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Alba

-Alba: En respuesta a tu Ocaso, yace el Alba que se alza en medio de tu escondite, se asoma a la vista el camino que creíste dejar atrás.

Te preguntaré: ¿por qué rendirse?
si enfocas tu atención,
puedes encontrar el lado positivo
detrás de la pesada piedra que te aplasta el tórax.

No está mal una compañía inerte,
como la almohada que te acuna
y roba el sueño cada noche,
para plañir mientras intentas sacarlo todo,
sin prisa, paciente.

No hay porque abandonar,
ya saldrás de la situación en la que te encuentras,
para vivir sorbiendo de ese sueño con el que creciste
y deseas poder despegar y volar.

Te he mencionado repetidas veces:
Te maltratarán, te machacarán,
harán trizas de tus ánimos
y voluntad de seguir viviendo,
aborrecer la sangre que llevas
y todo eso provocado ¿por quién?
la progenie que no se elige
pero con la que te toca convivir.

Llegará tu tiempo, te dolerá
y te odiaran por momentos,
al dejarlos y escribir tu propio caminar.
Pero no te preocupes, se les pasará,
el tiempo se encargará
ya que lo único que importará
es la vida que escogerás batallar.

Respira, aspira...relájate,
deshazte de lo que te lastima,
te agotará pensar en acciones que podrían dañarte día a día
y que ningún bien te harían.
No es tarde, piensa…piensa, lo superaras,
nunca se está sólo, aunque así se crea.

Te doy permiso por esta noche,
llora como si hubiera un mañana al cuál regresar,
con la sonrisa de oreja a oreja y el pecho altanero
a plena vista para empezar con todo.

Descarga y recarga,
pero nunca recargues más
de lo que tu capacidad no podrá soportar.
-Escrito el: 16/10/2018 a las 11:57 p.m.
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Lluvia de día

Más lluvia de la esperada

llena mi jardín de vida

sopla con fuerza deseos a dientes de león

esparce su aliento, observa su creación

me mira fijamente mientras juega con mi cabello,

una sensación apacible

un aroma indescriptible.

En la ventana una catarina dorada

estaba sentada, un poco maltratada

pues parecía que de la vida estaba cansada,

viendo la lluvia caer, lograba sus problemas desaparecer,

pero la vida le pesaba y a nadie engañaba.

La lluvia llegó con más fuerza de la esperada,

la mariposa encerrada, estaba refugiada

molesta con la vida pues de su libertad se encontraba privada

y la amargura le pesaba, a nadie engañaba.

La lluvia con interés observaba

su creación no le agradaba

pues a unos apaciguaba

mientras a otros atormentaba.
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"La Heroína"

Ella, no necesitaba capa, ni poderes especiales, solo sus pensamientos la conducían por los más remotos, recónditos e intrincados senderos de la vida, sin descuidar a su entrañable descendencia, asida a ella como ramas al árbol.

Desde que abrió los ojos al mundo, no conoció otra cosa que amarguras, aún sin saber pronunciar palabras…. Las que escuchaba, eran tan feas que le herían sus tiernos oídos y quienes las decían asustaban al mostrar sus endurecidos rostros. Así aprendió a pensar, antes que a hablar. Y se preguntaba una y mil veces: — ¿por qué?...—con el pensamiento, mientras miraba a quiénes debían amarla y protegerla, que adivinándolos le respondían con maltratos físicos y verbales. Así creció, entre golpes, lágrimas y suspiros esperanzadores. Los martirios sufridos, en silencio le endurecieron la piel como coraza; pero dentro del pecho, su corazón latía sensible y bello como rosa nacida en el pantano.

Fueron muchos sus sueños, pero más los desengaños. Confiaba en el prójimo, pero éste le cerraba las puertas y ventanas de forma denigrante y cargada de desprecio. Y se preguntaba: — ¿Por qué el Mundo es así? —Pero sin encontrar respuesta.

La grandeza de su humildad la fortalecía ante las vicisitudes de la vida. Y desbrozaba…, a fuerza de voluntad y pensamiento todos los escollos que se le interponían. << ¡Sobrevivir y adelante! >> Eran sus mejores consignas.

Como gallina de clase que tras aovar y sacar sus pollos les da calor y abrigo bajo sus tiernas alas, les enseña a andar y que alimentos llevar a sus picos…; Así, está mujer carente de conocimientos básicos, analfabeta, pero licenciada en escuelas de sacrificio, ha conducido a su prole por los avatares de su derrotero, garantizándoles alimentos, educación, prestigio y guiándolos por los caminos del bien.

¡Por eso, mis hermanos y yo la queremos tanto!

—FIN—





Clementina Bravo Rivera
Cleme_Eternamente
23 de septiembre de 2018
Arica - Chile.
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Hermosa flor marchita ® ©

Eras flor marchita
en el jardín de la vida
seca, maltratada
envilecida tu esencia.

Por la acción
de las circunstancias
egoístas e indetenibles
de los prejuicios.

Las mentiras y las envidias
de los comunes, los hipócritas
esos que
no merecían tus besos
ni tu amor.

Ninguno veía en ti
lo que deseabas ser
tu belleza real
esa que cuando nos besamos
floreció en ti
mi hermosa flor marchita.

Y con ella nació también
esa fuerza y valor
para quedarte a mi lado
y a mí me confirmo
que el amor verdadero
todo lo sana.

Carlos Luis Molina Lara
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Se pueden dar muchas razones... pero realmente solo existe una

Como bien decía Eleutheria, escribir es un acto de puro egoísmo,
no escribes por y para los demás
sino que simplemente usas la letra como una herramienta más,
un catalizador con el que liberar un poco de peso en tu fuero interno,
en tu infierno personal que te has montado por dentro,
buscando purgar todo lo que supura por debajo de tu piel,
ya sea bueno o malo,
simplemente deshacerte un poco de él.

Porque "no espero que os guste,
solo espero salvarme",
define hasta que punto el poeta del alma solo aspira a no suicidarse por dentro,
maltratando su carcasa por fuera mientras tanto,
intentando aguantar un día más a su rutinaria vida de la que no da escapado.

