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La eternidad en tu mirada...

Miro el reloj... 14:28... dos minutos de sobra antes de llegar puntual a nuestra cita, y cómo no hacerlo si yo siempre deseo robarle los nanosegundos al tiempo para poder estar un instante, sólo un pequeño instante más contigo. Lo que pasa es que contigo todo es atemporal, eres lo que en Física se conoce como "singularidad", contigo las reglas del tiempo-espació no se cumplen, pero así eres tú, las reglas no concuerdan contigo, eres un ser que va creando mundos a su paso y esos universos se van sumando a uno mayor hasta conformar el mío, donde yo existo, y soy... porque estoy contigo.

Por fin 14:30... toco el timbre de tu casa y a lo lejos, como si en la cima de una montaña te encontraras, escucho tu voz acogedora que desde ese punto geométrico desconocido lanza una promesa de felicidad con un simple "Ya voy". "Ya vienes"... pienso... y esa espera se vuelve un mundo de posibilidades. Decía la abuela "la espera desespera", y como siempre tenía razón, sin embargo, contigo mi amada "singularidad" eso a veces no aplicaba, si bien mis ansias de tenerte cerca crecían exponencialmente con el saber que estaba a unos segundos de verte, también se volvían material de novela, cuento o relato... llámale como quieras... me imaginaba tu rostro al espejo retocando los últimos (pero más importantes) detalles del maquillaje, mirando tu vestido por diversos ángulos, todo con prisa pero con su respectivo tiempo. El correr por las escaleras con ese tic tac de los tacones, el grito de "Mamá ya me voy" que te toma exactamente 1.66 segundos, la respuesta de tu madre "Sí, está bien, no llegues tarde" que dura 3.10 segundos... la última mirada rápida en el espejo pequeño de la sala y por fin las puertas de mi propio paraíso que se abren, con esa luz del fondo que entra por el jardín brindando una atmósfera celestial a la aparición de mi propio ángel de la guarda.

Te admiro de pies a cabeza, no porque te esté analizando ni mucho menos, sino porque es tu mirada lo último que me gusta ver en ti, la cereza del pastel, el último chocolate de la caja, la última nuez acaramelada de la bolsa... miro tus zapatos lindos, tu vestido rojo ceñido a una delgada figura, el pecho erguido y los hombros relajados, el cuello largo... y tu sonrisa en rojo carmín... y es ahí donde se genera mi propio Big Bang.

Me quedo absorto en la comisura de tus labios que se levanta levemente en un ángulo casi imperceptible, pero lo suficiente para irradiar una sonrisa sensual, pícara y feliz, las pequeñas líneas en tus labios que se vuelven un microsistema montañoso rojizo y seductor... 14:35:25. La caverna de los deseos se entreabre lentamente dejando ver el tesoro de perlas blancas que sellan una cueva aún más misteriosa.

En ese momento, aunque tú y yo no lo sabemos, está naciendo un pequeño niño en Étretat, en las costas de Pays de Caux, Francia; su nombre será Etienne y se enamorará de la hermosa Isabelle la cual será el gran amor de su vida; aunque terminará casándose con Anabell, una chica de París enamorada del color rojo. En la ciudad de Chiang Mai, Tailandia, el abuelo del pequeño Arthit lo lleva por primera vez al templo Wat Chedi Luang esperando que sienta su espiritualidad, es ahí donde el pequeño descubre que quiere ser un monje budista. En Chile, para ser más exactos en Futalefú, en la región de Los Lagos, en la Patagonia; Carlos le está proponiendo matrimonio a Lauren, una americana que conoció hacía tres meses en una cabaña para exploradores en el bosque. En Medellín, Colombia, una pareja hace el amor por última vez, antes de que ella parta a Inglaterra a terminar su doctorado. Más allá de nuestro sistema solar, dos estrellas chocan por la atracción gravitacional creando una nueva galaxia que no se conocerá sino hasta dentro de 600 años a partir de este momento. A seis cuadras de tu casa, en su departamento, un anciano acaba de dar su último aliento de una vida feliz y plena, dejando esta vida con un suspiro suave y una sonrisa en los labios. En la Ciudad de México, Claudia después de tres meses de intentarlo, por fin ha quedado embarazada. En un pantano en Florida, E.U.A. un cocodrilo pone un huevo dentro de su nido, y a escasos milímetros de mi zapato una hormiga lleva una migaja de la galleta que tiró un niño de cuatro años que juega en su triciclo a unos metros de nosotros.

El mundo sigue y siento la vida fluir entre mis entrañas y mi alma, siento explotar, deshacerse y reinventarse cada célula que me compone, una pequeña gota casi imperceptible de sudor recorre mi frente, un poco por el calor, un mucho por la emoción de verte... 14:35:30... veo tu nariz fina y afilada... 14:35:35... por fin llego a tus ojos castaños...


...y es ahí donde pienso tomarme mi tiempo.
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El beso de la muerte

Uno a uno, los turistas del crucero atracado en el puerto de Chetumal accedían al interior del barco. Terminaba la jornada de turismo, donde habían visitado las ruinas de Uxmal, en el estado de Quintana Roo (México), y en sus mentes aún bullían las historias de aquellos antiguos mayas devorándose en el juego de pelota, de aquellos enterramientos faraónicos que pretendían escalar hasta el cielo, historias del ciclo de la vida, historias de la muerte…. De la muerte, qué ironía.

A su entrada, los animadores les recordaban la fiesta que tendría lugar en el gran salón de espectáculos del barco, solo unas horas después, tras la cena de gala con el capitán del crucero. Todos ellos habían sido previsores, y durante sus horas en tierra por las calles de Chetumal se habían hecho con una de esas máscaras que llamaban catrinas o habían adquirido las pinturas necesarias para decorar su cara con la imagen de las famosas “calaveras garbanceras”. Solo Santos, había decidido que aquella fiesta de difuntos no iba con él, y no pensaba convertirse en un “adefesio”, como él decía, pese a la insistencia de Lydia, su flamante esposa, que estaba entusiasmada con aquella mascarada.

Apenas llevaban una semana casados y estaban disfrutando de su luna de miel en un espectacular crucero por la Riviera Maya. La vida les sonreía… ¿o no?

Tras engalanarse para la cena, el matrimonio decidió dar un breve paseo por cubierta. Hacía una noche maravillosa, iluminada con una radiante luna llena a la que escoltaban millones de brillantes estrellas. Lydia ocultaba su figura con un precioso y ceñido vestido de terciopelo, de color burdeos, con escote palabra de honor que dejaba sin aliento a cualquiera que posase su mirada en su pecho, a cada espiración de su tórax. Santos había elegido para la ocasión unos chinos de color caqui, y una vaporosa camisa de lino blanco.

Cuando se dirigían al restaurante, tras contemplar la serenidad de mar y cielo desde una cubierta iluminada por miles de luces, Santos se tuvo que poner la chaqueta de lino que llevaba en el brazo. Una ráfaga de aire le había helado la espina dorsal…

Durante la cena, que compartieron con otras dos parejas de recién casados, todos se mostraron animados. El vino hacía que los ojos de Lydia chispeasen más de lo habitual. Todos menos Santos, que no se sentía cómodo, quizás por los sutiles coqueteos de Lydia con los varones que les acompañaban en la mesa, quizás por el repentino frío que sentía. Algo en el ambiente no le gustaba.

En el instante en el que el capitán de barco elevaba su copa de champán para brindar con el pasaje y desearles una feliz estancia a bordo y un feliz viaje, el barco zarpaba del puerto.

Tras los postres y los brindis, todos se dirigieron al gran salón de espectáculos, donde ya se escuchaban los primeros acordes que entonaban los instrumentos de la orquesta. En el trayecto, algo llamó la atención de Santos. A través de los ojos de buey observó que el barco estaba envuelto en una densa niebla y apenas unas luces de emergencia daban algo de luz a la cubierta. Otra ráfaga de aire le congeló, esta vez, el corazón.

Los pasajeros ya bebían y bailaban cuando llegaron Santos y Lydia, acompañados de los dos matrimonios con los que habían compartido mesa y viandas. El ambiente era sumamente animado. El gran salón estaba decorado tétricamente para la ocasión, la popular fiesta mexicana de los difuntos, y todos ocultaban su cara con las coloridas catrinas.

Santos sentía como los ojos escondidos tras las máscaras le observaban. Incluso creía escuchar risitas y cuchicheos procedentes del hilván de los hilos que cosían la boca de esas calaveras. Ajeno a ello, Lydia seguía bebiendo, bailando y divirtiéndose. Todos, excepto Santos, lo hacían.

Al momento, uno de los cantantes de la orquesta tomó el micrófono. Debido a la gran cantidad de recién casados que se hallaban a bordo, les pensaba dedicar una romántica canción e invitaba a las felices parejas a salir a bailar a la pista. Les pedía que cuando terminase la canción se despojaran de las máscaras y se dieran un apasionado beso. Eso, les dijo, les traería felicidad y suerte en su viaje marital.

