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Santa Rita de Casia

Un ángel del cielo anunció
a su buena madre Amada
que una hija iba a tener
de Jesús enamorada.
Cuando nació Margarita,
la niña fue bautizada.
Con cariño su familia
dulce Rita era llamada.
Blancas abejas salían
y entraban de su boca,
sin poder hacerla daño
el enjambre se convoca.
De sus padres aprendió
a hacer obras de caridad,
a ser devota de Cristo,
a rezar y a poner paz.
Siendo ancianos ya sus padres
a casarse fue obligada
con un hombre despiadado
por el cual fue maltratada.
Al tener dos bellos hijos
y con su incesante oración,
el marido de la santa
experimentó al Señor.
Estando todos felices
su esposo fue asesinado,
en su sufrimiento Rita,
el culpable es perdonado.
De una epidemia sus hijos
murieron por enfermedad,
perdonando al asesino
para su muerte no vengar.
Quería ser religiosa,
ésa era su vocación.
Tres veces las agustinas
la respondieron que no.
Durante una noche soñó
que tres santos la llamaban
y corriendo detrás de ellos
al convento se acercaban.
Elevada por San Juan,
San Nicolás y San Agustín,
las hermanas la aceptaron
ingresando al cabo allí.
Cual palo seco regar
la Madre la ha ordenado,
del que creció una parra
que dio un vino afrutado.
Margarita pidió al Señor
una señal del cielo,
si allí estaban sus hijos
entre sus ángeles buenos.
Un día del mes de enero
una parienta la visitó,
higos y una rosa roja
de su jardín la pidió.
Rita le rogaba al Señor
con una oración ferviente
sufrir el dolor que Él sufrió
manando estigmas en su frente.
Sus últimos cuatro años,
enferma Rita yacía
por múltiples infecciones,
esperando su agonía.
Su sepulcro exhala un olor
maravilloso de rosas,
santo divino perfume
de esta mujer amorosa.
Patrona de lo imposible,
tus devotos imploramos
que intercedas por nosotros
y que tu ejemplo sigamos.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
13/9/2018.
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Ya se duerme la luna...

Ya se duerme la luna
que está de antojos,
y los niños se pierden
aullar al lobo,
pobrecito el marino
que viaja a bordo
de la humilde trainera
que está orgulloso,
y aquel hombre, ya anciano
con paso cojo
que restaña el invierno
sin un sollozo,
y me queda un osito
muy pelirrojo
que dormita en la cuna
como un adorno...

Que se duerma el verano,
dijo el otoño,
sin saber que el invierno
estaba a un soplo,
mañanitas de nieve
de blanco tono,
animad a los bosques
que son de oro,
alfombritas divinas
con canto sordo,
acoged a los pasos
de los curiosos,
y si escuchas, mi luna,
ven aquí, pronto,
que yo quiero tu abrazo,
tu beso loco...

"...Ya se duerme la luna,
me siento solo,
y la quiere muy cerca
mi pecho roto;
¡pobrecitos los niños,
con tanto lloro,
ya que ansían su luna
del mes de agosto..."

Rafael Sánchez Ortega ©
24/09/18
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Oda al poeta

¿Quién es el que cayar pudiere, la voz bendita
del que versos escribe?... nadie contestar puede.
Nadie con voz amarga ningún verso recita.
¡Mentes ilustres, voces divinas en tí queden!

¿Quién es el que en palabras blasfeme el lenguaje
excelso y que armonías en el papel hiciere?
La noche... la gran noche es testiga del homenaje
celestial que en la magna luna estuviere.

América, la noble y colosal fornida
que en tus venas vertido está el honor y la gloria,
y que grandes poetas le cantaron en vida;
en áureos cortejos la dicha es notoria.

¡Salve mi Dios! ¡Oh Dios que la Gracia diste pura!
a quien con mil y un verso tu poder alabara
en cuyo cielo gozan con amor y dulzura
donde la muerte trémula el dolor mitigara.

En la aurora fugaz la inspiración tan ansiada,
preludiando naufraga a cual audaz poeta
que en magistrales frases con inmortal mirada
imprime el insigne en dulcedumbre cuarteta.

