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Como zíngara cascada

La tupida cabellera
de mi>>> María
no se enreda
y es que su peineta se desliza
lentamente
pasando por una galaxia entera.

Y como zíngara cascada
a orillas del Danubio azul
envuelta por nevados hilos
el pelo le cae))))))))))))
sobre su cintura de muñeca.

Y en su albur
le afloran los rizos más profusos,
le digo que parece
un bosque en miniatura
ahogado ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~~ ~ ~ ~ ~ ~ ~~ ~

en el fulgor de aromas orgánicas.

En invierno su cabello
es tan suave como la brisa...
Me pongo a observarla
como el sol inhala cada hebra
con su suave efluvio de luz
>>>>>>>>>>>>>y tornasol
y el exaltado viento
que lo mueve y lo mece
como las olas cálidas de mi lago de cristal
en plenilunio
y las lleva por valles
de triadas y hadas
que habitan en un nicho sideral.

La noche regala el rubor del silencio
y un aire de divinidad se instala
en la serpentina hoguera de los sueños.

Las hadas del bosque juguetean
con las delgadas puntas de los sésamos
y un carruaje guiado por mariposas
se asoma al ventanal.

La negra cabellera de mi hija
…….reposa
y su rostro parece
una mora andaluz…

Feliz cumpleaños...

Ramón Pérez
@rayperez
Septiembre 2018
Cabimas, Venezuela.
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Noche en el Danubio

En un roto de las horas
voló en paz de jazmín.
Entre soles que creía muertos.
Entre aguas que creía yermas.

Fértil ahora mi tierra,
alumbradas las ventanas de mis ojos,
pude ver belleza
en destellos que me ahogaban.

He aprendido a amar las flores
que han caído
al nacer entre mis manos.
He aprendido a amar
el reflejo de mi aullido,
el llanto de mis heridas,
la cima de mis miedos.

Ahora camino bajo cadenas,
bajo la tormenta,
bajo el cielo dolorido
que no me hará llorar.
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Roma Victor

Aurelio y Antonio, entraron en el campamento al galope. Sus rostros desencajados, tensos y polvorientos reflejaban ansiedad y temor, como si estuvieran huyendo de la mismísima Parca; y para ellos así era. Se dirigieron sin perder un segundo a la tienda del Tribuno, y allí, cuadrándose ante él, y después de saludarlo, hablaron.

- ¡Señor!- dijo Aurelio con la respiración entrecortada.-El enemigo se encuentra a un día escaso de camino y es muy numeroso.

- ¿Hacia dónde se dirigen exactamente soldado?- preguntó el Tribuno.

- Vienen directamente hacia nosotros señor-contestó Aurelio.- Creo que su intención es atacar nuestra posición.

- Bien hecho soldados. Reuniros con vuestros compañeros y estad listos para entrar en combate. Podéis retiraros.

Después de esta inesperada noticia, el Tribuno, Aurelio Cornelio Glabrio se dirigió preocupado a su lugarteniente, el cual se encontraba también en la tienda.

- Marco, la situación es preocupante. Según los exploradores, el enemigo nos supera en número, y solo puedo contar con una legión. Debemos enviar un mensaje al Legado Salinator para que nos venga a ayudar lo antes posible con sus tres legiones. Envía a tu hombre más de confianza. Manda tocar formación en orden de batalla. Quiero a todos los hombres listos en veinte minutos. Puedes retirarte.

- ¡Si señor!- y después de cuadrarse y realizar el saludo romano, se retiró.

Tal y como había mandado, veinte minutos después, todos los soldados de la legión que guardaban el campamento en la frontera del Danubio formaban en orden de batalla. La visión era marcialmente magnífica. Hombres robustos y curtidos, la mayoría, en cientos de batallas, vestían la armadura del glorioso ejército romano. Los débiles rayos del sol que escapaban del cielo gris de la región de Panonia, refulgían en los cascos y las puntas de las lanzas de los legionarios, dándoles un aspecto de semidioses. El Tribuno los miraba con admiración, con el orgullo de un padre cuando contempla a su hijo, con el respeto de un legionario romano. Después de pensar unos segundos sobre la suerte que correrán algunos, o la mayoría de esos pobres valientes, se dirigió a sus hombres para intentar infundirles valor para la batalla.

