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En la diana

Le compré a Cupido una mira telescópica. Para rectificar mis desatinos de corazón.
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Desoír

Bendíceme, de andar por tus caminos
y estropearlo todo cuando llegue a casa;

sólo que, tengas escupiéndote desde una roca,
me darás alas por error:
te prometo traer santos a tu arena.

Y te dije mentiras mejor que nunca,

también, el arte (insurrecto) tiene algo de ti,
como prueba a ello
atisbaré a escondidas, el salmo que más odio.

Siempre,
siempre el rayo cayendo hasta convertirte
en un milagro;
no lo dudes rodaré a ti para no desaparecer,

mientras observo como duermes
me salto cada sueño que no soñaste.
Suicidamente en mi edad te maldigo
como recuerdo de estar en una oración…
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Ocaso de los ochenta

El ocaso y el mar, espacio escénico de un otoño eterno:
caminaban por la playa tomados de la mano del tiempo,
(aproximadamente como a los 80 años de edad)
mientras la memoria desdibujaba la furia de un mar platino.
Ella, mantenía su misma larga cabellera de las promesas incumplidas;
él, cargaba el mismo pantalón kaki con el ruedo recogido.

Los trapecistas de un sueño realizaban malabares
sobre las expresivas líneas imaginarias del meridiano cero,
para empezar de (a)cero y desde uno (01)
y dado el calor de la luna a medianoche,
las arrugadas marinas fueron alisadas todas
y del…
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Descrismarse Evanescente... (Cuento Experimental Neosurrealista)

DESCRISMARSE EVANESCENTE
_(Cuento experimental neosurrealista)_

Subió al lomo del viejo libro y rodeó la mesa,
de camino hacia el librero. Le acarició suavemente
con los dedos temblorosos. No tardó en llegar al
rincón por la cadena de penumbras que separaban
las sombreadas paredes por la moribunda flama
de aquella lámpara agotada. Una cabeza de lagartija
pálida salió suavemente como las plumas del gallo
declinando cantar de noche a la luna a medias entre
las piedras sobre las hojas más qué otra cosa...

Había qué pensar no solo en el dinero de la renta,
sino en la comida…

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Liberado

Dios me libre!!

De los amigos sabios
Las lentejas sin chorizo
Una ostia a destiempo
La cerveza sin alcohol
Del sombrero de playa
Del otoño sin lluvia
La hamburguesa de pavo
Los Santos sin pecado
La blanca navidad
La razón de ser
Los halagos con cuento
La bicis a motor
Los grupos de wsp
La sobremesa sin siesta
La radio del vecino
Cien años sin soledad
La jaula de oro
La poesía prestada
La foto borrada
El verso versado
El dedo acusador.
Pensar para existir
El cuento con final
Él banquero a la puerta
La camisa de rayas
El cumpleaños feliz
El pan de los chinos
La verdad del barquero
Mi mentira cobarde
Las cuarenta cantadas
Un te quiero sin amor
Un siempre nos quedará París
Un Oporto sin ti
Y de a ratos de mi...
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Por Vitrificarse... (Anticuento Dadaísta)

POR VITRIFICARSE
((( Anticuento Dadaísta )))

El apetito, en la cama, no ha sido vendido regularmente.
Se le encuentra a veces hablando solo, escondido bajo
la mesa o en el patio callado... Entusiasta del reposo.
Entre los árboles, estaba la comida fría.
El horno estaba de vacaciones y el café era de colores
brillantes, incómodo al tacto en su profunda vida interior.
La noche no despertaba, pero salía por la nariz de esa mañana.
Los párpados nunca escuchaban la luna del espejo, y se
complacían levantando unas zapatillas del cajón de las
pestañas. Las sombras al franquear los…

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Comienzo

Me puse unos jean viejos y una remera cualquiera, sin saber que esa noche te volvería a encontrar. Sin saber que esa noche, renacerían todos los sentimientos que una vez, de joven, guardé solo para mí.
Seis años habían pasado desde la última vez que te vi. Recordaba detalladamente a la muchacha con la que había pasado toda mi infancia, pero los nervios de un nuevo encuentro se estaban apoderando de mí. No imaginaba que después de aquella noche, cambiaría la vida de los dos para siempre.
Y llegó el momento. Entré en la fiesta de cumpleaños disimulando los nervios. Sonriendo a…
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Ellas cantan («Riders on the storm»)

Como un relato
al estilo de Zaratrusta
salgo de la tormenta
y de la vieja caverna,
sacudo los archivos
muertos de mi cerebro
y solo mantengo
los registro de mi identidad,
(« aspecto no tan importante »)
la canción del buen Morrison
(« Jinetes en la tormenta. »)
Ah y algunos vicios, difícil
de abandonar.

Vaciada mi cavidad craneal
casi por completo
me adentro en un paraíso
de valles perfumados
y dulces pájaros alegran la tarde
con sus cromáticos colores.

El humo del cigarro
y un sorbo de licor guardado
me sostiene
y mis botas de vaquero
pisan la húmeda hierba.

Casi…
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Pasos

Su frialdad en la despedida, le dejaría para siempre, el corazón mutilado por hipotermia. Él entendió que era el momento de volar. Y se alejó caminando, como se alejan las aves que caminan con un ala rota...
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All in

Se jugaron la noche a una sola mano.
Ella mostró un poker de damas, y él ganó la partida con una escalera de corazones directa hacia sus caderas....
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El cuadro de costumbres

En su balcón, ella, desde la mecedora.
Por las tardes, su mirada se dirigía al mar.
Siempre quiso morar frente a él.
Durante su niñez, vivía en un castillo de arena
y más adelante construyeron un museo desolado.
Escuchaba el sonido de las olas y dialogaba con ellas.
Sobrevivieron tsunamis, mar de leva y heladas.