Lydia, a duras penas, consiguió arrastrar al reacio Santos a la pista de baile. Durante el danzón, mientras tomaba a Lydia de la cintura, y dejaba que ella envolviese su cuello con los brazos, sentía como cientos de lúgubres ojos negros se posaban sobre él. En el exterior, con el pasaje ajeno a ello, el barco se dirigía a la deriva, sin rumbo entre una gélida bruma, con destino a la noche eterna.

Las notas del insinuante y embriagador danzón cesaron. Lydia sonrió persuasiva. Santos la miró expectante. Con delicadeza procedió a despojar a Lydia de la catrina que cubría su cara para posar sus labios en su boca y culminar ese mencionado “beso de la felicidad”.
La cara de Santos era de espanto, palideció, su rostro tornó trémulo…, miró a uno y otro lado, a todos los pasajeros. No podía creerlo, un sentimiento de horror le invadió por completo.
Debajo de la catrina de Lydia, una fantasmal carcajada se dibujada en las mandíbulas de una verdadera calavera. Lydia estaba muerta. Todos los tripulantes del barco lo estaban.

Todos excepto Santos, que deseó estarlo también cuando la calavera de Lydia le susurró al oído…

Esta vez una ráfaga de aire le heló el alma, y el barco se perdió para siempre entre las tinieblas del mar Caribe…
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FALCO en la tierra. Sigue acto primero

JUEZ (Hablándole de nuevo a Falco).Sigue acto primero.

Sin embargo, alguien no permaneció mucho aquí,
alabando la vida que no le era aborrecible;
cerró los ojos por la oscuridad latente
cuando luces manaban sus mejillas.
Aunque fulguraba la tristeza como el rayo,
ninguna cicatriz le enturbiaba el rostro.
Por tanto, Falco, múltiples leves aprensiones
te acechan, y preverlo no es difícil.
Cuando el odio renace en la venganza,
cuanto fue amado, duerme en el furor caído.
FALCO
Vanas y rencorosas palabras de la envidia,
lenguas perversas que destellan infamias.
Ella vive; el pesar cayó como sombrío telón
maldito sobre mí, al borde del deseo.
Procede del tirano tiempo que lo murmura
y del dolor que encoge el orgullo de mi pecho.
Si nunca hubiera amado, ahora tendría reposo,
mas, nadie romperá de mi corazón el silencio,
porque ningún otro corazón le susurra.
Me retiro; a todos hostiga la entrada sin guardián,
la justa indignación de la noticia ingrata.
Veo descender la lluvia en libertad sobre el fuego,
derribando cimientos indestructibles.
Ningún poder sumido en la soberbia vive,
se hunde como severa tribulación del tiempo.
(Sale)
FISCAL
Algo escalofriante ha querido decir que ignoro.
Tan grave y acertado pensamiento,
me sugiere insufrible existencia.
Lo peor es la mala conciencia inconsolable
de sí mismo y los demás.
JUEZ
Se marchó; y extraño es no retenerlo,
aunque no existan diáfanas pruebas que le culpen
ni le absorban las fatigas del alma
a quien dimana de otras sueltas aún inferiores,
exigiéndole destrozar la vida cuando confía en ella,
haciendo que los hechos de los que es fuente y origen,
sean subsidiarios y dables del humano espíritu.
Sin embargo, no por eso me ofreció convencimiento
la feroz serenidad con la que se ha ido.
Lo sé y lo noto como cuando la arena
ciega el colorido del desierto;
por tanto, saberlo bien me obliga a vigilarlo.
Un vago secreto traerá dolor
adscrito a esa omisión y actos premonitorios
que contemplen alguna turbulencia meditada.
Querrá la negra duda maltratar su voluntad,
aunque lentas maquinaciones envuelvan la firmeza.
Allí, las barricadas de la tibia envoltura,
demolerá algún lejano remordimiento;
aquí, contempla su venida la hora predicha
de sus actos, tengan o no justificación.
Muchas presiento las contrariedades,
aunque se antoje que domina el miedo.
(Se retiran de la sala).


INCIDENTE SEGUNDO. ACTO PRIMERO(Despacho de las Videntes.
Hora trece del mediodía. Tienen un programa de Tarot en
la televisión local, Consulta y Videncia.
Una sala lustrosa, adornada con signos vibratorios que
cuelgan de las paredes y techo. Anagramas en la mesa e
implementos cabalísticos.
PRIMERA VIDENTE
(Hablando para sí misma)
Detrás del escritorio.
Como peces en el agua se mueven los aceites,
recitaciones, perfumes y amuletos.
Me atrae ese estilo tan gentil, pues posee
un no sé qué que no sé cómo decir.
Van siendo convulsiones, trémulas luces,
suertes del alma, virtud, jurisprudencia
para atarle el mal a mentes embaucadoras.
Los estantes colmados de revistas disfruto,
boletines, libros y registros, en armarios y vitrinas;
no leo mucho, bolas de cristal, admoniciones,
anagramas, signos cabalísticos y un cirio,
apagado siempre, pues ha de durar en este descanso
cuanto la mudez que rectifica el incierto pavor,
como debe la forma y configuración de mi pensamiento,
para no cansarme sobre la fuente de alguna verdad
y la comprensión de allegar alguna artimaña a todos
sobre ánimos debilitados y almas que aún vacilan
dentro de su angustiado existir, procurando dormirse
en el deshielo del corazón fatigado por los desafíos,
a que el aspecto de la vida somete a todas las presencias.
Estoy estrictamente cansada, y cuando cierro los ojos
no significa que ensaye el reposo ni mirar con reprobaciones
mi interior cada vez que vinculo, cuerpo y alma espesa,
a cada uno de mis átomos invocados, tratando
de precipitar la corporeidad de vaticinios en mí misma.
Toda la penuria que mantiene el cirio se deshace
cuando alguien se afecta, de esta manera, definida
y profusa, acercando el hilo de fuego a la credibilidad.
Toda esa gama llena los ojos de aquellos que miran
fuera de sí mismos para ver vicios en el resto,
que no el egoísmo de su privado interior, y seguir
con taciturno latir tan horrible deficiencia.
No por eso me siento menos sabia que algún
escritorzuelo que se consume en vanos goces
mundanos y rebuscados, creyéndose erudito.
Yo saco mil tomos del chisme cotidiano,
un sinfín de pruebas de la maleada razón,
aullido del público cinismo, al que llaman vivir,
y otras curiosidades de muchas confesiones,
porque me di a la brujería moderna y atufar la nariz
insoportable de varia gente engreída y ostentosa.
Por este saber me toman poco culta, y puede
que toda oscura vida trace diversidades indecibles
en las cosas obrando con el primer hervor,
con similar sentido que reales privaciones.
Así tales las pasiones turcas proliferan con densa
y activa fuerza en torno al sórdido pecho
y observaciones terrenales de vanas apariencias.
No aborrecería apetecer tal vida un fraile cartujo,
en conclusión, si mociones, bodas y alcaldías
van supliendo el gramo con cuentas duplicadas,
asesores, concejales, abogados y testaferros
dados a la diablesa, señora de liebres y mosquitos,
por verle el rabo, si alguno entre las piernas se cobija.
Me licencié en varias filologías modernas, los títulos
de doctora en ciencias políticas, y socióloga, ostento.
De nada me sirvieron; aquí estoy ejerciendo de maga.
Y atosiga mi corazón otras tantas amigas que hace
próximo a tres años terminaron sendas licenciaturas,
otras muchas ciencias, hasta medicina. No está bien
ese mundo, y algunas solo expiden recetarios.
Por ahora sé de muchos de ese gremio dignamente,
y acometer un dolor de tripa, prefiero el olfato
de la adivinanza a que me horaden el tubo digestivo.
Es ley que a corto plazo aquellas se hagan públicas
si no viene a sustraerlas una oferta decente.
SEGUNDA VIDENTE
(Repasando tratados de astrología)
Yo aconsejo que confiesen sus miserias, o pactar
con Leviatán a fin de fabricar el contraste, sacar siempre
provecho de una posición lamentable, pues no parece
que esta condición necesite permisos oficiales.
No las iría mal inventar algún asuntillo escandaloso,
ahumándolo con algún amante impío o matrimonio...,
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Recuerdo a un Amor de verano

Recuerdo a un Amor de verano
Amanda lamentaba él no haber
Conocido ese joven en aquel
Verano del 82.

Recuerda que era un día caluroso
Y los heladeros tocaban sus campanas.
Ella era una jovenzuela que paseaba
Por el parque, silbando esa canción que
Le cantaba su madre para dormir cuando
Era niña.

Era tan despistada que se le cayó el dinero
Para el pan.

Preocupada se sentó en una banca
A llorar.

El cual a su auxilio apareció un joven
Con ropa humilde y rota
que vendía Periódicos y le dijo:
-¿Qué pasa señorita? ¿Por qué esta triste?
Ella le respondió que había perdido el dinero
Para el pan.

El joven tomo su mano y le dio sus monedas,
De la ganancia de los periódicos vendidos en
El momento.