No todo son horrores,
sino que también hay música en la belleza que ilumina cada día,
pero el acto de escribir sigue siendo más de lo mismo:
buscar hacer tuyo lo que no lo es,
apropiarte de lugares, sentimientos, sensaciones,
darles un giro y una vuelta de tuerka
aspirando a que lo hermoso del universo pase entre la gente como un ingenio de tu cabeza,
como si fueses el artífice de plasmar el sentido de la vida
cuando no eres más que el ilusionista que juega con los espejos para reflejar;
y eso,
siento decirlo,
no tiene ningún mérito;
más que la vanidad que nos hinchan los demás al leernos.

Escribo para arrancar sonrisas e insuflar sueños en los cuerpos,
despedazar pesadillas y generar alegrías que duren hasta bien lejos,
pero no os confundáis,
la razón principal es que soy como los tiburones de punta negra al nadar,
si no lo hago me ahogo y muero.
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El breve relato del tío soberbio

Mi tío tenía joroba. Los médicos la llaman escoleosis congénita. No era demasiado notoria aunque ahí estaba. De nariz aguileña, mugre en las uñas, calvo desde joven, gordo y con lentes de mucho aumento. Sudaba tanto que a veces hedía. Ejerció por años un oficio que con el tiempo se volvió obsoleto, reparaba radios y televisores de bulbos. De niña me daba miedo su mirada. No tenía pestañas y eso hacía que sus ojos se vieran extrañamente redondos. Mi abuela lo describía de manera diferente. Decía que era guapo y que se parecía a un actor de telenovelas mexicanas. Ella contaba que de niño su hijo estuvo cerca de morir por hambre y que una señora millonaria se lo pidió en adopción para darle una vida digna, pero mi abuela no quiso y con lo que podía juntar lavando, planchando y arreglando casas, lo alimentaba. Entonces mi tío vivió. Ella en agradecimiento se volvió fanática religiosa. Desde entonces mi abuela miró a su niño como un milagro, algo divino, como una creación perfecta incapaz de cometer errores mundanos. Nada de lo que hiciera estaba mal ante sus ojos, era su único hijo varón.

Cuando mi tío se convirtió en adulto se casó con la chica de sus sueños: una rubia de cintura extremadamente pequeña, ojos verdes y de estatura notable. Yo no entendía cómo esa mujer tan bonita se había enamorado de un hombre como él. No sólo por su físico, sino por su soberbia. Los padres de mi nueva tía amueblaron una de sus casas para que vivieran los recién casados, con la promesa de heredar la residencia y una fortuna a su hija con el paso de los años, para que los nietos disfrutaran del fruto del trabajo de los abuelos. Pero pasaron diez años y el primer bebé no llegó. En cambio había una pareja con el corazón marchito. Mi tío se volvió diabético y a mi tía le quitaron la matriz. En su hogar tenían una tienda de abarrotes y un taller de reparación de aparatos electrónicos. Comían de esos negocios y alimentaban la esperanza de la herencia prometida. Cuando el avance de la tecnología rebasó el oficio de mi tío, él se negó a actualizarse. Entonces comenzó la decadencia. Él pensaba que la vida era injusta con él por no haberle dado un hijo, por no haber recibido aún una herencia que no le correspondía y por su enfermedad. El carácter se le recrudeció y comenzó a maltratar a su esposa. El techo donde moraban se había deteriorado junto con todos los muebles de la vivienda. Cierta mañana el anciano berrinchudo sufrió un infarto cerebral, sobrevivió a cinco ataques más en dos años y ya no podía hacer mucho, por lo que su mujer lo ayudaba en todo. Transcurrieron apenas unos meses para que mi tía enfermara de los nervios; sufría crisis de llanto, gritaba, pedía ayuda en la madrugada y yo acudía al hogar de los tíos. Mi abuela de 96 años aún vivía y estaba a mi cargo; a menudo preguntaba por su hijo y mi esposo y yo la llevábamos a verlo. Mi tío decía, en su hablar lento, que pronto tendrían el dinero de la herencia de sus suegros, que aún vivían, para poder pagar su tratamiento. Pero la cláusula era clara; sin hijos no habría la riqueza prometida.

Una tarde mi tía se cansó, se fue, lo abandonó. Entonces la familia de ella echó al viejo de 70 años a la calle como si fuera un mueble inservible. Los vecinos se indignaron ante el nuevo vagabundo de la colonia, pero ninguna autoridad intervino. Con la soberbia y el orgullo aniquilados, mi tío aceptó ir a un asilo de ancianos en donde lo acomodamos para que tuviera una sombra y comida. Todos los días preguntaba por mi tía, por su casa, por la herencia; dejó de tomar sus medicamentos para la diabetes y para el cerebro, no quiso comer más. Pedía limosna por los alrededores del albergue y en ocasiones tomaba un camión hasta llegar a su antigua casa y se sentaba enfrente durante horas. Nadie supo el momento exacto en que no regresó, nadie lo extrañaba, sólo fui notificada de su desaparición. Murió en la calle y lo reportaron al panteón como indigente. Sus restos reposan en la fosa común y hay que esperar el plazo para trasladarlo a una tumba digna.

Hace poco acudí a su morada para llevarle una flor, quité algunas hojas que tapaban el número de su casa de cemento, hice una oración y me quité. Mi abuela no sabe que murió, a sus 98 años, en sus momentos de lucidez pregunta por él y yo le digo: todo está bien abuela, estate tranquila.

Mi tía acudió al panteón con los ojos secos. Iba con el porte habitual de una señora elegante y un arreglo floral. No guarda buena relación con mi escasa familia. Se dice que regresó a su viejo hogar y lo remodeló. Quizás ya recibió la herencia prometida.