El ocaso divino... que a mi recuerdo traes
el misterio brutal de un pasado, que funesto
me hace pensar; triste violín que en sueño caes,
al monótono ritmo del cual yo no protesto.

¡Poesía inmortal! tú viste crecer ufano,
el imperio triunfal de tus humildes entrañas
donde nace Darío y su concejo de anciano
que engrandece vivaz y sin palabras extrañas,

la incansable oración del que obsede y condena,
con fiereza brutal ataca y con versos cava
al bufón infernal, por su fúnebre cadena
en la tumba del mal; mas se que su sangre lava.
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Tiempo muerto

El tiempo se deshace en nebulosas sombras.
Se quema,
se quema el tiempo,
y no regresa el pasado ya muerto.

Quisiera detener sus agujas en mis dedos hechizos,
quisiera borrar sus mapas de mi cuerpo
y de mi espacio,
pero él implacable caballero, avanza a tropel agigantado,
con sus espuelas de plata que no perdonan nada.


Juventud, dinero, fama,
se ahogan en sus aguas evaporadas.
Del pasado anciano no queda ya nada.
¡Tiempo muerto,
tiempo yerto,
velando estoy tus agujas añejas!

En un amor de antaño
me dejaste marcada;
ansiando en mis noches oscuras
sus guirnaldas de pasión colorada.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
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La eternidad en tu mirada...

Miro el reloj... 14:28... dos minutos de sobra antes de llegar puntual a nuestra cita, y cómo no hacerlo si yo siempre deseo robarle los nanosegundos al tiempo para poder estar un instante, sólo un pequeño instante más contigo. Lo que pasa es que contigo todo es atemporal, eres lo que en Física se conoce como "singularidad", contigo las reglas del tiempo-espació no se cumplen, pero así eres tú, las reglas no concuerdan contigo, eres un ser que va creando mundos a su paso y esos universos se van sumando a uno mayor hasta conformar el mío, donde yo existo, y soy... porque estoy contigo.

Por fin 14:30... toco el timbre de tu casa y a lo lejos, como si en la cima de una montaña te encontraras, escucho tu voz acogedora que desde ese punto geométrico desconocido lanza una promesa de felicidad con un simple "Ya voy". "Ya vienes"... pienso... y esa espera se vuelve un mundo de posibilidades. Decía la abuela "la espera desespera", y como siempre tenía razón, sin embargo, contigo mi amada "singularidad" eso a veces no aplicaba, si bien mis ansias de tenerte cerca crecían exponencialmente con el saber que estaba a unos segundos de verte, también se volvían material de novela, cuento o relato... llámale como quieras... me imaginaba tu rostro al espejo retocando los últimos (pero más importantes) detalles del maquillaje, mirando tu vestido por diversos ángulos, todo con prisa pero con su respectivo tiempo. El correr por las escaleras con ese tic tac de los tacones, el grito de "Mamá ya me voy" que te toma exactamente 1.66 segundos, la respuesta de tu madre "Sí, está bien, no llegues tarde" que dura 3.10 segundos... la última mirada rápida en el espejo pequeño de la sala y por fin las puertas de mi propio paraíso que se abren, con esa luz del fondo que entra por el jardín brindando una atmósfera celestial a la aparición de mi propio ángel de la guarda.

Te admiro de pies a cabeza, no porque te esté analizando ni mucho menos, sino porque es tu mirada lo último que me gusta ver en ti, la cereza del pastel, el último chocolate de la caja, la última nuez acaramelada de la bolsa... miro tus zapatos lindos, tu vestido rojo ceñido a una delgada figura, el pecho erguido y los hombros relajados, el cuello largo... y tu sonrisa en rojo carmín... y es ahí donde se genera mi propio Big Bang.

Me quedo absorto en la comisura de tus labios que se levanta levemente en un ángulo casi imperceptible, pero lo suficiente para irradiar una sonrisa sensual, pícara y feliz, las pequeñas líneas en tus labios que se vuelven un microsistema montañoso rojizo y seductor... 14:35:25. La caverna de los deseos se entreabre lentamente dejando ver el tesoro de perlas blancas que sellan una cueva aún más misteriosa.

