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Palangre

Mossega la pera,
mossega i espera que plori
pluja de por plena.
Omple't el pit de pols
i polsa les punxes de les portes
on penses penjar les preguntes
que no pertanyen ni pertoquen.

I pansides i putrefactes
ploraneres de panteó
porten pa de palangre
i porten pebre.
I pensen que poden
i potser pensen
i potser poden.

I per ser
i per pensar
per si mateixes,
per si de cas,
empenyeré el pany
perquè, potser,
plogui demà.
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Miraba tu vuelo...

Miraba tu vuelo
pequeña gaviota,
las alas tan grises
ya van revoltosas,
y abajo, en la playa,
estaba la costa,
con altos peñascos
y riscos de alfombra,
y en ella, tu nido
te espera cual forma
con paja y con ramas
cubiertas de sombra,
y llegas altiva,
casada a tu fonda,
tu nido de plata,
gaviota mimosa...

Miraba los mares
y en ellos las olas
del agua tan verde
y azules por zonas,
y fue en ese instante
que vi las alfombras
debajo del cielo
mostrando sus formas,
y vi muchos sueños
sin orden de tropas,
viniendo a mi lado
de forma ladrona,
y así me llegaron
claveles y rosas,
y eternas caricias
y besos sin bocas...

"...Miraba la luna
gallarda y hermosa,
al hombre y marino
remando en su boga..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/10/18
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La eternidad en tu mirada...

Miro el reloj... 14:28... dos minutos de sobra antes de llegar puntual a nuestra cita, y cómo no hacerlo si yo siempre deseo robarle los nanosegundos al tiempo para poder estar un instante, sólo un pequeño instante más contigo. Lo que pasa es que contigo todo es atemporal, eres lo que en Física se conoce como "singularidad", contigo las reglas del tiempo-espació no se cumplen, pero así eres tú, las reglas no concuerdan contigo, eres un ser que va creando mundos a su paso y esos universos se van sumando a uno mayor hasta conformar el mío, donde yo existo, y soy... porque estoy contigo.

Por fin 14:30... toco el timbre de tu casa y a lo lejos, como si en la cima de una montaña te encontraras, escucho tu voz acogedora que desde ese punto geométrico desconocido lanza una promesa de felicidad con un simple "Ya voy". "Ya vienes"... pienso... y esa espera se vuelve un mundo de posibilidades. Decía la abuela "la espera desespera", y como siempre tenía razón, sin embargo, contigo mi amada "singularidad" eso a veces no aplicaba, si bien mis ansias de tenerte cerca crecían exponencialmente con el saber que estaba a unos segundos de verte, también se volvían material de novela, cuento o relato... llámale como quieras... me imaginaba tu rostro al espejo retocando los últimos (pero más importantes) detalles del maquillaje, mirando tu vestido por diversos ángulos, todo con prisa pero con su respectivo tiempo. El correr por las escaleras con ese tic tac de los tacones, el grito de "Mamá ya me voy" que te toma exactamente 1.66 segundos, la respuesta de tu madre "Sí, está bien, no llegues tarde" que dura 3.10 segundos... la última mirada rápida en el espejo pequeño de la sala y por fin las puertas de mi propio paraíso que se abren, con esa luz del fondo que entra por el jardín brindando una atmósfera celestial a la aparición de mi propio ángel de la guarda.

Te admiro de pies a cabeza, no porque te esté analizando ni mucho menos, sino porque es tu mirada lo último que me gusta ver en ti, la cereza del pastel, el último chocolate de la caja, la última nuez acaramelada de la bolsa... miro tus zapatos lindos, tu vestido rojo ceñido a una delgada figura, el pecho erguido y los hombros relajados, el cuello largo... y tu sonrisa en rojo carmín... y es ahí donde se genera mi propio Big Bang.

Me quedo absorto en la comisura de tus labios que se levanta levemente en un ángulo casi imperceptible, pero lo suficiente para irradiar una sonrisa sensual, pícara y feliz, las pequeñas líneas en tus labios que se vuelven un microsistema montañoso rojizo y seductor... 14:35:25. La caverna de los deseos se entreabre lentamente dejando ver el tesoro de perlas blancas que sellan una cueva aún más misteriosa.

En ese momento, aunque tú y yo no lo sabemos, está naciendo un pequeño niño en Étretat, en las costas de Pays de Caux, Francia; su nombre será Etienne y se enamorará de la hermosa Isabelle la cual será el gran amor de su vida; aunque terminará casándose con Anabell, una chica de París enamorada del color rojo. En la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, el abuelo del pequeño Arthit lo lleva por primera vez al templo Wat Chedi Luang esperando que sienta su espiritualidad, es ahí donde el pequeño descubre que quiere ser un monje budista. En Chile, para ser más exactos en Futalefú, en la región de Los Lagos, en la Patagonia; Carlos le está proponiendo matrimonio a Lauren, una americana que conoció hacía tres meses en una cabaña para exploradores en el bosque. En Medellín, Colombia, una pareja hace el amor por última vez, antes de que ella parta a Inglaterra a terminar su doctorado. Más allá de nuestro sistema solar, dos estrellas chocan por la atracción gravitacional creando una nueva galaxia que no se conocerá sino hasta dentro de 600 años a partir de este momento. A seis cuadras de tu casa, en su departamento, un anciano acaba de dar su último aliento de una vida feliz y plena, dejando esta vida con un suspiro suave y una sonrisa en los labios. En la Ciudad de México, Claudia después de tres meses de intentarlo, por fin ha quedado embarazada. En un pantano en Florida, E.U.A. un cocodrilo pone un huevo dentro de su nido, y a escasos milímetros de mi zapato una hormiga lleva una migaja de la galleta que tiró un niño de cuatro años que juega en su triciclo a unos metros de nosotros.

El mundo sigue y siento la vida fluir entre mis entrañas y mi alma, siento explotar, deshacerse y reinventarse cada célula que me compone, una pequeña gota casi imperceptible de sudor recorre mi frente, un poco por el calor, un mucho por la emoción de verte... 14:35:30... veo tu nariz fina y afilada... 14:35:35... por fin llego a tus ojos castaños...


...y es ahí donde pienso tomarme mi tiempo.
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FALCO en la tierra. Sigue acto primero

