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Senryu

Cargo un recuerdo
bordado de momentos
en los latidos...

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Senryu
Transmisor d Sinestesias©
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2comentarios 36 lecturas japonesa karma: 90

Acogida a tu corazón

Acogida a tu corazón…
Mis pensamientos están agotados, solo hay espacio en mi memoria para tu ausencia…
Ausencia quebradiza, que resbalándose por mi rostro marca una silueta de desesperación…
Te tengo, te tengo tan cerca que me atrapas con la frialdad de tus caricias…
Acogida en tu corazón, quedando latente por tu respiración…
La agonía de mi espíritu, se asoma de nuevo, dejando huellas marcadas en tu espejo…
Me da miedo la perdida de lo infinito que dentro de mí se hospeda, ya que el tiempo corta mi cuerpo parándose en un presente perdido por su inexistencia…
Después de haber vivido lo nuestro, unida a ti me quedo…
Se perdió lo imposible y se apeara el pasado de la nada…
Lluvia, noche perfecta, tratando de definir tu silueta en un cielo cargado de estrellas…
Frialdad en las sombras que rodean mi espacio vital, agarrándome a la depresión de tu pérdida como marinero a su timón…
Balanceo de situaciones y laberinto de confusiones, mis ojos cerrados visualizan todo esto agarrándome a tu hilo de llanto…
Desafinado queda el palpitar de mi alma, que con guitarra en mano marco tu esencia con el caminar y con tus cansados pasos…
Reluce el brillo en tus ojos, y abrillanta mi rostro, llenándolo de una luz tan bonita como extravagante es tu figura…
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Te he esperado delirio febril...

Te he esperado en esta cama desolada,
cargado de fiebre alta y sin colirio,
permanezco en completo delirio,
como lo hace el sol en cada brazada.

Y la lluvia juntando su disfonía,
brota de su manantial el gélido frío,
peregrina del sur austral vela mi río,
me pregunto ¿llegaras a hacer mía?.

En mi angustia tomo la brújula como guía,
brújula y mar en tiempo de olvido,
en tu boca de mar muere mi agonía.

Tus besos son la razón de mí existir,
en cada gesto y amor que tengo oculto,
mi ardor, mi anhelo y todo mi devenir.

Soneto polimétrico
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El silencio de todos

...

Han pasado tres días

- Eres la primera y anterior de todas mis lágrimas esparcidas, le dijo
La aspereza del día le impidió seguir. El sueño comenzó a matarlos a todos y
sin querer participar se halló herido, entonces llegó la multitud.

Comenzó a murmurar extrañas palabras y deseos varios.
Se paro de seco en la mitad del puente. Cada noche deseaba que volviera este sueño. Todo listo
- Es mi muerte y eso es audible

Un hombre de talla alta y delgado era el encargado de matarlo
- !Lo sabía¡
El puñal había entrado hasta el pecho, atravesando la camisa y las botas.
- Es el mejor error que he cometido, se dijo.

Por un instante se quedó solo.
- Me dolió el tú cargado de armas y en soledad, le dijo
Disparó y fue tras su sangre.

Crecía el dolor y el final, ese final por poder salir.
- Quizá este gusto trágico que tengo me anime a lanzarme al ruedo,
tengo ya mis marcas fuertemente macizas en el suelo.
- Soy un hombre que por lo demás jamás he marchado a la noche.

Serían las cuatro cuando sonaron
las campanas de la iglesia anunciando la misa de despedida.

- Este hombre se quedará sin su muerte, argumentó.
Por última vez miró de reojo ese cielo inerte, sabia de no volver.
- Esta muerte no me pertenece, es de alguien más, es de todos.

Corrió hasta el árbol más cercano, vomitó, subió por las ramas.
A cada huida más arriba tropezaba con el peso de un muerto entre sus manos.
Era él

La casa estaba tan vacía y silenciosa que nadie se atrevió a entrar
- !Me han matado¡
El corte era preciso y directo, costaba creer que era un estudiante de comunicación.

Se encerró en la tibia penumbra de un confesionario
recordando lo que había hecho la noche anterior en ese mismo espacio

- Conozco bien este Mundo. De vez en cuando
hay que quitarle cierta movilidad a las gentes.

