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Reflejo de un hombre descuidado

Sentía miedo al verme
Tenía espinillas en mi cara
Y vellos en simbolismo de mi madurez.
Lo sentía como algo patético
¿Quién quiere crecer?
Te mutilan con los días
Y te matan con los años.
Era un objeto para la raza humana
Mirada cansada
Manos temblorosas
Mi abuelo trabajó años
Y yo aún no término, lo que empezó.
Mis hijos al mirarme se desepcionan
Y mi esposa, busca a alguien más.
Me sentía el forastero de mi ciudad
Siempre mi espalda cargarba mis problemas
Para que mi estómago se ahogara en sus discusiones.
Perdí a cada persona que me dió la mano
Mis excesos me hicieron lo que soy hoy
Y lo que seré mañana.
Ahora soy felíz sin serlo
Es mas fácil así
Sin preguntas y sin respuestas.
El instrumento sin tocar y sin ver
De la vida
Para caer en problemas
Para despertar y volver a empezar.
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Conozco bien el hambre

Conozco bien el hambre, mi abuelo ya me hablaba de esa la sensación de vacío que te hace olvidar los sueños y centrarte en sobrevivir.
Ese instinto que te hace hacer cosas inimaginables cuando ese hambre ya no solo te está estrangulando a ti, cuando ya toca a tus hijos, cuando ya se repite en los días y no sabes si mañana tampoco vas a poder masticar alguna cosa.
Las mariposas se mueren en el alma sin alimento.
Los fantasmas crecen y no dejan ver más allá de la montaña de fracaso que no nos deja avanzar.
Invisible a la sociedad, siendo una carga para las personas que antes nos rodeaban y creíamos que siempre nos ayudarían.
Volviéndome un muerto en vida. Sin posibilidad de remontar en la rueda de la desesperación. Valorando todo lo que un día tuvimos y el destino nos arrebató.
Buscando trabajo solo, pues todas las manos tendidas cuando la vida daba frutos ahora están recogiendo sus propias manzanas que ni siquiera comparten conmigo.
No es que sea menos, sigo con las prioridades en orden, primero ellos, sangre de mi sangre, luego yo.
Pero los ríos que antes regaban todos mis campos no traen más que aire y la sed me agarra las cuerdas retorciéndolas sin piedad.
Me veo saturado, sin salida, hasta el punto que a veces giro los grados de la perspectiva en amargos sorbos que me hacen olvidar momentáneamente en lo que me he convertido y me devuelven a la persona que podía ser a veces.
Acto socialmente aceptado entre todos menos entre nosotros, los que no tenemos derecho, a los que culpáis de nuestro propio fracaso, a los no dejáis pasar del foso de vuestro castillo, de vuestra seguridad.
He visto tantas espaldas de caras amadas que llegué a perder la fe en los demás y en mí mismo.
Por suerte, con la última cerilla de la caja conseguí encender la hoguera que me hizo visible para ella, la oportunidad que me devolvió la suerte.
La bocanada de aire que me permitió llegar a la superficie y sobrevivir, cuando creía que todo se acababa allí abajo.
Me veía a mi mismo cómo el submarinista que se queda sin oxígeno a 40 metros, mirando hacia arriba y sabiendo insalvable la distancia, sin fuerza para avisar a su compañero, siendo víctima de la presión y qué por algún inesperado motivo se salva valorando la vida como nunca antes.
Valorando los días, el amor, la salud, la suerte de vivir.
Pintados mis días de verde, recuperada la confianza en mis posibilidades, sueño de nuevo en grande para construir un futuro sólido mientras me recuerdo a mí mismo en la época más oscura.
Parece que hayan pasado años sin embargo algunas de mis pertenencias aún huelen a la humedad de la calle.
Ahora, sin el rencor que me amargaba los sorbos, soy una mano tendida a la necesidad, pues sin ese empujón hacia la salida seguiría en la cueva del sufrimiento, muriéndome lentamente a los ojos de los demás, ojos en los que no encontré complicidad y que ahora lloran con mi historia, ojos solitarios, ojos que ven sin mirar.
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Amar es sencillo

Vivir con amor es sencillo
amar sin disidencia
con un cariño que no caduca
que no defrauda a las emociones.

Amar es reír sin lágrimas solitarias
vivir alejado de un abrazo helado,
sin la mirada triste que duele en quebranto
libre del acoso ignorante y malo.

Difícil es amar con el inconsciente
este te engaña de repente,
no comprende las emociones
se precipita con el drama de no tenerte.

Complicado es querer abstenerse
la pasión deslumbra al amor verdadero,
el verdadero secreto del amor es no morir amando
como un despojo inerte, envenenado.

Amar es fácil
cuando las miradas tienen memoria
y la madriguera está llena de cariño,
cómodo y seguro es siempre seguir en un solo sitio.

Mi abuela amó hace ya mucho tiempo
cuando el amor valía en una sola palabra,
se dormía entre las flores y la noche fría
nunca faltaba fuerza para encontrar la bella morada.

Cuidó de su huerta hasta que ya no pudo hacerlo
amó a sus plantíos con toda su fuerza,
cada uno de ellos le entregó su fruto
era un pacto seguro, sencillo entre ella y la tierra.

Hoy el amor es engañoso
a veces se extravía extrañandolo todo
no sabe que no viene en combo con euros o dólares verdes,
el amor llega a veces en harapos deseando solo quererte.

Recordar por qué he vivido es fácil
lo difícil es no olvidar el camino correcto,
cuando amas a veces el sendero se pierde,
el amor que duda tiene un final irreverente.

No lo dudes,
no sientas vergüenza por lo que sientes,
amar es sencillo,
lo difícil es darse cuenta que lo primero es quererse.

El mute
16/11/2018.
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Mi gema más preciosa

Naciste en Venecia
entre el cristal y el crepúsculo,
en tu sangre corre un río Noruego
lo supe muy bien cuando mis ojos te vieron.

Ese día en que naciste
supe cuanto te quiero,
sabía que con el paso del tiempo
mejorarían tus anhelos.

Te ha crecido el carácter
la fuerza y el ímpetu,
la belleza de tu madre
la bondad de tu abuelo ausente.

Aprenderás la sabiduría de tu abuela
la espiritualidad de tu tío,
tu propia presencia ya es grande,
lo veo cuando dibujas tus sueños perfectos.