ALICIA GARCÍA.
Mérida, Yucatán a martes 11 de diciembre de 2018.
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La vecina

La mujer que vive al lado
gime de dolor de espanto
la miro por la ventana
tiesa mueca más que ajada
el tiempo que está pasando
les está borrando la cara

Camina de madrugada
los pasillos de su casa
que deslucen sus pisadas
hasta que el suelo desgasta

La vecina que camina los pasillos
hasta que les saca brillo
ha recorrido tantas veces la madrugada
que le ha dado la vuelta y no ha encontrado nada

Con sus mejores vestidos abre la puerta y contempla
Así se pasa la noche esperando que alguien vuelva

Vieja mujer está enferma maltratada
la vecina siempre se encuentra cansada

Ya no sale a la puerta
ha perdido la esperanza
Solo yo la veo, ese ella
la vecina que ronda mi cabeza

Pasea su silueta de esquina a esquina
Veo su sombra, veo como se asoma
pero a partir de la noche ella no se encuentra sola

Está con sus pies en la orilla
Lista para saltar la cornisa

La vecina está tiesa
en su cama yace muerta
ignorando sus protestas
he traspasado su puerta

He visto desde sus ojos
habitando mi cabeza
Yo estoy en el sanatorio
ella devuelta a su puerta
¿ A quién esperabas con tanta paciencia?
Esperabas que volviera tu conciencia

Porque escucho sus pasos
los escucho en mi cabeza
la morada que ella habita no es real
Está en mi testa

Aquellos pasos que oigo
los pisan las enfermeras
que vienen hasta mi puerta
a ponerme la anestesia
para que por fin me duerma
en este brote de violencia

Y esta morada que habito
no es mi casa, es un asilo
no reconozco este sitio
Aunque huésped por años he sido

Apresada en mi cabeza
Está ella, ¡es mi conciencia!
paseando por los pasillos
de esta sesera enferma
me mira con extrañeza
no volverás a tu puerta
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Feliz ventura

Cansada de sufrir sin esperanza,
vejada y maltratada era alma en pena.
Decidida a librarse la cadena,
urdía sutilmente la venganza.

Esa fiera desalmada que a ultranza,
verla verter lágrimas disfrutaba…,
incapaz de saber que ella tramaba
verse libre y feliz sin más tardanza,

fingía vanamente que la quería.
Más ella le tendía dulce trampa:
¡Le dejaba creer que le creía!

Pero tan linda era, y era tan pura,
que al dejar al infame que la ataba,
fue unida a un fiel galán. ¡Feliz ventura!
*

Autor: Saltamontes. 08/10/2018
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Utopía (⬛⬜⬛ Perú )

Sociedad perfecta , selecta de intelectuales
Sin protesta basada en puros ideales
Con ademanes de grandeza y de confianza
Con menos delicuencia y más esperanza.

Sin políticos corruptos que denigran la sociedad
Sin fiscales inmorales al peligro le dan libertad
Con gente honrada que trabaje para una nueva ciudad
Con la convicción que con esfuerzo todo se puede lograr.

Pero no no no
Hoy veo gente drogarse para escapar de su realidad
Mujeres ahogandose en sus lagrimas por no aceptar la verdad
Personas de 40 huyendo de la soledad
Niños de 15 preocupandose solo por trabajar.

Eh allí en bandeja de plata a tu sociedad
¿Qué injusta es la vida verdad?
Pero tu forja tu destino y que tu camino sea inminente
Ya que aveces dios le da pan al que no tiene dientes.

Hay personas que piensan que la vida es un juego de azar
He visto gente tocar el cielo a costa de los demás
Otras que se ganan el firmamento por pensar bienestar
El éxito es una pirámide cuya cúspide pocos pueden tocar.

Pero de que vale creerse héroe y liderar cuando la calma gobierna
No sales de tu caverna porque algo te asusta verdad
Ya que héroe solo es heroe en tiempos de dificultad
¡Que absurda es la vida verdad!

Vivimos en un pais marginal y contradictorio
Donde cortinas de humo
Tapan errores del tamaño de un iceberg
Donde la gente olvida y perdona es muy fácil.

Donde los orates debaten en el congreso
Donde no se combate el maltrato a la mujer
Donde te matan por un peso
Donde unos roban y otros se esfuerzan para comer.

No hay peor ciego que el no quiere ver
Ni peor ignorante que el que no quiere entender
Ya que al final se aprecia a la persona por su moral no por su patrimonio y riqueza
Cada quien recibe lo que da al Cesar lo que es del Cesar.

Es absurdo un pais rico con mentalidad de pobre
« ¡Qué robe pero que haga obras!» no seas mediocre
Seria como pegarte y decir te quiero
Como salir desnudo en una noche de aguacero.

He escuchado muchas veces que la voz del pueblo siempre manda
Jaaa « La voz del pueblo » eso es puro propaganda
Según fuentes ya nadie cree en la ley
Porque en tierra de ciegos al tuerto lo hacen rey.

Han pintado de blanco las mentes y colocado una máscara
Ya que pueblo que subleva tiene que pagar la pena mas cara
Luchó tanto montesquiu smith y voltaire para que tus ideas crearas
No para que tu propia tecnologia te dominará.

Existe algo que en esta vida no hay duda
El ser no es que el que prevalece son las ideas las que perduran
Tal como lo dijo canserbero
El mensaje sigue vivo asi se muera el mensajero

Ahi mi peru, mi peru( sarcasmo)

Aquí gritan mas un gol que las injusticias
Aquí importa mas el dinero que el coeficiente intelectual
Aquí los medios quieren ignorantes para poderlos manejar
Donde ven mas un reality que un programa cultural

Corrupción , xenofobia crece el índice de la pobreza
El magistrado resultó ser titere de la delicuencia
La verdad invadida por las falacias
Bienvenido mi pueblo querido estas viviendo en democracia.

Mi sierra , mi selva , mi costa , nuestra tiempo a llegado
Seamos el mendigo que del banco de oro se ha levantado.
Y a viva voz a gritado
Utopía , utopía el pueblo se ha revelado.

