Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Todo sobre mi madre

Todas las mañanas mi madre me acompañaba hasta la esquina. Caminábamos juntos y observábamos el regocijo de nuestros rostros al sentir que con una simple mirada nos hallábamos.
En nuestro diario caminar nos estancábamos en la parada del bus.
Justo allí; mi madre posaba sus labios sobre mi mejilla y luego se despedía con un ademan. Sentí tristeza por un momento de solo pensar que algún día pudiese dar la vuelta y ver que ya no estaría allí.

Los recuerdos se amontonan en mis ojos al recordar todos esos momentos risueños.

Recuerdo la primera vez que caí. Me observaste desde lejos. Esperando tal vez que me levantara como todo muchacho travieso. Quizás sentiste compasión al saber que serian muchas las caídas a lo largo de mi vida. El golpe fue duro. Por un momento sentí que estaba solo. Sin embargo observe tu sombra reflejada en el frío suelo que se balanceaba hacia mí. Corriste a mi lado en un intento desesperado de sujetar mi cuerpo para que no volviera a tropezar. Rompí a llorar desconsoladamente y sujetaste mi dolor e invitaste a tus lagrimas a que se unieran con las mías. Posaste tus labios sobre mi herida y succionaste el mismo dolor que sentí la primera vez que rompieron mi corazón por un amor no correspondido.

Madre. Veo tus ojos dormir. Duermes como un ángel.
Sin embargo aun siento tu respiración.

Mis ojos se nublan al hurgar entre tus pertenencias y encontrar ese vestido rojo que usaste el día de mi primera comunión. Ese día fue lluvioso. Corrías detrás de mí para que no me mojara. Pero sonrías al verme como la lluvia jugaba con mi felicidad.


El tiempo ha pasado.
El niño quedo atrás.
Los recuerdos son imborrables.

Los vestigios del tiempo arremeten contra tu piel; arrugando la madurez y la experiencia de haber parido la vida, pero el sentimiento está vivo dentro de ti; acrecentándose en todos esos recuerdos. Desde mi primera nalgada hasta mi primera caída al suelo duro de la vida.


Esa misma mañana mi madre se levanto como todos los días.
El aroma del café recién colado se paseaba por toda la casa.
Justo enfrente de mi habitación escuche su voz llamarme. Pude divisar la luz del alba entrar en mi habitación y a su vez advertir su silueta a través de la puerta.

Allí estaba yo.
Dormido.
Sumergido en mis recuerdos,
aun con lágrimas en los ojos.
Sin respiración.
Sin vida.
Muerto.

Mi madre sujeto mi cuerpo entre sus brazos. Dejo que mi cabeza reposara sobre sus piernas.
Entretejiendo sus dedos en mí cabello comenzó a entonar esa vieja canción de cuna,
y entre el susurro apacible de su voz, la escuche decir:
Duerme hijo.
Es hora de descansar.

etiquetas: relato, recuerdos, nostalgia, vida
4
sin comentarios 33 lecturas relato karma: 63