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Zila

No existe sensación más grande en el mundo que el orgullo de haber nacido en la tierra que amas, el sentir que encajas perfectamente en ella y que no existe otro lugar donde quisieras haber nacido, eso sentió Zila la primera vez que abrió y los ojos y sus padres le dijeron "Bienvenida al mundo". La llamaron Zila que significa sombra y durante un tiempo fue la niña más feliz, pero la felicidad no comparte cuarto con el tiempo y las cosas cambiaron mucho en el país que para Zila parecía ser el mejor lugar para vivir.
El cielo de su casa de tiño de negro, y la noche se hizo eterna para ella y toda su familia, uno a uno de sus vecinos fueron desapareciendo y Zila veía como se quedaba sin amigos con quien jugar. Y a su familia también les tocos emprender el rumbo hacia lo desconocido. Zila tuvo que decir adiós a su hogar, su tierra, sus sueños, sus recuerdos porque en lugar donde solo existe muerte no es buen lugar para vivir. Así fue como conoció el mar y sus peligros, así fue como entendió que la vida no es fácil.
Un día el sol salió sobre sus cabezas y a lo lejos se vio un bulto que sobresalía sobre mar, era tierra, por fin tierra, al menos sus ruegos fueron escuchados por aquel que desde arriba todo lo ve, todo lo escucha y todo lo oye, mientras todo veían con alegría aquel puerto que parecía seguro, Zila veía cambio y el duro de tener que empezar de nuevo en un país donde no se sabía si serían aceptados.
El tiempo pasó y Zila jamás volvió a su pueblo, jamás dejo de sentir que había dejado un parte de su ser en otro lugar, que a miles de kilómetros dejo una vida. Ahora mira el mar con los ojos enjuagados en lágrimas, el mar le responde con una ola que trae el aire fresco de su antiguo pueblo. Hoy la vida es diferente para Zila y su familia pero nunca olvida de donde vino, porque eso es parte de su historia, hoy nacen flores donde antes hubo espinas y el cielo de Zila tiene otros colores, hoy los malos momentos son parte del recuerdo.
En un mundo donde sobran las guerras, viven niños y niñas como Zila que tienen que abandonar sus hogares y muchas veces son separadas de sus familias, en ese mundo vivimos y a veces miramos para otro lado para no verlo, me niego a dejarles ese mundo a mis hijos. Cada día son y más las inmigrantes y refugiados, los abandonados, los desalojados los que tiene que dejar y partir hacia otro país, la mayoría obligados por las guerras y la miseria. Zila puede ser cualquier niño o niña.
Existe una gran valentía en aquellos que dejan lo que tiene por una esperanza de vida, existe una gran enseñanza porque volver no es lo difícil, lo difícil es tener que partir sin saber cuándo se podrá volver.
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Apóstata

Porque no creo en ti
en el oficio de escribir me abandono,
entre la rutina
esconderé
mis secretos inconfesos
que me salven de toda culpa.

Porque aprendo a tener un nuevo dios
amnésico,
me levanto de la cama
y finjo cada día,
un nuevo recomienzo.

Leer de madrugada no me hace libre,
pero con los ojos cerrados
busco
el silencio que atrae un mal pensamiento;
disfruto del miedo
apenas una cicatriz deshecha.

Ahora, que soy el antagónico,
a veces rezo
para odiarte un poco menos,
indiferente
llevo el puñal en la otra mano.

Cómo fue que perdí la fe intacta:
en el confesionario
mientras leía un miserable
verso para ti.
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Corazón de invierno (con @rebktd)

Las pestañas de las farolas despegan sus titilantes Luces. El viejo banco del parque extiende sus brazos entre la curiosa mirada de una gata solitaria, que mece sus sueños a lomos de un columpio azul. Un suspiro resbala por el tobogán, lanzando un gemido al cielo , las nubes se acongojan y en la inmensidad desbordada de su cielo hacen sonar los tambores sobre los labios de la luna.
Destila el manantial de tristeza en los ojos de la noche...