En ese momento, aunque tú y yo no lo sabemos, está naciendo un pequeño niño en Étretat, en las costas de Pays de Caux, Francia; su nombre será Etienne y se enamorará de la hermosa Isabelle la cual será el gran amor de su vida; aunque terminará casándose con Anabell, una chica de París enamorada del color rojo. En la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, el abuelo del pequeño Arthit lo lleva por primera vez al templo Wat Chedi Luang esperando que sienta su espiritualidad, es ahí donde el pequeño descubre que quiere ser un monje budista. En Chile, para ser más exactos en Futalefú, en la región de Los Lagos, en la Patagonia; Carlos le está proponiendo matrimonio a Lauren, una americana que conoció hacía tres meses en una cabaña para exploradores en el bosque. En Medellín, Colombia, una pareja hace el amor por última vez, antes de que ella parta a Inglaterra a terminar su doctorado. Más allá de nuestro sistema solar, dos estrellas chocan por la atracción gravitacional creando una nueva galaxia que no se conocerá sino hasta dentro de 600 años a partir de este momento. A seis cuadras de tu casa, en su departamento, un anciano acaba de dar su último aliento de una vida feliz y plena, dejando esta vida con un suspiro suave y una sonrisa en los labios. En la Ciudad de México, Claudia después de tres meses de intentarlo, por fin ha quedado embarazada. En un pantano en Florida, E.U.A. un cocodrilo pone un huevo dentro de su nido, y a escasos milímetros de mi zapato una hormiga lleva una migaja de la galleta que tiró un niño de cuatro años que juega en su triciclo a unos metros de nosotros.

El mundo sigue y siento la vida fluir entre mis entrañas y mi alma, siento explotar, deshacerse y reinventarse cada célula que me compone, una pequeña gota casi imperceptible de sudor recorre mi frente, un poco por el calor, un mucho por la emoción de verte... 14:35:30... veo tu nariz fina y afilada... 14:35:35... por fin llego a tus ojos castaños...


...y es ahí donde pienso tomarme mi tiempo.
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Esclavo

Miremos alrededor con cuidado

Contemos cuántos soles hay
en un campo de flores.
Cuántas primaveras atesora
nuestro roble noble anciano.

Analizando detalles ínfimos

Más fuegos despertais
Más suicidas pasiones
Más inmolación se aporta
Creciendo tu amor tirano.

¿Acaso no soy tu esclavo íntimo?

Vengan zozobras si me amáis
Con espinas todas las flores
Que ninguna dificultad me corta
Porque yo de siempre, te amo.

Que así espinas, amor y pasiones
Vayan todas juntas de la mano.
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Tú eres