Los números en el reloj de arena
marcan diez y nueve,
no encuentro el verso exacto
que describa lo que siento por ti en este momento.

No hacen falta palabras
aún tengo las fotos
de aquella niña traviesa que amo
cada día que te veo más vivir.

Miguel Adame
12/11/2018.

A mi gema más preciosa.
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La eternidad en tu mirada...

Miro el reloj... 14:28... dos minutos de sobra antes de llegar puntual a nuestra cita, y cómo no hacerlo si yo siempre deseo robarle los nanosegundos al tiempo para poder estar un instante, sólo un pequeño instante más contigo. Lo que pasa es que contigo todo es atemporal, eres lo que en Física se conoce como "singularidad", contigo las reglas del tiempo-espació no se cumplen, pero así eres tú, las reglas no concuerdan contigo, eres un ser que va creando mundos a su paso y esos universos se van sumando a uno mayor hasta conformar el mío, donde yo existo, y soy... porque estoy contigo.

Por fin 14:30... toco el timbre de tu casa y a lo lejos, como si en la cima de una montaña te encontraras, escucho tu voz acogedora que desde ese punto geométrico desconocido lanza una promesa de felicidad con un simple "Ya voy". "Ya vienes"... pienso... y esa espera se vuelve un mundo de posibilidades. Decía la abuela "la espera desespera", y como siempre tenía razón, sin embargo, contigo mi amada "singularidad" eso a veces no aplicaba, si bien mis ansias de tenerte cerca crecían exponencialmente con el saber que estaba a unos segundos de verte, también se volvían material de novela, cuento o relato... llámale como quieras... me imaginaba tu rostro al espejo retocando los últimos (pero más importantes) detalles del maquillaje, mirando tu vestido por diversos ángulos, todo con prisa pero con su respectivo tiempo. El correr por las escaleras con ese tic tac de los tacones, el grito de "Mamá ya me voy" que te toma exactamente 1.66 segundos, la respuesta de tu madre "Sí, está bien, no llegues tarde" que dura 3.10 segundos... la última mirada rápida en el espejo pequeño de la sala y por fin las puertas de mi propio paraíso que se abren, con esa luz del fondo que entra por el jardín brindando una atmósfera celestial a la aparición de mi propio ángel de la guarda.

Te admiro de pies a cabeza, no porque te esté analizando ni mucho menos, sino porque es tu mirada lo último que me gusta ver en ti, la cereza del pastel, el último chocolate de la caja, la última nuez acaramelada de la bolsa... miro tus zapatos lindos, tu vestido rojo ceñido a una delgada figura, el pecho erguido y los hombros relajados, el cuello largo... y tu sonrisa en rojo carmín... y es ahí donde se genera mi propio Big Bang.

Me quedo absorto en la comisura de tus labios que se levanta levemente en un ángulo casi imperceptible, pero lo suficiente para irradiar una sonrisa sensual, pícara y feliz, las pequeñas líneas en tus labios que se vuelven un microsistema montañoso rojizo y seductor... 14:35:25. La caverna de los deseos se entreabre lentamente dejando ver el tesoro de perlas blancas que sellan una cueva aún más misteriosa.

En ese momento, aunque tú y yo no lo sabemos, está naciendo un pequeño niño en Étretat, en las costas de Pays de Caux, Francia; su nombre será Etienne y se enamorará de la hermosa Isabelle la cual será el gran amor de su vida; aunque terminará casándose con Anabell, una chica de París enamorada del color rojo. En la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, el abuelo del pequeño Arthit lo lleva por primera vez al templo Wat Chedi Luang esperando que sienta su espiritualidad, es ahí donde el pequeño descubre que quiere ser un monje budista. En Chile, para ser más exactos en Futalefú, en la región de Los Lagos, en la Patagonia; Carlos le está proponiendo matrimonio a Lauren, una americana que conoció hacía tres meses en una cabaña para exploradores en el bosque. En Medellín, Colombia, una pareja hace el amor por última vez, antes de que ella parta a Inglaterra a terminar su doctorado. Más allá de nuestro sistema solar, dos estrellas chocan por la atracción gravitacional creando una nueva galaxia que no se conocerá sino hasta dentro de 600 años a partir de este momento. A seis cuadras de tu casa, en su departamento, un anciano acaba de dar su último aliento de una vida feliz y plena, dejando esta vida con un suspiro suave y una sonrisa en los labios. En la Ciudad de México, Claudia después de tres meses de intentarlo, por fin ha quedado embarazada. En un pantano en Florida, E.U.A. un cocodrilo pone un huevo dentro de su nido, y a escasos milímetros de mi zapato una hormiga lleva una migaja de la galleta que tiró un niño de cuatro años que juega en su triciclo a unos metros de nosotros.

El mundo sigue y siento la vida fluir entre mis entrañas y mi alma, siento explotar, deshacerse y reinventarse cada célula que me compone, una pequeña gota casi imperceptible de sudor recorre mi frente, un poco por el calor, un mucho por la emoción de verte... 14:35:30... veo tu nariz fina y afilada... 14:35:35... por fin llego a tus ojos castaños...


...y es ahí donde pienso tomarme mi tiempo.
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por qué?

dicen que el fin justifica los medios,
pero cómo los justifico si no llego al final.
cómo disfruto de la vida siendo un enfermo de terminal,
si diga lo que diga el tiempo, no hay más remedios.

partimos de cero, ilusionistas de llegar a diez,
y yo me pregunto. todo eso ¿ para qué?
si lo que te queda de vida lo dicta un juez,
para qué en clase nos obligan a estudiar lo que es el argé.

a veces el tiempo se detiene y no nos damos cuenta,
solicitar un trabajo en el que luego te tendrán que despedir.
construir una casa en la que nunca podrás vivir,
para qué comprar un coche que luego va y se accidenta.

