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Por favor, no me hagas atender a la muerte, es tiempo del último cigarillo

En la luz de la noche
me perdí
creyendo ver en la mirada del niño perdido
todos los sueños que un día murieron
y ya no hay salida
por favor
ya no hay salida
para la existencia
solo podemos mirar hacia el último paso
y fumarnos el último cigarro
tratando de asumir el presente
y convivir con la ausencia
el dolor nunca se va del todo
pero se atenúa cuando aprendes a sobrellevarlo.

¿Lo entiendes?

El final está cerca
y lo sagrado ha ardido en mil pedazos
y por favor
no mires
por favor
no mires
solo quiero que se folle sobre mi tumba
como un monumento a la vida
como un monumento a la vida
y ya no queda humo
en esta ciudad perdida bajo el mar del Atlántico.

En la luz de la noche me perdí
creyendo ver entre sueños rotos
y los acordes se recomponen
tratando de salir a flote
y no hay piedad
no hay piedad
por favor
no dejes de escribir
por favor
no dejes de escribir
es lo único que te queda para sobrevivir día a día.

¿Lo entiendes?

Echo de menos Coruña.
Echo de menos la ciudad.
Echo de menos el barrio.
Echo de menos la libertad de un quinto piso.
Echo de menos su paz.
Echo de menos.
Echo de menos.

Adiós
mis amigos
adiós mi país
adiós mis sueños
adiós la luz.

Adiós
mis esperanzas
adiós
mi infancia
adiós
mi presente
adiós
mi foto en blanco y negro.

Adiós
mis amigos
adiós
mi país
adiós
mis sueños
adiós mi luz

Adiós mis esperanzas
adiós mi infancia
adiós mi presente
adiós mi foto en blanco y negro.

Adiós.
Adiós.
Adiós.

Solo quiero aprender a convivir con la ausencia.

Para poder sonreír.

Por ti.

etiquetas: poetry, poesía, soledad
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Mis sueños sí que madrugan

Quiero que madruguen los sueños
que no habiten en una burbuja
como si la vida bailara gratuita
con invitaciones sin peajes

Que guarden sus legañas en el armario
y los bostezos se mezclen con el desayuno
disfrutarán de su hora del té
cuando la noche se ponga el pijama

Y que recojan entre las espigas su trigo
o aprendan a cosechar sus frutos
tolerando alguna que otra inclemencia
sin resignarse a tirar la toalla

Mis sueños sí que madrugan
aunque a veces se tomen vacaciones
los domestiqué desde mi tierna infancia
reconociendo así, el sacrificio de mis padres
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Querubín

Mi infancia se desarrolló en una casa siniestra, al mismo tiempo que la fobia hacia las cucarachas y una enfermedad nerviosa que hoy sé, requería atención médica. Viví años de terror con la idea de espíritus malignos a mi alrededor. El hogar materno era sombrío, de arquitectura antigua. El aire transitaba por dos largos ventanales y se esfumaba por los pasillos que daban a las habitaciones. A un lado del comedor nacía una escalera recta que conducía al segundo piso; me aterraba subir porque al final había una estatua de mármol, que al recibir la luz del sol producía un efecto fantasmal. Los espejos de los cuartos, formaban una serie de imágenes que trastornaban mi pensamiento, parecían como si pudieran hablar; había uno en especial, con marco negro, que simulaba ser un demonio. Estaba colgado en la pared de la cabecera de la cama. Aprovechando mi situación de la preferida de la casa pedí que lo pinten de dorado; aún así, no dejé de temerle.

