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Soledad

Y en las noches me quedo despierta pensando en todo un poco: en lo que paso, en lo que pudo pasar, en lo bueno y en lo malo que vivimos. Imagino que tan diferentes serían hoy las cosas si algo, cualquier pequeño detalle, hubiera sido diferente. Fantaseo con tu cuerpo acostado junto al mío cada noche, mientras te abrazo como solía hacerlo. No puedo evitar no llorar, los latidos se vuelven tan fuertes que puedo sentirlos incluso en los dedos de mis pies, un incesante pálpito que obstruye el resto de mis habilidades y ya no puedo respirar, no puedo oír nada más, no puedo mover el cuerpo, no puedo hablar, no puedo siquiera mirar; es cuando un aliento de vida que quien sabe de donde vendrá llega a mi, y puedo volver a respirar, pero mis ojos no dejan de llorar porque la mente sigue contigo en ella y el corazón no deja de palpitar cada vez más fuerte como si mi cama fuera un gigante tambor que no dejan de tocar. Cuando por fin logro concebir dormir, vuelven los recuerdos o mi cerebro comienza a imaginar nuevos momentos y se generan grandes sueños, o pesadillas quizás, uno tras otro ya que aparentemente no puedo soportarlo y me despierto nuevamente por lo menos tres veces más, y quedarme dormida de nuevo es volver al dilema inicial. Al despertar en la mañana, me cuesta abrir los ojos ya que las lagrimas se han secado y formado una especie de costra entre mis párpados, retiro con cuidado cada una pero mantengo los ojos cerrados, espero poder verte a mi lado en este nuevo día, pero abro los ojos y no estás aquí todavía.

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