"carpe diem", disfruta del presente,
de qué presente disfrutamos si luego aparece un pasado.
despiertas lleno de energías para dormir cansado,
cansado de luchar, luchar por lo que tienes en frente.

unos presumen de ser del primer mundo,
construyen enormes murros para que los refugiados no puedan pasar.
que Dios les bendiga a ellos y a ningún otro lugar,
luego aparece un terremoto y les sacude mansiones en un segundo.

otros se hacen ricos fabricando grandes aviones,
para que millones de personas se mueran al estrellar.
quince años en clase memorizando grandes lecciones,
para que a los treinta ni siquiera puedas llegar.

llegamos cuando nacemos y partimos al morir,
para qué caminar del cero al diez si el cinco queda lejos.
para qué tanto sufrimiento si solo el dos te echará de menos,
para qué tanta lengua si no hay tiempo ni para vivir.

empleas todo el romanticismo en salir con una chica,
para que al final llores porque te ha partido el corazón.
que te ha dejado tu novio por una niña rica,
y que llores desconsolada sin encontrar la razón.

para qué vivimos, para qué luchamos,
para qué existe el calendario si el tiempo es mentira.
para qué añoramos el pasado si el mundo gira,
y para qué nacemos si al final todos morimos.

dónde está Adam Smith, dónde está Francisco Macías,
dónde está Gandhi, Platón, Martín Luther King.
Dónde está ese abuelo que decía que Jesús es el Mesías,
y para qué sufrimos, si todo principio tiene fin.
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Papá

Tuve que aprender a respirar este aire sin tu olor.
A mirar el cielo sin tus mapas explicativos, con mis ojos llenos de un vacío que duele y se hace agua goteando lento, apretando en mi garganta.
Tuve que crecer y ser. Desde la unidad de mi principio, genética que dejaste. Aprender de lo bueno y los errores. Intentar corregir para equivocarme mejor una vez más.
Recordar no es difícil, muchas otras es divertido. Como cuando guardé en una cajita a la pobre chicharra victima de mis ocurrencias. Fue mi regalo de cumpleaños… y vos creíste sin abrir ese obsequio que el sonido era una alarma. Sorprendido con su vuelo te dejé cuando lo abriste.
No hay reglas para esta vida, cuando pasan los años descubrís que no te hamacaste tan alto, y no lloraste tantas veces de risa. No te dije cuanto te amaba y esperaba un guiño cómplice cuando te dabas golpecitos en la panza… todos en casa sabíamos lo que sucedía después.
Pude llorar y reír, seguir pero cada día de mi vida te necesito. Me faltó esa foto familiar con mis hijos y vos… me faltó verte en una mecedora junto a tus jardines contar historias a mis hijos, a mis nietos. O cantando alguna melodía para endulzar los oídos de mi madre.
Seguro estarán juntos bailando al compas de una canción. Y yo acá intentado ser el mejor resultado de tu aporte a este mundo lleno de cambios.
Sería tan feliz si estuvieras. Sé que todo tiene una razón y mientras pueda respirar estarás en cada latido de mi corazón. Con tu sencillez, pulcritud, ese porte que caracterizaba.
Tengo que decirte lo buen padre que fuiste. Nos enseñaste a ser libres, honestos, constante, seguros, humildes y sobre todo solidarios.
Reconozco que no te fuiste completo, porque aquí quedó lo mejor de vos!!!!
Lo que solo se puede observar con la inteligencia de pensar tu estrategia…
Se fue el cuerpo de un hombre cansado de dar lucha a esa traicionera enfermedad. Quedó tu esencia, tu ser, en cada planta, canción del litoral nota de acordeón, río crecido… vos estas, en las Tres Marías, en el sol de cada día, en el colibrí que siempre volvía…
Estas en la sonrisa de tu descendencia, en los ojos de mi hermano. En el café de las mañanas, en las noches de verano…
Charlemos una vez más, contame otra anécdota, como rescataste de la crecida esa planta de plátanos y la plantaste, los frutos que te regaló eran muy grandes!!! Planta original de Brasil decías. Cuéntame cuando con tu primo iban a comer sandia de la plantación y elegían la mejor. Dale una vez más… cuando comían y en ves de agua tomaban leche en sus latas identificadas con el nombre. Cuando la abuela Ana te hacía lavar las manos con el marlo de maíz…
Charlemos una vez más…o espera yo algún día tomaré el mismo tren que te llevó a vos, espérame en ese anden junto a mamá. Te prometo que te seguiré escuchando!!!
Hoy solo quiero decirte feliz cumpleaños!!! Te amo papá.

Vilma.V. Galarza
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En la canción del pirata...

En la canción del pirata
se invocaba a las estrellas,
a la luna, si es preciso,
y hasta el mar y las galernas,
esa canción aprendida,
hace años, en la escuela,
la conservo en el recuerdo
y mi voz la tararea,
lleva en sus letras la historia
y resume las leyendas,
de unos hombres vagabundos
marineros y sin tierra,
ellos llevaban sus naves
con crespones por banderas
y dos tibias mal cruzadas
por encima la cubierta...

Campanillas de mi casa
yo no quiero calaveras
que suplanten los escudos
de piratas media pierna,
y es que su pata de palo
tiene astillas por lengueta
y hasta el garfio de su puño
llevan siempre en mano izquierda,
tristes piratas del cuento
abordando las galeras
que venían de las indias
con los tesoros y especias,
os quedasteis en los mares
prisioneros y en la celda
con los recuerdos de antaño
que contaban las abuelas...

"...De la canción del pirata
hoy dos cosas se recuerdan:
el salitre de los mares
y el runrún de las mareas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/10/18
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El Xoloitzcuintle

Cuenta la leyenda que el dios Xólotl, el del inframundo, camina por la senda de la vida y la muerte siempre acompañado de su leal Xoloitzcuintle.

Toda persona que muera –decía mi abuela– necesitará de un guardián, un perro que guíe su alma por la oscura y difícil senda hacia el inframundo; lo necesitará para cruzar el río que separa la vida de la muerte, para no perderse y terminar siendo un alma en pena de esas que nunca descansan y deambulan de noche.

Me gustaba escuchar las historias de mi abuela antes de dormir, aunque siempre creí que eran fantasías creadas para mi inquieta imaginación; ha pasado el tiempo y mi abuela ya no está. A veces recuerdo sus palabras, sobre todo cuando escucho a los perros en la madrugada, ladrando, aullando o mirando fijamente a un punto donde no hay nada, entonces es cuando escucho su voz susurrando a mi oído: los perros ven a la muerte.