Ella se sorprendió que al ser una desconocida, el
Le diera su dinero. Así que le pregunto:
-¿Me lo das porque soy bonita?

Él respondió:
-¡No!, señorita, se lo dio
Porque conozco muy bien
El sentimiento de la tristeza.
Y eso sentimiento no me gusta compartir.
Aprendí que las lágrimas son
Pedazos del alma, nos purifican
para que nuestros ojos vean con
claridad y no se rindan.

Ahora ya no lloro, porque mi
Alma esta purificada.

Y además los verdaderos caballeros
respetan a las damas y sobre todo las cuidan.
Amanda se limpio las lágrimas
Y fue por el pan.

El joven le sonrió y con gran
Astucia vendió todos los periódicos
Que le faltaban.

Entre los periódicos tenía un
Libro gastado que leía y repasaba.
Amanda tan feliz, olvido pedirle
Su nombre.

Los días pasaron y el joven
No volvió a aparecer.

Ahora en la actualidad, se
Encuentra casada por un
Matrimonio arreglado.
Pero siguió el consejo del aquel
Joven. Las lagrimas ya habían
Purificado su alma.
Ahora ve al joven en las portadas
De las revistas de negocios.
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Matrimonio

Tenemos defectos y virtudes, tenemos pros y contras como cualquier persona
Pero encadenarte a la eternidad… somos almas libres, que no pertenecen a las personas.
No debes encadenarte, ni por voluntad propia, ni por ser más madura,
Si lo hicieras tu jaula quedaría pequeña para tu envergadura.
Mereces ser libre, libre sin ataduras.
¿Prefieres vivir feliz en una pecera? O ¿sobrevivir en el mar?
¿Ser propiedad de alguien? O ¿vivir libre e ir a cualquier lugar?
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Matrimonios

Le aconsejaron: «no te quedes con la duda» y se fue a vivir con la certeza. Aunque no por eso ha sido más feliz.
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siguen versos del Jinete sin nombre

.....Alguien o mente indefinida, me propone,
¡Únete a mujer! ¿Cumple el mandamiento?
¡Casarme! ¿Llevarlo a término? ¡No es mi deseo!
Vivir solo hoy con exigua dieta es una ganga.
Adonde el viento cambia, allá camino;
De donde el viento nace, de allí procedo.
Si algo me apetece, con ágil mano apreso.
Ni explicaciones doy ni nadie suministra
O me retiene. Ya cumplí con ese vínculo
atado a esponsales. Después, con el divorcio
Bajo el brazo, di de comer a algunos holgazanes
Que como rapaces, de detritos se cebaban.
De vez en cuando, un hijo viene a visitarme;
De vez en cuando a su padre vociferan.
Esto sobra; bueno es que sean independientes,
Y no se tengan protegidos por mi manto
En el invierno riguroso al resguardarse,
Hasta hallarse abstraídos en hipnotismo
Sin saborear la guerra contra el mundo
Y la misma instrucción próxima les valga.
De la pasión, sin ser inmoderado,
Algún desaliento o encanto distribuyo.
Del abrazo de la mujer estoy servido
Si por notoriedad me place el devaneo.
¿A qué divagar con la tortura de desfilar
frente a las hembras más jugosas?
Si esperas, el gazapo salta en mata;
la sorpresa, antes que des, te dan.
Luego viene el siguiente protocolo:
Esta noche, mi ternura, ni me mires,
Niños, trabajo y cremas nuevas
Que alisen mi figura por tu causa,
Retrasan mi lánguida disposición.
¿No degustas acaso mi belleza?
Mientras el furtivo en el sótano se esconde,
Y tú, con el puñal ceñido a la cintura,
a modo de temible y legítimo pirata,
como eres guardián de tu luciente edén,
A merodear por los huecos de la casa.
Y ya, que no el insecto en el oído,
Tu amada te vincula intermitente
Cada hora a las mujeres persiguiendo.
Ojeas a todas, a gran mayoría cortejas
y a muchas agasajas, salvo a su mirada.
¡Te cansaste ya de su hermosura!
¡Qué gélido tu abrazo!, tu palabra ¡qué fría!
Mientras tienes ocasión, eludes su regazo.
Falsificas tareas laborales imprescindibles,
Cuando vistes elegante y perfumado,
¡Seguro te citaste a medianoche
Con la frívola vecina!
De ese modo, en su apariencia cándida,
Hechiza en su conciencia igual pecado,
Que sin pudor cree tú cometiste.
Eso piensa y se lo cree, jures tú o testifique
El cielo entero por ti. Su magnanimidad tan grande
Y tu piedad tan poca, que digas, hagas,
Te confieses en público o privado, la borrasca
Iniciada en las nubes, cuando las aguas
Retrocedan a sus cauces, sin riada que contar
Ni daño alguno, se propaga a su estirpe,
salgas, te retraigas o te observen
en zona multitudinaria; en boca insana
de la muchedumbre, ya caminas con estigma.
Malo y perverso, así existirás calificado,
Que la madre de ella en ella se retrata.
Y tu niña fiel, se imagina, con viriles jóvenes
Imaginarios, agradablemente agasajada,
te toma por infante; la mente es caprichosa,
y los antojos, tan inasibles y lánguidos,
que ni Salomón daría con la sentencia.
¡Alabada sea esta segunda convivencia!
¡Qué ilusión, qué gracia, fantasía!
¡Qué maravilla es el noviazgo! ¡Y los primeros
Dulces apretones! ¡El primer tacto consumado!
¡La indiscreción, el vientre inflado, y si no bastara,
A salir con pancartas por las vías!
Que antes de colocar remedio al acto,
Como es natural, la naturaleza siempre vence,
Y da con su abrazo irreprimible.
Y el muchacho que de león enjaulado
Sale emancipado como ágil cervatillo,
Engaña a la lívida gacela
Con la argucia de su indócil pavoneo.
Tan frágil criatura allí perece
Entre dóciles arrumacos desvaída,
bajo la garra del tigre poderoso.
¿Qué cabeza da firmeza a esta noticia?
¡Qué horror es la mente que señala! Las mujeres,
como caballerizas desbocadas,
Cuando les viene adecuado, son perfectas,
Si un poco atrevidas, son ingenuas.
Este ideario postulan a grito lleno,
En concierto noctámbulo, a la prensa.
Y el pobre muchacho compungido
A rezar por salvarse del infierno.
Pasado el matrimonio, tienes los últimos
acordes de fatigas, al fin libre, ¡error fatídico!
Después que, con esfuerzo y oraciones
Al sindicato, te sitúas con loable independencia,
Otra mujer, otra amante y su mejor aliada,
te rozan las mejillas, te halagan falsamente
en ese conflicto imaginario de los besos.
Veloces cual meteoros por el cielo,
En pocos días en cama alegremente
Te adormilas entre abrazos calurosos.
Ya, creído dandi, te sientes emperador
Que puja estatuas y erige mausoleos;
Cuando menos, abrillantas recipientes,
hornillo, inmobiliario y chimenea,
en tanto tu amada con amigas se distrae.
Los primeros rayos del sol bordean
El horizonte; en ese espacio irresoluto,
De nuevo alegre por su luz diáfana,
Pienso a menudo irreflexivo,
¿Por qué no casarme, o con menor solución
táctica, cohabitar sin vínculo
con alguna mujer un tanto descarada?
¡Mala dentellada a compartir cuando
dos bocas comiencen a devorarse!
Mejor saborear el lindo fruto si visito
fiestas de solteros. Allí abunda la cerveza,
el buen vino, el cóctel y el clarete.
Podría pescar mujeres alucinadas,
O quedar atrapado, fuera yo el reunido
Amante que todavía teniendo encanto,
Hallara esa mujer, lívida y temeraria,
Que pudiera apagar el fuego interno.
Yo por ella, me desviviría, eso sí, aislado,
Cada uno en su nido muchas horas.
Da más rendimiento ser emancipado
Y más pasión, que allanarse a la frecuencia
De poner buena cara a lo peor de uno
Y mala cara a lo posible mejorable.
Pues, mejor discutir en pista neutra
que no alocarse en el propio domicilio;
si te apetece, festines al crepúsculo,
nunca jamás a horas limitadas.
Al momento que se antoje, vodka helado,
no, agua fría, que limpie tu interior.
En tanto anhelas salsa picante, rechista
Porque no lleves brocheta hasta la boca,
y ella expone, ¡te sulfura la vesícula!
Y si estás en casa ajena, que no en tu morada,
con tu amada conviviendo y con su prole,
Nunca tapes un ojo, ¡invítala a diario
A restaurantes y danza! Y adorna constante
La casa con luciente mobiliario;
El viejo es antigualla. Y tú, solícito,
Por tenerla gozosa al brillo de la luna,
Trabas la lengua y le sonríes.
Y ya asociado a su familia, ¡reza por tu alma!
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En otro mundo

¡el año pasado he ido a ese lugar, y no me gusta! - dijo Lucila.
Cursaba el 5to grado de secundaria Y otra vez tendría que viajar a la ciudad en la que vivía su tía, ella quería disfrutar de sus vacaciones con sus amigos. Pero, tenía una madre "sobreprotectora", si se le puede llamar así a una mujer que no quería que su hija tuviera amigos varones, ya que había sido engañada por un hombre que la enamoró con palabras y la abandonó cuando quedó embarazada, entonces a sus 16 años tuvo que hacerse cargo de su pequeña, Sara había logrado estudiar con mucho esfuerzo la carrera de educación inicial, donde trabajaba doble turno, así que tenía poco tiempo para compartir con su hija, la cual habia crecido con su abuela y cuando murió tuvo que pasar mucho tiempo sola, el cual aprovechaba para leer y escribir en su diario. ¡No es normal decían sus compañeros de aula!
Durante toda la temporada que pasó en la escuela fue la mejor estudiante y este año no seria la excepción.