El patio era grande y al final se erguía un pozo tapado con láminas de asbesto. Una leyenda giraba en torno a él; pues se decía que había oro en sus profundidades y que una víbora enorme lo cuidaba. Recuerdo que cierto día mi madre contrató a tres hombres para excavar a su alrededor con el fin de encontrar la fortuna, pero una serie de insectos nauseabundos salió del pozo arremetiendo contra ellos. Uno manifestó haber visto a la culebra negra con sus ojos rojizos. Los hombres nunca más regresaron. Por su parte, Querubín cuidaba el patio por las noches. Se trataba de un pastor alemán blanco, consentido de mi madre y al que yo no le caía bien. Me daba la impresión de que Querubín veía cosas que los humanos no podíamos mirar. Ladraba mirando hacia ciertos rincones del patio en donde no había nada. El tío bisabuelo que dormía en un tinglado al final de la terraza dormía con él. Una noche Querubín se le lanzó abrazándolo mientras aullaba de manera escalofriante y el tío bisabuelo lo golpeó lleno de miedo. Querubín a veces se comportaba agresivo. Sólo con mi madre era noble. Nadie se explicó su inesperada desaparición. Una madrugada, después de escuchar un aullido desgarrador, acompañado de un ruido como si unas cadenas hubieran golpeado el piso, llegó un silencio prolongado. A la mañana siguiente Querubín ya no estaba. No lo volvimos a ver.
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Podía durar

“Y como debía ser duró
lo que era justo y podía durar…

Como el día al llegar la luna
siente su agonía,
como la noche cuando la luz
ciega a la Luna,
y debe marcharse…

Como el trabajo,
tiene un horario
una edad
un jubilado…

Como la infancia
con su inocencia
con alegría
e imprudencia
termina
con la rebelde
adolescencia…

Como ese Amor
primero
de lo imposible
que lo era todo
y hoy es recuerdo …

Como la vida
como el mundo
todo empieza
y acaba
todo sube
y a larga baja
todo como todo
cuando acaba
es solo nada…”
soundcloud.com/lola-bracco/y-como-debia-ser (Lola)
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Tu nombre

Atardece tu nombre en mis manos,
naranjas los pájaros te llaman,
mientras tú, nube hacia el horizonte
escapas de tu nombre.

Que después de tu nombre no hay nada,
que a mi lado no hay nadie después de nombrarte.



Nadie, nadie, nadie, que después de tu nombre no hay nadie,
belleza abierta de sueños e infancia,
Que de noche la luna se asusta del mundo
que la sombra es enorme si digo tu nombre.
Pájaro libre alrededor del campo,
nada, que después no hay nada.


Que no dejará tan fácil el mar de llamarte,
irá perdiendo cada una de tus letras,
y los pescadores cazarán abecedarios sin sentido entre los peces de colores,
se olvidarán los hombres que un día tuvieron una flor preciosa en la boca,
tus letras olvidadas se harán corales en el fondo de todas las palabras,
se volverá el mar verbo en tu nombre y manchará las noches en las que todo este limpio y perfecto.
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Humo

Siempre seré olor a humo,
su ensalmo y su vahído,
siempre iré
acompañado con su rastro,
con las lesiones y los resbalones
que la ligereza de mis pasos de niño
fueron abriendo en la madera vieja,
crepitando ante el tiempo
de las leyendas
paridas en una noche de heladas.
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Volver a soñar

Entonces, ella pensó en tener una casa más bonita o ya puestos a soñar, un chalet con un pequeño terreno donde plantar flores, incluso hacer algún curso básico de jardinería y aprender a plantarlas. Se sonrió al imaginar sus manos llenas de tierra. Una voz masculina la sacó de su imaginario jardín y pasó al despacho del médico. Salió de allí pensando que la vida, a veces, te da un bofetón tan fuerte que parece que la tierra se abre bajo tus pies. Cuando llegó a casa llamó a su amiga de la infancia, ésa que conoce como nadie tus luces y tus sombras, que te quiere sí o sí, con tus aciertos y tus errores, en tus días alegres o de malhumor. Y le dijo..ven, necesito que me abraces. Cuando su amiga llegó y le dio un abrazo, ella le dijo.."a veces, un abrazo te hace sentir que tienes el mundo en tus manos". Y si tenía el mundo en sus manos, podía vencer a ese puñetero cáncer rosa y soñaría de nuevo con tener sus manos llenas de tierra. Carmen Rosa López
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Se baña