Nunca creí en eso de que debía tener un amigo canino, –tonterías– para cuidar un perro estoy yo que corro todo el día de un lado a otro; el trabajo se ha vuelto mi compañero de vida. Es hora de dormir, me dije…

Olía a oscuridad, no había viento y eso empezaba a ponerme nerviosa, claustrofóbica, me costaba respirar y sentía miedo, nada me era familiar, el terreno era árido, gris, había añosos troncos de edad incalculable dormidos sobre la tierra –muertos– me corregí, y un escalofrío me hizo temblar. Empecé a caminar sin dirección, no podía ver nada a la distancia y mis pies desnudos se hundían en el lodoso terreno, no sentía frío, en realidad no sentía nada más que miedo y vacío. Tranquila, pensé, debo estar soñando y despertaré de un momento a otro.

Entré por el hueco inmenso de una caverna de piedra negra, me dolieron los pasos, las rocas asomaban como colmillos hambrientos y arañaban mis pies, caminaba despacio con los brazos extendidos para palpar más allá de la oscuridad mientras mi corazón retumbaba en mis oídos. El silencio dolía tanto como un grito eterno.

Llegué a una escalinata abismal de piedras frías e irregulares, de angostos escalones que me impedían caminar erguida y tuve que inclinarme como haciendo una reverencia de respeto: parecían los peldaños de la escalinata de una pirámide, olía a vacío, a ausencia, a mi soledad. Conté los escalones, uno, dos, tres… más y más abajo hasta que perdí la cuenta; de pronto escuché el sonido de un rugido que me era familiar, un estruendo lejano pero presente. ¡Un río! ¡Eso es un río! me dije esperanzada por salir de esa boca del infierno.

Me quedé de pie frente a él, con los brazos a los lados en gesto de rendición, el río era tan ancho que la orilla contraria me parecía muy lejana, la corriente era tormentosa y salvaje, al otro lado pude ver el movimiento de algo que parecían personas entrando en una zona iluminada. Grité hasta que me dolió la garganta –nadie me escuchó–, el sonido del río era ensordecedor, como un lamento largo y doloroso que gritaba mientras arrastraba grandes trozos de árboles secos que en un minuto se volvían astillas, el agua era oscura como la desesperanza. Sentí la vacuidad invadirme y alimentarse de mis pocos recuerdos felices, imaginé mi cuerpo arrastrado por la corriente inclemente hasta ser destrozado, hipnotizada miraba las aguas oscuras llamándome cuando sentí su presencia, estaba tan cerca que lo escuché respirar sobre mi espalda, se me erizaron los cabellos de la nuca mientras giraba lentamente, lo vi tan cerca que su rostro me asustó al miedo, no dijo ni una sola palabra pero al verlo entendí que ese hombre no buscaba lastimarme, su respiración era serena y miré la paz en su rostro; bajé la vista hasta sus pies y vi que no estaba solo, junto a él había un perro de raza mediana, de esos que parecen no tener hogar y son adoptados, le faltaba una de las patita de atrás, era café claro, de orejitas gachas y tenía una mancha oscura en la frente: ordinario, habría dicho en otro momento, pero al verlo tan cerca me pareció majestuoso, inmenso, fue cuando entendí todo y recordé la historia de mi abuela.

El hombre no dijo nada y pareció buscar algo alrededor mío, al no encontrarlo me dirigió una mirada triste. Giro sobre sus pasos y se acercó al río, me alarmé y le grité se detuviera, era una locura acercarse demasiado. Fue cuando sucedió, si no lo hubiese visto jamás lo habría creído, el agua los atrapó en un instante, lo vi abrazarse al cuello de su fiel amigo y cruzar sin miedo esquivando con seguridad lo que la corriente arrastraba, lo vi alejarse, alejarse de mí y acercarse a la otra orilla.

Lo entendí, no estaba soñando, nunca había tenido un perro para acompañar mis soledades y no lo tendría para cruzar el río que separaba a la vida de la muerte, caí de rodillas en el húmedo y frío fango, sentí un nudo en la garganta que reventé con un grito que nadie escuchó. No sé si pasaron minutos, horas, días o una eternidad, el tiempo parecía no existir. Escondí el rostro entre mis piernas y abracé a mi atormentada alma que se ahogaba en el llanto interno de mis miedos. Fue cuando llegó, no hizo ruido, por eso me pegó un susto tan grande que caí sobre mis espaldas, lo recordé al instante como si hubiera sido ayer, fue mío, mi padre lo adoptó cuando yo tenía un año y medio de edad, murió siendo un cachorro y yo lo había borrado de mi memoria al ser tan niña, era pequeño, gordito y peludo, con carita dulce y patitas cortas, me lamió el codo y saltó sobre mi regazo, me miró como quien espera al ser amado toda una eternidad y un día lo ve llegar. Cruzamos el río y sentí que el agua no me tocaba y el miedo se había quedado atrás, iba aferrada con seguridad a ese cuerpo pequeñito que parecía ser más fuerte que yo, me llevó al otro lado, a la otra vida, allá, donde habitaba la luz.



Pobre –dijo la señora que hacía el aseo de mi casa–, murió sola y nadie se dio cuenta, pero mírela, mire su semblante, esa paz y esa sonrisa que nunca antes le vi.

Carmina Hernández
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Objetivización de lo invisible

No creas que la imagen tuya se ha ido de parranda:
simplemente se ha dormido con la esperanza cansada.

Un día, ¿madrugador?, estaba físicamente vivo
(pero aún estaba dormido),
y mi piel tenía espacios de preguntas,
no sabía si tenía que reírse o irse con las malas juntas.

El cuerpo sentía vida, pero solo se movía
cuando creía que la tierra estaba dormida.

Es cosa distinta cuando te veo:
quiero contarte ríos y seguirte con enredos aunque ya no te creo.

Pienso,
"el Estado es un viejito rico, cacreco, que come como un cerdo".

Y vos, que no te agrada la tristeza de las pequeñas almas (¿necesarias?),
irradias una justicia de dolor compartida y me encantas,
y no creo que sea el problema de tu credo.

Yo soy seguidor de tu abuela anarca,
la primera Lyra o la Emma triste que arranca la trampa de la inhibición
de las verdaderas fuerzas de la revolución.

(La misma que llevó hasta la infinitud aquella conversación)

¿Acaso no volcamos los mismos carros?
¿No estamos juntos riéndonos de los curules de payasos?
¿Acaso no tenés ganas de la fusión de las teorías sombrías
sin aquellos pasos?