¡apresurate muchacha, que te deja el avión!- grito su madre desde el primer pisó.
Al rato apareció con un polo rojo y un pantalón de algodón, que no combinaba.
Camino con su madre afuera del edificio en donde esperaba un taxi para llevarla al aeropuerto.
De camino sólo miro dos veces por la ventana del vehículo, llevaba puestos los audífonos y iba oyendo Numb de la banda Linkin Park, siempre había disfrutado oír Rock.
Al llegar al aeropuerto notó que estaba lleno de gente, y en su fila habían muchos padres despidiendo a sus hijos, ya en el avión, se sentó al lado de una chica que se pasó todo el viaje durmiendo, Lucila aprovechó para leer "éxtasis" de Bill Houston, que era una novela para adolescentes.
A las 11 de la mañana llegó a la ciudad en la que vivía su tía, en el aeropuerto la esperaba el chofer de su tía, quien sólo le dijo: ¡Hola! Y todo el camino se concentró en conducir.
Al rato llegó a casa de su tía Lucía, una mujer de 35 años que estaba casada con un hombre de 75 años, ¡le dobla la edad! Decían todos ¡No puede ser amor, si no interés!
Lucila encontró a su tía saliendo, se dirigieron un saludo corto y hablaron de la salud de su hermana y le dijo que se acomodara como en su casa.
Janet la chica que se encargaba del servicio doméstico la llevo a una habitación en el segundo piso, tenía el doble de espacio que su habitación, empezó a desempacar hasta que quedó como ella quería.
Durante el almuerzo no estuvo Lucía, así que aprovechó para comer en la cocina con Janet.
En la cena no se hablo mucho en la mesa, Lucía dijo que estaba cansada, luego se fue a su habitación.
Media hora después Lucila se dirigió a su habitación, se recostó sobre la cama,pero no conseguía dormir así que sacó su diario de la mochila y se dirigió a la mesa, y escribió lo siguiente:

29 de junio de 2018

Este viernes fue muy ajetreado, estoy super cansada, no había querido venir nuevamente a esta casa, es muy grande y no hay con quien hablar. Además está tío Marcos que nunca sale de su cuarto, creo que el cáncer de pulmón está en su última etapa, conozco poco de él, sólo que tiene empresas agrícolas con las que logró amasar una gran fortuna, Pero ni todo el dinero que posee podrá salvarlo de la muerte.
Por lo que sé tiene dos hijos que viven en España y casi nunca lo visitan, con él sólo está tía Lucía que pasa los días fuera de casa, posiblemente gastando el dinero de su acaudalado marido.
Durante el almuerzo hablé con Janet, es una gran persona, "super amigable", me dijo que tenía 28 años aunque aparenta más, debe ser porque toda su vida a trabajado, por lo visto será mi única amiga estas vacaciones.
Me siento cada vez más sola estos últimos meses, en el colegio casi todas las chicas han tenido o tienen relaciones de enamoramiento, excepto yo que no puedo comunicarme con varones, ya lo sé "soy un poco introvertida", bueno el amor puede esperar, por ahora trataré de sobrevivir estas vacaciones ya que madre tendrá que trabajar y no tendrá tiempo para mí. Además es manipuladora, pero se que tiene sus razones, para ella no a sido fácil cuidar de mi, y no quiere que pasé por lo mismo que ella. Sé que es una gran madre, siempre está para mí en todo momento. Pero quisiera tener un poco de libertad.

Colocó el diario sobre la mesa de noche, pensó durante largo rato y se durmió.

Al día siguiente. Lucía se despertó temprano y fue a ver a su esposo, la enfermedad estaba avanzando alarmantemente. A las 8:00 AM, llegó un doctor, ya no era el mismo de siempre, ya que en los últimos meses habían cambiado a varios ya que Marcos no aceptaba que no pudieran hacer nada contra su enfermedad.
Después de ser un reconocido empresario, estaba desahuciado a causa de su adicción al tabaco y cuando se dio cuenta del daño que le hacía ya fue demasiado tarde.
A las 8:30, Lucila salió de su habitación, llevaba la misma ropa del día anterior, y cuando pasó frente a la puerta del cuarto del enfermo oyó voces. Continuó su marcha hasta la cocina, donde encontró a Janet.
Luego fue a la sala donde encontró un gran televisor, al rato bajó un hombre con bata blanca seguido de su tía Lucía.
Apagó la televisión y se dirigió a la cocina, donde ayudó a Janet en las tareas del hogar.
Durante el almuerzo conversó con su tía sobre los viajes que está había realizado y las fiestas a las que había asistido.
En la tarde leyó durante tres horas "extasis", luego decidió salir a pasear, regreso a las 5:00 pm.

Durante la cena no se oyó una sola palabra, luego ayudó a Janet a dejar todo limpio. Fue a su habitación y sacó del cajón de la mesa su diario y escribió:

30 de junio de 2018

Este día estuvo de locos, cuando desperté me dirigí a la cocina, pero cuando pasé frente al cuarto de tío Marcos sin querer oí que le quedaban pocas semanas de vida.
Continúe mi marcha, en la cocina encontré a Janet, parecía apresurada en prepara el desayuno.
-me quedé dormida-dijo.
Tomé un vaso de agua, seguido me dirigí a la sala, donde encontré un gran televisor, cogí el control y sintonize el canal 21, estaban pasando November Rain de Guns N' Roses, una de mis canciones favoritas, le siguieron canciones de DC AC, "gran música sin comparación a la que sale actualmente, que está muy sexualizada".
Después de 5 canciones apareció por las escaleras Un hombre con bata blanca seguido por tía Lucía en su rostro se dibujaba la tristeza, que iba en contra de los chismes de la gente que decían que había sido un matrimonio por conveniencia.
Fui a la cocina donde Janet estaba lavando los trastes, decidí ayudarla, cuando terminé me dirigí hacia ella, no Fue difícil entablar comunicación, pese a que yo no era demasiado sociable.
Janet me contó que tenía una hija de 7 años la cuál vivía con su madre, dijo que la había concebido con un hombre que apenas había conocido, y cuando le dijo que estaba embarazada la abandonó-"algo parecido a lo que le pasó a madre"- dijo que era de un caserío a tres días de distancia y venía de un hogar en pobreza extrema.
En el almuerzo tía evitó hablar de la enfermedad de su esposo, me contó de los viajes que había hecho: Cancún, París y Mónaco. Me pareció que quería olvidar por un momento lo que estaba pasando.
Me contó del baile en el que conoció a su esposo, dijo que ella trabajaba como Secretaría en la empresa de su esposo, y que cuando obtuvieron un millón y medio de soles, algo que nunca había pasado decidió organizar una fiesta en honor a sus empleados por ayudar a conseguir tal suma de dinero.
Aquella noche tía llevaba un vestido negro y era diez años menor, él ya rondaba los 65 años y hace poco había sido diagnosticado con cáncer, pero aquella noche olvidó todos sus problemas y disfruto junto a su hermosa Secretaría.
Me dijo que salieron juntos durante 7 meses antes de casarse, a ella le gustaba hablar con él que era un gran conocedor de filosofía, historia y poesía.
-hablar con él era como transportarme a un mundo de ficción- dijo.

En la tarde leí éxtasis-¡Me encanta esa novela!- luego salí a pasear, llegue al parque en donde vi a adolescentes de mi misma edad paseando a sus perros, a otros caminando de la mano y prodigandose amor.

