Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Unos dedos...

Unos dedos le arrancaron del silencio al sentir la caricia irreverente de las olas en la playa y también de las montañas blanquecinas y nevadas que llegaban con su abrigo y su bufanda intentando compartir unos momentos.

Y a los dedos se acercaron las aldeas y los campos con sus tierras anegadas por las aguas y revueltas, dependiendo de unos brazos y unas manos que cuidaran sus entrañas y plantaran la simiente, en primavera, que creciera y diera fruto y alimento a tantas bocas que precisan de las mismas.

Fue un instante prolongado y un suspiro, un segundo en el espacio que transcurre y se presencia. Sin embargo, la caricia proseguía, y se elevaba, con los dedos que buscaban los rincones invisibles del espacio, intentando recobrar el equilibrio de las almas en la vida…

“…Y llegaron las gaviotas recelosas que venían de los muelles y las playas,
y vinieron otras tantas de la costa mendigando aquellas sobras de pescado que en el día se tiraban a las aguas,
y salieron los suspiros retenidos de los pechos,
y los ojos se alegraron con la música incipiente que sonaba en los oídos,
y los labios temblorosos musitaron mil plegarias a los dioses invisibles,
y la piel se estremecía sin descanso con el soplo de la brisa
y la caricia, que llegaba de unos dedos,
y el maestro olvidadizo se dormía en su escritorio olvidando la canción de los piratas,
y los niños contemplaban la pizarra tan vacía,
y durmieron las palomas en el parque contemplando a los ancianos,
y salieron margaritas en macetas y en ventanas de las casas,
y cantaron las campanas de la iglesia,
y nacieron mariposas que volaban silenciosas por la acera,
y miré con unos ojos, regalados por mi madre,
y gusté del flan de pera y de manzana preparado con sus manos,
y sorbí con estos labios de la leche inmaculada de sus senos,
y cantaron los canarios enjaulados al sentir la mano amiga que quitaba sus cadenas,
y te vi en el reflejo del espejo al mirarme en la mañana,
y escuché la voz hermosa y cantarina que pedía una respuesta,
y te amé como se aman los amantes, con pasión y en primavera, aunque fuera en un otoño,
y sentí que el corazón se desarmaba en un deshielo prolongado,
y noté como la sangre galopaba por las venas tan ardientes y fogosas,
y, al final, me desperté con los ancianos en el parque...

Y sentí que la madera de mi cuerpo se cubría de nostalgia ante los dedos seductores que buscaban sus heridas, y en las mismas a mis gritos y suspiros, que vibraban con las cuerdas, que sufrían y reían; y con rabia se bañaban y rozaban como en busca de lujuria y de pasión mal contenidas, y me amaban y gritaban con un nombre que yo nunca conocí…”

Al final, entre sudores y suspiros, reinó el silencio nuevamente, y el piano solitario en el rincón, despertó de su delirio.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/01/19

etiquetas: cuentos, y, relatos, 2019
3
2comentarios 24 lecturas relato karma: 48
#1   hermoso poema
votos: 0    karma: 19
#2   #1 Gracias lidianny
Un saludo.
votos: 0    karma: 20