***********************
Y es en el cielo
La melodía de invierno
Negra y felina
***********************


Y la noche llora entre gemidos y maullidos de negra tristeza, y la luna con su pañuelo de plata seca sus lágrimas y le sopla su luz de esperanza. El jilguero duerme, dos ardillas se acurrucan en el hueco de un árbol que sufre de insomnio y murmulla sus desdichas desde las mil bocas de sus ramas. La quietud de la noche se inquieta ante el desasosiego de una esencia que sufre. Y caen perlas cual gotas de agua invernal sobre un suelo que ahora sabe a tierra mojada, igual que el alma.

************************
Frío invernal
congela hasta el espíritu.
¡Qué oscuridad!
************************


Un ejército de hormigas recogen las migajas de los acordes de la noche .
Danzan las primeras gotas del Rocío y el sol despierta acurrucado sobre la hierba... una mariposa traviesa aletea sobre sus mejillas robándole una sonrisa ...
los destellos de su melena se expanden sobre las montañas rocosas , sopla el viento alborotando la arena;
Repta la lagartija por su coraza de piedra....

******************
Y se deshace
el frío de la noche
en arreboles ...
******************



Silba la luz del alba, sus cantos de amanecer. Arde el bostezo del sol. Se entibia el corazón del mar que besa los labios de la arena, sobre la playa, una y otra vez. Hay cangrejos en la arena, bailando su danza al revés. Se afina la melodía, la dulce armonía, entre lo vivo, lo que se mueve y lo inanimado de lo inerte.

********************
Surge tibieza
en el corazón frío
del mustio invierno.
********************




~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Colaboración
con mi querida amiga ─R─ @rebktd

Poema compuesto
por 4 poemas japoneses tipo Haibun
(prosa poética rematada en Hokku)

@rebktd & @AljndroPoetry
2018-oct-16
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Las hojas al final del tallo

Medio sueño, dos almohadas,
un lamento, y te he dejado.
Un respeto por las hadas
a las que lloré tu nombre.

En la piel ya no se esconde,
sino grabado debajo,
dos mil besos y un regalo
del infiel cajón del mueble.

A ocho millas del presente,
no retengo lo que hay,
ahora duermo de costado,
cierro puertas al entrar.

El amor siempre es cotilla,
sabedor que hay dos en la
rama par de cada vida
de esta sagrada familia.
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Tríada

...

En tres espacios han descubierto mi vida

Mi poesía, tu boca y tus manos y,
en tres oficios me han visto los poetas

Romántico, absurdo y literato.


Me miré desierto
lidiando con la tinta de la vida
Sin ti, para deshojar mi vida en doce segundos.

Hasta ahora había podido sostener
el peso de mis letras,
me había entendido con verbos y adjetivos,
con las demás letras que se esconden
debajo de la mesa,
esas letras que roían huesos y,
a las que ahora yo debo descubrir.

Sin ti
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En mil pedazos de un olvido

Lo han destrozado
la luna bajo la sombra es testigo
se esconde en la penumbra
enmudecido por el ruido de la lluvia bajo su sombra.

La tierra está triste por esos sueños perdidos
el alba ha caído en la batalla
en la vana noche lejana
con un reloj despuntando el tiempo que calla.

El polvo que fue piedra
ahora vuela hasta hasta la memoria
llora en su desasosiego
es soberbia irreversible en una tarde oscura.

Queda una joven muerte, sin belleza
sin la esperanza de aliento de los mortales
ciega y fugitiva
como el recuerdo eterno de un día que acaba.

La noche ya no rinde tributo como antes
está cansada
en los ojos refleja su cansancio
son sueños pasados que no volverán jamás.

Solo el verdadero amor no se olvida
por su sonrisa, sin un corazón traicionero
por pedir lo que busca
como si de veras no sintieras el tiempo.

Sin misterio y perdón, solo un pasado
perdiendo el ancla y navegando hundido,
la brújula la ganaste ayer
al juntar mis pedazos de un olvido.