Aún no pierdo la fe por descubrir que es exactamente el amor. Pese a todos los problemas de los que estoy siendo testigo, sé que pronto pasará, aunque duela debemos enfrentar la realidad, por que para ver la lluvia nos tenemos que mojar.
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Tanka

Puente romano,
matrimonio entre orillas,
obra maestra.
Para el río,coqueto,
su preciosa diadema.
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El desengaño 2.0

Él, aburrido de los desplantes
de caricias de un matrimonio
oxidado en la rutina
decide recurrir a la informalidad
de los website de citas

Y en el "¿Que edad tienes?"
"¿A qué te dedicas?"
"Vamos a vernos hoy a las ocho"
del flirteo a escondidas
el susodicho consigue ligar con una fulana

Con perfume Calvin Klein
armado hasta los tobillos
y el carisma de un casanova recién jubilado
él, emocionado
llega al sitio de encuentro

Pero como ironías de las causalidades
y el mundo que es una servilleta de papel
el susodicho al sentarse a la mesa pautada
descubre que la fulana no era tan fulana
sino la esposa de él.
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Mis fantasmas y la poesía

Escribir poesías que salen del alma puede parecer sencillo y puede que en realidad lo sea… si hay fantasmas susurrándote al oído.
A veces me pregunto ¿Qué haces escribiendo poesías? ¿Qué tiene que ver tu vida de ahora con ese mundo lejano al que pertenecían tu padre y tu tío? No sé, solo soy alguien que descubrió un día el encanto de los poemas, y, me sorprendí escribiéndolos sin esperarlo, escribo palabras que parecen flotar en mi mente.
Es como un manantial de versos que permanecía dormido en mi sangre, y ha brotado con tanta fuerza que me tiene con mariposas en el estómago, tantas maripositas revoloteando que me quedo extasiada escribiendo cada palabra que aflora.
Y ha sido así con cada una de las poesías que he estado escribiendo, siento un aleteo de palabras en mi mente y tengo que correr a escribirlas en ese instante si no al siguiente ya es tarde y no logro darle forma al poema.
Para mí ha sido algo mágico, desde niña estuve rodeada de poesías y décimas, mi papa Reymundo Peña y mi tío Donato Peña eran poetas de cuna, nacieron con ese don, de todo hacían versos.
A veces sus controversias reunían a gran cantidad de amigos y vecinos y armaban un guateque a cualquier hora.
Y yo crecí en medio de esas competencias a ver quién hacia la poesía más bonita o la décima más pegadiza, y pobre mi papa, mi tío Naco siempre le ganaba, él era un experto improvisando.
Tristemente no quedan registros escritos de su obra, porque no sabía leer ni escribir, solo permanecen algunas poesías en la mente de fieles seguidores de su verbo. He ido recuperando algunas que pienso compartirles aquí en mi blog.
Para serles sincera, yo no les prestaba mucha atención, solo quería correr a caballo bañarme en el rio y divertirme en ese tiempo, después vino el matrimonio y mis hijos que llenaron mi vida por completo.
Pero ahora es como si ellos dos, mi bueno y lindo padre y mi talentoso tío regresaran a hablarme de tiempos pasados, siento su influencia, como si el tiempo se agotara y quisieran que yo dejara plasmado en el papel su amor por la poesía.
A veces creo sentir su impaciencia, y me pongo a escribir cada frase que parece emanar del pasado que ha estado atrapado con ellos, un pasado alrededor de mi padre haciendo vibrar las cuerdas de la guitarra cual, si llorara por su amada perdida, el amor de su vida, mi madre muerta apenas comenzaba a vivir…
Les decía que ahora siento una necesidad imperante de escribir, siempre me ha gustado mucho leer, bueno gustado, apasionado, encantado, para mi leer es como vivir muchas vidas, es como viajar a todas partes, leer es como vivir doblemente, pero escribir, nunca lo había considerado, ni tampoco hacer poesía, lo veía lejano como fuera de mi alcance, a veces escribía alguna anécdota, algo que llamara mi atención, y luego lo dejaba, pero ahora ya no, ya no puedo dejarlo, mis lindos fantasmas están todo el rato instándome a anotar cada palabra que me susurran al oído.
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Danza

La tarde acoge colores intranquilos,
hay una danza de aire y un sol de marzo
entre el oro de las acacias y la plata de sus sombras,
el tiempo es una bailarina.

Sobre los tejados unos hilos de nubes
sujetan la luz, hibrida, azul y sigilosa,
entre los edificios es ocre, sobre la piel es noche,
sobre la bailarina me olvida.

Hay un matrimonio de tierra y carne
debajo de mis pies, una calma insoportable
y es tan terrible quedarse como huir,
nadie baila, ahora soy quien tiene que danzar.
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El silencio de la vergüenza

Agradecía el silencio y la calma de la casa vacía. Minutos antes sus dos hijos se movían bulliciosos, esperando el momento de salir con su padre hacia el campo de fútbol.
Delante del espejo del baño se arreglaba para ir al cine con unas amigas. Una película de terror y unas palomitas eran un buen plan. Después, un chocolate con churros y una buena conversación con sus dos amigas del Alma; en la que, como siempre, fingiría un matrimonio feliz.
Se observó con detenimiento y, para que resultase creíble, sería imprescindible un poco más de maquillaje en su pómulo derecho.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2018/02/11/escribe-tu-relato-de-febrero-iii-sandra_e
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Éternels (eternos)

Nunca los vi como un matrimonio. Ella le amonestaba cientos de cosas: su mal carácter, su misantropía, su falta de sueño, su vestimenta oscura…
Él hubiera querido una esposa más prudente, una compañera que esquivara a los osados que alguna vez la adulaban, que no fuera tan presumida y, cómo tantas veces le solicitó sin conseguirlo, dejara de comprarse zapatos con prominentes tacones que tanto le disgustaban.

Las discusiones lograban sacar a la superficie sus desiguales naturalezas. Él, una vez pasaba la controversia, lo arrinconaba todo hasta olvidarse. Era ella quién archivaba ciertos detalles, ordenados e intachables como sus viejos recuerdos guardados en cajas de zapatos en distintos armarios. Lo conservaba todo, hasta las heridas y enfados que tanto la hacían angustiarse.

Viéndolos en su hábitat de convivencia yo creí que no se querían. Inclusive vacile que hubiese habido amor alguna vez entre la pareja. Los dos acataban los términos del compromiso. Él contribuía con menos dinero aunque aseguraba el mantenimiento del hogar; ella aportaba más ingresos y se ocupaba de la ropa de él, de los guisos y de la medicina para que él pudiese descansar.

El paso del tiempo acaba diciendo cosas, es evidente. Décadas más tarde admití mi desacierto, y vi realmente cuánto cariño había existido entre ambos. Su amor era un amor peculiar, sin otra melodía que la conversación diaria, la literatura, el mundo cinematográfico y su pasión por la música, pero todo regado por la autenticidad.

Cuando ella se fue extinguiendo él intentó alumbrar sus tinieblas, rechazando desgaste, documentando olvidos y sollozando, con la furia y la incapacidad de un joven solitario, su alejamiento discontinuo, señales de un adiós decisivo. La cuidó todo cuanto pudo, entre riñas, arrumacos y temores. Cada mañana la bañaba con cuidado y andaba, con sus pasos fatigados una buena distancia hasta el mercado que vendía las únicas arepas que ella, detenida en una infancia antojadiza, aún toleraba comer. De regreso, se desviaba del camino hasta la librería donde compraba un ejemplar de Saramago, Pavesse, Hesse, García Márquez, Cortázar, Márai o Baudelaire (sus favoritos) para aquella mujer que la vida y la muerte le iban arrancando.

Ella, por su parte, desvanecidos los recuerdos y miles de emociones, lo escoltaba con la mirada en la que, al contemplarle, resplandecía como nunca antes lo hizo.

El destino, aquel que los unió aun conservaba una brizna de piedad para ellos. Él se marcho, con el corazón hecho pedazos de tanto usarlo, antes de verla irse, gastados cerebro y cuerpo. Ella, que ignoraba que él no regresaría jamás, aprisionada en un tiempo paralizado, repitió cada mañana su nombre, mientras farfullaba
-¡Lo que tarda este hombre! ¡Lo que le gustan los paseos!-.

Un día sus cansados ojos dejaron de mirar la puerta por la que esperaba verle aparecer. No volvió a nombrarlo. No recriminó su soledad. Fue entonces cuando, inmovilizada en un cuerpo inerte y una mente desorientada, encontró el sendero que él había tomado y marchó en su busca.

Canet
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Neb-Jeperu-Ra

NEB-JEPERU-RA
Por D. A. Vasquez Rivero


I
VANITAS



¿Torcido sueño? ¿Espejismo?
Los cuatro muros que habito
se expanden hasta el abismo
supremo del infinito.

Las lámparas se derriten
en una espesa jalea.
Los libros en el armario
me obligan a que los lea.

¡Señor! ¿Qué me está pasando?
¿Tan fuerte es el opio rosa?
Me siento vapor liviano,
me elevo sobre las cosas.

Inflado, voy rebotando
sinuoso en la trayectoria
hasta que al fin me revienta
la llama de palmatoria.

Me achato. Caigo en un valle.
El gran desierto es la escena.
Camino por cierta senda
de ardientes, blancas arenas.

A cada lado se elevan
en fila enormes palmeras
y pareciera su fronda
hundirse al fondo en laderas.

Me freno, alguien me empuja.
Lo quiero ver, no me deja.
Pretendo irme ¡No puedo!
Así que sigo, sin quejas.

Perdida, bajo ondulada
ceniza de dinastías,
encuentro la entrada a un reino
que en otro tiempo existía.

Abierta la puerta, piso
un mar de ratas y cráneos.
La oscura fuerza me lleva
al corazón subterráneo.

