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Reencuentro veraniego

Era verano, un día cualquiera. Estaba sentado en la terraza de un bar, tomándome una cerveza sin alcohol, que es lo que suelo tomar. Para ser verano, no hacía mucho calor, más bien era un calor moderado, que se podía tolerar. Tengo por costumbre mirar mis cosas del móvil por un rato, pero ese día no me apetecía mirarlo. Más bien me apetecía dejarme acariciar por el aire de circulaba de vez en cuando y observar la gente pasar por los alrededores. No estaba solo en la terraza del bar. Un par de mesas más allá, a mi izquierda, había una pareja también tomándose algo mientras se contaban sus cosas entre sonrisa y sonrisa. Lógicamente, no me llegaba bien a mis oídos lo que estaban hablando, pero se les notaba risueños, que disfrutaban el uno del otro. Yo no podía evitar que se me escapara una sonrisa al ver esas dos personas hablando y sonriendo, pues me gusta ver a la gente contenta y feliz. Y si además, suponiendo que fueran pareja, pues con más razón.

Como he comentado antes, yo estaba solo en mi mesa, tranquilo, sosegado y feliz de disfrutar ese momento de estar allí mientras me estaba tomando mi cerveza sin alcohol y observando a las otras personas que iban viniendo también para tomar algo y pasar un rato agradable. Y de repente, me fijo en alguien que hacía tiempo que no veía. Se trataba de una antigua compañera de colegio. Hacía muchos años que no nos veíamos. Se llamaba Carmen y no pude resistirme saludarla. Así que me acerqué a ella con discreción y me presenté. En un principio, no me reconoció. Después de contarle que habíamos ido al colegio juntos y habíamos coincidido en la misma clase, ya recordó quien era yo. Habían pasado muchos años desde que dejamos el colegio y ya no habíamos coincidido más desde entonces.

Hablamos un rato, entre contarnos nuestras vidas y temas de rabiosa actualidad aunque sin profundizar mucho, puesto que Carmen no disponía de mucho tiempo. Así que, quedamos para vernos más adelante en mejores circunstancias. Nos facilitamos nuestros respectivos números de teléfono para quedar más adelante.

Y tras todo eso, nos despedimos dándonos un par de besos con el deseo mutuo de volver a vernos.

Salvador Periz Nogueras
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