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Cuando tu

Cuando tu me llamas...
lo dejaría todo,
todo lo tiraría,
los días y sus noches,
el azul de los océanos
y los telegramas viejos.

Y aquí estoy esperando tu voz,
desde las estrellas,
desde los espejos,
por los túneles
de los años bisiestos.

Porque si tu me llamas,
si tu me llamarás...
sería para mí un milagro.
Mientras los labios
que a ti te besaron,
van diciendo en voz baja:
no te vayas...
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7comentarios 53 lecturas versolibre karma: 107

Como café de Invierno

No me pongas a escoger en este invierno
Ni dejes al azar cualquier suspiro
Que ando corta de caricias y no quiero perderme
La primera nevada
Ya me robaste el café de la mañana
Y los primeros destellos de sol
He reservado para la tarde
Nuestros recuerdos con bombones
Te dejo cenar afuera con toda la libertad
Del viento, porque sé que te dejaras llevar
Hasta donde Dios le dice adiós al tiempo
No espero que regrese por nunca fuiste de nadie
Y el único compromiso que podrás cumplir
Es el besar la noche en cualquier cantina
A mí no me toman por sorpresa los avatares
De su existencia porque te he visto mutar
En miles de colores
No me pongas a escoger, que nunca he sido de invierno
Ni de tu Primavera.
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10comentarios 55 lecturas versolibre karma: 107

Todavía

De la noche primera
me acuerdo todavía!
el ruido de la cama
nos sobresaltaba.
El suelo nos prestó
su silencio duro
y cómplice,
mis brazos rodearon
tu desnudez soñada,
mis labios recibieron
tus besos esperados,
por miles y miles
de años angustiados.
Y tu cuerpo,
habitante permanente
de mis sueños alocados,
tu pelo,
y tus caricias,
tu mirada,
y tu melancolía,
y la penumbra compañera
dibujaba tu rostro.
Y los miedos,
y las verguenzas,
dieron paso a las ganas,
y tus manos en mi cara
borraron mis heridas,
y juntos creamos
nuestro mundo,
al que con tímida
esperanza
llamamos: todavía.
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Huellas

Huellas infinitas huellas
que nos van marcando a lo largo de la vida
de amores a escondidas, de amantes
de alegrías y tristezas.

Huellas que guían, nuestros pasos marcan un camino a los que nos siguen
que se van perdiendo con el tiempo.

Huellas y más huellas

Huellas de amigos que ya no están
que se quedan al paso, en la nada
que sólo fueron simples huellas.

Pero hay huellas que nos marcan, que nos delatan, que nos reconstruyen y nos destruyen
que nos intimida, huellas casi imposible de olvidar.

Huellas y más huellas

Huellas de besos, de abrazos, de un te amo, de un te extraño, de lágrimas o de un adiós.

Huellas de rencor, de odio
de desilusión, de fracasos, de mentiras, de verdades y dolores..

Huellas y más huellas
que van quedando atrás...
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Te Quiero

Te Quiero…
escúchalo, léelo
siente mis labios
susurrando en tu oído
rozando tu piel…

Que te Quiero
como sea
aunque no hagas
aunque calles
aunque espere
eso que se
que nunca des…

Y como no quererte
cuando tus ojos
me miran así
como nadie
entrando a mi mente
besando mi piel
y ella te desea, te siente
te quiere…

Y te quiero aquí,
allá, en cualquier lado
mi corazón
más sensible
más grande
más tuya
que mío
se muere
o vive por Ti
porque simplemente
te quiere, te quiero…

soundcloud.com/lola-bracco/te-quiero-escuchalo (Lola)
.
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Nos hemos deseado tanto...

Nos hemos deseado tanto
que tu alcoba esta impregnada
de aromas encubiertas
agitadas por mariposas estelares
que trasiegan el umbral
de tú embellecido cuerpo
administrado por algas,
perfumes y lienzos
sujetados a tú corpórea esencia
de mujer divina.

Navegué en la humedad de tus besos
trasegué un horizonte
más allá del averno
oliendo tu aderezado deseo
olor a hembra en celo.

Y saliste del verde celaje
con alas doradas
y contemplé la aurora,
me atreví a tocar el silencio
y alcancé tú inocencia…
Le robé al arco iris sus colores,
al mar sus sueños azules
y a la luna sus destellos virginales.

