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Desde la ventana de mi castillo de naipes

En medio de ese ínfimo espacio de tranquilidad, que se cuece entre la tarde y la noche, te volví a ver, desde aquella ventana de la torre aislada del castillo de naipes que construí para alojar las alegrías y las tristezas.

Te volví a ver, y te tornaste en suave brisa que fue tomando más violencia con el transcurrir de los segundos, logrando estremecer este mar de sentimientos nacidos en momentos efímeros que pensé fenecidos, pero que aún me reflejan tú rostro cuando por accidente los miro.

Confieso que tenía la esperanza de ser fuerte, que mi castillo y yo resistiéramos el temporal que tras de ti venía, tu grito mudo, esa ansiedad que hace rato no sentía, la necesidad de pedirte un simple café, de mendigar algo a tu tiempo.

Tantas veces, las saetas de mi reloj giraron y yo mintiéndome, evitando observarte entre mis pasiones ya muertas, tratando en vano de no poner rosas en el sepulcro que en mi corazón te resguardaba.

Y tú me vienes entre esta brisa que trae ese perfume de tus palabras, ese hechizo que me procura este anhelo impío de que nuestras miradas se crucen nuevamente, para percibir una vez más el brillo de esos ojos que me acompañaron en contadas noches y amaneceres.

Infructuoso cerrar las ventanas de mi castillo, cuando ya te me vas colando como agua entre las manos, cerrar los ojos y evitar mirarte, ya para qué, si el vestigio de tu veneno parece activarse con tu imagen, y tú que te vuelves rocío que cae sobre esa ilusión de volvernos a cruzar por casualidad entre los azares de la vida, y yo, con el anhelo de que la desidia me posea, y que para entonces seas lo suficientemente importante a tal punto, que no me percate de tu presencia. Yo, desde aquella ventana de la torreaislada de mi castillo de naipes luchando contra mis dragones.

David Felipe Morales, 19 de diciembre de 2016
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Frase

"Sin importar su profesión, gustos o educación, todas las mujeres para mí tienen algo inherente a su género. Todas son ángeles. De nosotros los hombres depende que sean ángeles preciosos o demonios pavorosos"

David Felipe Morales
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Soliloquio

SOLILOQUIO.

Me precio de haber sostenido hasta el último pétalo al terminar aquel otoño y de haber aguardado mientras se ocultaba la última estrella, de haber bebido hasta la última gota de aquel néctar que se hizo amargo cuando la espera fue inútil.

Contando las horas, aguantando, sintiendo en esta silla el temporal acariciar mis entumecidos huesos, incauto centinela de una morada vacía, a la vera de un camino sin comienzo y sin final.

Ya sabía desde la cuna que vendrían a mí tantas decepciones a lo largo de esta vida, que si no fuese hecho mi corazón de la tierra misma donde se siembran, florecen y mueren rosas, a mis veinte años mi alma ya se hubiera perdido en las arenas de algún desierto.

Entonces en mí ya no hay odio, desolación o pena, ni tiempo perdido, pues mutaron a pensamientos que me dan un sabor a paz.

Para mí simplemente es el despojo de otro ángel forjado en mi mente, que pierde sus alas, yo y esa manía de idealizar mortales, para así encontrar valor real a lo inexplicable que me deviene cuando escribo.

Al final no estuviste, ni mi premio fue ese enardecido beso, ni ese abrazo que uno sintiera que extinguía las ansias de verme, solo un silencio y una turba de cuestionamientos que fueron como paladas de tierra, llenando la fosa donde deposité esa ilusión ya acaecida.

Al final, este soliloquio que retumba como lamento de un recluso dentro de mí mismo, este pensamiento en voz alta que de repente decidió volverse escrito, para intentar en vano quedar como advertencia, para cuando un ángel de labios rojos vuelva a mi ventana.

David Felipe Morales
30 de noviembre de 2015
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Eras tú

A la mitad de la noche, con los ojos ya secos por la lectura, con un desierto en la garganta y el pensamiento enredado, me sorprendió una especie de angustia y ansiedad.

La inquietud se coló en mi habitación, acompañada del frío del amanecer que por esa ventana que siempre dejo entreabierta se cuela, para recordarme que aún vivo, y se apoderó de mí con tal energía, que no pude hacer nada más que abandonarme.