¡Colmado está el hipogeo
de espléndidas maravillas:
cuchillos y bumeranes,
carruajes reales, sillas!

Y ciento treinta bastones
y taparrabos de lino.
En un costado ordenadas,
esbeltas jarras de vino.

Me sigue empujando el guía
que me acompaña y no veo.
Él dice: "Mira a tu izquierda."
Lo hago y... ¡No me lo creo!

Bañado en oro portando
el nemes de cobra y buitre
un féretro guarda al joven
varón de cuerpo salitre.

Sobre su pecho, trazada
distingo la crux ansata.
¿Un sol y un escarabajo?
¡De Tutankamón se trata!

Debajo del áureo cuerpo
que apresa fusta y cayado
descansa un capullo hueco
más pálido, descarnado.

¿Será que su Ka retiene
por dentro aún palpitando?
¿Y si despierta o se mueve,
o si me ve profanando?

Tal vez lo ha llevado Anubis
a responder por sus vicios
ante la pluma de Osiris
en la balanza del juicio.

De todos modos, se encuentra
provisto por los mortales
de mágicos elementos
que compensarán sus males.

En el vendaje que bajo
sarcófago lo amortaja
se engarzan los amuletos,
las inscripciones y alhajas.

Hay cuatrocientos ushebtis
dispuestos a hincar la azada,
a trabajar por su dueño
si falta le es imputada.

Pero... ¿Quién es la desnuda
mujer que deja las sombras?
Como una virgen, me quiebra,
como una fiera, me asombra.


II
RITO


Se acerca al momificado
flotando sobre alacranes
y alrededor de la tumba
coloca unos talismanes.

Es evidente su angustia,
mirarla me da tristeza:
Desconsolada lo llora,
enardecida lo besa.

Se enjuga su amargo llanto,
retrocediendo de nuevo
hasta unos vasos canopos
que yacen igual que huevos.

Con calma ceremoniosa,
vacía los recipientes
y lleva al vientre del muerto
las vísceras pestilentes.

Alzando al cielo las manos
recita salmos antiguos.
Quiero escapar y quedarme
-mi sentimiento es ambiguo-.

La estática de ultratumba
comienza a ganar potencia.
Del suelo brota la niebla;
del techo, cierta presencia.

Prestando atención diviso,
cayendo como en racimos,
tarántulas y gusanos
que a describir no me animo.

La hermosa mujer se agacha
y ordena con ademanes
que el féretro por completo
recubran sus alacranes.

Del techo las alimañas
también su dádiva entregan
y un jugo fosforescente
sobre la momia segregan.

La arena de todo el sitio
se vuelva roja, viscosa.
¡Es sangre que se destila
por entre nichos y losas!

El féretro está temblando
movido con las palabras
de la mujer que en su trance
realiza danzas macabras.

Me enervan el aire tenso,
los cánticos y gemidos.
Tambores y panderetas
repican en mis oídos.

Sin previo aviso, me ciega
un disco de luz radiante,
de cuya fuente desciende
el alma de un gobernante.

La fémina va y lo invita
a entrar en el descarnado.
No pasan ni dos segundos...
¡El rey ha resucitado!

Se para junto a su amada
que lo recibe sonriente.
La toma por la cintura,
la besa fervientemente.

¿Qué tiene el rey en la mano?
No logro ver. Estoy lejos.
Me muevo un poco más cerca,
mi previo escondite dejo.

Ya estoy llegando, ya llego,
Lo puedo ver si me elevo.
¿Acaso tiene una daga?
¡Oh, no! ¡Me empujan de nuevo!

La oscura fuerza me arroja
a pasos del matrimonio.
Me miran idiotizados
sus vástagos y demonios.

III
FINAL


El faraón enloquece
con un puñal me señala.
Ordena que, de inmediato,
mi sangre riegue la sala.

Me paro de un salto y corro
gritando desesperado.
Me siguen miles de arañas
y escarabajos dorados.

¡Que laberinto más grande!
¿Por dónde tomo el camino?
¡No puede ser que esto pase!
¡La muerte no es mi destino!

Elijo. Sigo corriendo
mi esfuerzo pide pulmones.
Detrás de mí serpentea
el piélago de escorpiones.

Un pozo ciego delante
cercena mis esperanzas.
Volver resulta imposible,
el poco aliento no alcanza.

¿Qué hago? ¿Salto o no salto?
Son muchos... ¡Son demasiados!
No tengo escape, me tienen
rodeado por todos lados.

Al trote vienen las ratas.
El pozo hierve en pirañas.
Tejiendo trampas de tela
y en formación veo arañas.

Un escorpión toma impulso,
saltando clava su anzuelo.
Me paralizo, tropiezo
y me retuerzo en el suelo.

¡Ay! ¡Cómo duele, Dios mío!
Mi savia ya coagulada.
¡Me están cortando por dentro
con hojas desafiladas!

¡Malditas, vengan ahora,
soy un manjar suculento!
¡Acaben con las cuchillas
que causan mi sufrimiento!

Me invaden los estertores,
el mundo es un manto negro.
Soy vaporoso, liviano,
volando me desintegro.

Despierto. Miro mi cuerpo.
Tendido estoy en la silla.
En humo y brasa de pipa,
se mueren las pesadillas.
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Esto está jodido...

Esto está jodido abuelo!!!, de verdad que lo está... Solté con coraje, las palabras me lastimaban como navajas al salir por mis labios, aun más lastimados por sus besos. El abuelo sólo me miró, con esa mirada penetrante tan de él, con esa mirada de sabiduría eterna encerrada en dos pequeñas pupilas negras, como una cueva llena de tesoros escondidos... Es gracioso, sabes, me he dado cuenta que por amor se dicen más blasfemias que palabras de cariño, me causa intriga cómo un sentimiento tan puro puede en momentos sacar lo peor de nosotros... será que llega un momento en el que uno ama tanto que tiene que ocupar cuanta palabra tenga en su léxico para poder expresarlo, un "Jodido" puede encerrar un te amo más sincero que un "Te amo", tal vez eso es lo que llaman ironía, o tal vez yo no estoy comprendiendo a qué te refieres cuando llegas a ésta, que es tu casa, en medio de la noche fría y con lluvia, a sacarme de la cama y lo primero que salga de tu boca no sea un "abuelo buenas noches" o un "disculpa la hora", no... lo primero que sale de tu boca es una blasfemia artera y sin razón, a menos claro... que ésta haya suplido una palabra de cariño... de cariño por ella, claro, no por mí. Lo miré fijamente, ¿Que no me comprendía? me estaba muriendo por dentro y él dándome lecciones de gramática amorosa, a veces me molestaba tanto su calma y sapiencia. Tienes razón, disculpa abuelo, me marcho para no molestar más. Él torció la mirada y puso su mano en mi hombro cuando me disponía a salir por el marco de la puerta. Y de nuevo vuelves a tener cinco años, si no es como tú lo esperas, no es y ya ¿verdad?, anda pasa y sécate, aquí lo sabes de sobra no molestas a nadie a menos de que Áureo se moleste por tu presencia, pero no creo, él duerme más que yo; me encontraste justo en medio de una historia de H.P. Lovercraft, nada mejor para leer con éste clima. Entré y dejé mi chamarra en la silla del comedor, y era verdad, Áureo estaba acostado en la alfombra entre los sillones, supongo que era su lugar favorito; desde que lo recuerdo de cachorro se duerme ahí cada noche, ese perro siempre me ha hecho feliz, no sé por qué, pero lo veo y lo quiero... perro tonto, como lo quiero... Bueno y dime, ¿por qué "esto está jodido"?, ¿de qué "esto" estamos hablando y que tan "jodido" está?... Es mi prometida, voy a romper el compromiso con ella, no nos entendemos, ella no ve las cosas claras, siempre me marca todos los errores que tengo, mi dispersión, que no tomo la vida en serio... en fin, parece que soy más causa de contrariedades que de felicidad, yo la amo claro, pero ¿cómo estar con alguien que te ve tantas cosas negativas, que te remarca aquello que uno ni siquiera nota?, ves cómo está jodido, no puedo más con esto... Yo hablaba a una velocidad tan rápida que ni siquiera podía entenderme, las manos me temblaban, el coraje recorría todo mi ser. El abuelo me escuchaba desde la cocina donde me servía un carajillo, es curiosos pero la primera vez que probé uno fue con él, era tal vez su tónico misterioso que todo lo resolvía, desde una indigestión hasta un desamor... Anda bébelo, necesitas entrar en calor... Ahh... el que inventó este elixir debe de tener su lugar seguro en el cielo... ¿Está bien? ¿le hace falta licor?... Carajo... "¿le hace falta licor?"... ¿es en serio?... le acabo de decir que romperé mi compromiso de matrimonio y al abuelo sólo le preocupa su estúpido carajillo... Si, está bien... Dio un pequeño sorbo y me miró fijamente sin decir nada, yo esperaba impaciente su respuesta, que dijera algo, nadie nunca me ha ayudado como él... Pues... siendo así, con todo lo que me dices me da gusto que rompas con esa relación tormentosa que parece no les dejará nada bueno, tienes razón, esa mujer es un ogro y no te conviene, yo no sé qué le viste... creo que es lo mejor hijo, mujeres hay muchas, ya vendrá la indicada... Me quedé en shock, ¿cómo podía decirme eso?, él la conocía muy bien, siempre me había dicho que le agradaba, ¿cómo podía decir eso en éste momento?, ahora no sabía con quién estaba más molesto, con ella... con él... conmigo... definitivamente esto está jodido... el abuelo de nuevo tomó un sorbo y miró por la ventana, me sentí sólo, completamente sólo... también fijé mi mirada en la lluvia, por la ventana los rayos iluminaban por un instante todo, como un día de un segundo, los truenos se escuchaban estruendosos. A ella siempre le daban miedo las noches así... Yo la quiero... tú fuiste el primero en saber que le pediría matrimonio, ¿Cómo puedes hablar así de ella?, tal vez soy yo un testarudo, será que no me gusta verme como soy en realidad, aunque ella no es una santa claro, pero la cabeza me da vueltas, de verdad que la quiero, pero no sé si sea mi futuro, ¿o sí lo sé?, a veces la quiero tanto que me duele, supongo que por eso sé que la amo... el amor duele ¿no?... sino cómo se sabe que se ama, pero hay veces que yo no la entiendo, me quiere un día y al otro no, ¿Qué debo hacer?... No pude decir más, llevé mis manos al rostro y sentí como las lágrimas buscaban escaparse entre mis dedos... ¿Hijo dime algo... tú la amas?...Claro que la amo... ¿Con todo y sus defectos?....Sí, ella es perfecta para mí, a veces no la entiendo y otras tantas de verdad que me saca de quicio, pero siempre la amo... ¿y ella te ama?... No sé... Claro que lo sabes... Yo creo que sí me ama, siempre me ha apoyado, me ayuda a mejorar y en los peores momentos sólo me abraza y con eso el mundo mejora... ¿Entonces?... Entonces, soy un tonto, una simple discusión no puede más que nuestro cariño, gracia abuelo siempre sabes qué decir... Pero yo no he dicho nada, todo lo has dicho tú. Sabes bien que yo estimo mucho a tu prometida, ella es linda y agradable, pero sólo tú la conoces de verdad yo no podía decirte lo buena o maravillosa que es, que no la dejaras y aventaras todo por la borda, eso sólo lo puedes saber tú, y me da gusto que recapacitaras. Ya te tocará ser abuelo y espero que entiendas que el dar un consejo no es decir las cosas que se deben hacer, dar consejo es ayudar a otro a ver la luz... Al terminar de hablar me abrazó y yo me sentí de nuevo ese niño de cinco años en sus brazos, me liberé por completo y solté mis lágrimas en su bata como si de un paño removedor de penas se tratara. Terminé mi carajillo y le dije cuanto lo quería, tomé mi abrigo y salí por la puerta. Pasaron dos meses y tuve una boda increíble y feliz. El abuelo nos dejó tres meses después.

