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TOC/ Trastorno Obsesivo Compulsivo

¡Quémalo!
Misteriosa voz redunda en mi inconsciente
¡Quémalo!..
Obsesiva, incesante, insistente
En todas partes
A todas horas
¿Cuánto arde en la piel el plomo lacerante?
En los rincones del dormitorio
Vuelve la voz
Prescribiendo
Apelando la función del crematorio
¡Quémalo!
Invadía la franquicia de los sueños
Mientras dormía.
La llama la encendía Simón el Zelote
Juana de Arco ardía en la Hoguera.
Y en el umbral de espera…
Un tal Judas Iscariote.
— ¡Quémalo! Continuaba
En acoso la voz beligerante.
Infierno, purgatorio y paraíso
Los cánticos de Dante
Hipatia…
La roma de Nerón.
Los testículos de Adán.
—Ayer leía yo en los diarios—
“Se quema la catedral de notre dame”
Y pregunté:
¿Cuál es la pena máxima para los incendiarios?
— A la verdad—
Me cae mal, me incomoda
Su insulsa palidez
Su arrogancia coronada en rubio
La extravagancia de su delgadez
La histeria de sus arrebatos
Y me repugna
Su persistente olor a tabaco.
— ¡Quémalo!
Quizás sea la solución…
Continúa la voz con su estribillo
Yo, presa de trastorno
Obsesivo compulsivo sucumbo a la tentación
Como hipnotizado a encender…
El Último cigarrillo.

etiquetas: verso, libre
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