Traté nuevamente de entregarme a la lectura, buscando con ello el abrazo de morfeo, la entrada al utópico jardín donde camino descalzo, donde el sonido de un violín se mece entre rosales y el atardecer es un piano.

Pensé que era un cigarro, o una copa de vino, pero lo que necesitaba en realidad, era un beso tuyo a mitad de esta noche, antes de encontrar la calma de la rutina, antes de buscarte entre mis sueños, siempre con ese sabor a imposible en mi garganta.

David Felipe Morales
20 de diciembre de 2016
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Un beso

Un beso surge como el más sencillo de los actos para convertirse en ese sublime instante que suele desencadenar una serie de eventos que finalizan en donde la razón se esfuma y la calma se doblega.

Un beso y se abre ante mí su pecho rebosante y palpitante tan cerca de mi mano, trayendo consigo ese calor que envuelve a los sentidos en una sinfonía de suspiros y respiraciones profundas.

Un beso y comienzo a sentir que me ahogo en el perfume que de su cuello viene, las manos se hacen curiosas en el vacío de su ombligo y se abren campo hasta el encanto acogedor de su sexo.

Recurro a mi imaginación que cada vez se hace más corta, más famélica, más monocromática, pero no menos tórrida, para adelantarme en el tiempo y así preparar los sentidos para todo lo que desencadena un beso.

Beso correspondido, lenguaje de los sentidos y tras ese sutil choque una vez colmado todo, retorno a ese beso para perderme en lo inexplicable, en lo que las letras nunca logran describir.

David Felipe Morales
5 de Diciembre de 2015
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2comentarios 67 lecturas versolibre karma: 91

El perfume

Yo aquí, buscando excusas para mirarla, preso del sortilegio que me viene desde su cuello. Aquí, viendo pasar el tiempo a cuentagotas, mientras sostengo la sombra de una rosa en una mano y las cenizas de una carta en la otra.

Yo aquí, como el sol que huye de la noche, escondiéndome de los miedos, de esos temores que suelen disfrazarse y colarse entre mis múltiples aversiones, para así lograr llevar mi mente a la neblina, para pensarla en paz y así lograr fijarme en exceso en esa belleza, como en el placer que en la soledad tiene el silencio.

¡Ay¡ de la perdición que flora cuando pernocta mi pensamiento en sus labios, en esos besos ya conocidos y tan lejanos, de vez en cuando cruzo las líneas, los límites, y me atrevo, me adentro en el laberinto cuya puerta emerge en esa mirada, en esos ojos.

El vino mas denso como la misma sangre, la noche más oscura, la caricia que trasciende la piel para corromper la carne y el perfume, ese malévolo olor que eriza los sentidos y corrompe los pensamientos y terminan por someter la razón.

Más tiempo quisiera aunque este se colmara de silencio, de afonía y miradas que como dagas se incrusten hasta el alma, sin palabras precisas ni adecuadas en ese momento, pero perdido en la estela de ese perfume que se torna en maldito, embriagado en ese aroma que emana de su cuello.

David Felipe Morales
17 de noviembre de 2015
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2comentarios 103 lecturas versolibre karma: 93

Premonición

Si decidieras irte a otro planeta, la distancia que me tocara recorrer hasta encontrarte tendría una mínima parte del tamaño del amor que por ti yo siento.

Si te fueras, y entonces me tocara guardar estos besos que de mi ser brotan abundantes, ni las estrellas alcanzarían para contarlos.

Si te alejaras de repente, la arena del desierto no sería suficiente para llenar relojes en la impaciente espera que me agobia mientras a mí tu vuelves.

¡Oh, si te fueras!

Y si decidieras sacarme de tu vida, ni el agua que a raudales corre por las Cataratas del Niágara, podría borrar de este planeta las lágrimas que mis ojos derramaran.

Pero si me faltaras, si supiera que tus sentimientos no son míos, quedarían como la sal de un mar olvidado, depositados en mi alma, y mi corazón los desgajara y trozo a trozo los vertería en ríos que jamás se encontrarán, y en ese entonces haría que mi espíritu emigrara a otro planeta.

Goce de la primavera y premonición de un final e invierno inevitables.

