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Espectro nuestro de cada día

Miro el espejo
apareces tras de mí,
volteo, no estás.
En la mesa me pasas el pan,
Te pido otro y estoy solo.
Caminas a mi lado y hablo solo,
dos señoras me observan.
Vives en mi casa,
dueña de los silencios
solidaria y radiante
en la cálida esencia de tu alma.

2003
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Nican Mopohua

(«Nican Mopohua es el nombre del relato en Náhuatl
de las apariciones marianas de la santísima Virgen en México,
bajo la advocación de Guadalupe,
que tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac»)

A tus pies camino con calma
por terreno yerto atravieso
con un soplo de silencio
que abate, hunde
agobia y entristece.
Solo el sol me consume
y voy hacia ti morenita
con la gracia de Dios.
A pedirte por los sufridos
por los enfermos que gimen su dolor
por las parturientas
por los niños y ancianos abandonados
por mis heridas no sanadas
por este corazón doblegado
a las angustias.

Virgencita de Guadalupe
Patrona de México
y señora de los inmigrantes. 
Tus hijos que cruzan las fronteras
huyendo de las manos impías
que descalabran los erarios públicos.
Oh, virgencita de tu fruto hermoso
germinó la más prístina semilla,
el vino que deleita mis cansados labios
el Jesús ungido.
Oh, virgen cuida de los enfermos,
de los desvalidos y de las aves cantoras
de mi árbol de almendro.

El sol sigue destilando mis manos
con un roció perenne
solo tu imagen de Madre buena
de Madre sencilla
me lleva hasta tu tribuna
anfiteatro de plegarias dolientes.

Madrecita celeste y azul destello
mis manos ya te alcanzan
la muchedumbre te abraza
y nada es imposible para ti
hoy tu pueblo te canta las mañanitas
y las guitarras, hilos de acordes
se afinan con armónicos divinos
y los Ángeles corean la gloria,
el Dios salve, la concordia
y la unión entre nosotros.

Madre ya estoy frente a ti
me reconoces en este presente existencial
soy una caverna de huesos y músculos retorcidos.
Soy tu hijo encarnado pecador
con un hambre infinita de fe,
de certeza por tú milagrosa convicción mariana
dulce presencia y amorosa indulgencia
me envuelvo en tu regazo,
en tu asilo sacramentado.

Perpetua y amada señora
reverdece en mi Alma los lirios azules
que desde niño me acompañan,
y que en el cascabelero carrusel de mis andanzas
permanecen en completo olvido.

Madre píntame una sonrisa
dibuja en el pórtico de las cruces
las pacificas olas del mar
que mueven mi velero
que en esta tarde de cielo abierto
es llevado a la cálida orilla.

Tú amor y abrazo fecundo me atrapa
en un regocijante frenesí.
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Rutina

La habitación seguía igual
advirtiese a los recuerdos
por si querían platicar.

Las botellas abrillantasen
el antaño cálido de las luces
en la mesa, en el estante, y yo...

Nostálgico por las reliquias
y los sueños empolvados
en suciedad de verdades.

Que problema es la ausencia
muy amiga de los recuerdos
ambos son testigos del arrebato.

Jamas volvería la luz a ser la misma
ni la mesa, ni el estante, ni yo...
quien se resistía a lo metamórfico.

Pero nuevamente...
la cara opaca de la lluvia
me mostró que no solo era yo.

Ya no me importaba qué
o ¿Por qué?

Era mi pequeño mundo una celda
y yo empezaba a acostumbrarme.
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Me niego

Me niego a que el indómito viento
espolvoree libre mi polen
germinando en tierras lejanas
allí, donde se ciegan mis ojos
negando las caricias de sus pétalos
y la embriaguez en sus fragancias

Me niego a que el verano
se ahogue con las lluvias de otoño
decolorando sus hojas azules
en melancólicos tonos ocres
y no goce la desnudez de mi piel
de sus noches de cálidas lunas

Me niego a que ladrones del tiempo
secuestren sigilosos a mi musa
aquella que llegó por casualidad
cuando el gris coronaba mi testa
y como hada con varita mágica
encendió de colores mis luces
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Amar: un arte infinito

¨ Ella tenía razón. Nunca se veía bonita.
se venía como si fuera arte, y el arte no tiene que verse bonito;
tiene que hacerte sentir algo. ¨

Sentarse a contemplar el perfil de la luna y la elegante mirada que nos entrega
es tomarse una taza de café con la mezcla perfecta entre azúcar y sal.