Riela el agua
como las risas
de la infancia
y coqueta
la luna plateada
en los vaivenes
alegre se baña
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Ídolos

Que hubiéramos hecho sin Bob
Sin la yerba, sin el regué
Sin esa manera loca de vivir la vida
Quizás seriamos más parecido a Jimmy
O una media semejanza a John
Una réplica de Paul con una sutil
Pizca de Ringo.
Aprendimos a imitar a quienes no eran
Como nosotros, ni mejor
Pero que tenían las agallas de ser
Distintos al resto
Ahora somos parecidos a los pecados
De nuestros padres
Olvidando los errores de nuestros abuelos
Y salvaguardando la infancia de nuestros hijos
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El cuentacuentos

El cuentacuentos habló
el gozo en sus ojos reía,
miré su rostro con ilusión
queriendo recordar aquella infancia perdida.

El tiempo se fué como los buenos modales
corrió desperdiciando su paso a raudales,
siento mucho desilusionarte
mi pensamiento no fué una aventura que imaginó con amarte.

El cuentacuentos dijo la verdad,
a veces la gloria pertenece al enemigo,
tristemente él ganó
tú no supiste defender mi cariño.

Me gustaría poder decir que todo lo cambiaste
que no existe una sonrisa falsa, un débil mimo,
pero este cuento tenía otra historia tatuada
que frunce el ceño con un alarido.

El cuentacuentos habló de un castillo maldito
de princesas y héroes
espinas y dragones de fuego encendido,
yo mientras tanto busco poder imaginar que te quiero un tantito.


El mute.
05/12/2018.
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Yoya

Nota:
Realmente no soy ducho en gramática, nunca la estudié a pesar de cuánto me han gustado siempre las letras. La vida y mis quehaceres como cubano de nuestro tiempo me llevaron insoslayablemente por rumbos incompatibles con las letras. No me pesa, porque cuanto hice fue con amor y creo haberlo hecho bien.
A la lectura debo, sin lugar a dudas, el hecho de poseer ciertas facilidades al escribir, porque aunque imperceptiblemente, cada libro que se lee deja huellas y aporta conocimientos además de placer, ampliando nuestro dominio de palabras, significados e incluso, sentimientos. Nos prepara mejor para entender, apreciar y fortalecernos ante las circunstancias que durante nuestro paso por el tiempo debemos afrontar.
De cuando era pequeño, recuerdo la expresión: “Matar enanos”, en alusión a poder realizar algo que siempre se soñó mucho tiempo después. Pues bien, no me siento frustrado porque ahora, después de viejo y jubilado, es que estoy “matando mis enanos literarios”:



Yoya: Así se resumen sus apelativos. Menuda como su mote, es su apariencia frágil cual mariposa. Pero… encierra tanta fortaleza física y espiritual, que sumadas al abanico de cualidades que airean las calles del pueblo cuando pasa, se ha tornado en objetivo de muchos que siguen sus huellas de buenas influencias.
Es un siglo con cuerpo de mujer, una ristra de años bien trenzados que conservan el mismo aroma infanto-juvenil que aún exhala en la envidiable senectud.
Con su andar, como alado, al pasar o detenerse, la saludan todos con cariño, y grácil, les corresponde. Siempre provoca comentarios entre quienes la siguen con la mirada…
-–Parece increíble, pero… ¡ahí va Yoya! –Dicen unos.
–Por ella no pasa el tiempo –Aseguran otros.
¡Y tienen razón! Pareciera que los años no le pesaran, o no le importen. Nunca los cumple….
– ¿Para qué?, si no sé ni cuántos son. –Me responde sonriente –De que los tengo, los tengo y nos llevamos bien.
Con la curiosidad que provocan los asombros, no he podido sustraerme a los impulsos por descubrir los misterios que han mantenido, como en urna de cristal blindado… sus neuronas, tierna sonrisa, carácter afable, férrea salud y excelente memoria; aunque:
–No en mí todo está bueno –Me dijo sin inquietarse –De hace un tiempo a esta parte… no oigo bien.
Hurgando entre amistades, algunas tan longevas y de ambos géneros, con las que compartió infancia, adolescencia y adultez; coincidentes afirman:
Salvo uno que otro resfriado u oportunista virus común que ha sabido eliminar con mañas propias, no ha sufrido enfermedades. ¿Hospitales? Solo a visitar o acompañar enfermos. Desde muy pequeña fue siempre solidaria, buena amiga, mesurada y solícita consejera. Bautizada y fiel creyente iba a la iglesia a cada evento y procesión. Todavía lo hace. Como toda niña, aún sin dejar los juguetes flotó entre humos de ilusión, por los campos de la fantasía. Creciendo amó y pudo descubrir después, que la vida es distinta a las creaciones de sueños dorados de besos sin treguas, de amores sin escalas en los paraderos del diario vivir. La abandonó el primero y al segundo se dedicó con devoción hasta ser separados por la muerte.
Continúa desbrozando dificultades. Las mismas de hombres y mujeres de nuestra sociedad, con el mismo sentido patrio que abrazó y compartió laborando por más de cuarenta años. Después de convivir en pareja por muchos años, ella y Alfredo tuvieron el honor de ser el primero de los matrimonios colectivos celebrado por Los Círculos de Abuelos. Se graduó en la Universidad del Adulto Mayor a los noventa años de edad… y con orgullo conserva su diploma.
A fines de mayo pasado, al cruzarnos le vi el brazo izquierdo en cabestrillo:
– ¡Pero…, Yoya! ¿Qué le pasó? –Le dije al saludarla con un beso y mi mano sobre su hombro derecho como si con ello la aliviara en algo.
–Nada… –Me respondió –Como cada domingo temprano en la mañana iba para el estanquillo del parque a esperar el periódico, en la acera había unos obstáculos de basuras, di un traspiés, me caí… ¡Y ya vez! –concluyó con pesadumbre.
Se me antojó paloma con el ala rota y me causó tristeza. Más tarde supe que sufrió fractura en la clavícula izquierda (Cabeza del húmero) y que no la enyesaron para evitarle daños en la fina y magullada piel.
–Lo de Yoya no son huesos, son cabillas –Me dijo en broma una amiga común celebrando que solo dos meses después, ya hace de todo , incluso lava y afirma que en Septiembre se incorporará de nuevo a los ejercicios en El Circulo de Abuelos.
Su carnet de identidad refiere que nació el 22 de julio de 1918, aunque confiesa haber nacido el 29 de junio de ese propio año. Vive sola, hace todos los quehaceres y mandados. Cada domingo en horas de la mañana se sienta en el mismo banco del parque, detrás del estanquillo, para leer el periódico “Tribuna de la Habana” y enterarse de la “distribución de productos”. Se interesa por las noticias de la ciudad.
–Las internacionales no me gustan… –Dice M– ¡Este mundo está muy loco!
*
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Manos

¿Cuántas manos has conocido? ¿Cuantas manos has tocado?
¿Cuántas manos has amado? ¿Cuántas manos has odiado?
Seguramente muchas manos por tu vida han pasado,
y el contacto tibio de algunas tu corazón jamás ha olvidado

Manos que se abrieron generosas,para acoger tu llanto
y otras que ,dulcemente,más de una vez te acariciaron
Las que una vez seguridad te dieron ante una situación de espanto
Las que con habilidad amorosa tejieron ese viejo manto.

Aquellas que durante tu infancia en tu primer caminar te guiaron
Aquellas que hacían el pan y las galletas que tu hambre calmaron.
Aquellas que escribir tus primeras letras, en la escuela te enseñaron.
Aquellas que en las noches frías de invierno tu cobija acomodaron

Manos que felices se unieron a las tuyas en ese encuentro anhelado
Manos que se entrelazaron a las tuyas,antes del beso deseado
Manos que recorrieron tu cuerpo, en esas noches de pasión.
Manos que te dieron fuerza y apoyo en los momentos del dolor.