Sara tenía un hermoso plumaje blanco, ojos negros, su pico era muy rosado tanto como sus pequeñas patitas que solían dejar huellas en las plazas. Era una paloma muy hermosa y aunque solía enmugrarse mucho era digna de admirar.
Su color favorito era el azul y por esta razón quería convertirse en un hermoso azulejo como los que solía ver cada mañana en los árboles de los parques. Cada vez que los oía cantar ella también lo hacía, sus compañeras de vuelo solían burlarse de ella, otros intentaban que entrara en razón y le pedían que se amase a sí misma y aceptara el cuerpo en el que había nacido, pero Sara comenzó a creer que todos estaban en su contra porque no apoyaban su sueño y llena de ira se marchó al otro lado de la ciudad. Mientras volaba pudo notar a aquellas hermosas aves que ella tanto envidiaba, se detuvo en un lago y se miró en el reflejo que éste destilaba. Notó que su cuerpo era mucho más grande que el de ellos, su pico no era el mismo, sus ojos tampoco lo era y se odió mucho por no ser igual a ellos; De momento, a su mente se le vino un plan que cambiaría su vida y sin dudarlo ni un segundo, voló rumbo a la ciudad y se lanzó contra un pote de pintura azul que vio en la mano de un hombre y al instante todo su color blanco fue cubierto; Llena de alegría volvió a casa porque según su pensar era un azulejo sólo por portar tal color. Al verla, algunos se burlaron, otros, se llenaron de tristeza, otros, la apoyaron. Las palomas comenzaron a preocuparse y a pensar sobre qué hacer con este pequeño problema hasta que decidieron que lo mejor sería quitarle la pintura, pero fueron pocas quienes se oponían a la decisión que su amiga había tomado, por esa razón Sara comenzó a creer que era un hermoso azulejo hasta que llegó a olvidar su verdadero origen; ya no hacía cosas que las demás sí porque la pintura estaba dañando su plumaje, ya no volaba como solía hacerlo, dejó de cantar y de comer las semillas que los ancianos le lanzaban. Se sentía hermosa siendo azul como el cielo y aún más segura cuando las demás aves la defendían de quienes no estaban de acuerdo, para ella todo estaba bien y quienes debían cambiar de mentalidad eran quienes no aceptaban lo que Sara sentía que era.
Un día, mientras caminaba en el bosque, un viejo anciano que ya no podía ver muy bien la tomó pensando que era un azulejo y la llevó a su casa donde muchos de ellos vivían encerrados. Al llegar intentó meterla dentro de la jaula pero ésta era muy pequeña para ella, al anciano le pareció un poco extraño, tomó algunos alambres y le hizo una jaula un poco más grande donde la mantuvo muchos días. Todos la miraban asombrados y otros con temor pero ella se sentía muy feliz de que alguien por fin reconociera que era un azulejo porque ella lo sentía dentro de sí. Llegó la tarde con sus bellos colores, la noche con sus bellas estrellas y la mañana con su sol de verano en donde todas las aves cantaban menos Sara.
Al pasar los meses el anciano comenzó a notar que este gran azulejo no hacía lo mismo que las demás, la tomó y la observó un poco más. Sara ya casi no tenía plumaje, la delgadez que poseía espantaba, sus patas se habían vuelto gruesas y llena de heridas, la pintura se había escurrido casi en su totalidad al igual que su bello color blanco. El anciano tomó agua y la bañó haciendo que la el resto de pintura se escurriera de lo poco que quedaba de su plumaje.
Sara, llena de temor se defendía como podía e imploraba que no le quitaran su color, que ella era un azulejo, uno especial y de la desesperación lloró mucho, tanto que poco a poco dejó de luchar. Cuando por fin la tortura se había acabado, el anciano la secó con una pequeña toalla y la puso frente a un espejo diciendo:
“Que tonta paloma ¿Por qué te empeñas tanto en ser alguien que no eres?. No naciste en la especie equivocada, deja de intentar cambiarte. Los sentimientos tienden a engañarnos. ¿No sabes que la belleza de estas aves azules los lleva a una prisión? Tu color blanco es para resaltar el cielo, tu canto grueso anuncia la llegada del verano como el inicio de la nota más grave en las instrumentales de Beethoven y tus patitas rosa nacieron para caminar en las plazas. Puede que no sea la vida que sueñas pero, todos nacimos para cumplir una función especial y si tú no cumples esa función dime entonces a quién le darán de comer los ancianos que se sientan en los parques.”
Aquella paloma se miró al espejo y por fin pudo ver el daño que se había causado y comenzó a pensar en las palabras que este anciano le había dicho. Esperó hasta que sus plumas volvieran a salir y luego se marchó; por fin se hallaba de nuevo en las alturas, ella era Sara, una paloma blanca como las nubes del cielo y hermosa como la sonrisa de los ancianos, niños y jóvenes que la alimentaban.
Voló hacia un lago y se miró en el agua por mucho tiempo y aunque aún amaba el azul del cielo se dijo a sí misma:
“Tú eres lo que ves: eres hermosa tal y como ahora estás. No necesitas ser otra cosa”
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INCAN AHMICOHUA DONDE NO SE MUERE (Experimental Náhuatl-español).

INCAN AHMICOHUA
DONDE NO SE MUERE
(Experimental Náhuatl-español).

Campa naiz, huehuentzé?
¿Dónde he de ir, anciano?
Campa naiz
Campa naiz
Ninoyolnonotza
Converso con mi corazón.
Ninoyolnonotza

Momayauh in tleco
¡Cayó al fuego!
Momayauh in tleco

No te espantes
Macamo momauhti
No te espantes

Can mach tinemi?
¿Dónde, pues, andas?
Can mach tinemi?

Tloque Nahuaque…Tloque Nahuaque.

Más que todo menos qué nada
Si lo quiere y si quiere no quererlo
Eterno en cada instante y más allá
Del más allá, si y no, Él solo es,
Si quiere ó si no, nada lo ata
O lo ata todo si quiere. Hoy ó nunca es igual.
Todo dá y nada pierde, nada pide, nada espera.

