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Son las seis

Helena se colocó detrás del sofá, y le miró con picardía. Sabía que deseaba algo más que ver la tele. Sonrió sin abrir los labios, sin articular palabra, no hacía falta. Deseaban lo mismo, ejecutado de diferente forma. Ella deseaba jugar con él y no pensaba dejar de hacerlo. Joan la miraba impaciente….

Con la mano izquierda tiró del palo chino que le sujetaba la melena e hizo un suave movimiento con la cabeza para que el cabello se estirase por su espalda. Brillaba bajo la luz de la lámpara, de un color castaño que encendía aún más los ojos del hombre.

Poco a poco fue bordeando el sofá, paseando la mano izquierda por el reposacabezas mientras caminaba. Sus dedos jugaban con el tapizado, imitando una caricia sobre la piel. Se llevó el dedo índice de la mano derecha a los labios y lo besó, llevándolo acto seguido a los de él, para que hiciera lo propio… Él lo atrapó con los labios húmedos i le tomó la mano, llevándola hacia él. Elena negó con la cabeza. Todavía no era el momento.

Ahora pasaba por detrás de él. Hundió sus dedos en el cabello de Joan, acariciándole suavemente la cabeza, después las orejas, con la yema de los dedos. Le hacía sentir aquel cúmulo de mariposas que querían salir de golpe y comérsela. Sus ojos lo decían todo, pero ella sólo sonreía y negaba.

Helena quería disfrutar del momento, poniéndolo a prueba. Sin dejar de rozar la cabeza de Joan, acabó de dar la vuelta al sofá. Ahora se encontraba frente a él. Quería tocarla, cogerla por la cintura y hacerla suya. Ella, leyéndole la mirada, siguió negando con la cabeza. Aquella sonrisa lo martirizaba.

Helena acercó sus labios a los de Joan, casi sin tocarlos, sólo lo suficiente para que él se encendiera aún más.

Volvió a acercar los labios a los de él, entreabiertos, esta vez invitándolo a entrar.

Él aceptó la invitación.

Ahora, todos sus dedos a la vez, se colocaron sobre la base del cuello de Joan, desplazándose hacia los hombros, electrizando cada milímetro de piel por donde pasaban.

Él la miró ansioso i ella le susurró al oído:

- Levántate, son las seis. Mi madre está al caer.

Àngels de la Torre Vidal (c)
"Cotidianeidades"

Imagen de la fotografía: Internet

etiquetas: relato, erotismo
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