PRIMERA VIDENTE
(Lleva un espejo, se mira, hace una pausa y prosigue)
¡Oh, ilusos, llegad a mí! ¡Abrid vuestro maléfico tiempo
al crepúsculo de mis anotaciones! También exhibo
lujuriantes senos, mas esto bien poco interesa
a todo mestizo caballero que localiza jóvenes dispuestas.
Un buen catálogo satisfaría los deseos mortales
de muchos, lejos de la templada disciplina doméstica.
Estos aluviones en carne extremados, bien tentarían
a cualquier famélico de moral, incluso a Mefistos,
ese diablillo imaginario que a veces insufla cierto grado
civil al parentesco, infiel de espíritu, de mucha gente cívica.
¡Ah, su cavernosa estampa me recuerda la artimaña
de algunas famosillas para encumbrar el enredo!
Con clara mirada, a ese impulso alentador, las veo,
perdido el orgullo, en casos semejantes, cómo venden
de su intimidad hasta la mayor oscuridad y reserva
interior por tocarle los pelillos al diablo.
Y qué decir de algunos estadistas que frecuentan
en el más regocijado secreto el apretón voluptuoso
y la untura libidinosa del carnal deseo,
hasta moler todos los miembros de soslayo,
y escurrirse luego por la escalera furtiva, en tinieblas,
mientras se frotan la piel como caricias gatunas.
Pero esto dejemos que acuda a la suerte y al azar.
(Una segunda pausa. Se alza en pie)
Ahora, os llamo, ¡apareced voces del más allá!
¡Llenad mi entumecida mente con el sonido
de la brisa de otro mundo dentro de ese canto
por los atardeceres de invernales evocaciones!
Cansada estoy de la lira acompasada y brutal
que suena como conjuro de condenadas fogosidades;
existen aquellas naturales por los espacios sombríos
que irían mejor a esta maldita apatía.
Mientras venid, ¡continúe mi fácil arte engañando
y mi verbosidad a las incautas almas femeninas!
No menos al hombre que emboza el rostro
por la puerta de atrás, un punto más segura.
Aunque guardo con sus siluetas parecida fraternidad,
aborrezco la demolición fácil de sus ánimos,
incapaces de sustraerse al compinche erudito
de oscuro pelaje y variopinta prensa inexpresable.
Todo propicia que mis dotes, que alguna disfruto
original, aparte ciñan las viles esencias mensajeras
de la privacidad de muchas donaciones afamadas,
y acudan a sembrar el tiempo declinado
entre consumadas olas tormentosas, estafadas
por aquellas que brotan de mi real naturaleza.
SEGUNDA VIDENTE
Debiera esa práctica satisfacerme a mí también;
desternillarme de la ingenuidad clamorosa de muchas
que mis adivinaciones resignan al amor como brebaje.
No piensan, si este poder tuviera, el sumiller
cataría en primer lugar la botella de añejo licor,
antes que labios profanos macularan la copa.
Ya perdí la lozanía, mas, advirtiendo cómo algunas
de mi talla coquetean con fatuos advenedizos
y sesgan la legítima decencia con la desolación
publicitaria si anda entre las pantorrillas
el deslizadizo acaudalado, no juzgaría con error
que yo inventara lo mismo; de este modo indecente,
bramando contra toda calumnia, embutiría
mi arca familiar de boca estrecha y ancho pedestal.
Valdría esta idea si busco ilimitada posición
y suelto por mi lengua las confesiones del silencio.
Y como casi todas forjan lo propio, ahí lanzo
mi demanda a las profundas tinieblas, lugar
paradisíaco de las aves zancudas y cuellos largos.

(Escucha bullicio en la calle. Cree es gente que sube con
presurosa planta. Sólo es el viento que ruge en el hueco
de la escalera. Seguidamente interpelan las tres)
INVOCACIÓN DE LAS TRES
Espíritus que nos asistís, ¡permaneced no lejos
de los oídos que auscultan lo invisible!
Alguien de muchos se burlará, mas desconoce
que somos consumadas artífices en conectar
con formas impalpables y asumir su personalidad,
que, a través de alguna, hablan al mundo con potente
aviso de cosas indescifrables, ilusorias
para quienes replican negando lo que no saben,
aunque intuyen, haciendo de su máscara robusta
el sinsabor maléfico de su miedosa esencia.
Espíritus que nos rodeáis, ¡seguid aliviando
con vuestro aliento inmortal el nuestro mortal
aquí, acostumbrados como estáis a presentaros
con afables ejércitos sobre hechos misteriosos!
Respondednos en la forma actual, (alguna tenéis),
que no difiere, salvo en la luz, de la del mundo.
No hace mucho fuisteis interlocutores
personales que vivían dentro de frugales elogios,
pero nada más; concurrís luego a creadas sombras
alejadas de lo que somos, convirtiendo esa
potencia en aspiración melancólica de lo que sois.
Espíritus que os recreáis en los umbrales del aire,
encaramándoos sobre el vulgo del que emana
la oscuridad a las aspiraciones más nobles del ser,
contrariado aquél por los escombros de sí mismo
a través de su innata pesadumbre y nula gloria que solo
busca confusión e hipocresía en la existencia, de cuyo
señuelo egoísta, nosotras somos servidoras, Espíritus
que os reís reclinándoos sobre la seducción de los sentidos,
la escabrosidad de la esperanza, el ocioso anhelo mullido
de la insatisfacción sobre las cosas terrenales (letargo
de abajo que refleja lo que es arriba) a través de goces
y favores imperecederos del insensato prestigio,
Espíritus burlados del placer fugaz que, a muchos hechizan,
y a otros atormentan, en ruinas vagas y en prestaciones
someras de denso quehacer y sobresalto vital, balumba
interna donde odio y amor se mezclan, en proporción tal,
que no es posible saber qué curso, de las dos influencias,
dentro del pecho prevalece con mejores augurios;
Espíritus de la noche y día, que os insinuáis en los pliegues
de toda perspectiva contraria de corazón humano,
por recintos interiores y por lados de los hechos externos,
oíd la llamada y reposad en la alabanza, con paz
y quietud, por amor a lo que una vez fuisteis y ya no sois,
cuya unión no es sino la condición clara de cuanto
seremos,
o aspiramos como préstamo, si proseguimos en igual senda,
venid a nosotras, llenad la voz con fascinada presencia.
Aventad la puerta de entrada hacia este espacio,
aproximaos desde lo profundo majestuoso
y apareced, desterrados del fracaso, en nuestros
cerebros, que son vehículos de la mente sin corporeidad.
Ah, ¡venid a nosotras, envolturas de los ruegos!
Las palabras llegan hasta esos reinos lejanos
sobre los que nadie se adentra por temor
a ver parte de su auténtica sustancia amorfa.
Os sentimos. Ofrecednos alguna noticia o hecho
imperecedero de la existencia real que mantenéis.
Nada puede inquietarnos de ese concepto.
Que muchos abominen y nos tachen por locas,
así duerman; voces extrañas les despertarán
como visibles sueños habituados a serles fieles
a tanto eco y a la maldad que pesará como culpa.
Sabemos que no todos podéis traspasar la frontera
y llamarnos con labios invocados; algunos,
sin embargo, ofrecéis elocuencia al pensamiento
y le allegáis la ciencia de la que siempre os engalanáis.
Ea, pues, cambiad las lúdicas conciencias;
abrid el portón de este plano y musitad
sobre las espaldas el aliento de vuestros perfiles.