Hacia una presencia
que se derrama por la ventana de una sonrisa
sentarse a observar la esencia
de una inquietante brisa:
nos hace ver la necesidad de explicar el arte.

Ella tenía razón…el arte
tiene que hacerte sentir algo…
el algo que conlleva a plasmar
con el ojo de Dios
en una plataforma en blanco
la existencia del cálido mensaje
que sus ojos penetran en la frágil arena del alma…

Basta ver caer la lluvia en las calles
de la ciudad para respirar el espíritu
que en su pasado fueron intensos valles.

En voces silenciosas del mito
de aquella tormenta
las letras en conjunto con la música de la noche
permiten hacer arte más que belleza.

Que si ella tiene razón,
claro que la tenía
pues la belleza anestesia la mirada
pero el arte desmalla el lago del verso.

Rezando una tras otra,
el camino andando
conecta a las huellas
en la fragancia de arenas
para como guerrero andante
vigilar el algo para no perder el arte.

Vaya manera de decir: tenías razón…
el arte no tiene que verse bonito;
tiene que hacerte sentir algo…
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Vacío

Hubo un vacío,
un breve silencio
roto por el sonido
de una lágrima al caer...
El vacío se llenó
con un cálido abrazo
y la lágrima exhaló
en el suspiro que un beso
en su frente se posó.
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Fatal hechizo

Si en esta noche accidental ¡Me niegas!
ante la pavorosa y mediática luna
las estrellas en fugaz desvelo
caerán sobre la planicie de tu cuerpo.

Si en esta noche de fatal presagio
y de frugal olvido
los colibrís durmientes y danzantes
entran pisoteando
el listón nocturno
de nuestros corazones sutiles,
rojos y marchitos,
el desván nocturno del cálido lecho
será una fría morada
de añosos recuerdos.
Y la herrumbre de las sábanas
del febril tiempo
se ahogará en el plenilunio
de tus labios
entretenidos e intensos.

Si en esta noche los cerezos
no maduran
es porque tu Amor,
Oh, desvanecido Amor
se habrá perdido en la lontananza
lejos
del nidal de nubes colgantes.

Si en esta noche se prenden los cirios
yo, estaré en mi cubil
pintando de azul
el zócalo frontal
de tu fatal hechizo.
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Tu fuerza

Me arrastra…
su espíritu inquieto.
Esa manera suya de vivir;
y entre sus manos,
el Alma.
Como un Cristo redentor
enfrentando la iniquidad
que gangrena la tierra.
Así,
llevará en cada herida
una cicatriz doliente,
y grabado sobre su piel
el tatuaje de un rostro,
una tragedia, un horror, un imposible...
o un desaliento.
Me arrastra…
como agua que va calando
su noble y conmovedora fuerza;
la que no se desentiende,
y que comprometida se enfanga
y se ensucia y se hiere y se duele...
¡y llora!
frente a tan altos muros;
cuando un dios menor lucha,
por intentar derribarlos.



Publicado en la Asociación Solidaria Cinco Palabras:
cincopalabras.com/2018/12/09/escribe-tu-relato-de-diembre-ii-brigida-d
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Caída libre

I
Van aquí, van allá y también acullá:
en el calor, en el frío y en la lluvia, van.

Con maquillaje, al natural;
con o sin lentes,
contando cuentos que hablan de sueños,
y escribiendo poemas a muñecas semiarticuladas
y a pasados desventurados.

Van pensando rápido,
sacando ideas de un bolso mágico
como el del gato Félix;
o durmiendo bajo el misterio de una palabra:
su alma, su nombre. ¿Van?

II
Lejos, lejos, lejos:
van, van, van,
contando cuentos y escribiendo poemas;
pero van acá
en el corazón del león de hojalata
y melena de paja.

¿Quiénes van?

III
Van, van, van,
en las manitas verdes del jacaranda
y en las de los ficus
y en el viento cálido de mayo.

Van, van, van,
en la distancia
enfrascando miradas,
coleccionando sonrisas
y recortes de enfado.