El Mute
16/10/2018
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Un abrazo hace destinos

Tus ojos delataban bríos.
Al encuentro llegaron los nervios;
la risa y los desafíos
un abrazo cerró antiguos desencuentros
ahora las letras son más que signos;
son ojos pardos, cabellos lacios,
son un alarde de fuegos vividos
son unos seres que abrieron sus
tiempos y sus espacios,
son dos amigos que escriben cantos
sin música, sin pasiones
pero sin llanto,
porque un abrazo...
a veces hace destinos.
Charly
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!!!Te recuerdo¡¡¡

Te recuerdo...
entre canciones y sueños
te recuerdo...

Plasmaste en mi
la esencia del amor
te presentaste un dia
llena de ti y vacía de mi
y yo lleno de mi sin ti

Me enseñaste amar
no lo puedo negar
entre canciones y sueños...
___Te recuerdo___

Ahora que hago...
si muero sin tenerte
recordando tu silueta
en aquella cama
adornada por tí

___Te amé__
no lo puedo negar
y ahora sin tenerte
te amo aún más...
Dime...
aunque no puedas
que me amaste... de verdad

____Te recuerdo___
entre canciones y sueños
te recuerdo.

Si mi llanto fuese de oro
dueña serías
de un tesoro
lleno de lagrimas de oro

Te recuerdo
aunque se que es un imposible
volver el tiempo atrás
quisiera verte
para solo contemplarte
y en efímeros sueños
volver a amarte

Tu recuerdo me atormenta
no porque te hayas ido
sino porque...
el que me he ido
he sido yo...
de mi mismo

Ya no vivo en mi
pero tu recuerdo...
tu recuerdo permanece
incrustado en mi interior

Quiero llorar...
sí... quiero llorar
no para olvidarte
sino...
para recordarte siempre

Un dia te alejaste
llena de ti y llena de mi
y yo quede...
Vacío de mi y sin ti.

Te recuerdo...
entre canciones y sueños
te recuerdo...


Pablo J. Aguilera G.
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Batlle siempre me ha recordado a batalla, supongo que por su espíritu incansable de luchadora

"Nosotros no somos de madre capitalista. Nosotros somos de madre obrera."


Avanza por el pasillo con el sumo cuidado de los pasos indecisos que buscan pisar sin caer, sin perder el equilibrio al borde del precipicio que es el vacío del fin de la memoria. Y yo, al verla alejarse así cada vez que me da las buenas noches, como que intento hacer memoria por ella, y recordarle continuamente a qué día estamos, qué instante de la semana es mañana y preguntarle si ha tomado las pastillas, los polvos y el jarabe, en ese orden, pero al revés, consciente de que si no la regaño cada día por la cantidad de comida que sobra nadie lo hará, pero intentando hacerla entender y razonar, porque los gritos nunca sirvieron de nada para educar y ella, tirando de refranero popular lo sabe y me mira y me lo recuerda: Que por un oído me entra, y por el otro me sale.

Que la nevera nunca esté vacía, y la despensa siempre llena, supongo que es la herencia directa de una posguerra que dejó más miseria que toda la grandeza moral que nos vendieron que iban a instaurar durante la última cruzada de la cristiandad, que por desgracia, tuvo que tener lugar en nuestro país. Cuando nos sentamos a cenar y ve alguna noticia de actualidad y me pregunta que este de quienes son, y yo le digo que es Garzón, que es de los rojos, de los nuestros, de los del Padrí; y ella sonríe, se ríe, y asiente con la cabeza, y dice, como me dice cada vez que voy a una manifestación, que al Padrí le habría gustado conocerme, que era de los suyos, de los que creen que vale la pena cambiar el mundo, y yo sonrío, y le digo que lo sé, que a mí también me habría gustado conocerlo, y es verdad, a veces echo de menos no haber conocido a ese bisabuelo del que solo tengo como recuerdo un recopilatorio de prensa soviética que se llama como el satélite Sputnik, pero en castellano -los artículos, no el nombre-.

