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Desde su silla de enea

Sentada en su silla de enea,
junto a la vieja ventana,
de oscuro cristal bruñido,
la luz entraba en la sala

Miraban sus ojos marchitos
a las niñas que jugaban,
con sus lazos entre-rojos,
y con su tela estampada

Querubín que era testigo,
de la que fuera su infancia,
cuando reían esas niñas
con broches y con solapas

Reían tanto las niñas,
lacónica le recordaban,
canciones, reinos perdidos
la nostalgia las contemplaba

Y el reloj, de péndulo lento
en su caja lenta oscilaba
en mudo compás del tiempo
que ya no espera nada

Seguía ella en esa silla
de enea vieja y cuajada
débil su llama de espera
mientras lenta se apaga
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1comentarios 42 lecturas versoclasico karma: 73
#1   Muy bueno.
votos: 0    karma: 20