(Se desvanecen entre rápido sopor. Presencias Astrales las rodean)
PRESENCIAS ASTRALES
(Se hacen ostensibles en los cerebros)
Aquí nos tenéis, cuerpos mortales. Tal recorrimos
el mundo un día con terribles prohibiciones,
además de buscadas, por nosotras sentidas.
Tal fuimos sobre el aire del mundo que hoy entero
el corazón respira, al punto corroído por los males
que pueblan la sed no enseñada de otros
diversos elementos de los que en la tierra solo
se les supone errantes de la mente sin rumbo.
Hemos aproximado nuestro Universo al vuestro,
según consta en las paginas escritas sobre el hombre
al cual el espíritu cauteloso espera favorecer,
antes que descienda al rellano de la tumba.
Exhortamos a una a que sea fiel y valedera sustancia
para transmitir la gracia todavía disponible a esa alma
que estuvo abrasada de primitivo amor,
él, que engañosamente imploró sin inocencia
por una hija de la tierra, de cuya esencia somos
emisarios piadosos. Debéis saber que, nuestros collados
son más hermosos que los vuestros; ningún esquema
mortal nos envuelve con su mala onda material
ni los recíprocos ultrajes que os arrancan el pellejo,
crecen, con su alboroto y anomalía,
alterando la mitad de nuestro descanso,
ni se pronuncian palabras que se asocian con el tumulto
detrás de asociaciones querellantes, durante tiempos
de anarquía adulona por cómplices amotinados;
ningún peligro múltiple puede restaurar el miedo
razonable que se excusa en la injusticia,
cuando en la tierra da forma a la perplejidad.
Lo que no conocéis os enajena y cierra el cerebro,
el músculo flaquea y el peso os impide esquivar
la gravedad fuera de la espesa atmósfera, turbada
por la indecorosa y excesiva estima de vosotros mismos.
No percibís otras regiones lindantes con la vuestra;
esparcís vuestros átomos hacia la oscuridad
como cúmulos brumosos de expansivas edades.
Hasta aquí no venimos con la vista puesta en ninguna
para escaldaros con tormentos sulfúreos.
Las espirales de ese infernal desierto atrapan
mentes trastornadas por el fiero estudio
de sí mismas; arrebatan la cordura como juguete
impelido a ser manojo de fragmentos idóneos
del propio corazón ennegrecido.
(Dirigiéndose a la preferida entre las tres)
¡Despierta! Nos sentirás como algo palpable
que hará complacerse a tus palabras;
sabrás que el regocijo del viento
destilará la magia de nuestra enseñanza,
cercana a los dones que despliegas, y sembrará
complaciente quietud hacia quien, confuso,
no tardará mucho en acercarse a tu perfecto
estado dominado por tu misma conciencia.
Quiere saber si Alguien más poderoso que él
domina los destinos humanos, o si un solo hombre
de este mundo replica a ésta Voluntad
con la soberbia que impone su alocada acción,
prolongarse en la mano que empuña la mortalidad,
ataviado con el más insolente deseo que mirada
alguna lanzó fuera de la compasiva tierra,
a la que está unido por temores y desdichas suyas,
humeando, de ordinario, con secretas aspiraciones
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Albañil

ALBAÑIL

Tú eres para mí
la flor que derrama su aroma
al amanecer,
como invitando a despertar
del sueño profundo
que la vida regala con el descanso.

Eres un pedazo de cielo,
en lo extenso de la noche,
pero azul y luminoso,
una creencia,
una fe en lo maravilloso.

Eres dos ojos enamorados,
dos manos sobre mi cuerpo,
satisfechas,
dos pies que se mueven hacia mí
y una voz que canta en el silencio.

Eres un ser extraordinario
que construye casas
de concreto y de amores
a la par.

Eres un hombre
que solo desea la tranquilidad
de mi hombro para sentirse feliz.

Eres alguien que ama y al que amo.
Amo tus sensaciones
y tu espíritu valiente,
tu canto a la vida de cada día
a pesar de las tristezas
de todo lo actual.

Este es un tiempo de desarrollo,
de crecimiento,
de entrega total
y encuentro eterno
entre dos mundos que,
una vez,
estuvieron distantes.

Fuimos diferentes ayer
y hoy plantados en una tierra común,
hacemos semejantes nuestras inquietudes
y aspiraciones.

Buscando cada día mutua felicidad,
nos derramamos sobre nosotros
para encontrarnos
en suaves caricias.

Tú, vanidoso lirio
mecido por el viento,
sereno y querido,
enjugas el rocío
y eres envidiado por las demás flores.

Eres todo.

Eres más que todo.
Constructor de sueños
y escaleras al sol.

Amado hombre de manos fuertes,
albañil que construye casas
y silencios que dan sombra.

Albañil,
mi vida está en cimientos
sobre tus ojos de cristal verdosos.

Tu luz ilumina mi alma constantemente,
tu voz eleva su sonido y me toca
clara y melodiosa,
con un fuego que remueve mis sentidos.

Una voz desde el silencio,
perceptible aún entre la multitud,
con sonidos inagotables
de aguas cristalinas,
de montañas imponentes
y de viento cargado de candor.

Es nuestro sol común,
un cielo único
que nos ha mantenido unidos
aún sin tenernos.

Albañil,
cuando te conocí
no imaginé que construirías
puentes hasta mi corazón.

Tampoco pensé que
una vez allí,
escogido el terreno,
edificarías el amor.

Y ahora,
el ayer es lejano,
pero también es hoy,
porque de común acuerdo,
mantenemos el presente activo
y lleno de razones para querernos.

Ayer sentimos el viento contra la cara
vimos el horizonte azul,
y así se sigue presentando el futuro,
como un cielo despejado
que nos aguarda para darnos su pureza.

Albañil,
océano mío,
mar y cordillera alta,
ciudad y pueblo
donde habitan mis sentidos,
océano donde me hundo y me muevo,
donde me alimento y respiro.

Cariño.

Construyes el aliento de mi vida,
mi respiración.

Oxígeno y fuente de agua pura,
voy siempre en pos de ti.
Mi única dirección son tus caminos
tu corazón ardiente
enredado en mi piel.

Tus ojos me llenan de color,
tus miradas son color.

Albañil,
tengo en la mente
tu voz como concreto,
inquebrantable.

Tu risa es una obra
exitosa y bien cimentada.

Cuando tú ríes
levantas mil alegrías
y pones soportes mágicos en mi corazón.

Albañil,
llegará ese día,
ya cada vez más próximo,
en que no sólo construyas
casas para la vida,
si no también,
vida para las casas
dentro de mi ser.

Abrirás cercos,
retirarás la piedra,
colocando el material puro
al servicio del amor.

Albañil,
viaja y revisa tu obra
por entre los andamios
que la belleza te regala.

Pinta,
esculpe como el artista
que se da tiempo
y modela en el barro
porque abrirás un inmenso espacio
en mi carne y mi alma,
donde pondrás los cimientos
de la edificación más fuerte
y más hermosa
que has de levantar.

Esa obra sublime
por la que estás llamado
a trascender la carne y el concreto
creando una nueva inteligencia y alma.


Albañil,
no puedo dejar de pensar en ti,
tú me das la fuerza,
me sacas las lágrimas de los ojos.

Róbame,
llévame por entre los árboles
en fuga hacia tu universo.

Edifícame,
conviérteme en tu morada.
Un lugar donde te repliegues
cuando ataque un enemigo,
donde esté tu comida y tu descanso.

Soy tu árbol,
tu materia prima.
Tálame, púleme
y construye conmigo tu casa.

Una casa simple,
luminosa,
llena de color,
música y nuestros detalles.

Dame la vida que solo tú sabes,
dejando que,
aún así,
fluya mi savia
y renueve cada día mi espíritu,
dejando yo que tu esencia
se renueve conmigo también.

Albañil,
vuélvete y mira tu casa,
dime si ya está apta para tu vida.

Tu casa ha de ser bella y pura.
Un lugar donde guardes
tu oficio de artista
un lugar donde aflore
tu oficio de artista.

Albañil,
me siento tan pequeña ante tu magia
y al mismo tiempo
tu amor me hace la más grande.

Todo gracias a ti.

Albañil,
tú eres mi fruto,
aquel que he tomado del árbol permitido
para gozar de su madurez y frescura.

Tú eres mi savia y mi madera,
mis árboles y las laderas del monte
por donde transitan mis ilusiones.

Camina mi mente acariciando el pasto
y los colores de mi alrededor
y en todos ellos te veo como si,
confabulados en tu favor,
dibujaran tus ojos y tus sonrisas.

Las hojas de nuestros árboles
no llegarán a sentir el otoño,
pues solo puede haber primaveras
y sol cerca de los dos.

Albañil,
las nubes blancas y alegres
son tu escenario.

