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Vivas

Mi memoria no sabe todos los nombres,
no a causa de dejadez o indiferencia;
por desgracia, siempre fueron demasiadas
las caídas por dementes asesinos.

No debió existir siquiera la primera,
ese "uno" ya fue un número muy alto,
pero no hubo una respuesta en consecuencia
que cortara de raíz esta masacre.

Y perdimos la cuenta de cuántas fueron,
y los pechos se nos cubren de tristeza,
y los ojos de impotencia, rabia y sangre;
los verdugos, mientras, presumen su "hazaña".

Levantemos manos, alcemos las voces,
que no sea una utopía la coherencia,
que esos crímenes jamás queden impunes,
que ellas rían, corran, sueñen, bailen, vivan.
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Un poco de orden por favor

Tengo un calor
de ciencia ficción,
la camiseta blanca de algodón
empapada,
la mitad del cigarrillo a la virulé,
las luces no paran de guiñar.

Tu bicicleta y paraguas de sol
aún duermen en esta ratonera,
de fondo la voz de Édith Piaf
intenta poner un poco de orden
a estas estancias dislocadas.

Intento ordenar la mesa
tras el terremoto emocional
creado por las musas rebeldes.

Hay miles de papeles,
cientos de bolígrafos que no escriben,
normal,
que puedo esperar
de paquetes de diez por un pavo.

Hecho de menos el ordenador,
era como de la familia,
pero lo tuve que mal vender
en una tienda de segunda mano,
cuestión de pan y atún.

Hoy la vecina
me ha preguntado por ti,
me ha gritado desde la escalera;

-K, a ver si pones
tu jodida vida en orden
de una puta vez-.

Pues vale si usted lo dice,
que corta rollo,
a ver ¿por dónde iba?,
ah, lo siento Édith a dormir,
The Animals despertad
es vuestro turno.

"El sol ha salido por el oeste,
la rotación de la tierra ha cesado
y el mar es un desierto de sal".

Valiente porquería para
iniciar una canción,
¡ea! a la basura
ya van siete hoy.

Ahora que me estoy acordando
tengo que arreglar las cuerdas verdes
de mi sospechoso tendedero.
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Tristeza

Tristeza

Si una gota de agua cae en tierra
y luego se desvanece con un aire de resignación.

Si el viento golpea fríamente a una hoja seca
y la misma cae con un peso de confusión.

Si el viento sopla en la tierra seca
y levanta el polvo, el cual se mueve
de un lado al otro con una silente sumisión.

Si el frío inunda la noche con una cascada de ausencias,
tiñendo los recuerdo y los anhelos,
con pinceladas de nostalgia y de dolor.

Si soñar es un tenue relampaguear,
donde el amor, la alegría y la ternura
se disfruta en un corto hálito fugaz,
y al final queda el sello del dolor.

Si amar es sufrir, llorar y entregar
todo con esfuerzo y sin condición.

Si lo único que atesoro de ti es ese pequeñito obsequio,
que lo guardo en lo más profundo de mi corazón.

Pues no sé cuáles son tus pensamientos,
ni cual es el sentir de tu corazón.

No sé en cuál lugar de tus sentimientos,
tienes guardado mi tierno y sincero amor.

No sé en cuál palpitar del tiempo
podré disfrutar de tu vivo y bello fulgor.

No sé y no entiendo cómo has saboreado los momentos
en que te he dado de mí lo mejor de lo mejor.

Distancia, silencio y ausencia es lo único
que sigo viendo en el campo de mi tristeza
y en la silente llanura de mi dolor.

Solo sé que nunca, nunca, nunca dejaré de amarte,
te quiero y te amo y siempre y para siempre serás mi amor.

Autor; Joel Fariñez
Derechos reservados de autor
Venezuela Caracas
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Si miras el mar

Si miras el mar
guardaré las espinas y pétalos
de una tarde cualquiera.
Se fundirá mi respiro a tu anhelo
como ola dispersa entre piedras
y será mi patria ese mar ahora tuyo,
y en tus péndulos trazaré nuevos senderos.