AUTOR : Leamsi Serlof Accel

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El loco, el viejo, mi lecho

Dicen que un loco anda suelto
se ha escapado de las garras del averno
dicen que sus pies andan descalzos
sus zapatos ha olvidado en el psiquiátrico

Vaga por las calles que aún yacen dormidas
no sabe la gente la maldad que se aproxima

En ese pueblo en un lugar alejado
habita un hombre que ha vivido muchos años
tiene los pies cansados de estar andando
el bastón en su mano es su mejor aliado

No entra luz en su morada, ni alegría, ni esperanza
la música no se escucha, la música suena ahogada

Pasea los pasillos como buscando la calma
pero hasta la calma misma escapa de su mirada

Las arañas se hacen dueñas de su casa
van tejiendo las historias de su barba,
blanca y larga, apenas habla

Las arrugas de su frente han ganado la batalla
parece que su cara siempre ha estado derrotada
sus ojos no quieren abrirse al alba
mientras la vida le pasa como si nada pasara
la conciencia le camina sobre su encorvada espalda
y es el peso de esta misma la que de dolor lo mata

Nadie es capaz de acercarse a su morada
por todos es sabido
no le hace gracia el gentío

Su terreno es el más muerto
su calle la más desierta
hasta el sonido teme entrar entre sus puertas

El sol le ha abandonado
parece que una nube negra siempre le esté rondando

Viejo temeroso duerme inquieto, duerme poco
su cama con desconfianza
quizá sea la única que por él sienta añoranza

En el lecho yace una almohada
que debajo esconde un arma, cargada
siempre ha estado lista para la batalla

Ojos vigilantes desde las ventanas
con su poca agudeza advierten lo que se acerca

De naranja un traje vaga
colgado en un cuerpo enfermo
como el caminar de un muerto
se va acercando tan lento
como la cara del viejo
desencaja gesto a gesto

Entre sombras ve esa cara, reconocible mirada
los ojos que cada noche le atormentan hasta el alba

Ese rostro, cada vez menos extraño
se le aparece en sus sueños
pero ahora está despierto

La silueta que se planta ante su puerta
tan esbelta, tan siniestra
puede que la locura le haya robado la mueca

Esta figura se adentra sin haber traspasado tan siquiera la puerta
está en su mente, parece que el viejo ahora le teme a la muerte

Sombra inmóvil pasan horas
ese portal no abandona

Veterano, enfurecido
dando tumbos va en busca de su defensa
ese arma que su vida salvó en guerra
a lo que más se aferra, lo único que le queda

La guadaña que usa balas de su valentía le llama
una vez más tropa armada, al recluta le reclama

Parece que la cojera ha abandonado su pierna
antigua herida de guerra, su bastón ahora es torpeza

Está en guardia, decidido
el portal de su morada protege como a su patria

Gira el pomo abre de golpe
el gatillo listo, lento y torpe

Sus ojos abre de un soplo
las arrugas del entrecejo parece huyen de asombro

No está el loco en su portal
se ríe en su ventanal
donde el viejo suele estar
vigilante de su hogar

El orate ya está dentro
riendo bajo su techo
puede que sus carcajadas
las escuche todo el pueblo

Ha venido a buscarle
ha encontrarle entre sus trajes
colgados de su mueblaje
muchos de ellos militares

Vetusto malherido
su memoria no ha borrado las batallas
sus ojos aún ven llamas
los tiros los siguen oyendo sus oídos

La sangre que empapa su trinchera
ahora es el agua que rebosa en su bañera.
Trata de sanar heridas
pero la guerra está fría.
Porque aunque ande cojo
aunque camine encorvado
ningún cóctel de fármacos aliviará su pasado

Porque la guerra aún no se ha acabado

Veterano de mil guerras
no creerás lo que tus ojos te cuentan
puede que la locura haya entrado en tu cabeza
o es el loco que se burla de su presa

No se ha acabado la guerra

Sube por las escaleras
como si tuviera treinta
el chalado no se escapa de esta afrenta

Allí están los dos de frente
como cuando ves la muerte

En su mirada reconocen algo extraño
es la abertura del tiempo que ambos han traspasado.

Calzan el mismo calzado
aunque ahora van descalzos

El viejo no se lo piensa
abre fuego como en plena contienda

Angustiada su mirada reconoce esas cuencas maltratadas
por tantos años aisladas, esas cuencas no ven nada.
Van vagando por las calles de un pueblo que no buscaba
hasta encontrar una casa que por todos es odiada

El loco vaga tranquilo
pone fin a su infinito
pone fin a ese asilo
que la guerra le ha traído

Ha perdido la cabeza y huyendo de su presencia
escapó de los muros que apresaban su conciencia

Tal vez pasen muchos años antes que encuentre aquello que está buscando
tal vez pierda la batalla más que cuando su arma sin temor el disparaba

Ahora se encuentra en la puerta de una casa que por fin le dará tregua
pero su temor acecha al otro lado de la verja

Veterano de guerra has matado tu conciencia
y eres tu quien vaga por esa senda
eres tu al que el mal se acerca
cuando el pueblo aún en silencio despierta

Eres tu quien hace años aislado en el frenopático
la medicación dio tregua al apático, lunático
que escapó andando errático
por mil lugares selváticos
hasta dejar al olvido su pasado más traumático

Recluido en el psiquiátrico
muchas almas ha matado
y es por eso en plena guerra
no pudo con esa pena

Esta vez es diferente
la cordura ha matado con sus dientes
a aquel ente, que te visitaba siempre
aunque todo lo haya creado su mente

Eres tu tan inocente
por las calles vas vagando entre la gente
para regresar consciente
a la morada que a este pueblo le hace frente

Siempre por esta fecha
su cabeza abre la brecha
la manía prende mecha
la paranoia lo acecha

La locura que desata su agonía
la guerra para el no acabó ni un solo día

mientras escribo estos versos
escucho sus gritos bajo mi techo
cuentan que el viejo murió en el lecho...
en el mismo lecho en el que duermo
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Agonía

