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Somos iguales

Se llenó la habitación, de sinsabores de nostalgia, de minutas sin respuesta, sin quererlo, sus labios cayeron en depresión y fluyeron muecas incontroladas, dejando labios de fuelles, a la deriva, y lloró con desconsuelo desamparado, como si fuera la primera y la última vez.
Suicidó sus lágrimas para sofocar el agobio que suscitaba su pena, tal vez, como respuesta, o tal vez, quisiera llamar la atención de ella.
Ella, rodeó con sus brazos sus grandes y fornidos hombros, apenas tenía dedos para rodearlo, dejó reclinar su cabeza, para demostrar que no estaba solo, y dejó que sus cabellos recogieran la humedad de su tristeza ajena.
Entre susurros de nana suave, tierna, le habló despacio y sin prisas mesando su cara, como una madre habla a su hijo, como si hablara la mismísima voz de la experiencia:
- Somos iguales, hombre y mujer, nacidos del mismo material, compartimos el mismo universo, rozamos las estrellas cada día, con ojos nuevos. estamos hechos de arcilla, transformada en piel, carne, venas y arterias, somos huesos revestidos de cálcica armadura sin nombre.
Un hombre que humedece su sensibilidad y la enjuga en lágrimas, no es por ello menos hombre.
Él, intentaba refugiar su mirada, arrullando su cara, asintió con su cabeza cabizbaja, frunció el ceño dejando escapar una pequeña mueca de aceptación y dulzura.
El calor de ambos cuerpos, desprendía una lluvia de paz energética, fluía el vapor, trascendiendo en una humanidad, no antes contada, y se creó una nube de pompa de jabón.
Por las rendijas de aquella vieja persiana, se vislumbraban los pequeños árbores del día, tímidos, desorientados, desperezando los sueños.
El gallo truhán, comenzaba su canto de despertador matutino, como buen buhonero de
pico corvo, abrigaba su garganta con un gabán de cuello de plumas blancas y se lanzó en una tonadilla de cante jondo.
Aún permanecían juntos, en silencio, los rayos de sol, penetraban sin permiso entre las rendijas de las persianas y tocaban sin pudor todas la superficies abandonadas, el polvo se veía, ahora libre, moviéndose como en un vals, en un espacio etéreo, mágico, tocaban las cabezas de hombre y mujer, bendiciendoles el nuevo día.

Angeles Torres
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4comentarios 65 lecturas relato karma: 57
#1   Que bonito amiga¡¡¡ Tienes una maravillosa forma de contar con una riqueza de palabra, precioso ¡¡¡

- Somos iguales, hombre y mujer, nacidos del mismo material, compartimos el mismo universo, rozamos las estrellas, cada día con ojos nuevos, hechos de arcilla transformada en piel, carne, venas y arterias. Somos huesos revestidos de cálcica armadura sin nombre.



Maravilla amiga¡¡¡ Abrazos¡¡¡
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#2   #1 Tu si que me miras con buenos ojos. Mil gracias, mil abrazos.....
votos: 1    karma: 40
#3   Un relato lleno de tiernos aromas ...

- Somos iguales, hombre y mujer, nacidos del mismo material, compartimos el mismo universo, rozamos las estrellas, cada día con ojos nuevos, hechos de arcilla transformada en piel, carne, venas y arterias. Somos huesos revestidos de cálcica armadura sin nombre.

Felicidades !
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#4   #3 Gracias mi querida compañera. Abrazos.
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