Aquel por donde paseas
tus grandes anhelos
y donde descubres que existe
un nuevo aire para respirar
y redimir todo dolor.

Albañil las nubes
me traen tu olor
y me lo lloran encima emocionadas,
humectando mi piel
con los sudores
que han recogido de tu ser
y que se asemejan a la lluvia
pura y clara
de una selva impoluta y virginal.

Albañil,
hoy he deseado cantarle a tu voz
que me eleva por el aire
y me hace perder la noción
de las angustias que me acosan.

El único que me saca
de mis estados de letargo
y construye para mí
un habitáculo rosado
lleno de amor y color.

Este poema es tuyo,
porque has sido el inspirador.
Con solo mirarte,
¿quién dejaría de escribir un poema?

Albañil,
eres la casa,
la mansión,
la arena y la piedra,
la sombra y el calor,
el alero que protege,
la cuna que mece,
el abrazo que ama,
el sol que encandila,
la luna que ensombrece,
la luz que activa,
la oscuridad que adormece.

Mi cielo y mi nube,
mi sol y mi lluvia,
eres todos los seres de la tierra,
todo el verdor.
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Remembranzas

REMEMBRANZAS:
Empañada la memoria, solo reminiscencias conservo de mi infancia, pubertad y años mozos; hilvanándolas, se agolpan unas con otras de tal manera que se enmarañan en mí hasta el agotamiento. Testarudo al fin, me dejo llevar por los impulsos y hurgo hasta la saciedad tratando de desenredarlas. Son como los sueños, con escenas confusas e ilógicas en las que a veces me veo en aprietos que asustan, pero siempre me salvo de los peligros por algo que ocurre sin que lo pudiera explicar, porque se me borran las imágenes…; y en el mejor de los casos escenas de felicidad y regocijo que se rompen como cristales de los que solo logro recordar añicos. ¡Imposible componerlos!
¿A todo el mundo le pasará lo que a mí, que solo recuerdo haber tenido sueños en blanco y negro…, nunca en colores?
Los recuerdos son como los cangrejos. Retrógrados. Un viejo amigo a quien le comentaba todas estas cosas, me dijo que no me preocupara, después de preguntarme si olvidaba las cosas recientes, las más cercanas y haberle contestado que no.
Me aseguró el amigo que me preocupara cuando dejara de recordar las cosas actuales, porque entonces pasarían por mi mente con ¿claridad? todas las reminiscencias de mi infancia, pubertad y años mozos… solo que no lograría nada con ello, porque estaría, por lo mismo, olvidando dónde puse las llaves de la casa, los espejuelos y hasta la misma cabeza, porque estaría acompañado irremisiblemente de un famoso alemán, nombrado Alzheimer.
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Antiquísimas Noticias... (Anticuento)

Antiquísimas Noticias.
((Anticuento))

Estos hechos se han perdido entre los tiempos, tanto, que nadie ha intentado recordarlos. Así que iniciaremos por el final, pues de saberse, sería imposible frenar los comentarios. Las noticias pasan como balas, y cambian el rumbo de las conversaciones, retan al sol y forman columnas densas empecinadas por la tarde demasiado temprana. El tiempo, solo proclama anárquico su tiranía, insensato, enloquecido como profética serpiente, que al clavo clava la canela del desprecio, con tinte purpurino, inaceptablemente borroso al marchitarse y querer ser simplemente belleza.

Esta vez, como muchas otras, nada pasaba y nadie podía impedirlo, mucho menos por el buen tiempo de lluvias a mares al otro lado de los cristales, y estando asomándose el silbido huracanado de un sapo atorado entre la puerta. Evidentemente él no lo sabía, ahí la gente continuaba repitiendo las mismas palabras: ¨¿Porqué todo debe ser tan diferente cada vez?¨.

Puedo asegurarlo, sobre todo cuando hay luna llena y no hay estrellas, éstas se detienen en los pinos, en las ruinas de algunas emociones y en los pozos sin agua: dicen que son los asuntos de la libertad de pocas piedras donde el polvo de los años está en los cables atados a la tierra.
Por eso, acompáñame entre palabras y dejemos que la luz del helecho rosa siga tan azul como siempre, con virginal decoro y sin contarlo.

En resumen, nada de que el viento implacable les agitó los significados a las palabras y se extinguieron las frases, casí podría decirse que nada es diferente siempre, y la incitación al retorno salta de la infancia como inocente camaleón, con los malos pensamientos inflamados mas no amenazantes, simplemente inalcanzables al retirar la piel de los relojes.

Entonces te voy a decir algo. En tanto, espérame un momento, que voy a ver mis notas. Las encontré aprisionadas en las profundidades de una adivinanza, las aparté a empujones y después sacudí el polvo vestido de humedad vieja. Ellas sonreían dándose por enteradas y se ubicaron trabajosamente cojín de por medio, sin embargo, emanaban simpatía y autoridad después de batir los renglones fuera de las hojas como la orquesta de ritmo tropical, lleno hasta el tope con el invierno en dos vasos.
Al final se enamoraron de la montaña, del bosque, de los relámpagos demasiado lentos, incluso excluyendo el verdor de las mañanas, sin discriminar, con el pecho ardiendo y la brisa pura de la paz del sol dibujado en una esquina. A pesar de todo ello, las casas estaban a punto de desplomarse y los alquimistas se intoxicaron con oro, otras habían desaparecido de la fantasía con el ataúd a cuestas. Desde entonces la avalancha de comentarios se apaciguó hasta convertirse en un viejo rumor.

Por eso, una vez más estoy soñando escribir, corrigiéndome por imprudente, al ignorar que las fuerzas del mercado fomentan el desarrollo degradante de los desequilibrios. Así que no espero merezca la aprobación de quien no lee. En caso de que sea todo lo contrario, agradeceré mucho, de cualquier forma, que el premio sea el silencio escondido en el primer olvido que salte.

Ahora bien, dos horas más tarde, todo será recordado, teniendo la impresión de haber abandonado el mundo injusto y tedioso, temblando con los prismáticos desventurados, en la visión glacial de los mismos ineptos, tropezando y lanzando las maldiciones más groseras, imitando vestidos vaporosos durante diez segundos en la noche oculta con voz ronca.

Por eso, desde el principio la multitud permaneció callada, y miraban con repugnancia la podredumbre extenderse en aquel montón de siluetas simulando madurez de escaparates. Mas ella le daba palmaditas en el vientre de los dátiles, con una hora de retraso, como algo vergonzoso e inconcebible por la más reciente antigüedad del último futuro entre las letras disfrazadas de fino arte.

******************

Autor del texto y la imagen.

Alle Rechte an diesem Beitrag liegen beim Autoren. Der Beitrag wurde auf e-Stories.org vom Autor eingeschickt Joel Fortunato Reyes Pérez.
Veröffentlicht auf e-Stories.org am 05.11.2018.
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Aquellos pueblos del ayer

En esos pueblos abandonados
donde palpitaba hace tiempo la vida
con sus enormes casas y cuadras
cubiertas de sólidas piedras
aún con secretos bajo los colchones
lucían orgullosas
descubriendo sus alientos

Y por sus calles hervían ojos
la algarabía febril de niños
de perros ladrando en fincas
y del gallo, con su implacable despertar

Los pastores pintaban sus paisajes
con las acuarelas de las ovejas
y los tractores cubrían los caminos
en busca de sus frutos

Ahora viven en la oscuridad
se callaron sus voces
y el destierro embarga el ambiente
peinado de ruinas

Tan solo, algunas miradas envejecidas
con los recuerdos del ayer
permanecen entre sus sombras
esperando, que tal vez un día
vuelva la luz a sus pieles
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El beso de la muerte

Uno a uno, los turistas del crucero atracado en el puerto de Chetumal accedían al interior del barco. Terminaba la jornada de turismo, donde habían visitado las ruinas de Uxmal, en el estado de Quintana Roo (México), y en sus mentes aún bullían las historias de aquellos antiguos mayas devorándose en el juego de pelota, de aquellos enterramientos faraónicos que pretendían escalar hasta el cielo, historias del ciclo de la vida, historias de la muerte…. De la muerte, qué ironía.