Tú candor puro y salvaje registré
atravesando un puñal de acero
en lo alto del péndulo del mar
que me lleva a tu solariego puerto.
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10comentarios 96 lecturas versolibre karma: 185

Siempre nos quedará París

Me marché por el único camino
que me ofrecía la vida
no sin antes voltear mi pecho
los pies transitan sin huellas
mientras los pálpitos las devoran
rebobinando en un instante el ayer
con un pliegue más en los labios
una sonrisa menos en el costado

Y con ampollas reventadas
sin tiritas que cubran los infiernos
recompongo a duras penas el latido
al ritmo decadente de la senectud
vegetando en las esquinas de mis ojos
con el reloj congelado en sus besos
y el vacío como vestido de mi piel

Todavía no creo en el mañana
el duelo me viste sin futuro
aún puedo recordar con una mueca
“Siempre nos quedará París”
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10comentarios 93 lecturas versolibre karma: 128

"Tu suave ternura" (Jotabé decasílabo)

Yo te tengo muy junto a mi lado
tus dulces besos me han consolado

me envuelves en tu suave ternura
dejando en olvido la amargura
que se apodera de la dulzura
que de mi… brota con hermosura

tu cuerpo compenetrado al mío
era imposible sentir el frío

por que estando bien encaminado
a nuestro encuentro está la dulzura
que llenará de fresco rocío.






Clementina Bravo Rivera
Cleme_Eternamente
13 de diciembre de 2018
Arica - Chile
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17comentarios 78 lecturas versoclasico karma: 120

"El don de las lágrimas" Autores: @CorazónDeFlor y @carlosmolina012

Érase una vez
allá lejos en el éter
donde se unen
todos los planos.

Una lagrima valiente
que sonriendo
quería ser tan solo
una sonrisa.

Ahí en donde
los quebrantados
esperan a que pase
generosa la cabra Amaltea.

Justo ahí
bajo el árbol astral
padre de todo lo pasado
lo presente y lo futuro.

Hay un jardín lejano
y escondido, donde duermen
muchas almas
entre las flores.

Y no perecerán nunca
aquellas almas poéticas
somnolientas que renacen
en la aurora rosada cantando arias.

Un diluvio de caricias
las empapa hasta extasiarlas
las vuelve blancas, las vuelve eternas
en esta alborada diáfana.

Donde los colibríes
son de seda turquesa
aleteando vivaces
a tan prístina presencia.

Rayos de oro
de un sol generoso
que no quema
que no lastima.

Resplandecerá sobre
estos pétalos bañados
en finos besos
de ternura infinita.

Brotando el bálsamo
del perdón
en los deshojados lirios
que derramaron su don de lágrimas.



Pintura: The Vision of Endymion
Por: Edward John Poynter.


Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos

Carlos Luis Molina Lara
Guatemala

2018
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Entrelazados

Al igual que la vía láctea
giran satélites en mi contorno
y yo a su vez en otra galaxia
eslabones de una misma cadena
pétalos de una misma flor

Vasos sanguíneos comunicantes
circulando por el laberinto de la vida
a la velocidad que marquen las horas
con la distancia que decida el destino

Vestimos con manos entrelazadas
aún a veces mudamos los guantes
y aunque la soledad reclame su brisa
suele ser viento pasajero
es más, cuando crucemos el puente
besáremos la tierra en compañía
ya lo dijo el filósofo
el ser humano, es social por naturaleza
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Besos con suspiros

Si tus besos durarán lo que un suspiro,
alargarian mi existencia,
de solo pensarlos me llevan,
a viajar sin equipaje

Aunque de ellos se trate,
mi mente se invade,
en un sin fin de medidas,
que no caben sin anclaje

Entre mis dedos se alejan,
como el agua se asemejan,
cuanto más los anhelo,
más deprisa se despejan.

Si el imaginar se concreta,
y tus labios fuesen míos,
te juro que en un suspiro,
mi alma se doblega.

Al pensar en la carrera,
de alcanzar la meta de tus labios,
mi corazón hace trato,
para llegar a ser primera.

Cuando llegue serán míos,
o me hundo en este lío,
de caminar sin sentido,
imaginando tu boca.

Como un sueño profundo,
ellos se derrochan,
anhelando ser prosa,
de tus besos con suspiros.

Autor: Claudia Viviana Molina
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Huida

Y navegué esas lunas agrias
de tu destartalado universo
Y conocí los ambientes
más rivalizados y perversos
Y ahora tan solo quedan
estos rotos versos
Que me humillan y traicionan
como en mis mejillas tus besos
Ellos eran dulces y amargos
en sus caminos más ambiguos
¿Quién destrozaría estos ojos negros
tan distantes al zafiro?

Y él
Y ella
Todo el mundo ha apagado
esta triste y escondida estrella
No soy tesoro en mar de botellas
Tan solo cristal roto a orillas del Sena
Y tú me mostraste todo tu arsenal
Y yo caí rendida a tus pies
cual vendaval
Y hoy deseo alejarme pronto
Acercarme cerca
a otro mundo más cómodo
que aunque duela
no me sangre
Que bendiga mis pupilas
congeladas en este frío aire
Que me anime a olvidar
el dolor que me produce
este malévolo arte
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Al descubierto

No necesitas nada
para verme por dentro,
tan solo siente como yo siento,
A corazón abierto
esperando tus besos
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Soy tu cruz dorada

Preciosa flor de corazón latido
de mis jardines favoritos.
Soy tu cruz dorada
en la esquina de mi barrio
en las callecitas y plazoletas
de azules intersticios.
El mar es nuestra perdición.