Hoy que sigo las andanzas de los ausentes labios candentes,
creo que hace falta unas cuantas crónicas decadentes,
quiero tocarte el reloj y atrasarte hasta donde sientes,
para ver cuando mientes sobre lo que quieres.

Yo cuestiono toda idea segura sobre el inmenso pasado,
más aún si esta idea la inventó el pesado muro de los falsos pecados.


La hija del cerdo, la burguesía, no quería que la ira
tocara las puertas de tu manía de tirarme, sin cuantía,
lo que yo ya supuestamente temía.

Eso generaría la quiebra de la rutina.

Esta imagen tuya se borra cuando olvido esperar por la tristeza,
cuando el paso de un estado otro es pura fineza.

Es el tiempo convirtiéndose en reloj, es su tiempo.

Es pasarse a si mismo por inadvertido
(y el espejo se apaga a si mismo en el reflejo).

Ya no puedo esperar en la finitud de tu existencia
quiero idealizarte en la frecuencia de mi ausencia.

Estas ahí sintiendo el vacío del tiempo pausado,
es cuando las huelgas se duermen en los pesados
espacios de los sindicatos,
ahí en el tiempo que se pierde en los Estados,
y nada pasa, se cumplen todos los horarios...

Ya no hay forma más segura para la victoria
que ver la materialidad de lo invisible.
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Con la vida boquiabierta

Destemplado por los celos
fui arropado por tus piernas
y en el mar de lo incorrecto
zambullimos nuestras penas.

Una balsa, nuestro sexo,
que a querernos nos condena,
fulminando con empeño
cataclismos y tormentas.

En un beso aquí en el cuello
es donde todo comienza,
con un frágil titubeo
y tu piel en mi cabeza.

De reojo hay un destello,
en tu mirada, sutileza...
se me erizan alma y vello
al vivirte tan de cerca.

Desvalijas pieza a pieza
el sentido entre mis manos,
voy perdiendo mi entereza
en el tacto de tus labios.

Tantas cosas... tantos casos,
tanta queja con agravios,
que llega el momento y dejas
que nos lleve a lo más alto.

Ahora salgo por la puerta,
a una nube parte un rayo,
una Luna recubierta
de un canela nacarado

me recuerda que a tu lado
la alegría se despierta,
ves lo bello de lo raro,
con la vida boquiabierta.

Aún te llevo en mi alacena,
con tus ojos entornados
y tus gestos de doncella
de una corte de mil años.

Y recaigo en tus lindezas,
el deseo en tus abrazos...
En mi calle, que desierta,
muestra el cielo en tus bocados.

Paso el día enamorado
por el rastro de tu huella,
lo comento en el trabajo
y se lo explico a las abuelas.

Tu alborozo y desparpajo
abre en mí esa compuerta,
arrancándome de cuajo
los complejos que te insertan.

En una existencia incierta
eres tú mi buen recaudo,
cuando el lastre al cuello aprieta
con tu olor me desenlazo.
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En las sombras

En las sombras que refleja la luz de la luna en la oscuridad, ahí dónde todo parece ser tan normal donde sopla el viento y los insectos hacen pequeños ruidos y la noche abraza los árboles, esas figuras extrañas de las sombras son las almas de los que en un tiempo fueron llamados por un nombre y fueron llamados amigos esposo o esposa hijos abuelos tíos, esos están ahí entre la oscuridad girando a tu alrededor y esa pequeña brisa que sientes en tu espalda es su voz susurrandote que pronto estarás con ellos maldiciendo la vida que llevaste y todo el tiempo que perdiste haciendo cosas estúpidas,te diran que que llegara el dia en que descansaras en paz en tu tumba helada y dura, en esa caja en la que tus únicos compañeros serán los gusanos que se comerá tu piel y cada órgano de ti, porqué ese queriodos amigos es el final que le espera de todo ser vivo, ser comida de insectos uno de esos a los que en alguna ocasión le pusiste el zapato sin imaginar que un día serías la cena y tu alma quedará ambulante entre las sombras por la eternidad.

Evelyn García
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El camino de Santiago, el inmigrante

Santiago, después de pernoctar la noche en la ciudad Venezolana de Santa Elena de Uairén, Estado Bolívar, región que se ubica a casi 29,2 kilómetros de la frontera con Brasil donde se encuentra la ciudad de Pacaraima, y que esta, a su vez, está a 200 kilómetros de Boa Vista, ambas en territorio Brasileño; se levantó con la firme determinación de salir del país e ir en busca de un mejor porvenir, la suerte ya estaba echada. Pasó por una estación de servicio de gasolina y observó con un dejo de resignación una lucha encarnizada de los usuarios por hacerse del preciado combustible.

Un sexagenario señor discutía que los controles impuestos al racionamiento era el responsable de las inmensas filas, y una joven se atrevió a comentar y mirando a su derredor, que el problema de la gasolina en el país se debe al contrabando indiscriminado y que la guardia nacional permitía, por estar incursa en el delito. Y entre otras y más razones, tres patrullas de la guardia nacional llegaron a rauda velocidad y con sus armas de largo alcance y ataviados con sus trajes de escarabajo se encargaron de ordenar la trifulca.

Santiago vio la escena, pero sin asombro, el problema del desabastecimiento de combustible, es algo tan normal y sucede en cualquier parte del país. continuó caminando hasta llegar a los caminos o atajos, ahí le esperaban Jesús y Rafael dos jóvenes profesionales en carrera administrativa, amigos de la infancia, con los que emprenderá un largo camino que los llevará al objetivo primario llegar a la hermosa ciudad Brasileña de Boa Vista como primera gran escala.

Fijaron como hora de salida las 7 de la mañana teniendo como punto de encuentro la inmensa piedra apostada en las afuera de la ciudad, era una granítica y colosal piedra que nadie tenía una explicación veraz de cómo llegó ahí.

Santiago lleva a cuesta la cantimplora gris de la abuela, una mochila en su espaldar con sus papeles de identidad y su grado universitario, un bolso verde con sus pertenencias y tan solo 200 dólares que a duras penas pudo reunir y los cuales tendría que administrarlo bien durante el recorrido, pues los controles de cambio del país hace infructuoso conseguir los billetes verdes de manera fácil, siempre hay que acudir al mercado negro.