Huel xi quitztimotla lican inic huel anquicaquizque…
Atended bien para que comprendáis bien…

Nican catqui in patli
¡Aquí está la medicina!
Nican catqui in patli.

Itech ninaxitiz
Hasta Él tengo qué llegar
Hasta Él tengo qué llegar
Itech ninaxitiz

Yehuatl ontlazotiz inic tinemizque
Él lo dispondrá para que vivamos
Si quiere, hoy o nunca, en cualquier jamás
.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)
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Majestuosidad

Vívidos, proféticos, tan cercanos...
exiliamos la realidad a otro mundo,
solo quedan nuestras miradas
como leyendas de dos ancianos.
Existimos ya en otros planos,
vistas al cielo, ojos sin nombre,
¿qué palabra define lo nuestro?,
ni siquiera lo saben mis dos manos.
Ellas, que ahora andan en tus veranos,
esos con los que caminas,
pasos de mi perfume, pies de loto,
sol y luna, mis dos templos más venusianos.
Y después de amarte, sin leyes de vaticanos,
delicados permanecemos luego,
entregados a la savia,
como la seda de dos gusanos.
Tú y yo, fuera de este mundo de insanos,
febriles en un conjuro imposible,
exánimes en un apocalipsis mutuo,
abrazados como dos tímidos humanos.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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ENCARNÁNDOSE... (Experimental)

ENCARNÁNDOSE
(Experimental)

Ninguna voz alumbra esta vieja pluma
donde vuelan amargas las tintas cayendo
los ofendidos abejorros y los cristales opacos.

Lo saben las ventanas cerradas
abriendo en el techo pétalos caninos
comiendo las frágiles auroras temblando
con las manos que pesan el viento
al pasar absorto el huerto
yerto extraño en la estatua viva.

Así flotaban las letras temiendo
Así flotaban las palabras en el río
herido por la brisa enarenada
en las ramas plateadas de agujas oxidadas
por el deber agonizante del fruto
en el campo de mudez humedecido
y los bosques secos en un plato.

Quiere escribir porque a las hojas duele
el otoño de paja y hojalata dulce
como despierta el silencio del diente
tan lejano en el reloj parado.

Quiere escribir al mar embotellado,
enrojecido, anciano y libro ignorado
por el rayo en el sombrero de piedra
con la verdad que asesinan los vocablos.

Es una oruga de hule que huele a miel
que duele al eco enterrado
entre los cristales que manan inclinados
por quebrar al horizonte las pestañas.

Puede la tinta sepultar las mariposas
escondidas bajo el ojo del camello
y desvestir los lagartos de madera
en las heridas del tapíz o las lechugas.

Porque los dedos encerados ayunan
arriba del cementerio de mosquitos
y doblando la esquina indiferente
turbada entre las ruinas nuevas
y las arañas de los viejos licores
y las bibliotecas de polvo y harapos
a lo lejos cosechan el olvido
que dibujan al mundo del hongo
las mordidas del vuelo desplumado.

Mira, la razón se pudre lenta
en los cajones desgarrados del cepillo
en las hierbas que comen luna
en los helechos que tiñen lana
en las manzanas que cuentan cuentos.

Mira, mira,
como encarnan las miradas huecos
afeitando las arenas en barriles
aceitando los años en un siglo
de millones y de vendas y cadenas
encarnándose al anzuelo, mira, mira,
¡ Que el cielo te esta mirando !.

Autor : Joel Fortunato Reyes Pérez.
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Müki

Se abre la puerta
corre feliz el perro
la anciana observa

******************
Müki | 2018
Transmisor d Sinestesias©
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Barquito de vela...

Barquito de vela
que vas navegando,
te mecen las olas
arriba y abajo,
tú llevas los sueños,
traviesos y extraños,
de niños sin nombre
que juegan descalzos,
también las nostalgias
de aquellos ancianos
que van por la vida
buscando ser algo,
y así tú navegas
y vas bien cargado,
barquito pequeño
con rumbo lejano...