Dijo eso y se marchó palpándose el cuello.
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Con el soberbio soborno... (Neosurrealista)

CON EL SOBERBIO SOBORNO
(((Neosurrealista)))

Pasando por él la tierra inmóvil, ve como la calle por el sol muere
olvidando marcar, las sombras a su paso, donde el agua se evapora,
y una manzana ríe de pena, al caminar una escoba y renovarse las hojas
con que me abrigo,en periódicos agrios,
y te abrigo con la última nieve del fuego.

Pues es dado que cae, cargado, de cielo en cielo,
el país de encuentros en su pólvora,
y el país bajo cualquier volcán sin sueño,
convertido, a veces,
en el silencio de la piedra, en el grito de un algodón,
pues no hay salida fuera de sí mismo,
ni zapatos en la estufa,
es un hotel costero, de botes con botas abandonado.

Donde todas las puertas se hacen hilos y nos llevan hasta el mar,
atrapado en la punta de un cabello, sin caballo,
en el primer peine del vidrio.
Y se merma así el caudal, en la máquina de vapor envuelto en dulces,
memorias debajo del olvido de un escarabajo,
que viene a reponer al hombre en su trabajo, arenas movedizas,
aceite y navajas, días y noches, por el forro de los nimbos.

Ya cada cantar, es torre de Babel, en la piel de las orugas,
al perderse en línea recta, el especial triángulo del durazno en su almíbar.
Y en la que busco, una carreta, una pluma de pescado, en calcetines.

Sólo encontraré al bosque entero, ya lo sé,
con la sangre del tiempo,
y el pulso hecho teléfonos inquietos,
que devoran las ingenuidades con gusto,
y el latido secreto del cerebro,
en los sótanos con su fuerza.

Los gusanos se hacen árboles de la noche a la mañana,
y los libros perecen de ansia después de las letras,
escondidas en la tormenta.
Debo estar sana de pies a cabeza, dice la mano en el techo,
donde una paloma está en huelga,
por tener dorados rayos en la sangre,
y una violeta en la puerta tras la puerta,
donde la gasolina es más barata, con la que enroca
un humilde rey marmóreo, de vidrio silencioso,
que quiere terminar, sin polvo, ni sales,
entre los talones del juego,
de lo que reposa o se alza.

El hilo de luz sólida, crea una transparencia en la lejanía,
en la mano que hace alrededor del cuerpo nueces,
y estremecido, el soldadito,
ahora oigo duro en el nuevo patio.
Allá donde el descenso de la rueda termina,
y desteje a los sueños el vestido del segundo,
que hace a los minutos en un año.

La luz se hace y forja con estruendo la realidad, seca,
con hambre y frío,
y descubre de pronto que la fiesta,
está haciendo gestos a las almohadas.

Era casi imposible a las palabras de aquel día,
callarlas con las ventanas cerradas,
y el timbre en el vientre de una tortuga, pues
grabaste en unas hojas, a los ojos que te fecundaron,
y se fueron ciegos al río de frente.
Con la única camisa, por la noche, recomendando al camión,
cada hombre bueno, en las esquinas,
del último armadillo sin pintar.

¡Que queda, se ve la rapidez en las pantallas!.
Tanto, que te hace llorar hasta el fondo, en un dedo de ignorancia,
que crucificó al respeto con la primera arcilla,
que le sacó la lengua, y la inteligencia le secó el saco,
por estar la coliflor esperando ser clavel.
Nadie puede un río imaginar, con el trampolín,
entre las uñas sucias,
a dos seres tan frágiles,
con la mente de un ladrillo,
con el fulgor que había, como una hebra invisible,
en la hembra de un deseo capilar,
que quiere sentir varios centímetros de felicidad,
en el metal que deja calvo al yeso, y nada sabe,
del bastón por el mango entre ciruelas,
porque la cereza confunde con el membrillo,
y una pera hace al nogal con su tela.

De no tener más freno que la muerte,
el cuervo volará con las ranas.
Por ser tan raramente humano, como para decir,
claramente que es ahí donde hay mil contracciones,
en menos que canta un gallo,
y donde poner los ojos, adornando las rodillas,
para no perder el rumbo, y las distancias sean menos espesas,
cuando se moja bajo la lluvia, un litro de leche tibia.
Ni cuando, se convierte el carbón en diamante blando,
en una brizna de hierba seca,
quemada por el sol, en las calles,
al encontrarse hechicero,
tanto la sábana como el sudor del aliento.
Así alondrare los días, el busto que viene y se va péndulo.
Pues las leyendas que escuchaste, son verdades que
sollozan por la razón perdida, de las pastillas de plastilina.