David Felipe Morales
29 de noviembre de 2015
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Sin despedirme

Ya no me sorprende, ni es milagro para mí su existencia, ya no ilumina mis noches, ni calienta mis pensamientos el reflejo de esa sonrisa que fuera fulgor de mis tinieblas.

Ya entre sus labios grana y de buena fuente lo sé, no aguarda para mí un elixir que me de vida, ya no sé cómo desmembrar escritos inconclusos en su nombre, ya no.

Cuesta un poco hacerse con la realidad, amputar las alas de lo que se tenía por ángel, quitar la valía a lo idealizado y ver cómo sus pies también han de hundirse en el lodo de estas calles.

Difícil de vez en cuando despertarse en la mañana, máxime un lunes cuando hay frío, esencialmente cuando la llovizna está presente pero se hace obligatorio porque la vida sigue.

Abruma haber rociado incesantemente un rosal y que éste jamás floreciera, haber estado presente en sus alegrías y sus fracasos, siendo fortaleza cuando la vida le doblegaba las piernas, siendo recolector de sus lágrimas y cazador de sus sonrisas.

No hay lugar para antipatías, para un rencor que nunca será confesado, y que por el contrario ha de alojarse en el alma pudriendo todo a su alrededor, para qué hacerla perpetua en ese sentimiento nefasto que no sabe olvidar.

Palabras inconfesas quedarán sin que con ello estén pendientes, como los sentires que calentaron el alma, pero que fueron quizás cifrados en letras desconocidas para ella.

Simplemente mis pasos no estarán a su vera más, simplemente el corazón ya no le alojará con su imagen envuelta entre sonrisas tiernas, lejanía de ese su corazón que yo pinté y que más reflejaba el mío.

Lejanía y madrugada para este sueño que terminó siendo pesadilla, sin despedirme iré en sentido contrario a sus pasos, y un adiós que no tiene lugar donde jamás hubo un saludo.

David Felipe Morales
7 de noviembre de 2015
11
5comentarios 167 lecturas versolibre karma: 97

Confesión que nunca será

CONFESIÓN QUE NUNCA SERÁ.

Si tan solo supieras el anhelo que me alberga, la ilusión más tenue que me inunda y me deviene como rocío de alborada, necesidad de poder verte una vez más y poder sentir tu mirada sobre mí.

¡Ay! si supieras del deseo, de la avidez pujante, del anhelo de que fuese perpetuo y jamás termine ese sutil roce entre tu mano y la mía, durante un corto saludo que sin pretexto te sustraigo.

Si tan solo supieras que como excusa limpio de tu rostro imaginarias gotas de una lluvia inexistente, sin otra intención que sentir tu piel tersa en ese corto instante, cuando tu piel y la mía tímidamente se funden.

Si supieras que se anega el tacto de esa savia necesaria para este moribundo vehemente de ti, en un corto instante, en un destello de estrella fugaz.

Sed inagotable, que amenaza con fenecer estos labios, sed insaciable de tu olor y tu voz, sed que si supieras de su existencia, mórbidamente la mantendrías intacta para tenerme famélico tras tus pasos, sed que siempre me acompañará mientras a mi vera dejas migas, trozos suficientes para tenerme con vida, sed de ti, inalcanzable, imposible.

David Felipe Morales
2 de Noviembre de 2015
12
8comentarios 104 lecturas versolibre karma: 88

Mis Días

Entre pensarte, extrañarte, idealizarte e imaginarte me transcurren los días; transitan las noches taciturnas y llegan a mí famélicas madrugadas.

Siempre con este fiel apego e infinita esperanza, persistentemente surcando los cielos del edén, cancerbero de la entrada a esa utopía que construí en mi mente, para acortar de ti tanta distancia.

Sosegado, aguardando como centinela pasan mis días mientras termina esta espera, expectante al instante en que las aguas en las que navegas tomen su cauce y a mí te traigan.

Permaneciendo en este invierno con su gélido abrazo, sabiendo que la primavera me acariciará con su tórrido roce y vendrás entre flores y mariposas que despiertan de su letargo a la espera de lo que ha de ser; añorando que coincidas con mi anhelo y total querer, y que los astros se enfilen a mi favor, y dejen de ser mis días tan colmados de tu ausencia, tan rebosados de esta necesidad de ti.