Van, van, van,
reciclando colores, sonidos,
texturas, aromas y sabores
de Sol, de Luna.

Van, van, van,
en un recuerdo,
en un cuento,
en un poema.

Van, van, van,
en mí, en Todo, en Nada.

¿Quién es Van?
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Ayer entendí lo que te duele ser sensible

Ayer entendí lo que te duele ser sensible,
vi como una lágrima pintaba tu rostro.

Pronuncié tanto tu nombre en sueños,
que estos continuaron más allá de mi descanso.

Estuve tan cerca de tu momento más dulce,
que me sentí como unido a tu propia materia.

Ayer volví a creer en ti. Ayer,
escuchando tu voz como ahogada en el silencio,
encontrando tu belleza bajo tristes lágrimas de protesta,
bajo tu pelo de hermoso azabache nocturno,
tus ojos que brillaban a la luz de tu pesar.
Tú, tan clara, única y sensible en medio de la noche.

Ayer entendí lo que te duele ser sensible,
y te quise de una vez y para siempre,
en una noche cálida, como lo fueron tus manos
de suave y glorioso tacto.

Ayer moviste tanto en mi la vida, que ya no sé qué pensar,
fuiste tan hermosa, que ya no sé dónde mirar
tan inocentes tus labios como para no olvidar.
¡Ya no sé qué decir! ¡Qué escribir!

Ayer entendí lo que te duele ser sensible,
y sin quererlo te fuiste,
y sin esperarlo te quedaste conmigo para siempre.
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Un día me voy a enamorar

Me quitaré el estigma de que no se puede
cambiaré las heridas por caricias
y volaré de la mano ante todos como se debe

El día llegará y probaré del amor sus delicias.
Compartiré mi vida mis temores y anhelos
beberé extasiada entre gemidos y jadeos.

Un día de estos me voy a enamorar
no me dormiré sola nunca mas,
compartiremos vicios y formas de jugar,
conoceré la cálida mirada del amar.

No quiero mas sensaciones vacías
no quiero mas camas compartidas y frías
quiero alma en cada una de mis fantasías,
y amor completo sin prejuicios todos los días.

Un día los “te amo” no serán ajenos
las canciones serán para disfrutar a besos
la vida la beberemos en copas de sueños
y nos acompañaremos en noches de desvelos.

Un día me voy a enamorar... no tengo prisa
pues la vida me enseñó a disfrutar la brisa
a disfrutar la noche y su melancólica calma
y escuchar en silencio las letras de mi alma.


Las letras de mi alma.
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Malos vientos... (A mi hija)

Corren malos vientos en el sur del alma…
Sé tú.
Sé una… pero plural.
Sé única… pero diversa.
No hay solo una idea.
(Pensamiento único que crea rebaño dócil y gregario)
Siéntate despacio y extiende tu falda
de los mil colores.
Abanico hermoso, arco iris grande
de pieles, de sangre caliente,
de ojos, de manos… de lenguas habladas,
de las opiniones y sus convicciones...

Camina despacio y, con mirada franca, extiende tu mano firme y generosa.
Persigue tus sueños desatando el tiempo.
No te quedes inmóvil al lado mirando.
Recorre la senda del largo futuro y, de vez en cuando,
vuelve la mirada.
Revisa el camino de losas pisadas, recio y milenario.
Y con su recuerdo camina de nuevo.
Sobre ese pasado asienta tus pasos.

No te rindas nunca…
Y no te acobardes…
Pisa las fronteras y rompe alambradas.
Y con tu mirada, abraza el inmenso horizonte
que tienes delante;
que se alcen tus brazos en hermosas alas
que vuelen al aire.
Porque el aire no tiene fronteras…
Porque no hay fronteras en el aire…
“Porque el aire es de todos
y no es de nadie,
de nadie,
de nadie…”

Recuerda ese lema que llevas grabado en la alta meseta
de tu espalda blanca.
Elegantes trazos de una lengua clásica: (Ελεύθερο πνεύμα) "Espíritu Libre”
Que tu boca se llene de ese enorme LIBRE.
Aunque sea difícil,
aunque tengas que escalar montañas,
aunque calles al viento para pronunciarlo.