Si miras el mar
la llegada inesperada
en tu puerta será sosiego.
Conjugando ironías y estragos
serás rebeldía
del color eterno en mi lienzo,
y así reunida será la espera
en los latidos de un mar incontenible.

Si miras el mar
no me busques
en azules ni navíos,
y desde tu puerto seré un destello
repetido en las ondas,
de la ausencia emergente
en mi huerto y mi andar.
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Por amor

.

Alguien las encadenó sin sentencia ni juicio,
a ser las culpables de algún desamor
las hizo prisioneras, víctimas y victimarias
de matar la ilusión…

Y ellas sueñan
que sus pétalos serán impares
para ganarle a la tristeza
para que una sonrisa valga la pena
para morir deshojada sólo por amor…

soundcloud.com/lola-bracco/culpables-corto (Lola)
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Espacios desnudos

Soñé un lenguaje eterno
un idioma disfrazado en la planicie humana

Soñé un espacio desnudo
una compañera perdida aullando en las calles

Soñé una violencia futura
cavando en el mar palabras pesadas

Soñé unos ojos rasgados
una niña triste con grito de sirena

Soñé un roce en su cuerpo
una mancha roja todo cubre

Soñé un lenguaje inútil
un monstruo en el aire diciendo su nombre

Soñé un cuerpo flotando
pieles de mármol / vellos despeinados

Soñé una mujer dormida
un amante herido cortando su pelo

Soñé un fin temible
unos senos tristes / un triángulo desgarrado

Soñé objetos enumerados
mandiles blancos / cintas acordonadas

Soñé / máscaras / casas en silencio / sueños cercenados
Me soñé acabada con dedos pálidos en la puerta de mi casa

me soñé descalza y silenciosa
sola entre las vísceras
de un espacio desnudo
que me absorbió
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Noche

.
Abrázame noche
antes que se escape el alma,
antes que este corazón deje de creer,
antes que la vida en la oscuridad, se parezca a nada
y la nada, no se apiade de mi alma…


soundcloud.com/lola-bracco/abrazame-noche-corto (Lola)
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Ya no

No me enoja
Y pronto irá dejando de doler
Ya no extrañarte por las noches
Ni en los conciertos
Ni en los cafés
Cortados
Con tres medialunas
Ya no más
Aunque no te olvide
Eso no te lo puedo prometer
Pero qué sentido tiene
Llorarte
Amarte
Si nunca
Ni en los días más soleados
De primavera
Me pudiste querer
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Piedra Roja

Una piedra roja viene cayendo desde las alturas,
rodando torpemente sobre su incipiente redondez
y de tanto rodar en su caída, se ha hecho una gran bola
que ya no corta con sus filudas aristas, sino aplasta
aquello que opaca su encendida determinación.
Arrasa todo lo que está buscando, y no se detiene,
aunque se le ofrezcan dádivas, ruegos u oraciones.
Unas personas huyen despavoridas ante su presencia,
y otras, sin embargo, la ven pasar embelesadas.
La piedra que rueda, ya no se detiene ante nada,
y nadie sabe de dónde vino, ni se sabe a dónde va.
Pero deja una estela de confusión en los corazones,
porque hay en su camino espíritus simples
que disfrutan con su implacable proceder,
y hay quienes temen, porque guardan oscuros secretos
que la piedra, con su rotundidad, quiere revelar.
Los hombres justos le dicen, muy agradecidos:
“No te detengas piedra, y sigue firme en tu rodada”.
Los descaminados en cambio, le piden a la piedra
que no siga atentando contra el orden establecido,
porque no vaya a ser que se cruce en su camino
y les malogre su vida tan bien organizada:
“Piedra subversiva, no sigas destruyendo la paz”.
“Piedra terrorista, tu color delata tu intención”.
Solo unos cuantos se dan cuenta que la piedra,
de tanto rodar, ya está perdiendo su vivaz color
y han salido en busca de la fuente y del motivo
por el cual se deprenden las masas que aplastan
todo lo malo que brota del corazón de los humanos.
¿Y qué creen?
Al subir a buscar la verdad en las alturas,
se toparon con una empresa transnacional
que tiene una provechosa concesión del Estado,
para extraer las piedras rojas y venderlas
en pequeños bloques, con agregados de color,
y recubiertas de una fina capa de laca protectora,
con las que se construirán pequeñas capillas,
que puedan proteger a los hombres
que requieren olvidar a diario sus mentiras,
invocando al espíritu de la cantera,
amansado ahora por una naciente religión…