Santiago dijo _ Tenemos dos días para llegar a la frontera antes que el sol desaparezca. Y de ahí seguir por las márgenes del río Orinoco.

Rafael con un tono ya cansado contestó _ llegar hasta Brasil, la decisión, compañeros no ha sido fácil, atrás se quedan los recuerdos, los sueños, los amigos, las caras de tristeza; los amores y las fundaciones cargadas de querencias impartidas en el hogar.

Jesús con cierto asombro señaló _ Todo eso importa y nos debe dar fuerza para continuar, tenemos que huir del país, que ya no nos ofrece oportunidades.

Los hermanos Jesús y Rafael llevan como destino final llegar a Arequipa, Perú, ellos manifiestan la facilidad que ofrece el país en legalizar los papeles, y sumado a que ahí los espera un hermano que se adelantó. Mientras Santiago espera alcanzar a Argentina, el país de sus sueños, afecto trasmitido por su abuela.

Santiago, profesional universitario, titulado con honores. Se cargó de ilusiones al graduarse en la universidad de Mérida como Geólogo, padre de dos niños pequeños formado en un núcleo familiar de clase media ya deprimida, educado bajo el calor familiar que ofrece la idiosincrasia andina que hace hincapié en el respeto y la humildad. Santiago vio como sus esperanzas tomaron impulso y se apegó a un programa del gobierno pero quedo totalmente desilusionado al ver como la política hacia estrago dentro de sus filas, y una inflación que destroza el bolsillo del salario real del venezolano, terminó por ensombrecer sus ilusiones.

II

Al fin, después de caminar un considerable trecho consiguieron el camino de asfalto muy transitado por guardias nacionales que merodean la zona en búsqueda de garimpeiros, traficantes de valores, especies, madera y animales, siempre mostrando sus armas de acero y automáticas. Se animaron a seguir antes que el sol dejara su fulgor, y esperando siempre que una persona piadosa les diese un sorpresivo aventón.

El viaje o la travesía la planificaron por casi tres meses siempre reunidos en casa de los hermanos, ahí planificaban, colocaban puntos de referencia para llegar desde Mérida, la ciudad natal, hasta Santa Elena, casi 1748 kilómetros los separan, esta ruta la pueden hacer con moneda local, pero tampoco cuentan con mucho dinero en efectivo, debido al problema del circulante que ha hecho colapsar los bancos nacionales. Contaban los enseres necesarios para subsistir. Como geólogo Santiago es un probo lector de cartografía. Siempre discutían amenamente pero siempre concluían que la mejor decisión era abandonar el país, y no por ser desleal al país donde nacieron que por demás tiene una de las geografías más hermosas del continente y el calor de la gente es espectacular, sino por las condiciones que rayan en pobreza, delincuencia, inflación, poco crecimiento económico, controles políticos etc.

En una noche de intenso conversar Jesús dijo. _ Muchachos de que valen los estudios en el país si con ello no podemos realizar nuestros sueños. Tendrían que pasar muchos años para poder conseguir algo que nuestros padres en otra época y en poco tiempo lograron con su trabajo.

Santiago intervino _ Así es Jesús, veamos la cosa así, cuando en una familia el dinero que entra no supera el gasto necesario para mantenerse, la cosa esta mal y esto es lo que está pasando en el país con las reservas en oro y petróleo más grandes. Jesús un joven Economista, siguió relatando_ Un salario decente y aquí cito a una Economista clásico como David Ricardo debe ser suficiente para cubrir todas las necesidades.

Santiago apuntó, _Si. Educación, recreación, salud, alimentación.

Y Rafael que estaba absorto en la conversación puntualizó antes de que terminara de hablar Santiago_ Y debe alcanzar también para el Ahorro.

Jesús dijo _ahí está el secreto de la superación, el Ahorro, vean, esta variable es igual a Ingreso menos el Gasto. Si tú no puedes ahorrar en condiciones normales entonces no estamos bien, no es que el país este mal, son las políticas gubernamentales que no dan con la solución de los problemas.

Ya casi en víspera del viaje Jesús y Rafael no pudieron obtener su pasaporte, le fue infructuoso conseguirlo, debido a la alta restricción que el organismo hace para entregar tarjetas de identidad. Mientras Santiago, lo tenía vigente. La opción era entonces burlar el puesto fronterizo yendo por los caminos verdes hasta Pacaraima, ciudad Brasileña.

De vuelta al camino se encontraron con la noche y vieron un pequeño recodo y decidieron descansar siempre intercalando las horas de vigilia, son caminos peligrosos, y en esta hora aciaga los bandoleros es lo que más abunda. La naturaleza Amazónica ya en la oscuridad se sumerge en una sinfonía de colores y sonidos, los monos aulladores y los grandes árboles moviendo sus inmensas ramas que dulcemente chocan con el viento, las estrellas volcánicas colgadas en la bóveda celeste hacen de la noche un precioso cuadro de pintura rupestre. La noche pasó tranquila. Y ya cuando el alba despuntaba, los muchachos ya tenían todo preparado para continuar.

Prosiguieron su ruta hasta llegar a una inmensa carretera que los llevaría a Pacaraima y de ahí a Boa Vista, ambos territorios al sur de la frontera con Venezuela. El sol era sofocante y los carros pasaban a la velocidad del sonido, los pies dentro del calzado se comprimían, y la sed era insoportable. Descansaban y seguían caminando. Un conmovedor señor de una camioneta que transportaba forraje para los animales le ofreció el aventón, eso sí en la cajuela, y hasta el terminal de la ciudad brasileña de Boa Vista. Tamaña sorpresa se ahorraron una gran cantidad de kilómetros y dinero. Desde el terminal de Boa Vista los amigos continuarían la ruta hasta Manaos y Porto Velho, Brasil, hasta llegar a Arequipa, Perú. Santiago pasaría un tiempo acompañando a los hermanos antes de proseguir su ruta hasta Argentina…

Santiago desde niño soñaba con atravesar el mar e irse en búsqueda de sus sueños, llegar a una gran metrópoli con sus inmensos vitrales cargados de historia y también recorrer la espesa pradera y juntarse con lugareños a empujar el arado así como lo hacía desde pequeño en su natal Mérida, para ir abriendo surcos por el camino. Su abuela amante al tango siempre le impresionaba con las canciones de arrabal que hacía sonar en su viejo RCA Víctor.