En momentos como ese, ella hace memoria y me cuenta como iba a ver a su padre a los campos de concentración, a mí me llama la atención su conciencia de la situación vivida y como no llama cárceles, sino campos, a esos lugares en los que internaron a todos los luchadores por la democracia y la libertad que cayeron a manos del franquismo. Continúo, que me voy por las ramas. Ella recuerda, y entre esos instantes de su niñez, siempre me cuenta como a veces a los presos los dejaban nadar en la playa y me cuenta, con la ilusión de una niña, como lo veía saltar desde lo alto de una cala y zambullirse en el mar. ¿Pero tú sabes la altura qué era? ¡Como diez metros! ¡Y saltaba y hacía CHAF! Acompasando la explicación con grandes gestos, para ensalzar la magnitud de la hazaña.

Otras veces hablamos de la política y me pregunta que qué ocurre en Venezuela y yo le digo que gobierna el pueblo y a los ricos eso no les gusta y ella me dice que claro, que a esos nunca les gusta, que por eso hubo una guerra civil aquí, porque los que mandaban querían seguir siendo ricos. Y se queda pensativa mirando el infinito, y como pasándolo mal al recordarlo, pero consciente de que debe contarlo, me explica como un día vinieron unos con camisas azules a buscar a su padre. Que petaron en la puerta, y su madre, les mandó a ellas y a sus hermanas esconderse bajo la cama en la habitación. Vieron sus pies, y en medio de la noche se llevaron al Padrí. Y a ellas les tocó pasar hambre, más de la que pasaban, hasta el punto de tener que comer las mondas de las patatas si no siempre, sí con frecuencia.

Cuando me lleva al cementerio yo la sostengo del brazo, sé que necesita llevarme de vez en cuando, como mostrándome los procedimientos de esa especie de ritual con el que rendir cuentas con los que ya no están, y a ella eso le hace ilusión. Y cuando lleva mucho sin ir porque ha estado mal de la pierna o de la cadera, pide perdón y les lleva las flores más bonitas que encuentra, como excusándose por haber faltado a su cita semanal. Camina con calma, me pide que coja una regadera y se dirige a la tumba de su marido, la riega y la limpia, como cuidando todas las arrugas que no pudieron envejecer juntos, hablándole en catalán y en voz baja, contándole todas las novedades, y que mira, que ha venido el vigués, el nieto de Manolo, que que grande está y cómo cuida de su abuela, que qué bien que lo pasamos juntos, que la espere una miqueta, que todavía le falta para reunirse con él.

Después recorremos el cementerio, a mí siempre me han parecido lugares fascinantes y me pierdo observando los mausoleos, las fechas de las tumbas y respirando todos los recuerdos perdidos que viven entre los que ya no están por acá. Giramos en una esquina y luego en otra, y llegamos a la antigua zona republicana, ahora es una zona más, pero siempre me ha parecido bonita la idea de que mi bisabuelo esté allí, como una forma sencilla, pero importante, de recordar que se dejó la piel en el Ebro, en la cárcel y que se salvó de la muerte por un azar del destino, porque las celdas estaban llenas y porque España necesitaba mano de obra y Franco decidió que era mejor el indulto, que ya habían aprendido a callar, aunque siguiesen gritando en voz baja y escupiendo cada vez que pasaban al lado de los del club de Hípica, que eran todos falangistas de los de camisa azul en domingo.

Y nos detenemos frente a la tumba, y otra vez la conversación en catalán, que mira tu bisnieto, que es como tú, que ojalá lo hubieses conocido, porque es de armas tomar. Y que me riñe siempre, pero lo hace por mi bien y porque me quiere, y que lo pasamos bomba juntos y que está con una chica muy riquiña y muy maja, que viene mucho de visita. Que en muy poco estoy con vosotros, pero esperad unos años más, que los quiero ver juntos. Y no lo dice, pero yo estoy seguro de que lo piensa, que no se quiere ir hasta que me vea mayor, porque para él sigo siendo un niño, de 24 años, pero un niño al fin y al cabo, y que no se puede ir hasta que hayamos reído tanto como para no olvidarla.


Y luego volvemos, y vamos para casa, o al médico, o a la farmacia, y subimos las 95 escaleras de su casa -se sabe bien ese número y siempre que puede nos lo recuerda, sobre todo al doctor y a los otros viejos que se encuentra por la calle, entre quejas que más bien son muestras de orgullo propio-.