Pasaron más de cincuenta años desde aquel suceso. Una noche cerca de las dos de la mañana sonó la puerta de mi casa, baje a ver quién podría ser a esas horas de la madrugada; era mi nieto, abrí la puerta y al verlo me dijo... Esto está jodido abuelo!!!... Yo sonreí y lo tomé del hombro... Pasa hijo, siéntate, prepararé un carajillo...
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Romance de Eros y Psique

Era la admirable Psique
la menor de las tres hijas
que tuvieron unos reyes
según la mitología.
Decían que era tan bella,
la encarnación de Afrodita,
que la diosa recelosa,
dictaminó su desdicha.
Con una flecha oxidada,
Eros, el hijo debía,
hacer que se enamorara
de la horrenda y deslucida,
de la más fea criatura.
Mas no todo era armonía,
y a pesar de su belleza,
infeliz era en la vida.
Ningún hombre se acercaba,
ninguno la seducía,
por parecerse a una diosa,
por eso no se atrevían.
Al Oráculo de Apolo
consultaron su familia,
casarse en una montaña,
ese destino tendría,
con el hombre más monstruoso,
esa fue la profecía.
Céfiro la rescató
de la montaña sombría,
y en un valle la posó
entre rosas florecidas.
Despierta a Psique el rumor,
la corriente cristalina
que la transporta a un palacio
de una belleza divina.
Allí todos la adoraban,
allí todos la servían,
la colmaban de riquezas,
de joyas y de comida.
Y en su alcoba por la noche,
va a recibir la visita
de adonis que la desposa,
y que se oculta a su vista.
Plena de felicidad,
pero cuando llega el día
el esposo la abandona,
triste queda en su partida.
En las noches amorosas,
cuando rebosa en su dicha,
le pide que sus hermanas
le puedan rendir visita.
Su amante no está conforme,
sabe de la hipocresía,
de sus malas intenciones,
de los celos y su envidia.
Y las hermanas a Psique,
el veneno y la mentira
le meten en la cabeza:
-Tu esposo es como una víbora,
una espantosa serpiente,
se oculta por terrorífica
.
Y decide en una noche,
que ni la luna lucía,
una lámpara encender,
por más de estar advertida
que si quiebra la confianza,
su amor se terminaría.
A la luz de la lucerna,
con la llama bien prendida,
descubre a un Eros perfecto,
de una belleza infinita.
Pero una gota de aceite,
que hasta el hombro se desliza,
despabila a Eros del sueño
y despierta a la vez su ira.
Vacía y desesperada,
hasta el templo de Afrodita
tras Eros vaga la psique.
La diosa ahora la humilla
con imposibles tareas
que nadie superaría.
Con la ayuda de los dioses,
sale bien de la porfía,
aunque le queda el castigo,
la condena de una arpía,
de bajar a los infiernos
por agua de Juvencía.
-Nunca el cofre destapes-,
Perséfone, allí le avisa.
Y al regresar a la luz,
por curiosidad movida,
abre, sin deber, el cofre
de la belleza divina,
y en el sueño más profundo
su mente se ve sumida.
Eros acude al rescate,
ruega a Zeus y le conmina
para que la haga inmortal.
Tras convencer a Afrodita,
el gran dios decreta boda,
y se celebra en Olimpia,
este feliz matrimonio
del que nacerá una hija,
Hedoné, del placer fruto,
y de esta historia maldita.
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Otra historia de amor (parte 5 - final)

Los preparativos para la boda parecen estar finalmente listos. Han sido tres meses alucinantes entre tantas decisiones sobre manteles, comidas, colores, flores, música, capilla y demás. Definitivamente, temas en los que a Martin le habría gustado no tener que participar tanto. Es increíble que se esté casando a tan solo un año de haber iniciado ésta relación. Aunque recuerda con agradecimiento, que ésta relación le salvó de perder toda cordura. Mónica vino a rescatar la casi nula capacidad de amar que había quedado en su corazón desde la huida de Verónica, hace dos años ya. Aún recuerda, con un sabor amargo el desordenado basurero en que se convirtió su vida interna y hasta su apartamento, tras su partida. Y el trabajo, con la inercia ganada, seguía avanzando bien, pero en piloto casi automático. Con Mónica todo fue tan fluido desde el principio. Ese primer encuentro en el parque mientras ella paseaba su cachorrito dálmata. Ese acercamiento tan natural y desenfadado de ella mientras él se sentaba en una banca que parecía tan solitaria como él, desconectado de todo lo que sucedia a su alrededor, absorto totalmente en los recuerdos de los días vividos con Verónica. Manchitas fue un mediador fantástico entre ellos. Su sola presencia suavizaba las cosas. Evitó el rechazo de Martín hacia toda chica que pudiera ser una amenaza a tener que abrir su corazón de nuevo. La amistad fluyó inmediatamente, entre este trío (Mónica, Manchitas y Martín) sin expectativas, sin dobles intenciones. Los encuentros en el parque se hicieron habituales, no planeados, espontáneos. Martín hasta se compró un cachorrito labrador ─Nicky- para acompañar algo de su soledad y completar así un cuarteto de amigos. La existencia de Nicky lo obligó a regresar a los suburbios, pues en su edificio de apartamentos no aceptaban mascotas. El cambio a los suburbios, rodeado de verdes árboles, plantas y sus flores; le sentó muy bien a su alma también. Se hizo un caldo de condiciones propicias para que las arañitas del amor volvieran a tejer sus redes, subrepticia y subliminalmente. A tan solo un mes de conocerse ya andaba saliendo con Mónica formalmente (sin la compañía de Manchitas y Nicky que distraian bastante). No había asomo alguno de planes de matrimonio en la cabeza de ninguno de ellos, pero las hadas del romance hacían lo suyo y a los cinco meses de estar saliendo; a la luz de una luna plateada, y un concierto de pajarillos nocturnos, con rodilla al suelo y todo, en el mismo parque en que se habían conocido, le dió un hermoso anillo de compromiso y le pidió que fuera su esposa. Mónica se le tiró encima y rodaron por la grama, entre sonrisas y unas lágrimas de felicidad que se mitigaban un poco con profundos besos de dos almas muy enamoradas.