Cierra tus oídos al bronco rugido
de oscuros oráculos,
de pseudoprofetas ungidos por los viejos dioses
de la intolerancia.
Adalides falsos
que conducen las negras ovejas al redil infausto.

En el sur del alma… corren malos vientos.

Para combatirlos, usa la palabra. La palabra limpia, la clara palabra.
Píntate la cara de bella sonrisa, de sonrisa amplia.
(Las anchas sonrisas que ganan batallas.)
Y abre tus ventanas al aire del norte.
Que la fresca brisa barra tus estancias.
Que el cálido sol dore tu mirada.

Y, en algún cajón, entre tus ropajes, dos camisas nuevas,
blanca de la paz, verde de esperanza.
(Sin bordados hirientes que pinchen el alma…)

Corren malos vientos…
Abrígate el corazón y camina. Sueña con el alba.

María Prieto Sánchez
Diciembre 2018

Pintura: "Figura en la ventana", Salvador Dalí
(Los versos entrecomillados pertenecen al hermoso poema "Nocturno sin patria" de Jorge Debravo.
"Que el aire no es de nadie, nadie, nadie... y todos tienen su parcela de aire")
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En un puñado de estrellas

Te ocultas de un juicio sumario
de las burlas sin sentido
del llamando a la muerte
de las pérdidas desgarradas sin amor.

Prefieres vivir en una sonrisa
en algo que te cueste fervor,
eres demasiada agitación como para vivir
de palabras sueltas en una jaula de oro.

Aprendiste conmigo a leer poesía
gritando y diluyendo silencios,
inventando cada momento
aún sabiendo que a nadie le importa.

Eres un aprendiz de ser feliz,
cuarenta años en camuflaje constante
desarmando el cinismo
con la senectud de los pensamientos únicos.

Eres una alegoría en su propio estigma,
lacerando disitudes
hasta lograr agradar a la perfección que no existe,
artilugio que sobrevive con un hermoso ramo de flores.

Todo lo quieres solucionar con amor
con una caricia simbólica
con la esperanza de encontrar la verdad
en el suspenso nervioso de sentir intriga.

Soy feliz
a pesar del ruido insano del desánimo
no les tengo miedo, lo vendí al conformismo
antes de que se me acabarán todaslas palabras.

Voces ocultas de una osadía exaltada
por tanto zarandeo sin control,
prudente y distante
tratando de vender melancolías baratas.

Nadie me dijo
que la enseñanza apenas empieza,
ensaya conmigo
en un crisol de galaxias amadas.

Ámame tal como soy,
yo te estaré esperando
con un puñado de estrellas lejanas
y un abrazo cálido de sol.

El mute
04/12/2018.
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Jardín de versos

En el jardín de versos
se siembran las palabras
con el abono de las pasiones
y el riego incesante de la vida

Brotan multitud de flores
a cual más espectacular
que desprenden caricias de pétalos
aromas que calan las pieles
con la desnudez de sus talles

Y sobresalen altivas rosas
en el pedestal de los altares
que derraman sus fragancias
con el exclusivo perfume de reinas

Aún hay otras, la mayoría
como jazmines, hortensias o tulipanes
que brillan con sol propio
armonizando a la vez el vergel
y regalan sus oídos a las sensibles campanillas
a las margaritas de los enamorados
o las indómitas amapolas
aquellas que crecen en el último rincón
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Busqueda

Las calles están impregnadas de ti
son tus olores náufragos
que deambulan noctámbulos
por los rincones fríos de la ciudad.
Aun de mañana,
estoy fatigado
en la incansable búsqueda de tu rostro,
imperceptible,
camuflado en otros rostros
gélidos, pétreos, inertes
libres de tu cálida mirada
…ya mi marcha desfalleciente claudica
en la paz serena de una copa rubia.

Noviembre, 16. 1994
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Pisadas en el tejado

Será cómo suenan sus pisadas
en el tejado,
o cómo me saluda por la ventana,
a deshora.

No sé qué tendrá la lluvia
que me ha calado.
No sé qué será,
pero enamora.
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Sabrán mis noches

Quise leer la poesía de tus ojos

Encontrar el secreto de tu traviesa mirada,

Pero el miedo contrajo mis intenciones

Y no tuve más remedio que huir.

Soy cobarde, lo acepto

Pero he soñado con tus cálidos besos

Mientras la tierra se abre

Y absorbe la furia de mis entrañas.