Ya pronto no habrá piedras rojas en las alturas,
ni verdades que no puedan ser justificadas.
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Tremolar...(Experimental Latín-español)

TREMOLAR
(Experimental Latín-español)

I.- NON AETATE, VERUM INGENIO, APISCITUR SAPIENTIA
Porque dormida está la noche y no se opaca,
con el buen apetito, salta, en su pecho el saber.
¡Oh!. Con resignación el frío hielo muere,
y en su calor, el incensario, colora el humo.
¡En estrofas, entrad, soñadores del alma!.
Y empuñen la espada con la frente.
¡Oh!. El ingenio, de contorno alado.
Arrancando, deshaciendo, apretando.

II.-NOLI INTER EOS AMBULARE QUORUM ESSE ADHUC POTES SERVUS
En potencia la miseria es vital. ¡No olvidarla!.
La testa bien plantada se hace serena.
¡Cuídate al rodar la rueda arrolla!.
Y engendra la testa desgreñada. ¡Oh, sí!.
Y la sombra asombra al claro día,
en la cándida cadena. ¡El combate perdido!.

III.-NON ACCIPIMUS BREVEM VITAM, SED FACIMUS.
Con la emoción falta de voz en mano,
errabundos en la mirada pensativa.
¡La vida en sus labios se seca!.
No circular ligero, donde la vida pasa.
¡Magnífico y distante el aliento cuida!.

POST DATA:
I.- No es la edad, sino el ingenio lo que da la sabiduría.
II.-No camines entre aquéllos de quienes todavía puedes llegar a ser esclavo.
III.-No recibimos una vida corta, sino que nosotros la acortamos.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Del texto y la imagen.


Lea más: www.latino-poemas.net/modules/publisher/article.php?storyid=23407 © Latino-Poemas
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Bauman [Síntesis mediocre]

Las dudas inundan mi dormitorio,
de día a noche,
de muerte ínfima
a vida transeúnte del anonimato.
Dónde ha quedado ella.
Nos hemos vuelto endríagos,
fanáticos de lo efímero,
de lo pernoctante.
Nos hemos sumido
todos
en el profundo antónimo
de la felicidad,
y no nos hemos percatado
de su falsa eficacia.
Andamos vidas cortas,
luchamos para estar en paz
a la hora de la cena
y morimos bajo un arcoiris
de niebla atemorizada.
Y con la vanidad de nuestra
entrepierna
lo denominamos, sin menor dilación ,
placer.
El universo se mantiene con la presión
de nuestra falsedad
y todos somos inútiles partícipes.
Pusilánimes dedos controlan
nuestro destino.
No sólo miran nuestros ojos
con buen lustre,
sino que se hace grande
nuestra morbosidad
y reventamos nuestra inhumana mente
en un aterrador
clímax.
¿En qué momento se volvieron cortos
el tiempo divino
y el pesimismo de los poetas?
¿En qué momento se hizo
erógena
la manía de morir?
Quizás haga falta una guillotina
para darnos cuenta de lo que
vale el tiempo.
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Como café de Invierno

No me pongas a escoger en este invierno
Ni dejes al azar cualquier suspiro
Que ando corta de caricias y no quiero perderme
La primera nevada
Ya me robaste el café de la mañana
Y los primeros destellos de sol
He reservado para la tarde
Nuestros recuerdos con bombones
Te dejo cenar afuera con toda la libertad
Del viento, porque sé que te dejaras llevar
Hasta donde Dios le dice adiós al tiempo
No espero que regrese por nunca fuiste de nadie
Y el único compromiso que podrás cumplir
Es el besar la noche en cualquier cantina
A mí no me toman por sorpresa los avatares
De su existencia porque te he visto mutar
En miles de colores
No me pongas a escoger, que nunca he sido de invierno
Ni de tu Primavera.
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Acogida a tu corazón