Antes de salir Santiago le dijo a su mama_ No tengo otra salida, es cara o sello, pero el riesgo lo asumo. Ahora comprendo que la vida no es fácil.

Sigue Santiago exponiendo sus razones, mientras su madre se ahoga en llanto, junto con su esposa. Madre_ Trataré de ganarme la voluntad de la gente, puede ser que no sea bien recibido, un extranjero es una carga para los Estados Nacionales. Reconozco que la migración es un flagelo, una dura carga para el país receptor. Me llevo los consejos y principios morales inculcados en el hogar que tanto papá, la abuela y tú me supieron infundir.

La madre lo reconforta y le entrega un escapulario con la virgen del Carmen y una pequeña estatuilla de san Benito y así Santiago se abraza con sus hijos, su esposa y madre, que quedan con una tristeza rasgada y una ausencia que se proyectará por un largo tiempo.

Finalmente Santiago llega a Buenos Aires después de una larga travesía, desde su natal Mérida. En el camino para completar el pasaje o gastos relacionados con el viaje, vendió unas monedas de plata antigua y el anillo en oro que su abuela se los regaló en una noche de titilantes estrellas, teniendo a la alquitrana luna andina de testigo. Ahora tocaba poner de su parte guardarse la nostalgia, tragar grueso, trabajar honradamente y luchar por un mejor porvenir.
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Nacimos en todas las orillas (con @Isaac_Freire_AM)

En ese momento decenas de voces humanas
Iban cayendo despacio,

acomodando el silencio a la espera,
colectivo de palabras en un velatorio.

¡Una vez más nos mataron!

A tientas buscan el ojo de la cerradura,
empujan puertas enfermas, sin pilares
ni dinteles, tapiadas con fantasmas,

se niegan a que se pudran sus venas,
beben andando sobre la tierra,

una última esquina, un último vistazo,
a los cuerpos inertes, desvanecidos,
aquellos extraños días, aquella
extraña ciudad,

miles han recorrido sus sueños,
definitivamente;

esos cuerpos se quedarán sin su muerte

nacieron sus brazos para abrazar,
hijos, madre, nietos, abuelo, querido,
no para nadar las olas
encrespadas en sus sueños,

les persigue sin sosiego el destino

a la espera, hoy, siempre hoy

soñemos primero y seremos mañana,
no escribimos para defender migajas,
sino por libertad,

porque nacimos para la vida,
ahí, desde todas sus orillas.


--_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_

En colaboración con el maestro Isaac
@Isaac_Freire_AM
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El frío invierno de la vida

Sentado en una silla a la entrada de la casa, José, como cada mediodía, esperaba paciente a que su mujer terminara de arreglarse. Y es que ella conservaba intacta su coquetería femenina y le gustaba acicalarse delante del espejo antes de salir a comer.
Un poquito de brillo en los labios y una rayita azul junto a las pestañas para dar un poco de alegría a la mirada.
"Que ni los vecinos ni nadie en la calle sepa de mis tristezas. ¡A nadie le importan!. Hay mala gente que, por delante te pone cara compungida, te da golpecitos en la espalda y luego, por detrás, critica y disfruta con los males ajenos. Además, tampoco me van a solucionar nada" solía decir. José torcía el gesto. "Condenada mujer si vas a tener razón" Pensaba para sus adentros.
- Carmen, date prisa o llegaremos tarde. Ya sabes que se forman largas colas y luego nos toca esperar al segundo turno, y yo, ya no estoy para aguantar tanto rato.

Los años y la vida se les habían echado encima a los dos. Cincuenta años de casados cumplirían en Diciembre y, sus vidas habían cambiado tanto, que ya apenas recordaban todos los sueños que se quedaron rotos en el cajón. Aún así, con los ochenta y dos años de José y los setenta y nueve de Carmen, que jamás reconocería aunque le clavasen astillas entre las uñas, todavía se las arreglaban para vivir solos en su casa.
Una casa vacía de los hijos que tuvieron y que, ya hacía tiempo que volaron del nido. María, la pequeña, trabajaba en una galería de arte en Boston. Junto a su marido George, un ingeniero americano, vivían en una preciosa casa con un enorme jardín, por donde ya empezaba a corretear el pequeño Andrea. Dos añitos y medio, había cumplido. En las fotos que María les envió por correo electrónico, pudieron constatar que el niño, se parecía a su abuelo. Al menos, eso decía la abuela. “Ha salido guapo el nieto, tiene tu cara. La de antes, ahora estás viejo y arrugado” le decía con una media sonrisa.
Después, junto al documento gráfico, unas letras:
“Que si tenéis que venir… Que si estamos buscando la manera de ampliar la casa…Que si tenemos planeado hacer una pequeña construcción en una zona del jardín, para que podáis tener vuestro espacio… Un dormitorio, con una pequeña cocina y un cuarto de baño independiente para que estéis cómodos... Que ya os iremos diciendo... Que ir a España para veros está complicado porque George tiene mucho trabajo… Que lo sentía mucho, pero que estarían en contacto.” Y luego… “Que… ¿Qué tal todo…? ¿Que si estaban bien de salud? Y que un beso…”
Carmen suspiró mirando a su marido.
– Todavía no hemos podido conocer y besar a nuestro nieto. Acuérdate de lo que digo, eso no va a suceder. No nos quieren allí. Somos viejos y les estorbamos.
José entornaba los ojos recordando los sacrificios que habían hecho, para que su hija hubiera podido estudiar su carrera en Madrid; muy por encima de lo que se podían permitir, pero trabajando duro para conseguirlo.
Lo mismo que lucharon para ayudar a Carlos, el hijo mayor. Tanto, que dieron todo lo que tenían y más. Toda la vida tratando de sacar adelante ese pequeño negocio que José heredó de su padre, y que luego, él, puso en manos de su hijo. Pero Carlos no supo hacerlo y lo arruinó. Lo perdieron todo, hasta su propia casa. El hijo, además, en su mala cabeza y en una huida hacia adelante, firmó pagarés por cientos de miles de euros. Una locura que lo llevó a poner pies en polvorosa. Hacía diez años que apenas sabían nada de él. Por algún conocido averiguaron, que andaba por Francia trabajando en hostelería.
El caso es que, Carmen y José se habían quedado solos en una casa silenciosa y fría. Sobre todo, fría en invierno cuando había que tener apagada la calefacción, porque la pensión no daba para más, ahora que también, tenían que pagar el alquiler de la que un día fue su casa en propiedad. Y tampoco llegaba para la comida caliente del mediodía, porque si comían, no podían comprar los medicamentos que necesitaba José. Así que Carmen, cada día, se pintaba una rayita azul entre las pestañas y una sonrisa brillante en los labios. Escondía en el fondo de su bolso todas sus tristezas y agarrando a su marido del brazo, se bajaban a un comedor social que había a tres paradas de un tranvía, que no cogían.
Si salían con tiempo… no tendrían que esperar al segundo turno.
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Abuelo