Y así van mis días.

David Felipe Morales
28 de Octubre de 2015
5
6comentarios 53 lecturas versolibre karma: 76

Vislumbrandote

VISLUMBRÁNDOTE.

Sabes bien que entre mis líneas tus cabellos se han enredado, en esas noches cuando el sosiego me ha desamparado, sabes que de ti he robado un poco y lo he mimetizado entre letras, entre sensaciones que siempre han quedado cortas para expresar las explosiones que en mi cerebro se fraguan.

Sabes que entre estados de ánimo que fluctúan en los límites de lo lícito, en esa delgada línea que asoma cuando la locura está latente, has caminado desnuda.

Para ti de mí, amor puro, sentimiento que dentro de la gruta más recóndita de mi alma emana a gotas y que al emerger a la superficie de la rutina se vicia y se vuelve vino; amor de ese que termina siendo absurdo, de ese del que no se habla, pero en el que tanto se piensa.

Para ti la pasión más vehemente, brío de ese que no se delimita a las carnes, al sudor y a las caricias colmadas de pecado; pasión que quema lentamente el alma, que va más allá del éxtasis, efusión en la piel, de esa que logra erigir vías lácteas, que forja universos nuevos y que enloquece la poesía.

En ti recae esta fuerte fijación de lo desconocido, de tu aliento, del beso jamás dado, de tus labios irrepetibles e incomparables, esa fascinación sobre tus pensamientos que apenas evidencian poco y que si logras ahondar son solo la punta de un iceberg que hasta la enormidad de tu espíritu llega.

Sabes bien que quisiera amarte, sin mesura, de antigua escuela, de esas historias tórridas que ahora reposan enmohecidas en bibliotecas, sabes que contigo no hay lugar para débiles arroyos, sino mares y océanos, sabes tanto de mi interior, de lo que se cueceen mi alma, pero a la vez no dimensionas nada, de esta realidad que solo nos prenda lejanía.

David Felipe Morales
20 de Septiembre de 2015
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9comentarios 106 lecturas versolibre karma: 89

Apaciguando

No evites mis palabras, ni escapes de mis abrazos, no impidas que mis besos se posen en tu mejilla, no me despiertes aún y déjame seguir soñado.

Entre la luna y el sol, entre el agua y las dunas, mis pasos se hacen indelebles y soy esa frágil línea que en el horizonte de un atardecer lleno de arreboles divide el mar y el cielo.

Vienes y vas como la marea que borra las huellas dejadas en la playa, vienes y vas como calor que seca las lágrimas que emergen desde el alma.

Parpadeas y haces que todo parezca castillos de arena y al final es esa inconstancia, esa falta de seguridad, esa promesa nunca dicha que no amarra, la que me roba la calma y logra incrustarte en mi corazón.

Y al final, cuando el despertador irrumpe, vuelvo a apaciguarme, aun cuando el mar, ese, mi paraíso personal, está tan lejos y siento calma al verte parpadear a mi lado.

David Felipe Morales
16 de Septiembre de 2015
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6comentarios 73 lecturas versolibre karma: 104

Cuando no estás

Cuando no estás, suele quedarme la idea latente y ajustada entre palabras que no dije, con la premisa en la punta de la lengua, con el pensamiento en líos.

Cuando te vas, me dejas con la mano inquieta y atestada de caricias, con los labios en flama, sonrosados, conteniendo la furia de un volcán de besos pendientes, con la piel dispuesta y a la final desértica de tus manos.

Me queda tu espalda colmando el horizonte, un manojo de deseos enfurecidos golpeándome la mente, y un reloj que merma su velocidad cuando ya no estás.

Angustia, sinsabor y congoja suelen mezclarse con la carestía de esos labios, con la avidez de rozar esa piel, con el rastro tenue que siempre me queda de tu perfume.

La lejanía toma como forma tu rostro, ese mismo rostro donde se enclavan tus ojos, que son la entrada al paraíso.

Y en ese instante, cuando no estás, confluyen las sensaciones y emana esa elipsis que me mantiene ahí, incrustado como bolla en el mar de tu ausencia y en silencio disfruto de manera mórbida, pensar que volverás.