Acogida a tu corazón…
Mis pensamientos están agotados, solo hay espacio en mi memoria para tu ausencia…
Ausencia quebradiza, que resbalándose por mi rostro marca una silueta de desesperación…
Te tengo, te tengo tan cerca que me atrapas con la frialdad de tus caricias…
Acogida en tu corazón, quedando latente por tu respiración…
La agonía de mi espíritu, se asoma de nuevo, dejando huellas marcadas en tu espejo…
Me da miedo la perdida de lo infinito que dentro de mí se hospeda, ya que el tiempo corta mi cuerpo parándose en un presente perdido por su inexistencia…
Después de haber vivido lo nuestro, unida a ti me quedo…
Se perdió lo imposible y se apeara el pasado de la nada…
Lluvia, noche perfecta, tratando de definir tu silueta en un cielo cargado de estrellas…
Frialdad en las sombras que rodean mi espacio vital, agarrándome a la depresión de tu pérdida como marinero a su timón…
Balanceo de situaciones y laberinto de confusiones, mis ojos cerrados visualizan todo esto agarrándome a tu hilo de llanto…
Desafinado queda el palpitar de mi alma, que con guitarra en mano marco tu esencia con el caminar y con tus cansados pasos…
Reluce el brillo en tus ojos, y abrillanta mi rostro, llenándolo de una luz tan bonita como extravagante es tu figura…
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El hombre sin cabeza

Un frío que raja la piel, y esta maldita llovizna impertinente aumenta el fango del camino. Mis botas se hunden. ¡Oscura madrugada! Solo por amor recorro seis kilómetros para verme con ella. ¡Cuánto sacrificio! El amor se impone. Cuando las ganas aprietan…, se acaban los imposibles.
“Es peligroso andar de madrugada”, dicen en la zona. Y comentan la aparición de “El hombre sin cabeza”… ¡Pamplinas…! ¡Supersticiones!
El frío y el cerner de lluvia continúan. Suerte el abrigo, que extendiéndolo me cubre la cabeza.
Diviso algo delante. Es alguien…, sí, no cabe dudas, pero no se mueve. Me detengo. ¿Será…? ¡Los fantasmas no existen! ¿Y qué hago parado? No. No creo… ¿Será que, creyendo dudo? ¡Allá voy!
--¡Eeeehhh!— grité nervioso al pasarlo a rápidas zancadas. Me remedó un grito aterrador, indescriptible.
Llegué jadeante al campamento. Todos dormían, me quité la ropa mojada, sequé, puse un short y tiré sobre la litera. No se me quitaba de la cabeza lo ocurrido. Cuando dieron el “¡De pié!, estaba molido, no dormí nada. A penas rendí en el corte de caña.
Concluida la jornada, tome un baño y dormí un rato. A nadie conté nada…, que va, sería desprestigiarme. Me senté a jugar dominó.
Nicomedes, el del batey. Vino a jugar. Mientras esperaba su turno dijo:
--Anoche vi al “hombre sin cabeza”... —¡Su historia fue la mía!, pero más exagerada
--Siéntate Nicomedes, juega por mí. – le dije parandome.
— Pero Raúl, termina la data. --masculló mi pareja.
–Me voy —Le contesté, y salí otra vez a encontrarme con Amparo, más convencido que nunca de que los fantasmas no existen.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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11comentarios 132 lecturas relato karma: 117

Tú, mi verso

Rima tu pelo desordenado con mis alucinaciones y mis otros demonios;
Tus labios desatan asonancias
donde ningún motivo era capaz de esculpir una palabra.
Rima tu piel con las yemas de mis dedos y me divide en silabas cortas;
Veo una luz entre tus pechos que me entumece los miedos y mi mano zurda,
Será acaso que eres mi verso?
Será acaso que entre tu olor y la tinta derramada duerme la metáfora que me falta?
Yo sé que tú eres mi verso, cuando te leo por dentro
Cuando te rompo el nombre en silabas
Cuando te escarbo los sentimientos tristes, y encuentro tu sonrisa.
Ya sé, que eres mi verso desde adentro
Ahora solo queda,
Que te dejes descomponer en silabas, el cuerpo.
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3comentarios 74 lecturas versolibre karma: 114

He...