Subir al almendro floreado
descargar sus frutos amargos
recordar que yo era muchacho
y oír los gritos cansados
de aquél, mi abuelo adorado:
¡bájate de allí!
o te caigo a palos
me parece todavía oír su voz
retumbando en este espacio.
Charly
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Desaparecidos

Cada voz que se perdió en el silencio
ave obscura que bate sus alas al miedo
cuando los monstruos construyeron
vacíos en las almas de nuestros abuelos
huérfanas manos con hijos que desaparecieron
la nubes fueron grises y el llanto negro
tumbas sin cuerpos donde las flores crecieron
miradas blancas bajo blancos pañuelos
donde los sueños subsisten tercos
en la búsqueda infinita de los que se fueron.
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el pasado, saberlo puede costar el futuro

Tú, un ángulo, un punto de vista,
lo desaparecido se proyecta
en la sombra de la fotografía,

es el arte del recuerdo, la luz
que sobrevive al cuerpo,

en esta casa ya no hay alma,
miro tu fotografía, pasos mis dedos
sobre tus cabellos de desfalleciente plata,

me cubre una llovizna seca y silenciosa

no era verdad que habría tiempo,
nunca quise ese final para estos ojos,
tu nombre se ha perdido, lo ha
desmantelado el tiempo a lo indeterminado

todo tiempo es esqueleto, se repite
en lo putrefacto, tu fotografía
está tratando de incendiar mi presente.

¿qué es eso abuelo?

una mariposa dormía sobre el geranio,
la cajita desprendía olor a sándalo,
tenía la tapa tallada, un nudo,

¿qué guardas ahí abuelo?

el pasado, olvídalo, saberlo
puede costar el futuro,


de eso, ha pasado tanto tiempo,
y aún así ninguno sabe nada del otro,

la fotografía nos da un recuerdo no vivido.

/
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Poémame incandescente (colaboración @vsmc2002)

Poémame está que arde
hemos encendido hogueras
difíciles de apagar;
que opacan vanidades
que esconden alardes;

Es verdad cariño,
¿qué podemos hacer?
dice un dicho
que el dinero y el amor,
no se pueden esconder...

Pasajeros de un mismo tren
en nuestras noches de aquelarre
aquellas donde el paseo por CDMX
hiciera que soñara con besarte

Y donde en cualquier oscuro rincón,
dejamos aquel ritual de espejos
y miro tu voz de frente
que me hace desvanecer
hasta el amanecer...

Lágrimas derramadas
sobre inexistentes cálices
susurros intermitentes
que surcaron los aires

Abriendo horizontes que
no tienen principio ni fin
pero en el punto medio
hicieron encontrarnos...

Besos prometedores
que no nos dejaron
incólumes,
en un tranvía de deseos
que partía cada tarde

Y que de tanto delirar
Buscamos cada mañana
Encontrarnos en el
mismo lugar...

Tú en Ciudad de México
y en mi añejo corazón
contando yo las horas
para subir al avión

Esperándote en el
Umbral de las esperanzas
pretendiendo anidarte
en mi corazón...

Tú en Montevideo
encendiendo mi pasión
con promesas adornadas
por el tic tac del reloj

Al que una vez
sentados frente a frente
decidiremos perpetuar
en una sola dirección...

Vestime de orlas nacaradas
para avivar tus deseos
de mi abuela anillo de plata
hecho de diamante su camafeo

Donde en dicha piedra lleva
"Nuestro amor"
como relieve eterno...

Gargantilla de oro
mi más preciado tesoro
que guardaba primorosa
cual si fuera una rosa...

Así superando tu pasado
y el mío, conjugando el
verbo amar, en el libro
nuevo de historias Infinitas...

Maestre en el viejo arte
de envolver con palabras
en esas tardes aciagas;
púseme camisa almidonada

Cuyo cuello perfumado de
tanto sollozar, me permites
con mis labios besar,
enredando mi silencio
y tu penar hasta esas
tardes apaciguar...

Con traje y corbata,
de charol mi calzado
buscando te gustara
mi sombrero alado...

Desde luego, Caballero¡
No obstante, para la noche
en la cima conquistar,
mi estremecer, es suficiente
de tu interior, ese,
tu sutil destello...


L & V

CDMX - 13/10/2018
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En mi corazón siempre vivirás

Hace dos semanas que tu luz se apagó,
cayó la última ficha
de este dominó que llamamos vida.

Dos semanas de ausencia,
dos semanas en las que aún nos cuesta cambiar la rutina,
acostumbrarse a ese hueco en tu habitación,
a la falta de tu presencia en el sofá del salón.

No lloré, no
pero me armé de valor,
apreté los dientes
y te llevé hasta el altar para un último adiós.

Te velé,
te miré,
el nudo de la garganta me tragué
y te acompañé
hasta el lugar donde ahora descansas junto al abuelo.

¿Dónde estás ahora?
¿Dónde fuiste?
¿Estás perdida?
¿Estás bien?
¿Tienes miedo?
¿Estarás cuidándonos?
¿Te gustó aquello que te dejó tu nieta junto a ti?
¿Fue a buscarte el abuelo para que te sentaras con él allí?
Cuando yo vaya, ¿estaréis ahí?

Yo me tuve que quedar de este lado
y no te pude acompañar,
pero ya estamos recorriendo el camino
para volver a verte a ti
y a todos los que ya no están aquí.
¿Me esperarás?

Dicen que una persona muere de verdad
solo cuando la olvidamos.
Yo jamás te voy a olvidar,
en mi corazón eternamente vivirás.
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