- ¡Soldados de la gloriosa Roma! Un enemigo mucho más numeroso se dirige hacia nosotros. Su objetivo es destruirnos, pero no dejaremos que lo consigan- los vítores y gritos guerreros empezaron a escucharse por todo el campamento.- Un mensaje ha sido enviado al Legado Salinator para que venga a apoyarnos. Pero....,¡Decidme! ¿Dejaremos que la historia hable, de que nuestra gloriosa legión tuvo que recibir ayuda para vencer a unos malditos y desorganizados salvajes barbaros?

- ¡No!- se escuchaban gritos entre los soldados- ¡Cerdos del infierno! ¡Bastardos!

- Es por eso soldados -continuó hablando el Tribuno.-Que saldremos a defender nuestro honor y el de Roma demostrando al mundo entero y a la historia que nuestra legión está compuesta por valientes soldados del Imperio. Demostremos a los dioses nuestro valor, y volvamos a nuestra patria con honores. ¡Un soldado de Roma vale por 100 malditos bárbaros! Así que…,¿Qué debemos temer? Roguemos al padre Júpiter su protección en la batalla, y a su hijo, nuestro compañero en batalla, el divino Marte, que nos de toda la fuerza para derrotar a nuestros enemigos. ¡Salgamos allá fuera, y cojamos nosotros mismo la Nike! Que cuando llegue Salinator, solo pueda quedar perplejo por nuestra fuerza y nuestro valor. Si estáis conmigo, la victoria es nuestra. ¿Estáis conmigo, soldados de Roma?

- ¡Siiiiiii!- gritaron todos al unísono.

Los soldados gritaban y chocaban sus escudos contra sus lanzas, produciendo un sonido aterrador que se podía escuchar a cientos de estadios de distancia. Tan aterrador fueron los vítores por el éxtasis de entrar en batalla que el ejército visigodo que se proponía atacar el campamento romano, se detuvo unos minutos angustiado por tan fantasmal sonido. Después de esto, todo estaba listo para el choque mortal entre romanos y visigodos.
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Azagelia

Cómplice el arrecife del naufragio de mar,
La luna en su noche rondando un callar,
Si no fuera su melodía un triste metal,
De sus pinturas favoritas no brillaría la sangre,
Y el néctar de Onán.

Era esta la fisonomía y figura de su otra mitad,
Dueña y señora de la palidez y de sus sombras,
Creía que en un Monasterio su espíritu flotaría,
Como los claveles tras los escombros,
Se perdía Durganiel en sus colores como el alma
Pérfida que en sus andares conjura sus temores,
Luchar en el silencio es una fortuna vestida de
Mentiras como una cortesana impura.

Llamábase Azagelia, mujer de grácil sentido,
y de ojos embebidos en el mar. Pudo más un aullido del sino,
Que tres augurios de un Danubio rapaz.

Extraña eclosión se diría el sabio al mezclar mercurio
Con ruibarbo, empero una huella se marca en el agua,
Como las penas en el funeral de las carpas,
Verdes peces llorando en un río donde el agua es cielo,
Y la nube piedra de un sacrificio ancestral.

Cierra sus óleos Azagelia como Artemisa sus bosques
Y el Juno sus puertas en el ojo del horizonte que desmaya,
Durganiel compra más libros cruzando la calle de Luchana,
Y parece un comprador más o un alma despistada,
¿Será que en buen colofón arden murientes las alas de las hadas?

Aquella tarde vio llover como los niños en los portales,
Como las flores en los bajos de la venerable anciana,
Pensaba en la nocturnidad agravando cual histrión
Una balada de Saratoga,
Su grupo de loco amor, sus grilletes retoñando en la faz del incrédulo.

Monstruo adulador vendedor de aspiradores,
Bajo su corbata escondía pentáculos y sofismas de ateísmo y redención,
le vi llover, le vi partir como la rasca en Madrid,
Y Azagelia baladí fumaba y se embriagaba a medias,
¿Cómo engañar al minotauro si eres el Ícaro en la línea uno, si tu verdad engañó a golpes al más astuto?