He imaginado unir las constelaciones

De tu piel,

Recorrer tus puntos débiles

Amar tu cuerpo, amar tu alma…

Sabrán mis noches

Lo que mi boca calla y mi mente me delata

Sabrán de ti, de mí, de nosotros

Mas no hablarán, porque mis noches

Son como las tumbas,

Hablas con ellas, pero no hay respuesta alguna.
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Y cerré la puerta

Y cerré la puerta…
Y en un bolsillo,
silenciosamente,
deslicé la llave…
Y en el otro, un reguero gris
de lágrimas amargas.

Como aquellos judíos
expulsados de Toledo,
me llevé la llave.
Aquella llave hermosa,
aquella llave grande,
de las que ya no existen,
de las que ya no abren
ni el refugio, ni el hogar,
ni la cálida morada.

Quedó desierta la casa
fría, inerte, silenciosa…
Y en el hermoso balcón
una flor abandonada.

Con agrio desasosiego
corrí senderos ajenos
y sin volver la mirada
perseguí la incertidumbre.
Emprendí un camino largo
arrastrando la nostalgia
con su peso en el bolsillo
y el alma desconsolada.

En mi hatillo de recuerdos
me llevaba…
las vidas que se vivieron,
los sonidos, los colores,
los aromas de la tierra,
la alegría de mi infancia.
……………………………
(El tiempo, inclemente, pasa.
Recuerdo y olvido arrastra.)
…………………………..
Desandaré los caminos
desterrando la añoranza.
Y con la mirada nueva,
entre los pliegues del sueño,
confinaré mis temores
y atraparé mis recuerdos.
Y con la llave del alma…
regresaré a mi pasado
hacia el caer de la tarde.

(A los que regresaron y a los que no pudieron nunca regresar.)
María Prieto Sánchez
Octubre 2018
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Acisnado Deletrear

Acisnado Deletrear

Sólo
Entienden las pupilas grises
De abundante materia acompañadas
Porqué...
Enojado el cisne yace olvidado
¡Qué en un rincón encala blanco el huerto!
En la espesura hierba seca
Clara esponja sin almohada
¡Devorado por viejas rimas!
La luz del ayer enterrado.

Ahogando al sol sombrillas
Del paragüero, en el ayer del lecho
Dónde son, siempre, los risueños castos henos
¡Aquí viéndolos!___Del cuello al rabo
En las tintas inquieta palidez
Ayer enterrado y mañana tal vez de nuevo
¡Con hilos dibuje su loto!
¡Qué la elocuencia del hambre!
Embellece
Donde...

¡El más pequeño sueño anida!
¡Bien qué nadan en la nada está mal!
¡Bien qué se hinchan símiles frutales!
En la caída insensata lluvia
Exclusiva
Con hielos virtuosos dibuja el cisne fuego
....Aún olvidado, enojado, yace...
De seca hierba en viejas rimas, desnuda,
Por la redondez profundo vaso
¡Reviviendo en su palidez inquieta!.

Y dibuja, su lluvia, dibuja...
¡Embruja!____ El cisne letra pétrea cálida
Acorralando al progreso sus alas
Bebiendo al comedor almíbar de manzanas
Naturales compartires
¡Oh, simultáneos lagos multiplicándose!
Intérpretes del subterráneo
Aún adolorido al destajo de la ceniza
¡De algún modo incólume!
El cuello ancestral al alba.

....Lo qué a solas lento y aprisa cuento....
Acisnado deletrear de libro viejo
Entre la sombra ebria brilla
Porqué...
Del humo al hueso nada quedo
Del agua triste y amarilla
La paja arde al aparecer desembarcando
¡Pluma a pluma su viejo olvido!
Deletreados
Los risueños castos henos.

...Lagos frutales robles quimicares...
¡Qué se hinchan humedades!
Retornando inquietos
Cuantos cisnes anidados en viejas rimas
Pero...Pero...
Cuando___Se ___Arriman ___Al volcán
Las faldas frías la nieve encienden
Y...
Las relecturas...
Verduras___Lechugas.

Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Joel Fortunato Reyes Pérez.
Publicado en e-Stories.org el 01.11.2012.
Autor Del texto y la imagen.
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