A su entrada, los animadores les recordaban la fiesta que tendría lugar en el gran salón de espectáculos del barco, solo unas horas después, tras la cena de gala con el capitán del crucero. Todos ellos habían sido previsores, y durante sus horas en tierra por las calles de Chetumal se habían hecho con una de esas máscaras que llamaban catrinas o habían adquirido las pinturas necesarias para decorar su cara con la imagen de las famosas “calaveras garbanceras”. Solo Santos, había decidido que aquella fiesta de difuntos no iba con él, y no pensaba convertirse en un “adefesio”, como él decía, pese a la insistencia de Lydia, su flamante esposa, que estaba entusiasmada con aquella mascarada.

Apenas llevaban una semana casados y estaban disfrutando de su luna de miel en un espectacular crucero por la Riviera Maya. La vida les sonreía… ¿o no?

Tras engalanarse para la cena, el matrimonio decidió dar un breve paseo por cubierta. Hacía una noche maravillosa, iluminada con una radiante luna llena a la que escoltaban millones de brillantes estrellas. Lydia ocultaba su figura con un precioso y ceñido vestido de terciopelo, de color burdeos, con escote palabra de honor que dejaba sin aliento a cualquiera que posase su mirada en su pecho, a cada espiración de su tórax. Santos había elegido para la ocasión unos chinos de color caqui, y una vaporosa camisa de lino blanco.

Cuando se dirigían al restaurante, tras contemplar la serenidad de mar y cielo desde una cubierta iluminada por miles de luces, Santos se tuvo que poner la chaqueta de lino que llevaba en el brazo. Una ráfaga de aire le había helado la espina dorsal…

Durante la cena, que compartieron con otras dos parejas de recién casados, todos se mostraron animados. El vino hacía que los ojos de Lydia chispeasen más de lo habitual. Todos menos Santos, que no se sentía cómodo, quizás por los sutiles coqueteos de Lydia con los varones que les acompañaban en la mesa, quizás por el repentino frío que sentía. Algo en el ambiente no le gustaba.

En el instante en el que el capitán de barco elevaba su copa de champán para brindar con el pasaje y desearles una feliz estancia a bordo y un feliz viaje, el barco zarpaba del puerto.

Tras los postres y los brindis, todos se dirigieron al gran salón de espectáculos, donde ya se escuchaban los primeros acordes que entonaban los instrumentos de la orquesta. En el trayecto, algo llamó la atención de Santos. A través de los ojos de buey observó que el barco estaba envuelto en una densa niebla y apenas unas luces de emergencia daban algo de luz a la cubierta. Otra ráfaga de aire le congeló, esta vez, el corazón.

Los pasajeros ya bebían y bailaban cuando llegaron Santos y Lydia, acompañados de los dos matrimonios con los que habían compartido mesa y viandas. El ambiente era sumamente animado. El gran salón estaba decorado tétricamente para la ocasión, la popular fiesta mexicana de los difuntos, y todos ocultaban su cara con las coloridas catrinas.

Santos sentía como los ojos escondidos tras las máscaras le observaban. Incluso creía escuchar risitas y cuchicheos procedentes del hilván de los hilos que cosían la boca de esas calaveras. Ajeno a ello, Lydia seguía bebiendo, bailando y divirtiéndose. Todos, excepto Santos, lo hacían.

Al momento, uno de los cantantes de la orquesta tomó el micrófono. Debido a la gran cantidad de recién casados que se hallaban a bordo, les pensaba dedicar una romántica canción e invitaba a las felices parejas a salir a bailar a la pista. Les pedía que cuando terminase la canción se despojaran de las máscaras y se dieran un apasionado beso. Eso, les dijo, les traería felicidad y suerte en su viaje marital.

Lydia, a duras penas, consiguió arrastrar al reacio Santos a la pista de baile. Durante el danzón, mientras tomaba a Lydia de la cintura, y dejaba que ella envolviese su cuello con los brazos, sentía como cientos de lúgubres ojos negros se posaban sobre él. En el exterior, con el pasaje ajeno a ello, el barco se dirigía a la deriva, sin rumbo entre una gélida bruma, con destino a la noche eterna.

Las notas del insinuante y embriagador danzón cesaron. Lydia sonrió persuasiva. Santos la miró expectante. Con delicadeza procedió a despojar a Lydia de la catrina que cubría su cara para posar sus labios en su boca y culminar ese mencionado “beso de la felicidad”.
La cara de Santos era de espanto, palideció, su rostro tornó trémulo…, miró a uno y otro lado, a todos los pasajeros. No podía creerlo, un sentimiento de horror le invadió por completo.
Debajo de la catrina de Lydia, una fantasmal carcajada se dibujada en las mandíbulas de una verdadera calavera. Lydia estaba muerta. Todos los tripulantes del barco lo estaban.

Todos excepto Santos, que deseó estarlo también cuando la calavera de Lydia le susurró al oído…

Esta vez una ráfaga de aire le heló el alma, y el barco se perdió para siempre entre las tinieblas del mar Caribe…
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El café entero ahora está vacío

