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Ritual

Último día de semana grande en la ciudad. Le despertarán las siete campanadas de la cercana torre de la iglesia, tomará una ducha, sentirá que su corazón, late rápido, muy rápido.
Sobre la cómoda de la habitación, pantalón blanco, camisa blanca. Alguien ha dejado la ropa preparada y bien planchada. El, de forma estudiada, rodeará su cintura con la faja tradicional, dejando que en el lado izquierdo cuelguen alineados los flecos. Anudará el pañuelo rojo al cuello, fijará con laca su recién peinado cabello.
Asegurará bien los lazos de su calzado deportivo, saldrá a la calle, comprará el periódico del día en el kiosco de la esquina, lo plegará y asirá fuerte a su mano, será la muleta con que medirá los centímetros que le separen del astado.
Saltará por encima la valla de madera, que delimita el trayecto de los toros en el encierro. Caminará ligero hasta la hornacina con la imagen del santo, se unirá al selecto grupo de corredores habituales en el tramo de Santo Domingo, el más cercano a los corrales. Por tres veces los mozos, entonarán la plegaria que cada día va dirigida al obispo mártir, que milagrosamente les echa un capote
“A San Fermín, pedimos por ser nuestro patrón, nos guie en el encierro dándonos su bendición”.
A las ocho en punto, el jefe de carpinteros, disparará el cohete, se abrirán los portones, al ver una vía de escape, los toros saldrán como alma que lleva el diablo, y aun siendo cuesta arriba, irán cogiendo velocidad. Alcanzarán y sobrepasarán a los mozos, algunos de los cuales quedarán tendidos en el suelo, golpeados, pisoteados, malheridos, o en el peor de los casos como ese extranjero al que las asistencias retiran, con una cornada mortal en el pecho. Solo veinte metros resistir corriendo ante un astado puede conseguirlo un corredor experto y bien preparado.
Apenas tres minutos más tarde, el ritual de vida y muerte ha cesado. Igualmente rápidos, los encargados de hacerlo, desmontarán el vallado. El anónimo joven pamplonés, comprara en la popular calle de “la mañueta” una docena de churros recién hechos y los llevará calentitos, de regreso a esa casa, donde cada mañana, desde el siete al catorce de Julio, temerosa y con el corazón en vilo, espera rezando una madre.

etiquetas: tradición, fiesta, ritual, madre
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17comentarios 148 lecturas relato karma: 68
#1   hermoso y curioso relato, muy bonito
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#2   #1 Es real y se repite cada año Lidi.
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#3   Como siempre excelente relato, son costumbres suicidas arraigadas y que no entiendo como en actualidad no se prohíbe semejante actividad, igual que las corridas en dónde el toro lo que hace es defenderse, te reitero mi admiración por tus escritos, un abrazo afectuoso
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#4   #3. Siempre he dicho que si me presentase a político y fuese nombrado alcalde de mi ciudad natal, suspenderia de inmediato los cada vez mas peligrosos y masificados encierros, aun a sabiendas que con la misma inmediatez pondrían precio a mi cabeza y me destituirian del cargo. No entro tampoco en la polémica que a nivel nacional e internacional crean estos y otros tradicionales festejos taurinos, a los que desde que me entró un poco de cordura al cerebro, no asisto. Aun así debo reconocer que en esta tierra, desde antes de nacer, queriendo y sin querer los hemos tenido en la puerta de casa. Gracias de corazón Zenaida.
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#5   Pues mira, me ha gustado mucho tu relato, Dreamer.
Un abrazo compañero, lo narraste de forma objetiva, por eso me gustó.
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 *   mariaprieto mariaprieto
#6   #5 Pues has conseguido que asomen lágrimas color del mar de tu Huelva en mis ojos María. Nadie como quien siente, escribe o pinta la vida, sabe lo qué es llevar esos trazos de la propia vida, tan vivamente pintados y adheridos dentro.
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#7   Espectacular relató compañero es interesante y entrañable
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#9   #7 Gracias Agustín. Me he centrado en el respeto y seriedad con que un joven local vive la tradicional carrera de los toros bravos por las calles de su ciudad. Presentando esa especie de ritual que conlleva, salir de casa vestido a la usanza, bien preparado deportivamente, descansado y sobrio. Y concienciado de las propias limitaciones y del respeto que un animal tan bello merece. Comportamiento noble que incluso el propio animal muestra con el hombre, cuando ante el, se hace una carrera limpia.
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#10   Muy bueno e interesante. Abrazos.
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#11   #10 Me complace que te haya gustado. Gracias por tu visita Sinmi.
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#12   Dreamer , sabes? cuando leo tu relato los personajes y su entorno, todo se pone en movimiento, toma vida...
Posees un inmenso don de la descripción, por eso me encanta leerte.
Felicidades por esa genial narración!
Un fuerte abrazo, Maria Mercedes
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#14   #12 Qué bonito es eso que dices de tomar vida.....es lo mismo que nos pasa cuando el comentario de alguien hace reavivar de nuevo la ilusión para no desanimarnos en el cumplimento de ésta nuestra vocación o pasión de escribir. Gracias MM
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#13   No me queda más que felicitarlo Mr. Dreamer por esa magnífica narración...
Para qué visitar los Fermines después de ese relato? Se vive, se oye, se siente...
Enhorabuena!
MariaDelRosario
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#15   #13 Cosa grande es el sentir, algo tan personal, interior, reservado y casi imposible de describir. Listón alto nos ponen los genios de la expresión, por medio del arte en general. Mi agradecimiento y respetos MaríadelRosario.
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#16   Excelente relato!!muy buena pluma! Aunque no me gusta lo que hacen con los toros en España.
Ojalá algún dia se termine.
Saludos amigo!!
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#17   #16 Quizás los toros terminen con nosotros. Gracias Andrés.
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