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Alle Rechte an diesem Beitrag liegen beim Autoren.
Der Beitrag wurde auf e-Stories.org vom Autor eingeschickt Joel Fortunato Reyes Pérez.
Veröffentlicht auf e-Stories.org am 07.12.2018
Autor: Del texto y la imagen
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Apocalipshit

No importa lo que hagas
El mundo se acaba
No lo dicen las malas lenguas
Ni un loco con sotana
No hace falta otra cosa mas que mirar por la ventana
Para ser testigo del final
Cada fúnebre mañana
Somos victimas o participes del mal
Hay miles de activistas
Sumidos en sus sillones
Hablando de guerra en Siria
Y de muertes de millones
Y al preguntarles sobre todas las muertas en Ecatepec
Ellos obviamente no saben que responder
Ya que no les importan estas muertes
Porque no sienten que sean relevantes en sus redes
Hipócritamente, ellos sienten que hacen la diferencia
Porque a los extranjeros les hace falta su sabiduría
Llenándose la boca con su pseudo conciencia
Con la que se visten día con día
Y como no estar indignados?
Si la muerte en todos lados sigue siendo triste
Mas se siguen proclamando ciegos
Al fingir que no ven a esos pobres niños vendiendo chicles
La muerte nos rodea
La violencia es nuestro pan diario
Sin ser otra cosa que fea
Pero sin dejar de ser parte de nuestro vocabulario
Y solo nos acercamos lentamente a nuestra muerte
Apoyando a políticos que sueñan con ser nuestros dictadores
Adorando a quien sueña con simplemente callarte
Por hablar de la pluralidad de voces
Si quieres proclamarte inconforme
Probablemente te metan a una cajuela
Alimentando a un pueblo que solo teme
A sus gobernantes que solo restriegan sus libertades contra su suela
Pide a gritos un alivio a tu sufrimiento
Rezando al dios de tu preferencia
Para que le ponga fin a este tormento
Bañando en fuego a los culpables de tu dolencia
No quedará nada en pie
Porque todos somos culpables de esto
Mientras el diablo se ríe
Sin parar en este momento
Al ver que el padre nuestro que está en el cielo
Nunca bajará a darse un paseo
Por este mundo tan frío como el hielo
Que sin pensar el mismo creó
Al final el mundo se acaba y no nos quedará nada
Y como solución estamos buscando un nuevo planeta
Para dejar que a esta tierra se la cargue la chingada
Como lo ha predicho ya cualquier profeta
Solo nos queda seguir soñando
Porque cada señal se haga menos evidente
Que la muerte al fin se vaya de nuestro lado
Y que ya no sea necesario seguir apretando los dientes…
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Van a venir...

Van a venir nuevos días cargados de ilusiones
y también de miedos y recuerdos.
No será fácil el camino
y debes ser consciente de ello.

Van a volver momentos llenos de tentaciones
por abandonar esta empresa
y regresar al mundo del pasado del que huyes.

Van a dar las dos de la mañana
y buscarás, inútilmente,
el sueño que no llega,
escucharás el reloj dando las horas
y quizás, te desesperes por la vigilia.

Vas a estar solo en ese instante
y es, seguro, de que maldecirás
aquello que te propones…

Pero debes intentarlo.
Si no luchas no hay victoria.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/11/18
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Aquella oscura y fría noche

Llegó fastuoso, inesperado, sin avisar.
Como equipaje una maleta cargada de hielo
que dejó silencioso en la única habitación con chimenea
de aquella pequeña casa poco acostumbrada a recibir visitas.
Se instaló cómodamente, dispuesto a ofrecer su frío abrazo, a todo aquello que emanase algo de calor.
Las ingenuas brasas siguieron chisporroteando hasta percibir su aliento.
Callaron… y todo cayó por su ajeno peso.
Nadie le llamó pero apareció en la noche más oscura.
Y la oscuridad que habitaba en esa casa se convirtió en su más fiel compañera.
Cogidos de la mano, recorrieron cada una de las estancias de la casa,
Y decidieron que ése sería su lugar.
Un lugar triste y helado… un hogar.
Nunca temieron al verano, ni percibieron la primavera, el otoño era un bufón que acogían una vez al año por pura diversión.