Pero debe haber otras manos cuyo recuerdo quieres esfumar
Manos que alguna vez te hicieron daño y que llegaste a odiar.
Como las manos que se cerraron cuando las quisiste tomar
Como aquellas que sí se abrieron,pero sólo para golpear

Las manos del mal amigo que una vez te traicionó
Las manos de quien amaste y ,cruelmente, te engañó
Las manos que creías santas y eran de un abusador
Las manos del que ,sin consideraciones, un día te ultrajó

Manos del estafador que de tu confianza se aprovechó
Manos del agente que ,con tortura cruel,te dañó y humilló
Manos del político mentiroso que de tus ideales se burló.
Manos del usurero que con tus necesidades lucró.

Pero debes preguntarte qué hicieron tus manos también
Si fueron siempre leales cuando las diste en apretón
Si dieron caricias desinteresadas sin buscar compensación
Si no se levantaron contra quienes tenías que proteger

¿Fueron tus manos generosas cuando te pidieron perdón?
¿Fueron acogedoras cuando alguien amparo en ti buscó?
¿Fueron respetuosas cuando alguien te dijo que no?
¿Fueron sinceras en aquellas ocasiones donde juraste amor?

Las manos que amaste, las que odiaste parte de tu vida son,
y lo que hicieron o no tus manos lo sabe bien tu corazón
Un día las manos ajenas se esfumarán para siempre
y las tuyas quedarán cruzadas, sobre tu cuerpo inerte.
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Y cerré la puerta

Y cerré la puerta…
Y en un bolsillo,
silenciosamente,
deslicé la llave…
Y en el otro, un reguero gris
de lágrimas amargas.

Como aquellos judíos
expulsados de Toledo,
me llevé la llave.
Aquella llave hermosa,
aquella llave grande,
de las que ya no existen,
de las que ya no abren
ni el refugio, ni el hogar,
ni la cálida morada.

Quedó desierta la casa
fría, inerte, silenciosa…
Y en el hermoso balcón
una flor abandonada.

Con agrio desasosiego
corrí senderos ajenos
y sin volver la mirada
perseguí la incertidumbre.
Emprendí un camino largo
arrastrando la nostalgia
con su peso en el bolsillo
y el alma desconsolada.

En mi hatillo de recuerdos
me llevaba…
las vidas que se vivieron,
los sonidos, los colores,
los aromas de la tierra,
la alegría de mi infancia.
……………………………
(El tiempo, inclemente, pasa.
Recuerdo y olvido arrastra.)
…………………………..
Desandaré los caminos
desterrando la añoranza.
Y con la mirada nueva,
entre los pliegues del sueño,
confinaré mis temores
y atraparé mis recuerdos.
Y con la llave del alma…
regresaré a mi pasado
hacia el caer de la tarde.

(A los que regresaron y a los que no pudieron nunca regresar.)
María Prieto Sánchez
Octubre 2018
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Wolf

En las noches aún puedo ver esos ojos tan profundos los cuáles hacían juego al color blanquecino de su rostro. La noche en que recibí esa carta con ese sello color vinotinto que no veía hace tanto , hizo que algo en mi despertara el sentir de una profunda alegría que poco a poco se fue convivirtiendo en congoja al pronunciar de cada letra " vivo , pero no por mucho " -Wolf .
fueron las últimas palabras que vi volverse cenizas .

Aquella misma noche partí a su encuentro , al cruzar el marco de la puerta un peso se posó en mis hombros y mis fosas nasales se inundaron de olor a azufre , con la mirada busqué aquel amigo de la infancia que me crío cual padre lo haria, pero con lo único que mis ojos se encontraron fue con un ser perdido en la desesperanza entregado al fatalismo, cuando me postre al pie de su cama fui testigo de su perdida de peso , en sus manos y pies se encontraban manchas relucientes por el descolorido de su cuerpo , las cuencas en sus ojos eran profundas e incipientes al igual que sus pómulos , me miro a los ojos y pude notar ese color azul y pude jurar que era lo único que permanecía con color en el.