Que tiene el silencio que en su callada agonía lo dice todo o quizás nunca dice nada ,
una nube oscura que en su mudo grito de auxilio sólo se evapora por el aire convirtiéndose en pequeñas gotas de soledad que se
se convierten en la neblina del destino, el ruido es una vieja historia de amor que fue una desmedida tormenta en su rudo cause y que la disolvió el viento de las dudas y el miedo que al perderlo todo se transforma tan sólo en el charco que sólo guarda como evidencia apenas unas gotas de esa tormenta, que en la desconfianza de padecerlo todo rasgó como un trapo las distancias y le cruzo en pecho al cielo herido la franja federal de los ocasos.
La nostalgia de ayeres inundados de cariño en el manso navegar de la noche que en el beso tibio de un amor ya desecho en jirones es la marca del destierro de un corazón enamorado que sin palabras
Sin cariños
Ni esperanzas,
Sobrevive al dolor del maltrato recibido al brindar amor obteniendo dolor a causa del engaño. Muriendo así la razón verdadera que fue la luz primera que abrazo en el alba el brillo de la calma marco su destino olvidándose el camino y al salir el sol ese amor inerte ganado ya por la muerte se evapora como el agua.
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"Ni una menos" (2 Jotabé)

"Ni una menos"

La violencia, hecha contra la mujer
ningún hombre jamás debe ejercer,

todos juntos, digamos ¡ni una menos!
debemos a los golpes poner frenos
no seamos parte de esos terrenos
favorezcamos ambientes serenos.

No queremos mujeres bajo tierra...
porque una puerta siempre se le cierra

tengamos pujanza, hagamos poder
por conquistar amaneceres plenos
no llenos de una tormentosa guerra.

II

Ni una menos que se deba marchar
por un ser vil que la llegó a matar.

Un femicidio deja un gran dolor
Se vuelve manifiesto el estridor
de voces ausentes, pidiendo amor
dando cuenta del doliente clamor.

Supieron recibir la vil bajeza
de aquel ser humano sin gentileza

quiso un cuerpo de mujer desechar
como una cosa y sin ningún pudor
refleja un alma llena de pobreza...
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Te escribiré

De tus celos y rencores
puedo escribirte por ratos;
de desaires, de rencillas
y de perversos maltratos
mis letras reflejarán
lo duro que fue tu trato,
lo poco que yo fui amado
y la sangre que brotó
de tu trato tan malvado.
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"Maltrato" jotabemo

Con paso lento, al cuarto se acercaba
la mujer, sobresaltada rezaba...

El Miedo, se hizo vivo... ¡la invadía!
Su corazón hizo estrago ese día
recordando como él, la maldecía
y con sus puños la desvanecía

En su rostro las marcas son notables
daban fe, de golpes indeseables

sola, su sufrimiento los guardaba
por los prejuicios no los compartía
si sabía que eran imperdonables

Ella decía, que ese hombre la amaba,
de forma inconsciente justificaba.

Cuando el golpe al rostro sobrevenía
caía al piso y llorando decía;
<<tus fuertes golpes no los merecía
ahora concibo tu cobardía>>

Los maltratos ya serán imborrables,
seré fuerte y con mis dichos estables

no avalaré lo que a mí me dañaba
me pararía... y con mi voz diría
<<¡los golpes no deben ser aceptables!>>
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Santa Rita de Casia

Un ángel del cielo anunció
a su buena madre Amada
que una hija iba a tener
de Jesús enamorada.
Cuando nació Margarita,
la niña fue bautizada.
Con cariño su familia
dulce Rita era llamada.
Blancas abejas salían
y entraban de su boca,
sin poder hacerla daño
el enjambre se convoca.
De sus padres aprendió
a hacer obras de caridad,
a ser devota de Cristo,
a rezar y a poner paz.
Siendo ancianos ya sus padres
a casarse fue obligada
con un hombre despiadado
por el cual fue maltratada.
Al tener dos bellos hijos
y con su incesante oración,
el marido de la santa
experimentó al Señor.
Estando todos felices
su esposo fue asesinado,
en su sufrimiento Rita,
el culpable es perdonado.
De una epidemia sus hijos
murieron por enfermedad,
perdonando al asesino
para su muerte no vengar.
Quería ser religiosa,
ésa era su vocación.
Tres veces las agustinas
la respondieron que no.
Durante una noche soñó
que tres santos la llamaban
y corriendo detrás de ellos
al convento se acercaban.
Elevada por San Juan,
San Nicolás y San Agustín,
las hermanas la aceptaron
ingresando al cabo allí.
Cual palo seco regar
la Madre la ha ordenado,
del que creció una parra
que dio un vino afrutado.
Margarita pidió al Señor
una señal del cielo,
si allí estaban sus hijos
entre sus ángeles buenos.
Un día del mes de enero
una parienta la visitó,
higos y una rosa roja
de su jardín la pidió.
Rita le rogaba al Señor
con una oración ferviente
sufrir el dolor que Él sufrió
manando estigmas en su frente.
Sus últimos cuatro años,
enferma Rita yacía
por múltiples infecciones,
esperando su agonía.
Su sepulcro exhala un olor
maravilloso de rosas,
santo divino perfume
de esta mujer amorosa.
Patrona de lo imposible,
tus devotos imploramos
que intercedas por nosotros
y que tu ejemplo sigamos.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
13/9/2018.
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De vuelta al pueblo

En una mano una taza de café, la otra apoyada en el pecho. Miraba por la ventana de aquella vieja y desvencijada casa, pensando en por qué la vida la había dado tan pocos momentos de descanso.

No se quejaba demasiado de aquella época, era la mejor que había vivido. Pero echar la vista atrás dolía demasiado. ¡Dolía tanto!
María había nacido en el seno de una familia humilde, hacía ya 68 años, en aquella misma casa del pueblo paterno. La pequeña de tres hermanos y la más rebelde (como decía su madre). Sus padres agricultores y buenas personas, no pudieron estudiar, la vida no les concedió ese regalo. De sus hermanos ya solo quedaba el recuerdo. Su hermano Pedro murió por una sobredosis hacía ya demasiado tiempo y su hermana se casó con un australiano, solo supo de ella durante algunos años, después nunca más tuvo noticias.