Otras veces vamos a por helados a la Torre, uno de chocolate para mí y uno de limón para ella, nos sentamos en un banco y vemos el cielo de Coruña despejado, mientras hablamos y disfrutamos, de los cucuruchos, de las pipas, de las vivencias, de los años. Y cuando volvemos estamos agotados, sobre todo ella, pero sonrientes y pensando en qué cenar en un rato.


* * *


La Yaya, que así siempre he conocido a mi abuela, pasó muchas penurias durante la posguerra, por eso yo cuando veo la nevera llena me enfado un poco, pero no mucho, porque me doy cuenta de que todo lo sufrido bien vale el tirar de vez en cuando algún yogur caducado, que lo importante es soportar las heridas del pasado y como siempre, intentar que el olvido no nos engulla la dignidad, que bastante nos hicieron sufrir como para que hoy en día tengamos todavía que callar.
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amor

yo te entregue mi corazón y ahora me lo rompes sin dolor
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De vuelta al pueblo

En una mano una taza de café, la otra apoyada en el pecho. Miraba por la ventana de aquella vieja y desvencijada casa, pensando en por qué la vida la había dado tan pocos momentos de descanso.

No se quejaba demasiado de aquella época, era la mejor que había vivido. Pero echar la vista atrás dolía demasiado. ¡Dolía tanto!
María había nacido en el seno de una familia humilde, hacía ya 68 años, en aquella misma casa del pueblo paterno. La pequeña de tres hermanos y la más rebelde (como decía su madre). Sus padres agricultores y buenas personas, no pudieron estudiar, la vida no les concedió ese regalo. De sus hermanos ya solo quedaba el recuerdo. Su hermano Pedro murió por una sobredosis hacía ya demasiado tiempo y su hermana se casó con un australiano, solo supo de ella durante algunos años, después nunca más tuvo noticias.

Cuando era joven quería escapar del pueblo a toda costa y no eligió la mejor compañía para este viaje. Un verano conoció a Juan y ya nada volvió a ser lo mismo. Su vida fue una sucesión de palizas y sinsabores. Durante años ocultó la realidad a sus padres por no hacerles sufrir. Trabajaba limpiando portales y casas, lo poco que ganaba, él se lo gastara en borracheras y amigos. A consecuencia de las palizas tuvo dos abortos pero con el tercer embarazo todo fue distinto. Cogió una maleta y se fue. Refugio para mujeres maltratadas, lo llamaban.
Estando allí, la vida le dio una de cal y otra de arena. Su marido murió en un accidente de coche, conducía borracho, como siempre. Y días después su padre, de un ataque al corazón.
Se la abrió una puerta de par en par a la que se aferró con todas sus fuerzas. Volvió a casa con su madre. Entre la pequeña pensión, lo poco que sembraran en la huerta y limpiar alguna casa les daría para vivir las tres (eso fue lo que su madre dijo).

Su niña nació sana y fuerte, era lo mejor que la había pasado en muchos años.

Durante algunos años vivieron las tres en aquella pequeña casa, sin tener de sobra pero sin faltar lo más básico. Lo bueno que tienen los pueblos es que todos se conocen y siempre recibían alguna ayuda.
La tienda de comestibles de la plaza, les guardaba algo cuando estaba próximo a caducar o la lechuga que ya no estaba tan fresca. Alguna que otra lata y el pan del día anterior.
Cuando había que limpiar alguna casona porque iban a venir los dueños de veraneo, siempre llamaban a María para ir a limpiar. Limpiaba la consulta del veterinario. Limpiaba, eso era lo que mejor sabía hacer, sin estudios es difícil conseguir otro trabajo.
Los días transcurrían y su nena (Ana) se iba haciendo mayor. Empezó a ver en ella las mismas inquietudes que ya tuvo ella años atrás. El pueblo la asfixiaba. Y por más que quiso quitarle la idea de la cabeza, estaba decida a irse de casa. Quería estudiar, decía su hija. María había perdido a su madre recientemente y perder a Ana le aterraba.
El pánico a que su historia se repitiera con su hija la llevo a tomar una decisión. Vendería lo que fuera y pediría si hacía falta para que su hija sí tuviera estudios y una vida mejor.