No me dejo pronunciar palabra aquella noche , mientras en mi interior era conciente de los cambios de su respiración por el esfuerzo al que se obligaba , sus últimas palabras se repiten constantemente en aquel limbo en el que vivo - el ser humano es un ser perfectible , mas no perfecto , cometí tantos errores y lo peor es que ni el retumbar de los pasos de la muerte logran causar arrepentimiento...algún día podrás perdonarme -dicho esto empuño una llave en mis manos , señaló una caja la cual tenia unos grabados indescifrables para mi. ...lo único que pude hacer fue transmitirle una mirada llena de calma , con su último aliento dio un suspiro mientras apretaba mi mano envuelta por la suya, sonrió de lado y vi su mano caer , sus párpados quedaron abiertos con la mirada puesta en aquella caja . Verlo en aquel estado me hizo desear compartir su pena , sin ser conciente que ya lo hacia , nunca supe el contenido de aquella caja , me causaba tan mal presagio siquiera verla, además ...no se habla mal de los muertos , no quería que lo hicieran conmigo .
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El Señor de los Cerros

A Nino Urbina, mi padre. In Memoriam

Hace un año que el "Señor de los cerros",
amo absoluto del aprecio de la gente pura y sincera del recóndito ande boconés,
partió en su último viaje,
en una carrera hacia la eternidad,
cargado con sus maletas repletas de amor y humildad
y la conciencia de saberse "el hombre bueno".
"El Señor de los Cerros" hoy deambula por los confines del cielo,
haciendo quien sabe cuántas veces el Camino de Santiago,
acompañado por sus amigos de siempre,
entonando añejas rancheras aprendidas en sus cuitas de los años mozos,
y transcurriendo el tiempo,
en un dialogo perenne en su colorida esquina
taciturna y bullanguera a la vez,
y con los bolsillos atiborrados de monedas de chocolate
de esas que dibujaron sonrisas en los nietos amados,
las mismas de cada cuento hilvanado en la remota infancia.
Nino, caballero andante,
padre solidario y hombre sensible,
consecuente labriego de la amistad,
se reúne a diario con Dios
pidiendo protección y bendiciones
que nos caen como lluvia sagrada.

09 de abril de 2016
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Amaneció el día gris...

Amaneció el día, gris y triste,
quizás como anunciando el otoño
que estaba a la vuelta de la esquina.

Salí a pasear y a caminar un poquito.
Caían unas gotas de lluvia, que se agradecían,
mientras resbalaban del cielo
para besar las mejillas.

Hoy no vi mariposas ni pude saludarlas,
aunque había otras, que eran las hojas de los árboles,
que volaban y caían a mis pies
con ese tono dorado y ocre del otoño.
Pasé entre ellas y las fui sonriendo
mientras pensaba en ti,
en tu nombre,
en el mar cercano y lejano
y hasta pensé en Salamanca.

Recuerdo que un día el mar abrió sus olas
y me dejó caminar por entre ellas
en una playa preciosa e interminable.

Entré y caminé, con mis sueños y fantasía,
por aquel mundo mágico de las hadas.
En él vi a los peces que, como en una enorme pecera,
me saludaban al pasar;
luego me detuve un rato con las sirenas
que tropezaba en el camino
y me contaban leyendas y relatos
de viejos marinos,
de viajes y de amores en las dunas
de la playa.

Fue un rato muy agradable
y pensé en dos niños, en su infancia,
caminando juntos y sorteando los pozos
que el mar había dejado entre la arena,
y aspirando el salitre y el yodo del mar,
que les llegaba con su aroma.