Una taza de café flotaba desde el otro lado del océano
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Así que un café flotaba fuera del cielo, bajo la cubierta
de un gran edificio gris, era particularmente llamativo,
como la mezcla un pedazo de camisa blanca con un vestido
negro de noche .
Siéntese y pregunte acerca de las noticias del Periódico, que harán que ambos oídos se cuelguen hasta las rodillas
convirtiéndose en una tienda de relojes y una tienda de
comestibles a ambos lados del café. Calibre el tiempo,
luego ahorre dinero en la tienda de comestibles para comprar un paquete de cigarrillos baratos.
En ese momento, una persona entra en el café y se sienta
en el aire en posición de ver la ventana, donde a menudo se
sentaba en sus sueños. Pertenece a una generación que no
tuvo una infancia. Su vejez es la parte de un retrato a lápiz que se limpia suavemente con una goma.
En un café todo se repite.
Todo ha fallecido.
Un café salió de otro café.
Una persona entró en el café.
Caminó recta, como pasando
desde la suma hasta la resta. La mujer
que entró en el café detrás de él era una
mujer sospechosa, sombría, pero deslumbrante.
No sabía que había alguien en el mundo hace diez segundos.
Ahora, creo que nos hemos enamorado durante
muchos siglos.
Sólo los últimos años pueden traer consuelo. "Somos demasiado jóvenes para
pasar 50 veranos despidiéndonos de un mundo
para entrar verdaderamente en el café y
permanecer juntos durante diez segundos"
La
La cuchara plateada se agita lentamente en la taza del café vienes, los cubos de azúcar comienza a fundirse durante
diez segundos.
En solo diez segundos, hay una pasión de corta duración
como un golpe de calor, el tiempo se congela allí.
En este momento, no fue solo una persona la que entró al café, sino un grupo de personas. Todos los personajes en el juego de sombras, todos los ciudadanos de una ciudad títere.
Provienen del otro extremo del siglo
igual, del universo microscópico mostrado por el séptimo dígito después del punto decimal.
Consideran el café como la conciencia de una época.
Una taza de café errático entre el pasado y el presente.
Son una generación de personas que escriben y crecen en los cafés. Los nombres se transfieren a los verbos antes de que pasen por la fe
Todo se agita y se cambia.
Nada se arregla.
Poner mil pensamientos en la cabeza del pueblo puede
volverse tan ligero como un globo en el aire.
¿Puedes bajar al café del cielo? Si el café es solo un escenario..
Entonces un hombre se levanta y sale del café,
en medio de la noche. La gente está pensando en los edificios de la canción del café triste.
No paran de entrar. Es invierno cruzan la calle, el edificio.
Nueve personas en nueve años de invierno. Invierno en año 1825.
Una taza de café,
una mano, flotando en el aire rígido de menos 40 grados . "¿Cómo podemos atrapar
un dedo de este universo infinito?"
Tal vez no.
La fiesta de diciembre escondió su rostro en un abrigo negro.
Entonces una persona regresó al café, ante un espejo brillante se pregunta si el café realmente existe realmente. "Venga una botella de champán francés
y una sopa de remolacha roja".
Tras pasar por una cena celestial y un vaso de lágrimas,
Puning miró a una mujer rusa de habla francesa durante
diez segundos. Llevaba un par de zapatos aristocráticos pasados de moda, caminaba sobre los restos y la carta del Menú, era tan ligera como un gato.
En la otra esquina del café Jean-Paul Sartre aprovechó la pipa de Claudio Magris y Beauvoir para discutir sobre las sombrías perspectivas de Europa.
Dejando el diario al señor André Paul Guillaume Gide, el Sr. Roland Barthes subió a la Torre Eiffel y miró a su alrededor, vio todo París como un botón que caía del vestido de la noche negra. El círculo del tiempo es inhalado por un punto brillante infinitesimal, más pequeño que el botón.
En este momento el café esta lleno de invitados.
La luz se está volviendo más y más oscura. La silla a la deriva se deslizó hacia abajo desde el hombro y alcanzó la cintura oscura de una bella dama.
Un padre dialéctico de la era de Stalin reconoce a su amante
"Se parece más a Nana." El Dr. Zhivago sabe más sobre poesía y amor que sobre medicina. "
En este momento, las personas con pasaporte extranjero salieron apresuradamente de la cafetería.
Dos tazas de café se han tocado durante mucho tiempo
y no se tocarán en el futuro.
En este momento solo quedan unas pocas personas en la cafetería.
Quienes pueden irse se han ido, y hay menos personas alrededor.
Nunca incluso si no significa nada en ninguna parte, significa
que el punto decimal en la riqueza se ha movido tres veces hacia la izquierda después de agregar tres ceros.
El sueño del pasado ha cambiado la caras de las nuevas personas. Pase toda la vida gastando, cambiando la cara de las nuevas personas.
Una taza de café, luego otra taza de café y
caigo en cualquier bar.
No, no me prometas el futuro, dale al café, al pasado,
a las luces, a la música, los números de las casas, los bares
las sillas que vivieron tantas historias, las lágrimas
y las caras que lloraron, y se rieron . "Todos somos soñadores. No podemos despertar"
"No podemos movernos. No podemos soñar con un sueño anterior".
El café entero ahora está vacío.
www.youtube.com/watch?v=7heXZPl2hik
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Piel frágil, ideas vestidas de brotes

Sacudidas de ira rondan en cada línea discontinua de fronteras artificiales.

Mapas, concertinas, aduanas y sacos de cemento a las espaldas.

Corazones deshechos en deseos, acaban mezclando con la sal de los ojos un hormigón pesado, el que arrastra sus pies hasta lo más profundo de las rocas.

Y se empeñan en continuar, hasta que las fuerzas medran, arañan las costillas aplastadas por la muchedumbre.

Pero pesa más la indiferencia. Esa que aguarda en los telediarios en tres segundos de sensacionalismo, para pasar a las noticias rosas: se casan fulanitos con zutanitos, y a otra cosa, mariposa.

Y revolotean sus almas como las ascuas de una hoguera, entre humo negro.

Es el empuje de los sueños.

La búsqueda de una mano abierta para recibir e impulsar. Unos ojos en los que descansar.

Una sonrisa de fraternidad.

Todavía hay tiempo.

Estamos a tiempo.

Los óleos y sus bastidores son la vanguardia de las ideas, llenas de alas.

Libres.

Todavía hay tiempo para la palabra. Para la imagen, el sentimiento.

Te quiero.

A ti, que eres como yo. Un pedacito de piel frágil, pero cargado de ganas y fuerzas para florecer.
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La danza del sol que nunca termina

La danza del sol que nunca termina
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Durante muchos años, todavía puedo recordar vagamente,
los ondulantes picos azules bajo la luz de la luna fría,
gradualmente blanca, roja, en algunas aldeas alejadas de las montañas, besando el sol de la mañana, como una estrella
que brilla intensamente: una muralla.

Un grupo de arenas grises arremolinan una ráfaga de viento otoñal, precipitándose por la antigua muralla desprendida,
una puesta de sol colgando diagonalmente en el cielo occidental.

La antigua muralla dobló silenciosamente la vieja cintura, y
miró hacia el frente con mucho tiempo.


Los huesos de ladrillo convexo y cóncavo parecían serios y
contemplaban las vastas llanuras en silencio, las antiguas casas estaban llenos de desolación y los antiguos muros resistían la baja ira.


La piedra aplastada de flores silvestres apretaba su talón, el
viejo cofre estaba atado en un agujero de la cueva,
cuando la aplastante baldosa derramó tristeza, las
lágrimas en la cara de la antigua muralla no se podían ver.

En el desierto, dormía en los antiguos héroes. Las
antiguas murallas pasaban con sus caballos y,
rodaban a través de sus carros triunfantes. Los
jubilosos tambores sacudían el desierto.

El tiempo pasó la gloria de la antigua muralla, el
viento sopló la bandera del aleteo, el
antiguo héroe fue enterrado en el loess,
como una niebla de humo desapareció en el cielo.

La antigua muralla tiene un brazo fuerte, y
ha sido erosionada durante muchos años por el viento y la lluvia, la capa de tierra gris cae gradualmente, y la
antigua muralla recuerda que no hay arrepentimiento.

La tormenta de la ira golpeó su enorme cuerpo, y la
arena y la piedra soplaron el sonido del llanto, la hierba
desapareció de lo verde al amarillo,
y se estremeció en el desierto del frío.

¡La antigua muralla ejerció una resistencia obstinada, y la
tormenta se precipitó a través de sus restos!
La vieja cintura estaba inclinada por el dolor, y
su cuello estaba estirado y miraba la puesta de sol.

La puesta de sol brilla silenciosamente en el color púrpura, la
oscuridad mata la última gloria, y cuando todo es despiadado y arrogante, en la naturaleza está el muro de la perseverancia.

El torrente de la realidad arruinó la muralla. Se escondió en el vacío. Todo estaba evidentemente descolorido. Todo estaba enfermo y vacío.

El lirio floreciente del mármol tembló en el deseo del
suelo. El deseo del suelo estaba desnudo. Y rojo, pero es nuestro amigo, cuando la vida se convierte en una brisa, y el viento se desplaza en la melancólica fragancia del lirio.

