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Sin remordimiento

Nos presentamos sin pedirle aprobación a nadie, porque no la encontraríamos.
Nos presentamos mutuamente, al unísono pero sin mediar palabra, que cosa extraña, pensé.
No hubo apretón ni abrazo, en esto me indicó que iba descalzo.
Pasaron años sin que se consumara un plan, y sabíamos que nunca lo habría,
era una silueta espontánea que dibujaba el viento y no recuerdo en que momento me dejó sin aliento,
en esa rima me figuré en el tranvía tomando una birra y dejé pasar las horas de mi corta vida.
Me descalzó y me entregué sin importar lo que venia, ahí en las vías me arrasó el tren que me llevó hasta Alejandría.
A lo largo de las estaciones me limitaba a observar los calzados que viajaban sin tener destino.

Me harté de estar sin ruido y decidí bajar, me puse los zapatos y me lancé a andar en el hangar;
Me quedé sin voz de tanto gritar.
Al fin puedo respirar y maldecía e hice quiebre en mí piel para recordar, hasta que mi cuerpo se deje ser alma,
estos huesos secos tiesos y cacho de carne hojalata, el mismo que me dejo en patas,
y ahora se arrodillaba ante la redención, que podría yo intentar rendirme ante la alegoría de vivir un día más sin tener que callar atropellado;
Y estoy en eso.
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2comentarios 38 lecturas relato karma: 38
#1   Es un poema verdaderamente bello espectacular y brillante
votos: 0    karma: 20
#2   #1 Gracias compañero.
votos: 0    karma: 6