Cuando regresé y volví a casa
abrí los ojos nuevamente.
La playa había desaparecido
y las olas solamente eran recuerdo.
Miré a ver si entre la lluvia que caía
veía alguna mariposa
pero solo el viento, invisible,
daba muestras de estar cerca, con su abrazo,
y sus caricias
para emular a la lluvia con sus besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/11/18
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Permitiendo que la soledad gotee en las grietas

Las partículas enturbian el silencio,
como pensamientos confusos atrapados
en la mente oscura de un psicólogo, un
científico loco que analiza mis defectos
bajo el microscopio; para
conjugar una fórmula conductual
para destruir sistemáticamente mis esperanzas.

Permitiendo que la soledad gotee en las grietas
de mi corazón roto, que por un intentaste pienso
en unir las grietas con lo que
pensé que era amor.

Ella tomó una parte de mí,
desde entonces la busqué en todos los libros,
en cada mirada, estoy dando un nuevo capítulo en
mi vida y el sol está brillando con una nueva
frecuencia.

Los planetas están empezando a confiar en mí otra vez,
pero la luna ha sido muy obstinada,
me advirtió que si tuviera que ver
su lado oscuro, nunca podría ser invisible.

Nací con una oscuridad interior
que estaba llena de vida,
que me trajo angustias y conflictos,
cuando me expongo a los rayos del sol.

Me sentí cómodo con el brillo de la luna
y solo se volvió más doloroso a
medida que se encendía, la vi crecer en ti.

Pero no pude evitar sentirme atraído por el
fuego dentro de ti, caliente pero resplandeciendo como la
luna, estoy flotando al pensar en ti.

Al diablo con el mundo y las etiquetas y la
guerra psicológica diseñada para
hacerte sentir que no eres suficiente.

Para que puedas comprar mas cosas.

Estábamos por encima de esa pelusa,
pero en el amor nos perdimos.

No quedaba nada de
la ira del hierro, sino el óxido.

Volcanes que esperan para entrar en erupción
llenos de palabras tácitas
que nunca podrían expresarse
en pensamientos.

El sonido sordo y cauteloso de tu cuerpo
que cae en la cama por ultima vez sobre mi,
en medio de una incesante melodía,
del profundo silencio de las sabanas.

Cambié todos los deseos carnales, por recuerdos
y una tacita de té.

No me toques el cuerpo, tócame la sonrisa,
con tibia alegría, con tu luz de hombre.

Así pasan las calles de la edad.
En paz, en paz pasan las calles de la infancia
empujando un carrito de niños sobre las piedras.

Voy quemando mis naves, cosiendo el enciendo diario.

¿Te preguntas a
dónde van nuestras almas
cuando morimos?

¿O si es tu decisión caminar
o no
hacia la luz?

¿Y si
todo nuestro universo es un simple parpadeo
del ojo de Dios?

¿Y si
somos pensamientos que se arrastran sobre la
mente de Dios ?

www.youtube.com/watch?v=7-IUSq4s6Bg
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La fragancia de las malas hierbas viene lentamente del viento

Estoy parado en la calle al atardecer y pensando en ti.
Algo de luz solar se proyecta en la sombra.
En el tobillo, en los brazos.
Pensando en la relación entre tu nombre y un brillo.
¿Cómo puedo resistir?
Este resplandor me esta mareando.
Tus ojos negros y brillantes, las flores en tu mano.
La fragancia de las malas hierbas viene lentamente del viento.

Estoy pensando en ti, en la calle de mi infancia.
Durante tantos años.
Algo se vuelve hacia los pensamientos.
Inscrita en la palma de la inscripción fría.
Desapareciendo en tus labios, a veces no puedo leerlos.

No puedo recordar si confío en mi mano derecha o
la mano izquierda: limpiando silenciosamente algunas inscripciones en tu cuerpo desnudo mientras el sol está caliente.

