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Espacio

Existe ese lugar donde no sabemos donde estamos,
allí nos damos cuenta de todo lo vivido.
Y cuando decimos que no sabemos,
es que no vimos lo ya sufrido, lo ya dividido.
Y entonces nos damos cuenta de todo,
de que ya nada es poco,
que libremente puedes ser loco,
que caes mil veces al lodo,
pero nunca piensas: "me sofoco".
Solo buscas vivir tu vida,
si quieres abandonas la partida.
Si quieres no te quedas quieto,
vas y peleas contra el viento.
Pero en ese lugar no todo es puro,
también esta su lado oscuro.
Los males salen a cual caja de Pandora,
y ya no hay alma salvadora.
el mal invade almas y las destruye,
y nadie las reconstruye.
Así que al final, nos debemos preguntar:
¿Quiero ir a ese lugar?
¿Quiero ser parte del bien o del mal?
Eso lo ve cada uno en su mente,
iremos rápido o despacio.
Pero tendremos que ser fuertes,
para soportar ese Espacio...
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Dos Bandos

Un día bello sin dudar,
el sol sale y no para de brillar.
Todos alegres y contentos,
decían: "ojala el día pase mas lento".

"Otro mal día",
todo es carnaval y alegría.
Ya no se puede tener paz,
me dan ganas de llorar.

Dos lados opuestos,
cada uno se mueve a su destino.
Peleas constantes entre estos,
gritos e insultos finos.

nadie sabe quien ganara,
sabemos que pelearan.
Pero nadie los busca frenar,
"mientras sean ellos que me va a importar".

Bien o mal,
blanco o negro.
una batalla final,
pero no me realegro.
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Mi sostén

Todos conocemos la sensación que recorre por nuestro cuerpo cuando, de niños, una ola nos golpea desprevenidos. Caemos bajo el remolino de agua que nos arrastra sobre la arena, raspando nuestros brazos, golpeando nuestras piernas, metiéndose en nuestra boca y en nuestros ojos. Ahí, sumergidos en el agua, nos arrepentimos de haber querido entrar.
No hay nada más placentero que esa primera bocanada de aire que uno toma apenas puede salir a flote y sacar la cabeza al exterior. Esa sensación abrumadora de sentir entrar en el cuerpo todo el oxigeno perdido por culpa del golpe de la ola.
Hace un tiempo yo era ese niño que, desesperado, buscaba recuperar el oxigeno. La vida era la ola que me golpeaba una y otra vez dejándome cada vez más cansado, incluso hasta llegar al punto en el que estuve a punto de rendirme, de bajar los brazos y dejar que el agua me tapara y la corriente me llevara a su merced.
Pero entonces apareciste.
Fuiste mi ancla, poniéndole fin a la fuerza de la corriente. E incluso mejor que eso, fuiste el oxigeno entrando en mí, devolviéndole la vida a cada célula y a cada órgano de mi cuerpo. Te abriste dentro mío como si supieras el camino de memoria, poniendo cada cosa en su lugar, sacando lo que no servía, reparando todo lo que estaba roto y dándole vida a todo lo que yo pensé que estaba muerto.
Desde ese día te convertiste en mi sostén.
Lo único que necesito es voltear la cabeza y ver que estas a mi lado, para saber que todo está bien, y que todo saldrá de acuerdo al plan.
Desde el momento en que llegaste eres el oxigeno que entra a mi cuerpo y me devuelve la vida día a día, con cada acción y cada gesto. Con cada caricia y con cada beso. Eres lo único esencial. Lo único que necesito para vivir.
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Deseo beber de tus besos

Te vi llegar temprano aquella mañana de otoño, me mirabas fijamente, mientras, rozabas mis manos.

Una sonrisa dulce esbozaron tus labios, dejándome perplejo, como un tonto, locamente embobado.

Aun llevo guardado en la memoria aquel día, ese parpadeo de tus ojos, esa mirada pícara, que me hacen sentir cosquilleos extraños.

En mi interior, pensé besarte, besar tus carnosos labios, pero me fallaron las piernas, tuve miedo y no pude dar un paso.

Tu desinhibición y rapidez en ese momento fue perfecta, gracias por correr al auxilio de mis labios que esperaban a los tuyos, deseando beber de tus besos.
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