Cuando era joven quería escapar del pueblo a toda costa y no eligió la mejor compañía para este viaje. Un verano conoció a Juan y ya nada volvió a ser lo mismo. Su vida fue una sucesión de palizas y sinsabores. Durante años ocultó la realidad a sus padres por no hacerles sufrir. Trabajaba limpiando portales y casas, lo poco que ganaba, él se lo gastara en borracheras y amigos. A consecuencia de las palizas tuvo dos abortos pero con el tercer embarazo todo fue distinto. Cogió una maleta y se fue. Refugio para mujeres maltratadas, lo llamaban.
Estando allí, la vida le dio una de cal y otra de arena. Su marido murió en un accidente de coche, conducía borracho, como siempre. Y días después su padre, de un ataque al corazón.
Se la abrió una puerta de par en par a la que se aferró con todas sus fuerzas. Volvió a casa con su madre. Entre la pequeña pensión, lo poco que sembraran en la huerta y limpiar alguna casa les daría para vivir las tres (eso fue lo que su madre dijo).

Su niña nació sana y fuerte, era lo mejor que la había pasado en muchos años.

Durante algunos años vivieron las tres en aquella pequeña casa, sin tener de sobra pero sin faltar lo más básico. Lo bueno que tienen los pueblos es que todos se conocen y siempre recibían alguna ayuda.
La tienda de comestibles de la plaza, les guardaba algo cuando estaba próximo a caducar o la lechuga que ya no estaba tan fresca. Alguna que otra lata y el pan del día anterior.
Cuando había que limpiar alguna casona porque iban a venir los dueños de veraneo, siempre llamaban a María para ir a limpiar. Limpiaba la consulta del veterinario. Limpiaba, eso era lo que mejor sabía hacer, sin estudios es difícil conseguir otro trabajo.
Los días transcurrían y su nena (Ana) se iba haciendo mayor. Empezó a ver en ella las mismas inquietudes que ya tuvo ella años atrás. El pueblo la asfixiaba. Y por más que quiso quitarle la idea de la cabeza, estaba decida a irse de casa. Quería estudiar, decía su hija. María había perdido a su madre recientemente y perder a Ana le aterraba.
El pánico a que su historia se repitiera con su hija la llevo a tomar una decisión. Vendería lo que fuera y pediría si hacía falta para que su hija sí tuviera estudios y una vida mejor.

Habló con el alcalde del pueblo, Miguel, antiguo noviete de juventud, y le pidió ayuda. No tenía dinero para pagar a su hija un piso donde vivir mientras estudiaba, ni pagar los estudios.
Miguel le proporcionó una habitación en casa de unos parientes, allí podría dormir y comer a cambio de ayudar con la limpieza de la casa. Además Ana trabajaría los fines de semana en un centro comercial para sacarse algún dinero extra.
María trabajó de sol a sol. Limpiaba donde hacía falta, incluso en el pueblo vecino, vendía a la tienda de la plaza lo que podía de sus pequeñas cosechas. Aprendió a hacer gorros de paja, típicos de la zona y los vendía a los turistas…..todo con tal de que su hija pudiera estudiar.

Ana consiguió sacar su carrera de veterinaria. Pero encontrar trabajó en las grandes urbes no es tarea fácil. De nuevo el pueblo volvía a ser la mejor salida.
No fueron pocas las dificultades hasta poder abrir consulta, era mujer, joven y la desconfianza de los ganaderos la hicieron tambalear en más de una ocasión. Pidió trabajo al viejo veterinario, donde su madre seguía limpiando. Le ayudo en las tareas más difíciles. Iba de granja en granja asistiendo a partos o a lo que hiciera falta.

El viejo veterinario se jubiló y le ofreció su consulta por un precio módico. Todo empezaba a cambiar para mejor.

Ahora, María miraba por la ventana, con un café en una mano y la otra en el pecho. Su nieta jugaba entre los garbanzos y las patatas sembradas. Su yerno era una buena persona. Inmigrante, llegó a este país con los bolsillos repletos de ilusiones y el corazón encogido por el miedo. Ana y él se conocieron cuando ella estudiaba. Todas las mañanas le veía en el mercado descargando fruta.
Un saludo, una pregunta buscada para crear un primer contacto. Conectaron pronto y bien.
Ahora juntos en el pueblo con su madre, ella con su consulta veterinaria, él se quedó al cargo de la tienda de la plaza, eran felices y tenían una niña.
Su hija al fin si tenía una vida mejor y ella estaba formando parte de aquel comienzo tan esperanzador.

Cuando una puerta se cierra, siempre hay alguna ventana que se abre.




Hortensia Márquez
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Hombres, cobardes (NO MÁS MALTRATO)

En la carne, las llagas, los golpes,
de quien estabas enamorada.
Te quema el amor en la cara morada
los huesos crujen, se rompen.

Los besos de mariposa,
ahora son estoques
que tu vientre atraviesan
que te abren las venas.
Palabras que son dagas
que en tu pecho se clavan
en noches amargas.

El fruto de tu vientre
apaga su mirada,
mientras llueve salado
en los lados de su cara.

En una de esas noches
las palabras son golpes
y los golpes puñaladas
treinta y siete, son contadas.
El brillo de tus ojos se apaga
ha nacido otra mártir
ha muerto otra mirada.

El fruto de tu vientre
ahoga su llanto bajo la cama.
El miedo le atenaza,
su protector ha vuelto la espada.

Inocencia mancillada,
ha muerto otro ángel
hasta la muerte está desolada.

Ven mi niño, ven
no me tengas miedo
cógeme la mano
que yo guiaré tu alma.
Duerme mi niño, duerme
que yo te canto una nana.

Él dice que eran suyas
no hay remordimiento.
Para un asesino cobarde,
primera fila en el infierno.
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Cadáveres en el armario

Hace siete años mi hermano menor
dejó una duda infranqueable tirada entre ropa sucia,
discos rayados, cuadernos maltratados,
juguetes rotos,
y demás objetos desperdigados en su cuarto:

¿Se suicidó o fue un accidente?