Puedo sostener tu mano.
No te muevas en el aire, atrapo lentamente tu sonrisa.
Y mi sonrisa es similar a la tuya.
Y el sol está cayendo a pedazos.
En mis ojos llenos de luz.
Paulette mi casa es tan antigua.
Fui perseguido sin ninguna razón por esos días.
Tejido por mi la vieja guirnalda encantada.
Paulette, por favor no tengas una llaga en mi corazón.
Una taza de agua fría bajo el sol poniente.
Paulette dibuja una cruz con bendiciones en mi vientre.

El sol de principios de invierno brilla en el cuarto oscuro de mi
atrio mi querida Paulette.

La piel que se ajusta a las reglas está claramente penetrada por el sol transparente en el halo de plumas sin dilatar.
Mucho tiempo en el suelo los dos, las palabras estaban vendadas, pero la ardiente fiebre bajo los labios blancos.
Drenar la lluvia sobre tu cuerpo desnudo, bebiendo la brisa sobre la luna; una, y otra vez.
El aroma del narciso está abierto en tus ojos.

Che-Bazan.España

www.youtube.com/watch?v=DD0JjcYv6Sg
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Otra vez más

Otra vez, he vuelto a saltar
en tu bolsillo de vientos usados,
me quedo leyendo sobre la arista
de tus páginas hueras
con sus sueños sin piernas.

Hoy me he levantado
tratando de dar luz
a tu mirada, con cerillas sin cabeza.

y salto mi voz con mis zapatillas
de cuello corto
sobre las hojas desordenadas
de tu aliento.

Oigo como cantas, soltando
los gallos del gallinero,
y tu saliva salta,
hasta el cielo oscuro

Tratas una y otra vez,
de desajustar mi reloj sin sentido,
y escucho con parsimonia
mis segundos jugando al escondite
con unos minutos lipotímicos.

Y me pierdo, entre pétalos simples
de mi conciencia,
entre infancias de secretos pequeños,
y me dejo envolver otra vez
en cortinas de lunes
que quieren ser domingo.

Y vuelvo a recargar mis sueños,
de vacíos cántaros de excusas
y portones huérfanos
de zaínas muecas.

En la inmensidad de mi mar,
se deshojan mis olas
buscando mis mareas,
hulgando en la batería
de mi cerebro,
y escucho, el rugido
de mi motor hambriento
en el árbol de la ciencia
que quedó en el olvido,
y mis dedos no se encuentran
porque perdió el billete de vuelta,
y mis manos se encallan,
buscando tu mirada perdida,
en un atrapasueños.

Ángeles Torres
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Madre

Madre

Palabra infinitamente bella,
comparable a dios y a su grandeza,
al sol, en su envolvente pecho…
A la luna por ser faro que destella.
Nada más inmenso que sus brazos,
que cuidan, protegen y cobijan,
nada más contenedor que su mirada,
y su sonrisa que alienta y sostiene,
con la ternura de su alma y
el gran amor que el corazón anida.
Madre, palabra omniabarcante,
donde su cuerpo engendra, posee y crea,
donde su cuerpo alimenta y cuida…
Madre, nombre que el hombre pronuncia
a toda hora, en su niñez, su infancia,
su adolescencia, su adultez y su vejez;
última palabra en su renuncia,
última palabra en su partida,
sentimiento noble de amor y paz fraterna,
que afloran en la dicha, que se clama,
se implora, y se piensa en la oscuridad
del desatino, del error y la desdicha,
madre, ser que todo lo perdona,
ser que todo lo transforma, optimista,
positiva, vital, guerrera sin desmayo,
corcel de triunfo, de gloria, altruista,
mujer, ángel tutelar para tus hijos,
bálsamo, candor es su presencia…
Aunque ausente mañana por su tiempo,
siempre está en la mente, en asistencia.
Imagen, idea, memoria, talle, figura,
presea que nos da la vida, al corazón es templo…
que vierte luz de indiscutida transparencia.
solo un hijo, en su alma, en su cuerpo y mente,
piel, vísceras, en la cuita más profunda
puede reconocer los valores de una madre!!!
Si por madre una madre tuvo.
Horacio F. Rodríguez Porto
Libro “Amanecer Crepuscular”
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