piel, como una fruta,
por la verja, se estaba oxidando...

Llegaron malas hierbas al bosque,
raíces negras en marzo...

26/4/19
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Miedo a volar

Los aviones de la compañía Vueling, pintados con circulitos a infantiles colorines permanecen alineados junto a la terminal o repostando. ¿Cuál será el nuestro? Desde aquí arriba todos parecen pequeños. Dentro ya de su tripa, es como si nos hubiera tragado un pájaro grande. La señora que viaja a mi lado lo nota.

-¡Qué miedo me da volar!, ¿A usted no? yo no lo puedo superar.

Al escucharla decir esto, me dije. (A esta mujer la voy a distraer, con algo que la hará reír). Su pánico a volar iba en serio. La voy a contar la historia de Angelito y Domingo.… Así que a Isabel (este era su nombre) con mi narración, la llevé a otra época, mientras Elo su otra compañera, apoyada en la ventanilla reía (o rezaba). El Vueling de colorines aceleraba motores ya pronto al despegue.

-“En mis años de juventud, cuando yo era afamado Disck Jockey de radio y salas de fiesta, conocí a muchos y variopintos seres, uno de ellos Angelito, barman del Stay Boy - (Pub, o Wiskey bar, digamos que decente, decorado con cierto lujo y buen gusto, que a mediados de los setenta ponía música de los Panchos, Julio Iglesias y Roberto Carlos) Cuando cerrábamos la discoteca Trovador (tres de la madrugada) D.J , jefe y barmans acostumbrábamos a acercarnos por allí a visitar a Angelito.

Ya a puerta cerrada, dejábamos llegar el amanecer, tomando aceitunas con salsa tabasco, echando unas partidas a los dados, mientras hablábamos de planear el día siguiente, que estaría ocupado por ejemplo en cabalgar a galope por las faldas de montejurra con caballos de la cuadra del Sr. Hermoso de Mendoza (padre). El famosísimo rejoneador internacional del mismo nombre entonces era un niño, fíjense que a mí me ayudaba a montar en - Cenizosa -una dócil y esbelta yegua.
!Buena vida de bribones, esta que llevábamos de jóvenes, yo tendría entonces veinticuatro años!...

Isabel, a estas alturas, ni se enteraba que las alas del Jumbo rozaban las nubes sobre el mediterráneo.
En mi historia, también Domingo el dueño de la sala Trovador estaba allí; cierto día, siendo tema central en aquellas tertulias de madrugada, donde Angelito se partía de risa con el miedo a volar del otro, su amigo (los dos eran solterones). Ambos querían ir a Tenerife, pero Domingo tenía mucho, mucho miedo a volar. Como Isabel, la señora que ahora me escuchaba atenta, totalmente concentrada. Igual que a mí me lo contaron los protagonistas, yo lo narraba; el avión de Angelito y Domingo aun no había tomado carrera para despegar, tan solo se había desplazado a una vía lateral en la que estaba a la espera de recibir orden de incorporación a pista principal. Domingo ni miraba la ventanilla, ojos cerrados, sudor frio. Y finalmente ¡turbinas a tope, aceleración de motores!. Por fin Domingo se pensó que estaban a tres mil pies de altura y se atrevió a abrir los ojos para mirar las nubes.

-No ha sido para tanto Angelito, casi ni me he enterado…

-¡Pero tonto, mira el suelo, todavía el avión no ha despegado!

Fue entonces que mientras la aeronave comenzaba a tomar carrera, Domingo se soltaba el cinturón, corría espantado hacia la parte trasera de cola buscando la palanca para abrir la puerta y bajarse; las azafatas lo sujetaron y le dieron un calmante…
Esta vez no fue necesaria medicación alguna para tranquilizar a mi acompañante ocasional, al igual que su amiga, rió y se entretuvo con mi narración, de seguido, ambas echaron un sueñecito. Habían pasado unas horas sí, y sin apenas notarlo, estamos en Croacia, ya hemos aterrizado en Dubrovnik.

P.D
¿Entienden ahora por qué Izaskun la azafata del pañuelo amarillo al cuello, al escuchar mi tan verosímil historia, sonreía?
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La otra cara del amor

Comenzaron en un encandilado sueño. Sus deseos correteaban por aquel mástil, acompasando gloriosos ritmos. Su cabello entrelazado, como sus mojadas piernas, fundiéndose en un juego ensangrentado. Entre ellos, todo era insano, embelesados por la pasión más pura que sus alientos hambrientos de cuerpo hubiesen experimentado.
Ella cayó rendida ante ese prohibido amor, mientras él pensaba que esa sería la última vez. Ella, ebria de largos besos, agarró con coraje un puñal y se lo clavó en el pecho.
Ese fue el único momento en el que tocó aquel envenenado corazón.
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