Hace siete años
la imagen espectral de mi padre
regresó por unos días a la casa
y me preguntó:

—¿Por qué no lloras? ¿No te duele?

Hace siete años
me negué a dormir durante 72 horas
y ni un lamento líquido,
y ni un lloró mudo brotaron de mí:
fui un ataúd, una hoja en blanco,
verdadero silencio.
Hace siete años

la imagen esquelética de mi madre
enloqueció por completo
y me abrazó temblorosa:

—¿Cuántos motivos hay para existir? —pregunto.

Hace siete años
mis dos hermanas y mi otro hermano
me obligaron a comer con ellos después del entierro:
fui un fantasma masticando de a poco sonrisas
y bebiendo de a mucho palabras y gestos
sabor a “Honra a tus vivos igual que a tus muertos”.

Hace siete años
un tráiler le reventó el cráneo a mi hermano menor,
lo hizo volar dos metros, le quitó un zapato
e hizo que dejara una duda infranqueable
(hasta ahora):

—¿Te suicidaste o fue un accidente?

Mamá enloqueció.
Papá es un espectro libre lejos de casa.
Nuestras hermanas y nuestro hermano
se alimentan de recuerdos.

—También me alegra verte.

De Cadáveres en el armario, 2015
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La ventana

Ventana abierta, aire fresco
en una noche de rascacielos vivos
con deseos muertos.
Ligero temblor en unas manos
surcadas por las venas del fracaso
y una media sonrisa
dibujada en su pecado.
Camisón ceñido a un cuerpo maltratado
conteniendo la intención de ser viento.
Ciudad iluminada...
atestada de historias muertas
con cuerpos exhaustos
de noches en vela y almas solitarias
de solitarias noches que velan las almas.
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No hay tiempo para crecer

Martín tenía todos los años que su abuelo tuvo cuando empezó a trabajar, pero Martín todavía era un niño y sin embargo ya se confrontaba cara a cara con la muerte, día a día, hora con hora, al costado de la cama donde su abuelo agonizaba, resistiéndose a morir, pero con la certeza de un inevitable fin, que ambos conocieron desde aquella tarde en la que el médico les dijo que su cáncer de riñón había hecho metástasis y muy pronto consumiría al anciano, quien solo dos meses antes manejaba su camioneta y visitaba con frecuencia a sus parientes, a 70 kilómetros de la capital.

Martín no tenía que saberlo, no tenía que estar en el hospital cuidando a su abuelo. Ni siquiera tenía que saber qué cosa era un tumor canceroso o cuándo hacía metástasis, pero desde que se agravó el mal tuvo que hacerse cargo de su cuidado, abandonando el colegio, porque su madre no estaba con él sino fuera del país, tratando de ganarse la vida para enviar dinero a su hijo. Y su abuela apenas entendía lo que estaba pasando pues el cerebro de la mujer mayor se había deteriorado de tanto aislamiento y maltrato.

Y es que el viejo Samuel no era tan buen hombre como parecía. La condición de su esposa y el cáncer avanzado evidenciaban su descuido y su poco aprecio por la vida, situación a la que contribuyó una fe religiosa que los llevó a los extremos del fanatismo, pues su idea acerca de la predestinación y los designios divinos los mantuvo por décadas en la inmovilidad respecto a qué hacer con sus vidas (que no fuera orar), y en la resignación, frente a los hechos consumados. Ellos solo eran un “instrumento del señor”, y así se fueron entregando a su Iglesia Evangélica y a su Pastor, que cada día les exigía más señales de fe y más diezmos.

- Martincito reza por nosotros hijito. Seguro que si asistes al culto el señor te va a escuchar. Yo sé que el Pastor me puede sanar.

Martín vivía con sus abuelos, pero supo mantenerse alejado de las ideas y exigencias que los viejos tenían para él, y ello gracias a los reiterados reclamos que su madre hizo a sus padres, en ocasiones airados, y gracias además al dinero que ella enviaba, que condicionó el trato al nieto, por cierto, el único que tenían los ancianos, uno concebido del último “descuido” de su madre, pero que no quiso abortar (luego de dos “pérdidas” anteriores) para no perderse la oportunidad de “experimentar” la maternidad.

Él era un muchacho jovial, hecho para las redes sociales, pero también para los escasos contactos personales que el fútbol y las visitas al centro comercial posibilitaron. No conoció a su padre ni oyó hablar de él, pero recibió mucho amor de su madre, hasta los once años, cuando ella tuvo que partir a buscarse la vida en un bar latino de la costa mediterránea, de propiedad de una amiga de la infancia; lugar muy frecuentado por jubilados europeos, durante los meses de verano.

Y ahora que su madre parecía encontrar la forma de ganarse un dinero en esa ciudad española, ocurría esto con su padre.

La pensión de Samuel no alcanzaba para su tratamiento contra el dolor, por ello es que Martín trató de buscar la manera de apoyarlos y acudió a la iglesia a la que asistían los abuelos, pero el hijo del Pastor solo le dijo que pronto irían a visitarlo. Martín entonces habló con un tío policía que tenía allá en el sur, y éste habló con los parientes del abuelo, pero solo se pudo conseguir que organizaran una “pollada bailable” de la que se recaudó una suma de dinero que jamás llegó a casa de los abuelos.

- No te preocupes hijo, el hospital le va a dar medicinas a tu abuelo y lo van a visitar cada semana.
- Pero, tío, hay gastos extras.
- Muchacho, habla con tu mamá.

Luego de unos días en el hospital, el abuelo fue enviado a su casa a morir. Lo supieron del médico que recomendó darle calidad de vida al viejo para vivir sus últimos días sin sufrimiento excesivo.

- ¿Es que acaso no estaba en un hospital? ¿Por qué no lo podían curar?

En esos momentos, los sentimientos de Martín se confundieron, pensó en su madre y en medio de la noche, entre sollozos, la llamó, aunque solo fuese para echar fuera de sí el miedo y la rabia por no poder llevar una vida normal, igual que sus amigos.