David Felipe Morales
14 de Septiembre de 2015
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6comentarios 83 lecturas versolibre karma: 89

En el lago de la vida

Es un lago como la vida me viene, como la veo, un lago que sus aguas de a pocos bebo, vaso a vaso cada día; y sabes, las serenas aguas de aquel lago suelen tomar sabores distintos en mi paladar cuando en él te reflejas.

Cambia el sabor del primer café, el aroma de la mañana, el sonido indistinto de esta ciudad que amenaza en cada amanecer con sepultarme en vida.

Cambia el sabor de sus aguas aquel lago donde abrevo mis palabras, donde convergen recuerdos, vivencias y angustias, para tornarse en almíbar lo que ayer fuera hiel.

Aparece tu rostro, mimetizado entre las suaves olas y deja de destellar la menguada luna en sus aguas impávidas, para reflejarse ese sol que se posa en tu mirada, ese brillo de atardecer que hay en tu sonrisa, esa brisa que viene siempre entre tus palabras.

Del sabor neutro, del cotidiano, saboreo ahora dulces gotas que se hacen notas en mi garganta, y se torna en rareza, en ambigua sensación de sentir que en las aguas de aquel lago lavas tu rostro, como si esas aguas acariciaran tu piel desnuda.

Y cómo no beber de a dos copas cada día, cómo no embriagarme de ti con cada gota, si eso es lo que la felicidad me trae, cómo no sumergirme en mi propia vida, en aquel lago, si en el fondo y tras los reflejos de recuerdos, vivencias y angustias estas tú y esa promesa de un mañana.

David Felipe Morales
Septiembre 19 de 2015
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2comentarios 53 lecturas versolibre karma: 27

Tengo la leve sospecha

Tengo la leve sospecha, que la sorpresa no arriba con fuerza en nuestro presente, que el corazón camina lento y las manos ya no sudan.

Que ya no se cuece el vacío aterrador en mi ausencia, ni brota anhelo y apremio en mí lejanía.

Aguas trémulas conducen nuestra barca y sin sobresalto vienen las noches y las madrugadas.

Sábanas que ya no reclaman calma, más aun, no viene el frío y hace falta en mi almohada tú cabellera cuando no está.

Por mi parte debo confesar que te espío mientras duermes, yo aún aunque más calmo te deseo y suelo perder momentáneamente la razón con tus besos.

Tengo la leve sospecha que no recuerdas que el mar no siempre es calmo, te cuento que en tú ausencia la vida no me viene igual.

David Felipe Morales
17 de Septiembre de 2015
3
3comentarios 36 lecturas versolibre karma: 52

Mientras Despiertas

Mientras despiertas permite que se posen mis labios en tu cuello, como tímidas mariposas que mojan sus patas en la playa.

Que la vibración de mi corazón te llegue al amanecer sin irrumpir tu sueño, porque mis latidos son como canto de ruiseñor a la salida de sol.

Que mi suspiro te llegue como aleteo de colibrí esparciendo las gotas de roció sobre rosales sin cortar.

Que sea suave mi caricia en tu hombro desnudo, como luz de luna bañándote en una noche de septiembre.

Sorpréndeme junto a la primera luz del amanecer delineando tu ombligo, juntando tus lunares como creando nuevas constelaciones.

Espíame sin temor, con mórbido anhelo mientras te invado debajo de la sábana y déjame descubrir tu desnudez mientras me embeleso en el filo de tu cauda.

Y plácida mientras despiertas cierra tus ojos, que yo respiro tu amanecer, a la espera de la rutina que apremia, a la espera de la partida del tren veloz de la vida que momentáneamente ha de separarnos.

David Felipe Morales
24 de Septiembre de 2015
5
2comentarios 42 lecturas versolibre karma: 68

Penumbra

Y estamos aquí, somos un par de locos que inmersos en demencia, silentes, miran el cielo buscando acentuar la paranoia en una noche de luna llena.

Somos náufragos obsesionados con tierra firme, suspendidos en la inmensidad del mar de lo eterno, muriendo un poco cada noche.

Somos estrellas que salieron en la mitad del día, silencio que brota en medio de la nada, lágrimas en la oscuridad, arrullo que se mece en una cuna abandonada.