Los vecinos del pueblo desviaban su camino para no pasar cerca de la casa por miedo a congelarse.

Nadie supo nunca cómo ocurrió, pero sí recuerdan aquella oscura y fría noche en la que el invierno llegó para quedarse.

Susana Pamies Salinas
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"La Heroína"

Ella, no necesitaba capa, ni poderes especiales, solo sus pensamientos la conducían por los más remotos, recónditos e intrincados senderos de la vida, sin descuidar a su entrañable descendencia, asida a ella como ramas al árbol.

Desde que abrió los ojos al mundo, no conoció otra cosa que amarguras, aún sin saber pronunciar palabras…. Las que escuchaba, eran tan feas que le herían sus tiernos oídos y quienes las decían asustaban al mostrar sus endurecidos rostros. Así aprendió a pensar, antes que a hablar. Y se preguntaba una y mil veces: — ¿por qué?...—con el pensamiento, mientras miraba a quiénes debían amarla y protegerla, que adivinándolos le respondían con maltratos físicos y verbales. Así creció, entre golpes, lágrimas y suspiros esperanzadores. Los martirios sufridos, en silencio le endurecieron la piel como coraza; pero dentro del pecho, su corazón latía sensible y bello como rosa nacida en el pantano.

Fueron muchos sus sueños, pero más los desengaños. Confiaba en el prójimo, pero éste le cerraba las puertas y ventanas de forma denigrante y cargada de desprecio. Y se preguntaba: — ¿Por qué el Mundo es así? —Pero sin encontrar respuesta.

La grandeza de su humildad la fortalecía ante las vicisitudes de la vida. Y desbrozaba…, a fuerza de voluntad y pensamiento todos los escollos que se le interponían. << ¡Sobrevivir y adelante! >> Eran sus mejores consignas.

Como gallina de clase que tras aovar y sacar sus pollos les da calor y abrigo bajo sus tiernas alas, les enseña a andar y que alimentos llevar a sus picos…; Así, está mujer carente de conocimientos básicos, analfabeta, pero licenciada en escuelas de sacrificio, ha conducido a su prole por los avatares de su derrotero, garantizándoles alimentos, educación, prestigio y guiándolos por los caminos del bien.

¡Por eso, mis hermanos y yo la queremos tanto!

—FIN—





Clementina Bravo Rivera
Cleme_Eternamente
23 de septiembre de 2018
Arica - Chile.
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Afuera llueve intensamente

Afuera llueve intensamente, aquí yo y mi café,
solo miro caer las gotas, y la oscuridad se aleja.
Las mariposas azules que poblaban mi estomago
escaparon, ahora viven en mi mente, silenciosas…
…reciben clases de razón y a veces se asoman,
sigilosas a mis ojos.

Afuera llueve intensamente,
hoy no quiero sonreír, solo un café amargo,
y mirar las gotas caer en mi mar sin olas,
donde solo se escucha el llanto de las caracolas,
y el batir de rocas cayendo al fondo roto, con su carga
de silencios, que producen un eco sordo.

Afuera llueve intensamente, y yo,
me sumerjo en los recuerdos, donde mora,
punzante tu cielo, veo el despertar de tus palmas,
mecidas en un adiós, y callo…
…es tan devastadora la ausencia,
que, hasta el roce leve del agua, raspa la piel,
y hace brotar un eco silente.

La lluvia cae intensamente,
desbordando, anegando todo,
callando la oscuridad,
esa que domina cada respirar, cada sueño,
cada intento de pensar,
llenándolo todo, de silencios que gritan,
sofocando gargantas presas, de silencios atrapadas.

Seco la lluvia de mi cara, y logro una sonrisa,
ahora soy libre, aunque vivas para siempre
enroscada en mí, dueña de mí, ya puedo hacer olas,
aunque el mar sea prestado,
y el eco de tu silencio duela tanto…


…isla mía, duele mucho,
pero creo que un día ya no seré tuya,
aunque siempre sigas siendo mía,
caminaré por el mundo, sonriendo libre,
pensamientos sueltos, vibrante el alma.
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Cualquier día

Llega un día
que no sientes
los arañazos del alma,

se difuminan en gris
las huellas del recuerdo
y se aligera la carga.

Llega un día
que no lloras,
ni se hace dolor el pecho.