Oscurecer
salvación
deliciosa es la brisa
que demonios con tu risa
princesa de mil claveles,
espinas en los pies.

Dulce
claroscuro
roce de tu pelo
remarcando las pautas
para ver los labios.

Montañas de besos
tu aroma cítrico
paso ondulante
desamarras los mares
luz,
dulce musa
luna oscurecer
tuyo.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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11comentarios 125 lecturas relato karma: 117

Yo lo amo a usted señor

Yo lo amo a usted señor
con intensidad constante
con suave calma
con quedo susurro
con grito alborotado
así, así lo amo. ..
Yo lo amo a usted señor
en destiempo
en desencuentro
en horas tardías
en ocaso de otoños
No importa, así lo amo...
Yo lo amo a usted señor
en distancia que aqueja
en insomnio constante
en amaneceres de espera
en esperanza de días
de momentos vividos
aquellos que no llevan final
Así, así lo amo. ..
Yo lo amo a usted señor
con su porte elegante
con su batalla constante
con su risa
con su andar
con su calma y arrebatos
Así, así loco lo amo ...
Yo lo amo a usted señor
con su libertad a cuestas
con su arrogancia ganada
con su vida ya puesta
lejos de mis andares
Así, en espera lo amo. ..
Yo lo amo a usted señor
hurgador de besos
compositor de versos
Lo amo
Lo respeto
Lo admiro
Lo deseo
con queda calma
con desquiciado amor
Así, así lo amo
Yo lo amo a usted señor
en su risa bella
en palabras tiernas
En latir acelerado
a cercanía de su roce
En desenfreno de pasiones
cuando usted me besa
En pasional entrega
cuando me siento suya
En éxtasis de tocar el cielo
cuando usted me ama. ..

...Así, de esta forma
de incesante locura,
Así, así a usted lo amo. ..

Derechos reservados
Miriam López Aguirre ( Mirlo )
Lima-Perú
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Romance entre el mar y la luna (Soneto Alejandrino con hipálage)

La luna como espejo se refleja serena

en el silente azul de este mar sedentario;

que se deja besar el manto solitario

extasiado en su bella compañera de escena.



Luna y el mar índigo comparten dicha plena,

se miran extasiados, sin tiempo, sin horario,

compartiendo contentos, su regocijo diario;

el mar azul la atrae con su ternura plena.



En refrescante luna, nuestro mar se fascina,

con su guitarra azul le canta sus tonadas;

la luna le responde con sus bellos reflejos.



Un romance clásico de noche se origina,

ambos protagonizan, historias no contadas,

reluciendo el amor en sus claros espejos.



Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados

Hipalagé:

En el silente azul de este mar sedentario;

(silente es el mar no el azul)

En refrescante luna, nuestro mar se fascina,

(refrescante es el mar no la luna)
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Te he soñado tanto

He soñado
amaneceres junto a ti
sin alguna despedida
He soñado
mágicos caminares
por la playa
en cada mañana
como alimento
en dulce amanecer a tu lado
He soñado primaveras
en inviernos
...alocadas tormentas en abril,
que desaparecen
cuando tú a mi lado vas ...
He soñado que despierto
y conmigo estás aquí
Te he soñado tanto
que ya no eres irreal
He soñado
que llegada la noche
ya tus brazos me cobijan
y me arrullan tus latidos
He soñado
beber cada mañana
el dulce sabor de tus besos
que me abordan y me colman
He soñado
infinitos buenos días
interminables
apasionadas buenas noches
Te he soñado tanto
¡y de qué manera!
Te sueño dormida
te pienso en mi despertar
tu sonrisa
es compañía de mis andares
Te he soñado tanto
que ya eres parte de mi ser
Te sueño
y te seguiré soñando
para que seas realidad perpetua
para tenerte siempre
y jamas, jamás existan despedidas. ...
(Mirlo ) Lima-Perú
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Remolino

Me arropa
la memoria de los minutos
donde nuestra vida,
coqueta,
se desnuda y se viste de hojas,
disuelta con su pestañeo sonriente,
irreverente entre los besos
que le otorgas en regalo
a mis labios sedientos de tu lluvia
cuando el aire juega a ser,
esperándonos entre los sotos,
remolinos sagaces,
remolinos vívidos,
remolinos de piel
de nuestras tinieblas luminosas.
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Besos de verdad (para mi paisa Hodelryn)

no existen besos de mentiras

Esto va de cuando me congelaste las palabras
Con besos de verdad
Fue en aquel primer frente frio
Cuando la escharcha se apodero de la distancia
Pero le hicimos barrera con poemas de calor
Nunca fue tan frio y crudo el Invierno
Ni hubo madrugadas más sangrientas
Que aquellas donde me falto tu verso
Y jugando con el humo del café
Nos tomó la aurora por sorpresa
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