Somos expectantes de la agonía de un rosal, enmoheciendo sentimientos, desperdiciando primaveras, atesorando caricias que en nuestras manos han de morir, distantes y lejanos, alimentando orgullos famélicos en medio de manjares.

Estamos acá sin darnos cuenta que lo tangible absolutamente en nada es eterno, que hasta la piedra con el tiempo se debilita, sin percatarnos que las prescripciones que ya están rotuladas, yacen alimentadas con la ignorancia latente del ahora, casi incapaces de recorrer el universo por la poca fuerza de un alma debilitada, donde entre penumbras pareciera que nada queda.

David Felipe Morales
22 de Septiembre de 2015
4
2comentarios 65 lecturas versolibre karma: 58

La caída

El derrumbe de un sueño hace un eco tan profundo en el espíritu logrando aflojar las lágrimas que cuelgan como estalactitas del espíritu.

La caída de esas hojas plagadas de frustración y cenizas de cigarrillos consumidas mientras la espera se hace perpetua, hojas alimentadas con el dolor emanado del alma, hojas que al caer no irrumpen el silencio.

La luna radiante colmando toda la oscuridad con su luz de tono peregrino, atrayendo sueños, robando el descanso, esa no calcina, pero el sol en la inmensidad de un cielo despejado de medio día, ese sí.

Van fluctuando los días, entre caricias y besos que vienen y van, sentimientos que se pensaron eternos y que se deslíen al pasar las hojas de los calendarios; las ideas que hoy se abren espacio con fuerza absoluta en nuestra mente y que hasta logran arraigarse como árbol al borde de un río, a la vuelta del sol es posible tengan tanto de verdad como de quimera.

David Felipe Morales
26 de Septiembre de 2015
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Una serie de ideas desordenadas

Apetecer una cosa no fuerza que en la realidad sea susceptible de poseerla.

Fama o virtud, y otros predicamentos a los que además de la sórdida rutina que el día a día nos enfrenta, doblegando cualquier paciencia, llevando al hastío.

Elijo entonces ocultar las virtudes, las migas diferentes que ostento, porque es más seguro así que estar enfrentando la crítica, máxime cuando esta en nuestros días puede ser arma empuñada por cualquiera.

La fisiología no miente y la genética tampoco encasilla, se puede fingir la inteligencia tras leer algunos titulares, saber de lo que todos hablan, una gota más dará un tinte de intelectualidad.

Y el sufrimiento es relativo, ¡hay que ser demasiado vanidoso para hablar de los problemas propios con alguien!, de las luchas internas y de los miedos, no se puede caminar por ahí suscitando lástima, y aquel que de tus dolencias se entere debe saber que eso lo hace único y especial.

Y pongo cada día más en duda esa premisa implantada como lobotomía desde la niñez, de que cualquier hombre puede cambiar su destino, como si pudiera uno ir borrando los pasos ya dados.

La complejidad de la vida, el pensamiento sin cause y la proximidad de tanto sepelio de sueños sucumbidos, da un fuerte traspiés a la velocidad con la que la vida se mueve.

¿Y dije todo esto en voz alta? …Una serie de ideas en desorden.

David Felipe Morales
26 de Septiembre de 2015
2
sin comentarios 42 lecturas versolibre karma: 28

1984

Estoy sintiendo calma, en medio del tornado, mientras todo alrededor se deshace.

Las palabras nunca dichas y los silencios enquistados van volando disgregados por doquier, haciéndose esquirlas que golpean mi rostro.

No hay mañana visible, esa promesa se esfumó entre sonrisas, me resta solo el confuso hoy.

Con todo, con tanta basura del día a día, aparecen las sobras nauseabundas de la rutina.

No quiero mirar, mientras todo se hace polvo, no quiero ver los despojos de castillos de arena.

Me enfoco en la poca luz del sol, en ese destello incandescente que ciega dejándome en oscuridad, en la penumbra de mi ensortijado pensamiento.

Volteo los ojos y miro hacia adentro, y encuentro a la momentánea calma y en ella me resguardo a la espera de que el torbellino me absorba, me destruya, para no seguir en la agonía de estar expectante, de estar ausente de esta vida que amenaza con tragarme.

David Felipe Morales
29 de Septiembre de 2015
5
4comentarios 49 lecturas versolibre karma: 53
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