Espiaba todos los días al marinero que peces pintaba,
la bruma reducía la visibilidad de sus obras.
No lo podía mirar hasta que arribara el otoño;
porque en noviembre la pintura seguía fresca.
Un cuadro animado, vivo, activo, siempre renovado,
nada permanecía inerte…
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El mar

El mar, el monstruo dormido que espera su presa. El mar, que abrasa la piel y ciega los ojos.
El mar, es oscuridad y abismo. El mar, frontera de la vergüenza, el miedo viaja en patera junto a los pobres del sur. El mar, donde doran sus culos los ricos del norte, y viaja en crucero la opulencia. En el mar solo hay sed y soledad, náufragos o muertos, y gaviotas con sombra de buitre para comerlos.
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Maldito poeta

Acaricio la intimidad de la noche e intento abrir aquellos grandes ventanales de mi inconsciencia. Miro hacia los lados buscando alguna actividad inconclusa de la cual pueda ser capaz de continuar en aquellos momentos de ocio y desosiego. Paginas blancas esparcidas por toda la habitación buscando el despertar de una palabra desenfrenada que me inspire a seguir desangrándome en la más delicada poesía.

Poesía que penetra en lo más insondable del sentir.

Me inspiro en lo que siento.
En lo que brota de mí.
En esas palabras que matan,
que aciertan en vislumbrar lo majestuoso del amor.…
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O labirinto do caos e da agonia da razão. (Ensayo)

O labirinto do caos e da agonia da razão.

Tudo isso existiu e, depois, deixou de existir, sem que seja motivo de vergonha nem de ofensa para ninguém.
Não projectemos as nossas concepções e avaliações modernas sobre os tempos idos, e sobre as pessoas que neles viveram,
porque o anacronismo é o maior pecado que se pode fazer quando se lida com o passado…
as expressões de nossos pensamentos são condicionadas e limitadas pelos vocábulos existentes em nosso idioma.

Só que hoje parece que entrámos num mundo surrealista, onde os responsáveis fazem as declarações mais…

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Turno de noche

Él, tras años de servicio, salía una tarde más con el chaleco antibalas acoplado al cuerpo, no contaba al doblar la esquina, con la mirada en ráfaga de unos ojos negros que perforaron sus defensas, a golpe de latidos calibre 52. Tras varias horas atrincherado al refugio de una taza de café, terminó en una cama de hospital, donde ella, con aquellos ojos negros con licencia para matar, tenía turno de noche.....
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Rareza espacial

Cuando escribo, soy como el protagonista de "Space Oddity".
Sentado aquí arriba, observo mi vida y la vida de los otros. En ese momento, jacobinas, las emociones se disparan por el espacio, algunas desesperadas se suicidan ensartadas en los rayos del sol, otras desorientadas, mueren arrolladas por asteroides errantes. El viento cósmico me devuelve las que sobreviven a la odisea, transformadas ya en palabras de regreso a su Ítaca. Cosmonautas infatigables, llegan cargadas de sueños, miedos, ilusiones, heridas.
Y aquí quedamos, sentados en mi contenedor de hojalata. Soñando pacientes y agradecidos, a que alguna vez, alguien nos lea y eternamente felices, si alguien, alguna vez nos entiende.
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No hizo caso

Podría haber sido un gran jugador de fútbol, estrella en la cancha de baloncesto o campeón en las carreras de motos. Sentado en el jardín de su casa, cerraba los ojos y soñaba escuchando el sonido relajante de las hojas del chopo.
Se lo advirtieron, debería haber plantado otro tipo de árbol, pero no hizo caso, y ahora, sus raíces empujaban la tapia que, no tardaría mucho tiempo en venirse abajo. Entonces, se imaginaba escapando de su prisión. Dejaría atrás la silla de ruedas y saldría a cumplir sus sueños.
Siete años ya, desde el accidente en el que olvidó abrochar su casco.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2018/10/07/escribe-tu-relato-de-octubre-ii-javiergar
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Parados

Ella llenaba lentamente la bañera de recuerdos aún calientes, que quemarían su piel bronceada de soledades, mientras tanto, el espejo le devolvía cada piedra del camino;
un rostro maquillado de desengaño
y sombra de ojos para oscurecer su realidad.
Él comenzaba las mañanas con un café sabor al cansancio de un día que no quería andar;
corbata que anuda una mano que tiembla,
y amenaza su rostro con una Gillette de doble hoja en blanco.

Ambos afrontarían otra jornada, dejando agonizar su presente ante una pantalla de ordenador, una ventana sin ventilación exterior y vistas a un…
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Los sombreros viajan

Cuando yo era niño, allá por San Francisco del Rincón, Guanajuato., mi abuela aún tejía la trenza. Era de las pocas personas que recuerdo que lo hacían. Entrecruzaba las palmas como tejer historias con sus dedos, mientras platicaba con Sanjuana, una señora que vivía enfrente de su banqueta y a un par de casas hacia la derecha. Juntas tejían, cantaban, se contaban chistes, se peleaban y se contentaban en una misma exhibición. Con sus manos creaban de palmas secas e hirsutas sombreros que sabrá Dios hasta dónde irían a parar. Siempre me pregunté de manera interna: ¿Hasta dónde…
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Mis alas

Hace tiempo que el cielo se cayó del suelo y comenzó a subir dejándome aquí,
y al alejarse olvidaron llevarse mis alas, por si acaso lo quiera seguir,
y abrigada en sus plumas sigo respirando inmóvil, aquí…
#microcuento

soundcloud.com/lola-bracco/el-cielo-corto (Lola)
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sin comentarios 85 lecturas relato karma: 77