El calor del verano es muy rápido, es la estación del humo y la lluvia densa, estoy envejeciendo, puedes verme alrededor del fuego todo el día y la noche.
Murmurando como una pesadilla, como una piedra de la muralla aislada en la marea.

Deja que el viento te lleve a vagar abiertamente, como el
canto de los pájaros, la esperanza de las nubes, el balanceo de los árboles, que mi aliento se funda con la naturaleza.
Que la risa y el luto se derramen en mi corazón de piedra.

Cuando llegues a la puerta de la muralla, en el umbral del misterio, sentiras el calor de la piedra, el sonido de las hojas
muertas, en el absurdo de la mitología. Toca el sonido de la música, no tapes tus oídos.

¡La naturaleza se ríe contigo,
no puedes ver el flujo del destino,
de la vieja muralla de piedra!

Che-Bazan.España

www.youtube.com/watch?v=5gKhnvPDrbY&t=1s
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Ladrones (microcuento)

Ella era ladrona, ladrona de profesión, robaba todo a su paso sin nublarse ni un poco la razón, la razón la sostenía, la coherencia la olvidaba hasta llegar a la puerta de su casa…
Ladrona que roba a ladrón tiene 100 años de perdón, asi que robaba a ladrones esos sin corazón, esos que por la noches roban coches o suben por un balcón… pero la noche de una anoche, que al fin pudo dormir soñando como gastarse lo robado la mañana del día anterior, un ladrón entró en su casa, y mientras dormía la miraba y miraba, y tanto le había gustado que se iba sin robar (sin robar más que robado eso que sintió: amor) y fue cuando la ladrona de ladrones cuando se marchaba, por la espalda lo golpeó…
Lo llevó a su cama, y lo miró, y lo miraba, tenía cara de ángel, piel de niño, boca de esas que cuando duermen hace casi trompa… y lo miraba, no tenía arma, y lo miraba y le gustaba…
Y Despertó!!!
Y flor de grito pegaron al mirarse los ojos los dos, le pidió que se callara, su familia dormía, le preguntó que buscaba, que su casa era humilde y se quedo hipnotizada en el oscuro encierro de su joven y avergonzado mirar. El, él calló un rato y levantó la mirada, le explico y contó su historia, y ella embelesada, boca abierta, quietas sus pestañas, sólo atino a decirle una cosa: si, quiero robar tu amor cada noche y hacer nuestros sueños perfectos, que asaltes mi alma, me quiero casar .( Lola)



soundcloud.com/lola-bracco/ladrona-que-roba-a-ladron
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Hay que ser muy poeta

El poeta es un fingidor.
Fernando Pessoa
Todos somos casos excepcionales. ¡Todos queremos apelar a algo!
Albert Camus


Vuelvo a otro lugar cuando le escribo, aunque sea el cuaderno mismo, misma hoja que dejé sin acabar en otro día. No hace tanto y hace un siglo ya de aquello. Yo que siempre fui heliotropo buscando esa luz que desprendía su mirada, enredándola a conciencia casi en todos mis poemas, busco ahora que es de noche y me parece que deambulo por un páramo baldío.

¿Ya es invierno? Quedan hojas de un otoño de arcoiris adornándole las ramas a los árboles que veo. Hay un manto amarillento que gobierna todo el verde de la hierba, tan crujiente de tan seco. ¿Es posible? Me recuerda a eso que late —o latía— por debajo de la ropa de mi pecho. ¿Qué le pasa a estas letras? ¡Que me enseñen el disgusto, la demanda, la protesta! ¡Que me hablen! Ya estoy harta de vaivenes que me mueven sin firmeza de un miércoles a otro, de este otoño que me enfría como invierno, de la falta, de la ausencia, del silencio. Es verdad que el otro yo se reafirma cuando dice ya no quiero comprenderlo, pero el trozo que me ocupa es la parte más rebelde y esa quiere... esa quiere. Me ha tocado ser la lengua que se inventa las palabras que agonizan, falseando el dolor que está doliendo, realmente. Soy el resto de la otra, su cansancio. Soy la ira que no hierve en sus venas, la tristeza que provoca comparar lo pequeña que es ahora con lo enorme que podría haber sido, si quisiera.

¿Dónde está la que vivía y respiraba en azul? Menos mal que tengo ojos para ella... Vaciado el corazón, llevo el miedo repicándome por fuera y no me importa que lo vean los demás. ¿Qué me puede herir a mí siendo fragmento de la sombra que camina a través de un cuerpo ajado que repite una vez más que no es poeta?

¿Todavía sigues leyendo? Nace la complicidad cuando menos se la espera. Hay que ser muy poeta, de los que saben mentir, para salir cuerdo de esta locura que juega al despiste conmigo sin que me sepa las reglas.
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Autorretrato

Si quieres ver como soy
bastaría ver mi retrato;
sin embargo , hoy prefiero
describirme en un relato
Soy más alto que chaparro;
Mido 1:84,
de complexión, ni te cuento,
pues peso 94,
ojos, como lo imaginas,
tengo uno de cada lado
de mi nariz, las orejas
apuntando a los costados,
en la boca tengo dientes
y el pelo todo parado.
Y que decir de mi cuerpo;
del pescuezo para abajo
es el promedio feliz
de un mexicano casado,
que tiene muy poco tiempo
de haber cumplido 30 años.
Amigos no tengo muchos;
se cuentan con una mano,
pero abro mi corazón
con el primer ser humano
que se cruce en mi camino
y esté dispuesto a escucharlo.
Cambiando el tema, diré
con respecto a mi trabajo
que no basta con hacerlo
sino que hay que disfrutarlo.
¡Bien! de aquel que le coincide
la pasión con el trabajo,
sin embargo no es mi caso;
injusto no confesarlo,
si bien disfruto mi oficio,
la pasión me lleva al teatro.
Por eso estoy caprichoso
Este juego terminando.
Por fin tengo en un romance
mi retrato autobiográfico.
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Con la vida boquiabierta

Destemplado por los celos
fui arropado por tus piernas
y en el mar de lo incorrecto
zambullimos nuestras penas.

Una balsa, nuestro sexo,
que a querernos nos condena,
fulminando con empeño
cataclismos y tormentas.

En un beso aquí en el cuello
es donde todo comienza,
con un frágil titubeo
y tu piel en mi cabeza.

De reojo hay un destello,
en tu mirada, sutileza...
se me erizan alma y vello
al vivirte tan de cerca.

Desvalijas pieza a pieza
el sentido entre mis manos,
voy perdiendo mi entereza
en el tacto de tus labios.

Tantas cosas... tantos casos,
tanta queja con agravios,
que llega el momento y dejas
que nos lleve a lo más alto.

Ahora salgo por la puerta,
a una nube parte un rayo,
una Luna recubierta
de un canela nacarado

me recuerda que a tu lado
la alegría se despierta,
ves lo bello de lo raro,
con la vida boquiabierta.

Aún te llevo en mi alacena,
con tus ojos entornados
y tus gestos de doncella
de una corte de mil años.

Y recaigo en tus lindezas,
el deseo en tus abrazos...
En mi calle, que desierta,
muestra el cielo en tus bocados.

Paso el día enamorado
por el rastro de tu huella,
lo comento en el trabajo
y se lo explico a las abuelas.

Tu alborozo y desparpajo
abre en mí esa compuerta,
arrancándome de cuajo
los complejos que te insertan.