Barquito de vela
que surges despacio,
que vas por la vida
nervioso y temblando,
no temas amigo
no estás solitario,
seguro que hay niños
que siguen rezando,
también, en el parque,
estás muy cercano
en esos recuerdos
de ancestros tan sabios,
en esos viejitos
de labios curvados
que añoran las velas
y el tiempo en tus años...

"...Barquito de vela
que estás tan callado,
da luz a la vida,
regala tu encanto;
y si eso no basta
que surja un milagro,
que piensen los hombres
ser niños un rato..."

Rafael Sánchez Ortega ©
23/09/18
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Abuelos

Dos ancianos muy unidos
en una solitaria casa
compartían el abrigo
y el calor de algunas brasas,
se sentaban bajo una parra
en sus sillas mecedoras
discutían como niños
pasaban así sus horas,
si uno se ponía triste
porque un recuerdo lo apenaba
agachando la cabeza el otro
en su penar lo acompañaba.

Se contaban sus historias
una y otra vez escuchadas
como si fueran historias nuevas
como si nunca las contaran.
Caminaban por las tardes
daban la vuelta a la plaza
al entrar el sol volvían
por el mismo camino
a la casa.

Una tarde solo uno
dió la vuelta a la plaza
y cuando alguién pregunto
¿y a su amigo que le pasa?
le corrieron por las arrugas
hasta la espesa barba
unas lágrimas que humedecían
con dolor a sus palabras
-él se quedó dormido,
dormido bajo la parra,
sus últimas palabras fueron
-amigo hace frío, entra a la casa-.

Y el abuelo con dolor
comenzó a decir en voz alta
-ahora mis historias
seran historias solitarias,
ya no tengo quien las oiga
ni quien comparta mis charlas-.

Se fue lentamente el abuelo
murmurando unas palabras,
sin su amigo no tenía consuelo,
la soledad lo acosaba,
pero ¿que alma sin un amigo
no se sentiría solitaria?.

Al abuelo lo encontraron un día
sentado en su mecedora
mirando el lugar vacío
cansado de contarle historias.
Poco a poco se quedó dormido,
dormido bajo la parra,
lo vino a buscar su amigo
se fueron a charlar sus almas.
(Allá por 1977)
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Hacia la mar

Cuando la mar te llame
acógela,
sumerge sus ribetes verdes
en tu regazo blanco de esperanza.

Ella te conoce,
mujer de historias y candelas,
ella te espera,
mujer de cintura encrucijada,
mujer de aire y temporal.

Cuando la mar te llame
contesta a su clamor con tus suspiros,
y resta su agonía
para sumar con tiento
en los resquicios de su costa,
sobre el puerto,
bajo las corrientes que dominas,
mujer de estigmas.

Cuando te acaricie elevarás el vuelo
con el cabello recogido
y la mirada abierta,
con alas de recuerdos
de extremidad de seda,
con la poesía envuelta entre las telas
de tu Mundo cubierto a tiempo lento.

Pintarás con tus dedos huellas
de amante de proverbios,
trazos blancos en tus playas,
rayas que hasta el horizonte alcancen,
pintarás con serenidad tu estela.

Serás tú,
desde tu soledad descalza,
calma entre los nidos de sus grietas,
la que eleve con sus manos
las caídas estrellas,
la ventura de los astros.

Cuando la mar me llame
nadaré con nuevas aletas viejas,
remaré con presentes viejos remos,
ausente en los minutos
fundidos como cera.

Resbalará el agua entre mis manos,
capturaré sus gotas nómadas,
recogeré la brisa tibia
en el horno de mi pecho,
la libertad de temporal alborotando
la oscuridad revuelta
de nuestro vendaval secreto.

Seré yo
longevidad de frases sueltas
entre la sal de marejadas,
con el Sur entre mis cejas,
y tus estrellas
los círculos concéntricos del tiempo.

Seré yo
en la espesura de las algas
enredadas en mis brazos,
cuerda dúctil que me aferra a las ideas
de mil nudos amarrados
a las nuevas experiencias.