- ¿Por qué me han jodido la vida reduciendo megas a mi móvil?

Unas horas después de andar cavilando y revisando la web, gracias al wifi del vecino, Martín ya tenía una idea de lo que tenía que hacer: velar por su abuelo, darle las medicinas prescritas para el dolor, esperar la visita de los médicos e incluso, si fuese necesario, aprender a inyectar.

Ya en casa las cosas se hicieron menos fáciles, porque empezaron a sufrir las carencias de implementos y atención que un paciente terminal requiere, sobre todo uno que empieza a perder la capacidad de movimiento. ¿Qué iría a hacer él para ayudar a ese hombre, si su cuerpo adolescente aún no había alcanzado la fortaleza para hacer frente a tanto esfuerzo?

Algunos días venía una pariente a dejarles comida, otros días la abuela pugnaba por cocinar, pero Martín, por consejo de su madre, se lo impedía, por ello es que se hicieron clientes habituales del restaurante de la esquina, que siempre enviaba una sopa que se debía licuar para ser deglutida por el abuelo. Fue entonces cuando descubrió las sopas instantáneas, que no tuvo reparo en usar.

- Total, ya no importaba si le terminaba dando cáncer por consumir esas sopas…. Además, tienen buen sabor.

Pero vaya que daba trabajo el ayudarlo a sentarse en la “chata” que se había traído del hospital, para defecar u orinar, por ello es que se agenció de una botella de boca ancha para usarla como “papagayo” y algunas bolsas para los vómitos, que inevitablemente se presentarán.

Dos semanas después de haber faltado al colegio vino su tutor; su visita lo inundó de sentimientos encontrados: pena, vergüenza, alegría, rencor, pero muchas ganas de extender su mano para recibir ayuda. Y así lo entendió el joven profesor que ya había pasado por una experiencia similar con un pariente, aunque nunca tan dura como la venía pasando el pobre Martín.

A los dos días llegaron unos compañeros, le contaron que en el salón se habían organizado para venir a darle una mano. La verdad era que el maestro aún tenía esperanzas que Martín volviese al colegio, por ello lo seguía considerando uno más de la clase y le enviaba ayuda para resolver las tareas. Pero su vuelta al colegio no dependía de él.

- ¿Acaso había alguien más que pudiese solucionarle el problema?

Coincidiendo con la llegada de sus amigos aparecieron nuevos parientes que acompañaron por horas al anciano. Martín tuvo la ocasión de tomarse algunos descansos fuera del cuarto donde dormía con su abuelito. Ya entonces una doctora había recomendado alejar a la abuela de su esposo, que se había tornado en un fastidio para ambos.

- Tiene que pasar sus últimos días tranquilo sin la presencia perturbadora de la vieja senil - Fue lo que dijo la doctora, sin mayor miramiento.

Por las noches su madre, tomando minutos al sueño, le escribía y en ocasiones realizaba video llamadas. Y lo que al comienzo fue un llanto compartido se tornó en rutina y dureza con el pasar de los días. Al cabo de unas semanas Lucía escribía menos y solo hacía video llamadas cada quince días. Eso sí con indicaciones precisas.

- Hijito lindo, si pasa algo grave o lo que tú ya sabes me escribes pronto para llamarte. Ya hablé con tu tío José para que se tomen las medidas necesarias. Te quiero mucho mi amor, pórtate bien.

Algunas noches el llanto tomaba por sorpresa a Martín y en esos momentos de desesperación llegó a querer que su abuelito muriese pronto, pero se acostumbró a su agonía, lenta, dolorosa, con vaivenes de lucidez, y dejó de hacer las tareas o dedicarle minutos al colegio, a pesar de las facilidades brindadas por el colegio.

Luego de algunas visitas esporádicas de sus compañeros, éstos dejaron de venir, pero quien no dejó de hacerlo fue Jimena, su mejor amiga. Venía unos minutos al salir de clase y luego vino un día que era feriado. Una tarde, cuando se entregaban al descontrol de sus cuerpos, junto al adormecido abuelo, apareció de pronto la abuela.

- ¡Muchacho del demonio que estás haciendo con el pantalón abajo, sal de aquí! -gritó la vieja- ¡Se lo voy a contar a tu madre!

Aquella tarde no pasaron de unas caricias, unos besos y un fallido intento de coito.

Pero tres semanas después Jimena dejó de venir. Y antes que Martín supiese la causa, Lucía se enteraba del retraso de la menstruación de la niña, porque la madre de Jimena se lo reclamó por whatssap. Martín nunca lo supo finalmente, pues Jimena no volvió a verlo y Lucía no quería perturbar a su hijo en estas circunstancias. Las dos mujeres habían coincidido en llevar a la niña a una curandera muy cumplidora, que la misma Lucía recomendó.

Después de todo la vida no hubiese tenido oportunidad alguna estando la muerte tan cerca.

Una madrugada, cuando Martín dormía al lado de Samuel, su abuela lo despertó violentamente.

- ¡Muchacho levántate, tu abuelo se ha metido en mi cuarto y me ha venido a despertar!

Martín quedó confundido por un momento y luego se levantó bruscamente para ver a su abuelo. Prendió la luz del cuarto, apartó a su abuela y como lo había ensayado varias veces observó el rostro del anciano que parecía dormir con los ojos bien cerrados, levantó las frazadas y observó su pecho y su abdomen, no se movían. Tocó su cuello para detectar su pulso y finalmente puso un espejo sobre su boca.

- Abuelita, se murió mi abuelo…

Se sentó al lado de la cama sin emitir sonido alguno, mirando al suelo, con la mirada seca y extraviada. Al cabo de unos minutos se puso de pie y buscó a su abuela, ya no estaba en el cuarto, la mujer había regresado a su cama, donde volvía a roncar, como cada noche, sin darse cuenta que había quedado viuda.

- Si pasa durante la madrugada no me llamen – Había dicho el médico tratante - igual no podré venir sino hasta la mañana, tápenlo y esperen mi llegada.

Por ello
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