En una existencia incierta
eres tú mi buen recaudo,
cuando el lastre al cuello aprieta
con tu olor me desenlazo.
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Las cosas de las casas

Las cosas de la casa
pueden llegar a ser huesos;

de cuando fuimos carne.
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El frío invierno de la vida

Sentado en una silla a la entrada de la casa, José, como cada mediodía, esperaba paciente a que su mujer terminara de arreglarse. Y es que ella conservaba intacta su coquetería femenina y le gustaba acicalarse delante del espejo antes de salir a comer.
Un poquito de brillo en los labios y una rayita azul junto a las pestañas para dar un poco de alegría a la mirada.
"Que ni los vecinos ni nadie en la calle sepa de mis tristezas. ¡A nadie le importan!. Hay mala gente que, por delante te pone cara compungida, te da golpecitos en la espalda y luego, por detrás, critica y disfruta con los males ajenos. Además, tampoco me van a solucionar nada" solía decir. José torcía el gesto. "Condenada mujer si vas a tener razón" Pensaba para sus adentros.
- Carmen, date prisa o llegaremos tarde. Ya sabes que se forman largas colas y luego nos toca esperar al segundo turno, y yo, ya no estoy para aguantar tanto rato.

Los años y la vida se les habían echado encima a los dos. Cincuenta años de casados cumplirían en Diciembre y, sus vidas habían cambiado tanto, que ya apenas recordaban todos los sueños que se quedaron rotos en el cajón. Aún así, con los ochenta y dos años de José y los setenta y nueve de Carmen, que jamás reconocería aunque le clavasen astillas entre las uñas, todavía se las arreglaban para vivir solos en su casa.
Una casa vacía de los hijos que tuvieron y que, ya hacía tiempo que volaron del nido. María, la pequeña, trabajaba en una galería de arte en Boston. Junto a su marido George, un ingeniero americano, vivían en una preciosa casa con un enorme jardín, por donde ya empezaba a corretear el pequeño Andrea. Dos añitos y medio, había cumplido. En las fotos que María les envió por correo electrónico, pudieron constatar que el niño, se parecía a su abuelo. Al menos, eso decía la abuela. “Ha salido guapo el nieto, tiene tu cara. La de antes, ahora estás viejo y arrugado” le decía con una media sonrisa.
Después, junto al documento gráfico, unas letras:
“Que si tenéis que venir… Que si estamos buscando la manera de ampliar la casa…Que si tenemos planeado hacer una pequeña construcción en una zona del jardín, para que podáis tener vuestro espacio… Un dormitorio, con una pequeña cocina y un cuarto de baño independiente para que estéis cómodos... Que ya os iremos diciendo... Que ir a España para veros está complicado porque George tiene mucho trabajo… Que lo sentía mucho, pero que estarían en contacto.” Y luego… “Que… ¿Qué tal todo…? ¿Que si estaban bien de salud? Y que un beso…”
Carmen suspiró mirando a su marido.
– Todavía no hemos podido conocer y besar a nuestro nieto. Acuérdate de lo que digo, eso no va a suceder. No nos quieren allí. Somos viejos y les estorbamos.
José entornaba los ojos recordando los sacrificios que habían hecho, para que su hija hubiera podido estudiar su carrera en Madrid; muy por encima de lo que se podían permitir, pero trabajando duro para conseguirlo.
Lo mismo que lucharon para ayudar a Carlos, el hijo mayor. Tanto, que dieron todo lo que tenían y más. Toda la vida tratando de sacar adelante ese pequeño negocio que José heredó de su padre, y que luego, él, puso en manos de su hijo. Pero Carlos no supo hacerlo y lo arruinó. Lo perdieron todo, hasta su propia casa. El hijo, además, en su mala cabeza y en una huida hacia adelante, firmó pagarés por cientos de miles de euros. Una locura que lo llevó a poner pies en polvorosa. Hacía diez años que apenas sabían nada de él. Por algún conocido averiguaron, que andaba por Francia trabajando en hostelería.
El caso es que, Carmen y José se habían quedado solos en una casa silenciosa y fría. Sobre todo, fría en invierno cuando había que tener apagada la calefacción, porque la pensión no daba para más, ahora que también, tenían que pagar el alquiler de la que un día fue su casa en propiedad. Y tampoco llegaba para la comida caliente del mediodía, porque si comían, no podían comprar los medicamentos que necesitaba José. Así que Carmen, cada día, se pintaba una rayita azul entre las pestañas y una sonrisa brillante en los labios. Escondía en el fondo de su bolso todas sus tristezas y agarrando a su marido del brazo, se bajaban a un comedor social que había a tres paradas de un tranvía, que no cogían.
Si salían con tiempo… no tendrían que esperar al segundo turno.
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Santa Rita de Casia

Un ángel del cielo anunció
a su buena madre Amada
que una hija iba a tener
de Jesús enamorada.
Cuando nació Margarita,
la niña fue bautizada.
Con cariño su familia
dulce Rita era llamada.
Blancas abejas salían
y entraban de su boca,
sin poder hacerla daño
el enjambre se convoca.
De sus padres aprendió
a hacer obras de caridad,
a ser devota de Cristo,
a rezar y a poner paz.
Siendo ancianos ya sus padres
a casarse fue obligada
con un hombre despiadado
por el cual fue maltratada.
Al tener dos bellos hijos
y con su incesante oración,
el marido de la santa
experimentó al Señor.
Estando todos felices
su esposo fue asesinado,
en su sufrimiento Rita,
el culpable es perdonado.
De una epidemia sus hijos
murieron por enfermedad,
perdonando al asesino
para su muerte no vengar.
Quería ser religiosa,
ésa era su vocación.
Tres veces las agustinas
la respondieron que no.
Durante una noche soñó
que tres santos la llamaban
y corriendo detrás de ellos
al convento se acercaban.
Elevada por San Juan,
San Nicolás y San Agustín,
las hermanas la aceptaron
ingresando al cabo allí.
Cual palo seco regar
la Madre la ha ordenado,
del que creció una parra
que dio un vino afrutado.
Margarita pidió al Señor
una señal del cielo,
si allí estaban sus hijos
entre sus ángeles buenos.
Un día del mes de enero
una parienta la visitó,
higos y una rosa roja
de su jardín la pidió.
Rita le rogaba al Señor
con una oración ferviente
sufrir el dolor que Él sufrió
manando estigmas en su frente.
Sus últimos cuatro años,
enferma Rita yacía
por múltiples infecciones,
esperando su agonía.
Su sepulcro exhala un olor
maravilloso de rosas,
santo divino perfume
de esta mujer amorosa.
Patrona de lo imposible,
tus devotos imploramos
que intercedas por nosotros
y que tu ejemplo sigamos.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
13/9/2018.
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La esencia de la vida

Permíteme enseñarte el alma al descubierto,
verás que no tiene mucho peso ni valía.
Los envoltorios engalanan la imagen,
el pulido de las capas,
las líneas suaves,
el contorno bello…….
pero en el centro está la esencia viva.
Lo que cuenta,
lo que vale,
lo que pesa su peso, no por su masa
si no por lo que abarca.

Permíteme mostrarte los acantilados
donde vengo a buscar las ráfagas de viento
que me limpian los ojos y airean los besos.
El abismo me regala un eco
que yo atesoro en cada susurro gritado.

Permíteme enseñarte las calles angostas,
los caminos viejos, entre viejas casas y viejas puertas.
Llenitas de pasados, repletas de tiempos añejos
y desprovistas de tiempos venideros.
Me recreo en sus relatos guardados
entre las piedras y las maderas carcomidas.

La esencia de la vida está donde tú quieras buscar.



Hortensia Márquez



Imagen: Dibujo hecho por mí.
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