Habló con el alcalde del pueblo, Miguel, antiguo noviete de juventud, y le pidió ayuda. No tenía dinero para pagar a su hija un piso donde vivir mientras estudiaba, ni pagar los estudios.
Miguel le proporcionó una habitación en casa de unos parientes, allí podría dormir y comer a cambio de ayudar con la limpieza de la casa. Además Ana trabajaría los fines de semana en un centro comercial para sacarse algún dinero extra.
María trabajó de sol a sol. Limpiaba donde hacía falta, incluso en el pueblo vecino, vendía a la tienda de la plaza lo que podía de sus pequeñas cosechas. Aprendió a hacer gorros de paja, típicos de la zona y los vendía a los turistas…..todo con tal de que su hija pudiera estudiar.

Ana consiguió sacar su carrera de veterinaria. Pero encontrar trabajó en las grandes urbes no es tarea fácil. De nuevo el pueblo volvía a ser la mejor salida.
No fueron pocas las dificultades hasta poder abrir consulta, era mujer, joven y la desconfianza de los ganaderos la hicieron tambalear en más de una ocasión. Pidió trabajo al viejo veterinario, donde su madre seguía limpiando. Le ayudo en las tareas más difíciles. Iba de granja en granja asistiendo a partos o a lo que hiciera falta.

El viejo veterinario se jubiló y le ofreció su consulta por un precio módico. Todo empezaba a cambiar para mejor.

Ahora, María miraba por la ventana, con un café en una mano y la otra en el pecho. Su nieta jugaba entre los garbanzos y las patatas sembradas. Su yerno era una buena persona. Inmigrante, llegó a este país con los bolsillos repletos de ilusiones y el corazón encogido por el miedo. Ana y él se conocieron cuando ella estudiaba. Todas las mañanas le veía en el mercado descargando fruta.
Un saludo, una pregunta buscada para crear un primer contacto. Conectaron pronto y bien.
Ahora juntos en el pueblo con su madre, ella con su consulta veterinaria, él se quedó al cargo de la tienda de la plaza, eran felices y tenían una niña.
Su hija al fin si tenía una vida mejor y ella estaba formando parte de aquel comienzo tan esperanzador.

Cuando una puerta se cierra, siempre hay alguna ventana que se abre.




Hortensia Márquez
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Luna de guadañas

Una noche me sonrió la Luna blanca.

Desde su cara oculta
oculta sentí la invitación de la guadaña,
el brillo atrayente de su plata
esperando afilada para mi,
predispuesta entre las sombras
a responder con sus rescoldos de violencia.

Guardé en la gruta de mis dudas su pregunta.

Me respondió la voz que suena
bajo el umbral de mis portales,
la que pronuncia el nombre
de los amaneceres en mi almohada solitaria,
aquélla que le grita en su enojo y su cariño
al alma grande de hombre pequeño
que aún no concebía en mí.

De su furia nació la persistencia
de nombrarme como soy,
humano aprendiz de las memorias rotas,
tránsfuga de mis cadenas.

Yerto he sido en las pasiones,
intenso e huidizo,
mil veces arrogante,
triste he sido para afrontar mis huellas,
mis surcos en labradíos inconclusos,
pero ahora sé que amo,
aunque entre tantos juegos
haya calcinado otros tantos sueños.

Ahora sé que no me iré,
aún no ha llegado el día de partir
de esta Tierra que pretendo
asaltar con mis pasos peregrinos.

Me esperan las pisadas del silencio
de mis temores y terrores fríos
pero al tiempo la fe
para transformarme en cuerpo fiel
que apriete los dientes y las manos
cuando el miedo los asalte,
me espera la vida completa con sus letras,
con mis versos no nacidos,
guardados en estancias de mi alma.