He vuelto a navegar por la bahía
desplegando la vela
y tomando los remos de mi barca.

He intentado ser yo mismo, nuevamente,
al fundir mis ojos con la inmensidad del cielo
y de las aguas.

He vuelto a ver las olas cantarinas,
vestidas con su blanco inmaculado,
pasar bajo la quilla, al ser cortadas por la proa,
de mi barca.

He intentado sonreír a las gaviotas
y buscar en las estrellas los suspiros
que le mandan, en la noche,
al universo.

He vuelto a escuchar el tic-tac
acelerado de mi pecho,
cuando intenté tomar
estos versos con mis labios.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/11/18
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El canto del cisne

Hasta para el espíritu medio una ventana chica le parece poco para un mundo tan grande. Entre tanto me conformo con la ventana de un parque compostelano con sus aves y su lago. El pastor se sienta solitario con libro en mano mientras el humo del cigarro le da forma al aire en movimiento.¿Puede ser brisa o será viento?
El poeta es el cigarro con su tinta gris ceniza le da tangibilidad a lo que no puede ser visto pero sí sentido,¿será viento,será brisa, o tal vez simplemente poesía? Creador es el pastor de su cigarro, él tomó el tabaco en mano y envolvió su misterio con papel opaco. Sólo el fuego y el viento volverá transparente su misterio. ¿será poesía el fuego y el aire en movimiento?
El aire en movimiento le trae al pastor los sonidos de su parque compostelano: el graznido de ocas altaneras y de gaviotas corruptas, el arrullo de las palomas chismosas y la verdad del rumor del viento. Le trae el frescor anacrónico de la hierba recién cortada recordándole su primavera natal; otoño en Sudamérica. Pero de todos sus sonidos el pastor tan sólo anhela oír uno. Pues su naturaleza es casi inaudible y efímera que resulta un desafío para la sensibilidad del pastor. El canto del cisne, ya habló de tu misterio un gran pastor llamado Darío proveniente del otro lado del lago. Y aunque tu canto me lleve a un momento aciago con ansia espero que el significado de la vida surja de este observador callado. Pues entonces: ¿Será poesía el significado de la vida con tu canto consumido por el fuego y el aire en movimiento? ¿O será el humo que dando forma a tu canto en el aire descubra su significado?
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Sobreviviendo al fin del mundo

Caliente el café, y la ceniza de mi cigarro que no corta
afuera se escuchan los tambores de la destrucción
y yo acá sentado, apreciando el cuadro que colgué en mi pared.
Entre el humo y la melodía solo intento estar bien.
Sigo escuchando que afuera está muy mal, y yo acá sentado, apreciando las agujas de mi nuevo reloj.
Los gritos del miedo tocan mi ventana, y el solo de guitarra que suena en mis parlantes me eriza la piel
todo se derrumba todo se cae, y yo solo intento estar bien.
La última explosión se está por escuchar
acaba de morir la ultima luz
los gritos se evaporan en la tempestad
¿y yo? … y yo solo intento estar bien.
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¿Bloqueo de escritora?, ¿de persona? No quiero creerlo

Llevo unos días en los que no pincho,
Pero tampoco corto,
en los que, sinceramente, no finjo,
Pero, es que... tampoco lloro.

Llevo varios días intentando escribir
Pero siento que he escrito todo,
Como si hubiera terminado de vivir,
O como si me hubiera... Roto.

Llevo varios días intentando calmarme,
Pero no lo llego a lograr.
Ni dando un paseo consigo concentrarme,
Es una sensación extraña y mortal.

Llevo unos días pensando que es un bloqueo,
Un bloqueo de escritora
O tal vez uno existencial de persona,
Aunque no quiero creerlo.

Esti
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