Durganiel solía recordar a media noche los lamentos de las almas,
Aquellas insensatas le producían más placer a Gargantúa,
Que le revelaba los secretos más ocultos púa por púa.

Hay mujeres nobles en Quevedo, le decía el demonio mostrándole
Un carmín.

Ve y tráeme dos almas ingenuas que crean en ti.
Y remató de azufre las esquinas de su nicho,
Y su ruido fue como el de los bidones lavándose en garitos,
Donde pulula el sudor y el mal vivir.

Así que Durganiel encendió incienso de Jazmín,
Para disimular la fetidez del Diablo al partir,
Y brillando en su sonrisa una estratagema,
A dos por uno sus servicios ofreció en Quevedo y Chamartín.

Le vi partir feliz,
Como la mujer que consuma su adulterio,
Y así mismo cual chaval colado en los intestinos de la disco,
Donde ebrias las disolutas universitarias,
Se transfiguran en bacantes y digitarias.

Se apresura el bandido al compás del rielar del oro,
Acelera el culpable su confesión al verse perdido,
Que el verde y el placer que sientes al mirarte,
De un espejo queda preso,
Como una enseña en Bastilla triste estandarte.

Cuídame Azagelia con tu famélica magia,
Tus cuadros veré a los hombres hipnotizar,
Al final somos todos barcas, hundiéndose en el fango
De un leproso navegar.

Ve y tráeme dos almas ingenuas, se repetía,
La Noria de Córdoba no hace ruido al moverse,
Caballas Istmeños hispanizados, a sazón sus manos
En sus cueros se revolvía,
Tanto como el verdugo bajo el maquillaje del cadalso,
Y la desesperación al poner el anuncio que desvaría.

Soy Licenciado y tengo experiencia en atención al cliente,
Por eso Durganiel en sus sueños de universidades más
Se corrompía y su Infernal Maestro contaba huesos
Y se ahogaba en flemas y enfermas alegrías.
Sicología Transpersonal

Cayeron las hojas del cerezo por ser otoño,
Un amor como pathos un idilio Thanatos,
Como el encierro, que Darío tuvo en París.

Se masturbaban las dudas en las manos desesperadas,
Una niña y una anciana eran las almas que faltaban,
El Mundo y la Muerte en el conjunto de Arcanos mayores,
¡Que orgullo, que agilidad veía Gargantúa en su pupilo!

No podía creer tanta fruición tanta entrega en el dosel del vicio.
No hubo tiradas, sino la perdición del deseo,
Almas ultrajadas sin distingo de edad fueron avernos.
Cómo dudar de un Postgrado si aquí somos presos de los títulos
Y de los mismos, cae una rosa ponzoñosa o una daga cubierta
En terciopelo en boga.

Ensalzado el inicuo por el éxito de su labor,
Creció su libertad como la de Espronceda,
Más vale un carnaval de penas,
Que una vida de funcionario, esclavo moderno
De las tribus de consumo, sempiterno caduceo de los moribundos.

Se hizo entonces con una suerte de secta,
Donde se ofrecían masajes y terapias alternas,
Y en sus confines las auras bailaban siempre abyectas.

Durganiel ampliaba su pacto con cada infeliz ánima,
Su comisión mensual era un deseo de poseer,
El hálito de las más bellas ninfas y el delirio del Midas,
Hasta ingerir sin fallecer el aurum,
Y dejar ofertas de trabajo masivas en el sector senil sanitario.

Ensalzado el inicuo por el éxito de su labor,
Lo llenó de suertes cual Tiberio en los brazos de Calígula.

Ya nadie quiere tu hervor decían los diarios,
Decían los parlamentos ahogados en política,
Los tiempos están cambiando y yo te sigo prometiendo ínsulas,
Como el falso denario de un hidalgo alimentando ínfulas.
Cayeron las hojas del cerezo por ser otoño,
Cambiaron de sala el concierto por no sé qué rollo,
Y pudo sonreír en su lascivia el verdugo y su víctima
Desafiándole como una oveja al lobo.

Durganiel tiene a Azagelia como tiene el vudú un muñeco por gardenia.


ROGERVAN RUBATTINO ©
Featuring Artist: Josep Hagen
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