Queda tanto por contarme,
por contarte,
por contaros…,
tanto como el tiempo de todos los abriles
que han de florecer de nuevo,
queda el llanto que me espera
cuando no me escuche,
cuando no te escuche,
cuando me extrañe y te extrañe,
pero haré que se desplace esta montaña,
rígida roca que me linda,
hasta renacer en la cordura
de olvidar el pensamiento
y crecer en los incendios del ser pleno.

Pleno ser,
habitante en instantes de sus lágrimas,
de la lluvia que de mí brote,
necesaria redención de sal y de cristales,
plena vida,
deseada en el contraste de los mundos,
aceptada en mi sonrisa,
en tu sonrisa,
en la risa que a todos nos escueza
como patria completa de hermandades.

Arrancaré la corona de espinas
que yo mismo clavé sobre mi cráneo
en algún día de mi infancia nómada,
sangraré por mi costado,
abierto el corazón,
perdonando y perdonado,
honraré mi pasado y mi presente,
mi sentir, el tuyo,
el nuestro.

Seré amante desde este fuego intenso
que me roce,
que nos roce y que nos sane
transformado a través de la palabra nueva
que prometo pronunciarme
y pronunciarte.

Amar, amarme,
amarte,
conducir en mis mareas este barco,
dejar de naufragar en mi desidia,
abarcar en la mirada la piedad,
la comprensión de tu fuerza y de la mía,
gritar, llorar, reírnos,
habitantes de esta huerta
que adivinan la cosecha
de los frutos que han sembrado.
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Renacer

Renace mi alma entre sus recuerdos guardados
en su baúl vacío de voces y viento, y tan lleno de sombras y silencios
donde nos refugiamos del amor, ése que el tiempo sin preguntar se llevo…

Y renace muerta de frío, sedienta de abrazos, con hambre de besos
esos, que guardé conmigo en un mismo recuerdo para mi soledad…

Y en mi desnudo de ahora, respiro en presente
vistiendo metáforas ausentes, aún sin abrir los ojos,
y deje entrar al fin la luz que ilumine un futuro
y me puede ver sonriendo, en él…


soundcloud.com/lola-bracco/renace (Lola)
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Trataré...

Trataré de olvidarte, canción de la infancia,
con la gran inocencia que inundabas mi alma.

Trataré de que sigan las palabras sinceras,
en quietud y silencio, al compás de mis pasos.

Trataré de que brille el fulgor en tus ojos
como aquel, que recuerdo, del ardiente verano.

Trataré de que cese el temblor de tus manos,
aunque tiemblen las mías, al sentir el otoño.

Trataré que la vida te refresque las sienes,
y te cubra de rosas, con auténticos besos.

Trataré de que seas algo más que un recuerdo,
mariposa sin nombre, que alegraste mi vida,
aunque ahora estés lejos.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/09/18
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murria

Soñaba que el amanecer
me libraría de esa noche aciaga.

Pero me cosió bien las puntadas
de la maloliente pesadez
de esta nostalgia tan amarga
que nunca se me acaba.

Y así va pasando este día
que poco o nada disimula
que cada hora me va grapando
la misma murria y melancolía.

Y ahora deseando que se acabe
para ver si por cansancio
o simple agotamiento la dormiría
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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día?

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.
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Allí nos vemos