Llega un día
que aun estando,
das un suspiro
y te marchas…
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sin comentarios 70 lecturas versolibre karma: 113

Mil destellos

Ya se va notando

la iluminación

de todas las calles

de nuestra Madrid.

Luz blanca y azul,

lucecitas miles

bailan a mi son

y al son de los sones

de todos los grandes

rojos corazones.

El ambiente se descarga

de las mil y una tensiones;

y se carga de las ganas

de brillar, e iluminar

a todos los que conocen.

Así, el polvo mágico

de los mil colores

refleja el brillo

de los brillantes humores,

que cuando asoman estas fechas

suelen reducirse

a miles de preciosos olores.

Hijos, Madres, Padres,

Abuelos, Primos, Sobrinos,

Tíos, Cuñados, Suegros,

Parejas y montones

de distintas relaciones,

cercanas o no, se reúnen

a la mesa de los millones.

Los millones de miles de recuerdos,

conversaciones,

villancicos y canciones

de todo tipo. Para gustos los sabores.

Turrones y compras,

mazapanes, polvorones,

y calientes platos de mil años

de tradiciones.

Claro, y amigos invisibles,

calcetines y regalos,

en forma física,

etérea o de abrazo.

En definitiva,

mis fiestas preferidas

por miles de razones;

Miles de emociones

y miles de destellos.
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Algunos días no amanece

Desarraigo en los zapatos trashumantes.
Un camino cargado de pisadas,
un destierro por destino.
Me fui del corazón propio
para echar raíces en el tuyo.

(No enraízo ni en la sombra que proyectas).

En tierra de nadie,
baldía de vida ,
vacía de esperanza.
Encogida la carne y empuñado el miedo.

(No me quiero cuando no lo siento).

Y le tejo una bufanda a la sonrisa
por ver si recobra el color.
Algunos días no amanece
y yo entonces ni despierto.
Congelada la brisa
la mariposa plegó alas y negó el vuelo.

Y me siento a esperar a que pase este silencio
y recobre el sonido, el traqueteo de unos zapatos viejos.







Hortensia Márquez




Imagen sacada de Internet
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La bestia de ojos negros...

En un país del sur cargado de aromas de azul tierno
se rebelan las lluvias en los cobertizos del campo
y en las jaulas primitivas del silencio abrumador.

La bestia de ojos negros irrumpió
sofocando la siembra del enredado bosque;
crecido a espaldas del majestuoso cerró.

La crisálida luna contempló la galera de sueños
y atrajo a inmigrantes de todos los confines
alumbrados por la aceitosa bestia;
humo negro desprendía su aliento.

En la enramada de la noche
Los músculos de fibras retorcidas
prendían fuego sobre las bisagras
de los inmensos balancines y taladros.

La bestia de ojos negros con calor sofocante
desde el profundo suelo se abrió paso…
Un vestigio de su voz sacudió la estancia
alborotando el vuelo de las torcazas.

La naturaleza moldeó su envoltura de roca ígnea,
la negritud de sus ojos salpicó el suelo arenoso
y se clavó en el espinal del cerro fértil.
Petróleo, Oil y Mene te llamaron.
.
Los árboles que te abrigaron por siglos eternos
callaron sorprendidos al ver el estruendo.
El fuego ardiente cubrió la bóveda celeste
fue un parto con mucho dolor…
Venezuela se montaba
sobre un polvorín de oro puro.
¿Para bien o mal ??
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Descripción de su elección

No me pregunten qué me enamoró si no tengo idea como llegó. No me hagan cuestionamientos absurdos sobre cómo terminará todo.
Ella me causa pánico para ser realistas, no de ese que te dan ganas de huir, todo lo contrario ella me causa intriga. Me hace ir día tras día hacia sus recónditos sentires. Les confieso que mí antorcha es su sonrisa. No le cuenten que me cautivó desde el instante mismo que se lanzó. Y no me da el más mínimo remordimiento decir que ella se lanzó. Porque el ciego era yo.
Les estoy confesando casi nada. Porque la única que me encanta que me lea no es solo ella si no la experiencia que carga como adornos en su cuello y colgadas en sus orejas como aretes. Puede ser que las musas estén en extinción. Y tal vez ella no lo sea pero es la dinamita de toda esta incógnita que es vivir junto a ella.
No sé si hago poesía o solo rima o tal vez es solo un intento de imitar la literatura que me roba la atención. Pero seguro estoy que ella tiene un abecedario guindado entre sus pechos, un diccionario entre abierto entre las piernas y un esferografico atado a cada lado de su comisura labial.
Ella es un siglo, un instante y una añoranza diaria de mis días.
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El Señor de los Cerros