Seremos la anciana mar
de pausado nuevo paso,
calmo clamor antiguo renaciendo.
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La más sabia decisión

La última jarra con agua potable, que quedaba disponible tras el apocalipsis, reposaba en la cima de un moderno rascacielos. Dos litros y medio de esperanza a la sombra, sobre una mesa de cristal y junto a un vaso vacío. En la planta baja, frente al ascensor, una veintena de jóvenes discutía enérgicamente acerca de quiénes merecían subir para tomarla y de qué manera la compartirían. Un anciano, en cambio, fue mucho más astuto. Una vez que logró estar en lo más alto, cerca del tan preciado objetivo, derramó el agua y arrojó el vaso bien lejos. Pensó: "¿De qué serviría seguir viviendo un tiempo más, o permitir que otro lo haga, en un mundo como este, donde alguien que subió rengueando, por la escalera caracol, fue el más rápido de todos?"
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No pienses que te vencieron...

No pienses que te vencieron
en batalla y sin engaños,
ya que perdiste en los mares
la concepción y el regalo,
quizás fue pura fortuna
o el desgaste de los años,
quien convirtió la derrota
en el placer de los sabios,
y entonces piensa y sonríe
en lo que cuesta el trabajo,
en el luchar cada día
por ese pan y el abrazo,
y es que la vida sin norte,
sin objetivo soñado,
es navegar al garete
por algún mar muy lejano...

No pienses que se han dormido
los momentos insensatos,
ni tampoco los claveles
de los días del verano,
están seguro que ahí
en el pecho y el costado,
y en el latido sincero
del corazón tan jabato,
porque luchar en la vida,
entre lágrimas y cantos,
es aguantar a la rabia
que se acumula en los labios,
pero se vive y trabaja
para llevar un abrazo
y conseguir que te miren
unos ojitos preciados...

"...No pienses que estás vencido
¡oh, corazón tan anciano!,
sigues teniendo aquel niño
por tu sangre circulando..."

Rafael Sánchez Ortega ©
21/09/18
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Ejercicio de Luna

La luna lava en el mar su traje de luces.
La luna camina sobre los océanos con sus zapatitos de plata.
La luna dio comienzo a su leyenda besando a la tierra y enamorando a los ríos.
La luna se viste cada noche para deslumbrar a los poetas que observan a las estrellas.
La luna pasea su dedo argentífero por el lomo dócil del mar alborotado.
La luna y su digno vestir de fósforo y sus arco iris de ojos de plata.
En su correr la luna pinta la noche con sus pies de relámpago.
Andares de diosa y de sabia inaudita comparte la luna con los pies luminosos de Venus.
La luna y sus cataratas de azures astros sobre el océano y la tierra.
La luna es una amante que en las noches lanza espumas de flores sobre los poemas más tristes.
Lánguida luna de los desamores, frágil consuelo de ventosas violetas y lilas...
¡Mucho he llorado por ti, luna! Luna de los pájaros y los parapetos siderales, de las banderas y los cielos ardientes.
La luna que ya no puedo seguir por los pontones del cielo , bajo las brasas fosforescentes, hiladora de luces que horadan la noche.
La viejísima señora luna, con su balanceo suave y sus ojos de barco o de mariposa.
La luna de las bestias primitivas, de los miembros viriles, de los salvajes y de los embriagantes pezones.
Luna lunera por la que tantos poetas se han vuelto locos y han sido escoltados al suicidio por huracanes de éter y lágrimas de vino.
La luna de los océanos infantes y de los hipocampos y de las cáscaras de naranja y de los ríos.
Anciana de largos cabellos de plata, vieja guardiana de las rutinas nocturnas de la marea, luna...¡luna lunera!
La luna se disfraza de diosa.
La luna, crece y decrece, nace y muere, inmortal y serena.
La luna siempre es la misma.
La luna a veces es más coqueta y nos muestra su abdomen
La luna amartilla la tierra con plata y nácar.
La luna nunca olvida a sus cantores y los busca cada noche.
La luna aúlla a los locos.
La luna siempre estuvo y nunca fue.
Entre los bosques, la luna juega a iluminar senderos.
Allá a lo lejos, la luna parece más enamorada que nunca.
Melancolía es no poder besar a la luna.
La luna abre su seno para que rebote la luz que ilumina a los sabios.
La luna respira y el mar le responde acercándose para olerla.
La luna ¿está viva o está muerta?
La luna es un poema.
La luna tiene un hermano muy ruidoso al que nunca enseña con ella.
La luna es mi amante secreta.
La luz de la luna es un bálsamo de plata fina.
¿Qué veo? Es la luna, el amor del cielo.
La luna se pinta de plata para vernos.
Entre las montañas de nácar, allí esconde la luna sus vestidos.
La luna besa y el océano se deja.
La luna es el abismo de los enamorados.
La luna y yo, yo y la luna.
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Amor de ocaso

La intrincada travesía
de la existencia mortal,
en su exiguo temporal
al ocaso se rendía.
Más la enervante agonía
de un otoño solitario,
flagelaba casi a diario
la ancianidad dulce y triste,
que esperando amor, subsiste
sin mirar el calendario.