Hoy separaremos el alma de la mente,
Como separa un carnicero huesos y vientre,
Con una prosa desnuda y peligrosamente adictiva,
Sacada del loco sucio que me domina cuando desciendo...
Con la guitarra , una balada de "Pantera" y la certeza de encontrarte como siempre mirando al otro mundo...
Olvidando que fuiste amigo, te marchas sin ser amado suficiente, sin ser odiado lo justo y necesario...
No hay derrota en esta derrota, no hay más lagrimas ya para la muerte ni más gritos desesperados que alimenten su ego desmedido,
Ya no hay nada, y sin embargo todo sigue, tú mordiendo la tierra y yo caminando erguido,
Tu rostro, olvidado ya a fuerza de dolor y podredumbre, de laxitud en la condena y palidez de flor extinta, tu rostro que tantas sonrisas regalaba se encuentra ahora...¡cenizas! ¿Puedes creerlo? Sin parpadear el mundo soltó una bofetada asesina y maldita, -vaya si fue maldita- ,que rasgó tu espacio-tiempo dejándolo frío y sereno, neutro, eterno y cíclico.
Tú vives más allá , en otra espiral de vidas y sueños , donde las caracolas no dicen ya más tu nombre y la espuma del mar no ahoga los deseos.
Allí donde el Parnaso se mira hacia abajo, allí descansa tu noble ser de alegría infinita y de amor verdadero. Allí nos encontraremos, amigo que nunca consigue borrar el olvido...
Allí nos vemos , allí seremos de nuevo niños que juegan a ser famosos y dan conciertos y fuman porros para reírse y estar contentos. Allí nos vemos, querido amigo, allí nos vemos...
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El Opúsculo vil de la aurora...Soneto

En mi vademécum azul guardé,
el Opúsculo vil de la aurora,
el triste cantico, velado implora,
el beso tierno tuyo que olvidé.

Ni un peso duro y céntimo fenicio,
nada tiene sentido por ahora,
buscar pretextos y efugios a esta hora,
¿Cuándo llegará el tiempo del juicio?


Si pienso con pasión, es por ti,
tal vez, si, nunca te lo he sugerido,
soy truhán, relator y empedernido.

y también el cuentista y escribiente,
que viaja por el espacio frecuente,
en búsqueda del último latido.

Soneto polimétrico...

www.youtube.com/watch?v=bILQoikzFZo

Ramón Pérez
@rayperez
Venezuela
10/05/2015
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He perdido mi gotita de rocío...

He llorado con pena y desconsuelo,
perdido al despertar sobre tu cama,
mi llanto por no verte encima de ella,
gotita a gotita por la mañana.

De esas gotas que empapan las mejillas,
rocío que humedece las pestañas,
le surcan a la flor sobre sus pétalos,
dice la aurora al sol, en la alborada.

La campiña brilla resplandeciente,
flor de color entre el verde esperanza,
al reflejar al astro iridiscente,
cielo sereno, silente y en calma.

Del relente sombrío, quiero ahora
amanecer feliz entre tus sábanas,
que mis sueños se mezclen con tus hadas,
ha ardido de pasión tu cara lánguida.

Perdido en la noche viaja el amor,
todas las miradas están en llamas,
sus pupilas han quedado esparciendo
estrellas que son millones de lágrimas.
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Una prosa con amor

Lo único que tengo
es una quietud que arriesga todo,
una esperanza por un triunfo incesante,
una voluntad.

Solo me queda la delicia por vivir
esa no ha muerto, lo que muere cada día
es el segundo que sé ahora sin aliento
ese expira con cada gota en el desierto.

¿Dónde quedaron las palabras?
no sobrevivieron a un abandono,
quisieron convertir el dolor sin odio
pero unas letras no pueden amar.

De eso soy creyente y fervoroso,
por eso quiero descifrar a un pensamiento
con el más puro aroma de un sentir,
con eso me deleito sabiendo que es lo bueno.

Solo quiero meditar con mucho tiempo,
sentarme en una silla y tomar un café
sentir observando, viendo pasar las cosas tan detenidamente que pareciera que sí me importaran.

Solo quiero ver a la gente que no conozco
esa que se órbita presurosa
comprando con dinero lo que no usará,
no lo necesita para disfrutar a un bosque.

Esa gente no inventa poesía nueva, para que
no leerán un verso joven,
es mejor ver internet y sonreír en una selfie
con un rostro más que vacío.

Es la moda no existir, no escuchar
pasarse de largo y no voltear,
para eso se inventaron los momentos
esos recuerdos plásticos que nacen con un botón.

Se venden el tiempo detenido en una foto
en una miserable foto que nunca dirá nada,
no m tendremos tiempo para recordar,
ya no recuerdo lo que es hablar.

Tiempo,
juventud,
soy joven,
solo quiero una prosa con amor.

El mute
14/10/2018.
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