A Nino Urbina, mi padre. In Memoriam

Hace un año que el "Señor de los cerros",
amo absoluto del aprecio de la gente pura y sincera del recóndito ande boconés,
partió en su último viaje,
en una carrera hacia la eternidad,
cargado con sus maletas repletas de amor y humildad
y la conciencia de saberse "el hombre bueno".
"El Señor de los Cerros" hoy deambula por los confines del cielo,
haciendo quien sabe cuántas veces el Camino de Santiago,
acompañado por sus amigos de siempre,
entonando añejas rancheras aprendidas en sus cuitas de los años mozos,
y transcurriendo el tiempo,
en un dialogo perenne en su colorida esquina
taciturna y bullanguera a la vez,
y con los bolsillos atiborrados de monedas de chocolate
de esas que dibujaron sonrisas en los nietos amados,
las mismas de cada cuento hilvanado en la remota infancia.
Nino, caballero andante,
padre solidario y hombre sensible,
consecuente labriego de la amistad,
se reúne a diario con Dios
pidiendo protección y bendiciones
que nos caen como lluvia sagrada.

09 de abril de 2016
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Poesía

No te calles poesía
Que sus pies
Haces bailar.

Con el color de mi tinta
Estrellas
Podría pintar.

Aún tu historia
Imprime novedad
Rebuscando glorias admirar.

Se carbonizan ideas
Porque nadie
Se atreve a tu vida dejar.

No te vayas poesía,
¡Por favor!
Todavía no te lo cuento todo.

Siéntate y dame tu abrigo
Yo te sirvo el vino
Tú enciende el porro.

De las mejillas rojas
Las historias heladas
Haciendo de tus latidos un acto.


La casa helada y descalza
Gritó tu amor por mí
Y de adolescente te besó.

Siempre tengo ganas
De ti
Poesía.

La gente en las calles
En su espalda cargan
Tus dolores poesía.

Delirio abstemio
Resurgen sudores perdidos
Amo tu perfume cuando estallas poesía.

En algún momento
Me sentí bien
Y no estuviste ahí para contártelo.

Los tordos adornan el otoño
Se lleva el frío el renacer
Raíces fuertes escuchamos al amanecer.

Pasaron los letargos
Lentos como costumbre
Desconocida sombra no arrullaba el placer.


¿Te estoy aburriendo poesía?
Necesitas mear,
Anda que pongo agua para un café calentar.

Tu vorágine
Me acerca
Un poco al amor.

Te fui infiel, lo sé,
Pero ¿acaso no nos sirvió?
Solo a ti te llevo en este calor.

Mientras con otras fornicaba
Eras tú quien historias anotaba
Con la humedad íntima engañando a su pudor.

Ya se hizo tarde
Y esta vez yo gané,
Quédate a dormir poesía
Que yo al alba te besaré.

Susurro a tu oído (Tú preocúpate de no dejarme que yo rendiré)
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Me sentía...

Me sentía renacer entre la bruma
aunque, a veces,
parecía que la luz se disipaba
y veía la ternura de la vida.

Me sentía encadenado, entre el pasado y el presente,
y sufría, soportando,
esa carga tan pesada.

Me sentía agarrotado, por el peso del recuerdo,
por las garras que robaban mis latidos,
y lograban que mis pasos se pararan.

Me sentía, en otros ratos,
como el niño que despierta,
como el hombre que camina por el parque,
como el joven que musita unas palabras
mientras busca en el futuro, tan cercano,
la respuesta y la verdad a sus problemas.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/11/18
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Rompe la mar en olas bien chiquititas

La luna, mordaz y valiente
no se compara con el cielo,
ni con el sol 
pero si con tus ojos de mar
que hace tiempo 
ya no me miran.

Luna llena y cargada de aromas
tráele a mí amada
un poco de alegría,
que lo amargo de la vida
no se arremoline
en la espesura
de un llanto triste.

Mi amada
perdió su linterna
su nostalgia
no es de primavera.
Mucho menos de solas estancia.
En esta soledad,
luna mía interfiere
y cambia su desconsuelo
y que la negra noche no la alcance.

Rompe la mar
en olas bien chiquititas.
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