Utopía que revela
ese deseo ferviente,
albergado por la mente
desde principios de escuela.
Realidad que deja estela
como le ocurrió al anciano,
mantuvo su amor arcano
y en su espera persistía,
entonces sintió que un día
alguien besaba su mano.

AMOR DE OCASO - CC by-nc-nd 4.0 - ESPECTRO
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La pregunta

1.
Crecen
las ruinas de los adioses
desde inacabables sueños alquilados,
y desde las profundas cavernas
de los besos de los Judas.
Atraviesan mundos oblicuos
y penetran en heridas gigantes
que como ríos, sangran en los amaneceres.

Quiero recordar que me hice la pregunta
hace mucho tiempo
pero nunca encontré la respuesta...

No puedo descubrir los significados
de todos los vestigios
porque los libros sabios duermen
en su sagrado camposanto.

Aunque muerto, sigo vivo.
A expensas de la venganza de la memoria.
Apestosa inquisidora,
nubladora de días y de vidas.

Sigo encerrado en el eterno caleidoscopio amorfo
donde reina el eunuco que asesinó al rey
de las mentes cuerdas, que yacen abandonadas
en finos hilos de luz oscura e infinita.

El homúnculo que vende misterios por el ventanuco
no llega. Es demasiado pequeño.
Pero se niegan a darle un taburete
por pura venganza. Creo que tiene alguna deuda pendiente.
Y yo tengo que hacer un exagerado esfuerzo mental
para explicarme a mi mismo que es lo que quiero.

Para intentar recordar la pregunta,
y hacérsela entender.

En un susurro me confiesa al oído
que él es el rey asesinado,
pero me pide que le guarde el secreto.

La verdad, no me sorprende.
Cosas peores se han visto.

Quiero lanzarme a cortar la garganta de mi enemigo
y caigo en la cuenta de que ya no tengo ninguno.
A no ser yo mismo.
Hace mucho tiempo que los encerré a todos
en mi minúscula cajita de música
y los torturo a diario obligándoles a escuchar
en todo momento Para Elisa.

Por ahora...
El miedo al miedo, se alimenta de todas las causas perdidas.

La hojarasca esconde escombreras de vidas vacías.

El tiempo pesa.

2.
Pasos silenciosos y ancianos
doblan indecisos la esquina de una estrecha acera
y en la cutre taberna
su canoso dueño mira sin ver
la transparencia nítida del licor dulce.

Sienes plateadas,
arrugas arrugadas,
lágrima furtiva.

Cuánto tiempo...

Cuántas palabras sin escuchar.

Cuántas quedaron sin decir.

Cuántas respuestas posibles...

para una sola pregunta.

El canoso dueño de los pasos silenciosos
revuelve cajones de mohosas historias sin terminar,
recuerdos incoloros de pasados muertos en el abandono,
viejos fotogramas arañados de una película
que nadie rodó.
Y revive una a una todas las respuestas...

pero ya no recuerda cual era la pregunta.

("Y las cabezas están rodando
porque el conquistador está de camino
y el día de la justicia está llegando
pues el conquistador está de camino."

The conqueror. Génesis)


Resuena en el éter Para Elisa, de la cajita de música...

Está bueno el licor dulce,
mientras el cuerpo aguante.

Páramo perdido inunda la pupila.

...Ya no recuerda cual era la pregunta.

Y yo tampoco.


J. Robles
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Vaivenes del olvido

Cuando sobra soledad
Balanceando la nostalgia
En los silentes vaivenes
De los espacios vacíos

Donde habitaron niños
Hoy de caras arrugadas
Que vivían el ahora
Y olvidaron el mañana
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