La fecha de la boda estaba fijada para siete meses después y de allí fue una vorágine y un pandemónium de arreglos de boda que abrumaron a Mónica y Martín; pero de buena manera.

Era un viernes por la tarde, Martín estaba recogiendo su frac de la tienda de renta de trajes, cuando de pronto, entra una llamada, de un número desconocido. ─Debe ser alguna de las empresas proveedoras de la boda que llaman a última hora (a veces llamaban desde los celulares de empleados distintos) ─dice Martín en voz alta con tono de irritación. ─¡Hola! ¿Quién habla? ─contestó Martín─ ¿Hola, cómo has estado? Por favor no cortes ─dice la voz de Verónica ─y a Martín le tiemblan las piernas, y su mente viaja en el tiempo, dos años atrás y su alma es traspasada por todas las sensaciones y sentimientos, incluidos el dolor y la añoranza de todo lo vivido con Verónica. ─¿Qué pasa Verónica? ─responde Martín bastante cortante. Tras una breve charla, entre intensos reclamos de Martín por la deslealtad de la huida de Verónica y los recuerdos de que lo bloqueó en todas sus redes sociales, cambió su número de teléfono, cambió hasta de trabajo para tomar un tren distinto y demás, y las débiles excusas de Verónica; accedió Martín a reunirse con Verónica en la casa de él, dentro de dos horas. Tanto ella como él creían que valía la pena un cierre decente de esa relación y ese capítulo de sus vidas. Martín, muy nervioso, casi no pudo hacer el resto de cosas que tenía planeadas esa tarde. Llegó a su casa una hora antes de la hora acordada. Repasó una y mil veces, tres o cuatro versiones del breve discurso frío que le daría a Verónica y de pronto, suena el timbre de la casa. Se dirige a abrir, el sol todavía algo brillante del inicio del ocaso le golpea la visión; Verónica se ve solamente como una silueta algo borrosa, un tanto más delgada que como la recordaba. La invita a pasar adelante luego de saludarla friamente con un leve apretón de manos, sin apretarla en lo más mínimo realmente, casi sin tocarla. Se sentaron en la sala y fue entonces que pudo contemplar su rostro, esos hermosos ojos azules que antes lo habían hechizado, ahora se veían con menos brillo, su rostro más palido de lo usual, su ánimo muy decaido, habría perdido unas quince libras desde que la vió la última vez. Verónica le contó, con una narración honesta, sin querer excusarse inutilmente, el porqué de su regreso abrupto con Alberto. Esa "fuerza del destino" que pareció arrastrarla hacia él, a pesar de la resistencia que ella quiso oponer por sus nuevos sentimientos hacia Martín en esa época. Le narró lo desdichada que fue otra vez con Alberto, quien nuevamente, había sido nada más que un triste espejismo. Martín perdió todas sus fuerzas. Olvidó todos los discursos ensayados y hasta los imaginados. Y antes de darse cuenta, se abalanza contra ella y le da un beso que en milisegundos pasa de un beso tierno a un beso apasionadamente intenso. Las manos no le alcanzan para acariciar su rostro, se le enredan entre su pelo, se deslizan solas en la espalda de Verónica, llegan hasta sus muslos y sus caderas, la aprieta contra sí mismo con una fuerza y convicción como si quisiera que no se le escapara nunca más. A Verónica le escurre una lágrima en su ojo derecho mientras jadea, y respira con dificultad, los besos de Martín casi la asfixian, pero en ese momento no quiere respirar oxigeno, solo quiere respirar sus besos, su aliento, su aroma, su esencia. Salen manos de todos lados, las de ella y las de él para despojarlos con violenta vehemencia de sus ropas y antes de darse cuenta no hay nada entre ellos sino su piel y una densa capa de sudor que los quema al roce de sus cuerpos. Martín la levanta sujetándole los gluteos con sus dos manos, y las piernas de Verónica se enroscan en él como si su vida dependiera de ello. El jadeo es intenso, el vaivén es despiadado, la embiste con las fuerzas de una pasión que había dormido en su interior durante dos años ya. Su corazón estalla de amor por ella. Verónica solloza mientras él la penetra; ella se aferra a su espalda con sus largas uñas hasta hincárselas dolorosamente dejando huellas de sangre sobre ella. Martín no siente nada, solo la presión de las piernas de Verónica enroscadas en su cintura. La pone a gatas contra el sofa, la sujeta fuerte del cabello con una mano mientras la otra se aferra de uno de sus pechos, mientras la penetra nuevamente con una violencia casi gentil, sin lastimarla, pero desbocando todos sus caballos en el acto. Se sumergen en un océano de sensaciones, sudor, placer y gemidos, hasta que ambos llegan al estallido de su orgasmo compartido. Minutos después Martín yace exhausto en el suelo y Verónica recostada en su pecho con uno de sus muslos cruzados sobre su miembro ya en reposo; juega con su dedo índice a recorrer el pecho desnudo de él.

Transcurre una hora más mientras Martín y Verónica se besan en silencio, acariciando su cuerpo muy lentamente, disfrutando de una intimidad a lo que no tuvieron acceso antes, por falta de tiempo.

Martín se levanta, se pone sus jeans y camina descalzo por la sala, hacia el desayunador de su cocina y busca su celular. Tiene tantas llamadas perdidas y mensajes de Mónica, inquiriéndole sobre las cosas que él debía hacer esa tarde en preparación final para la boda, incluído el ir a recoger su frac. No tiene moral, ni energía para llamarle de vuelta y menos responder uno solo de su mensajes. Verónica lo sorprende por la espalda, aún desnuda, abrazándolo intensamente mientras le propina dos besos muy tiernos.

Casi no cruzan palabra. Se hablan con la mirada. Se hablan desde el alma, se ponen de acuerdo sobre su futuro. Y se dirigen ese mismo día al aeropuerto y compran un boleto a París. Ni siquiera llevan equipaje, en el camino comprarán lo necesario. Las dos empresas en que trabajan tiene subsidiarias en París, ambos son empleados estrella y no tendrán problema en que los transfieran allá. Suben al avión, se sientan el uno al lado del otro, Verónica observa la noche de estrellas brillantes desde la ventana, mientras sujeta la mano de Martín, quien la aprieta como si no quisiera soltarla jamás. Suspiran al unisono mientras arranca esa noche, volando muy cerca del cielo, la primera noche del resto de sus vidas, juntos. Su corazón palpitaba muy fuerte, mientras algo en su interior les decía que este era el verdadero inicio de su historia, para muchos, tan solo otra historia de amor, para ellos, su única y verdadera historia de amor.

FIN.


@SolitarioAmnte / vii-17
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El punto final

Su moneda de cambio eran sus poesías y ella le entregaba, a cambio, gozo carnal. Con aquella disposición creaban un terreno que únicamente ellos habitaban. Lo mantenían en completo secreto. Algunas veces espontáneamente. Solo existía entre ellos una especie de intercambio. La forma de trueque menos material que se pueda pensar. Ni siquiera podría calificarse de intercambio, aunque de alguna manera fuera un negocio. Y ese mismo pacto les otorgaba una transformación invisible a los ojos del mundo. Les amparaba. De los sitios oscuros conseguían luz. Del encuentro imprevisto hacían infinitud. Al comienzo se sentían empujados por la idea de un mero yo te entrego, tú me entregas.
Hasta saber de él ella solo había conocido la típica forma de conseguir dinero de un hombre. No las formas más pérfidas: conocía de las extorsiones que abundaban sobre el sagrado matrimonio. Su profesión, al menos, dejaba las cosas bien claras desde el inicio.
Ahora se sentía fraccionada. No porque no consiguiera el precio acostumbrado, que cada día le atraía menos. Sino porque no sentía que el hombre le estuviera recompensando sus esfuerzos al recitarle sus versos. A su lado no se sentía mercadería. En aquella oscilación de licencias, ¿qué tenía más importancia? ¿La poesía embelesadora que ofrecía él o las delicadas artes amatorias que ella ejercía sobre el cuerpo del poeta?
Tampoco el rapsoda advertía en la conducta de la mujer una complacencia forzosa. Los dos se daban cuenta y lo hablaban.

-Esto nuestro es algo insólito, porque no se le puede llamar amor, ¿no?,- decía ella.
Realmente no dudaba, sino que creaba deducciones incompletas que le permitieran seguir averiguando, confundida como se sentía con aquel vínculo extraño, pero enormemente placentero.

-Quizá no sea amor, aunque tal vez sea el camino,- respondía el poeta con sarcasmo.
-Enséñame a narrar- le pedía ella mientras mordía el pecho de su amado.
-Enséñame tú a seducir,- contestaba él.

Y el hombre continuaba recitándole versos de amores aparentemente dichosos y evidentemente desgraciados, de tipos con hambre que no querían seguir viviendo, de narcisistas que escapaban para poder quererse mejor, de mujeres huecas que solo miraban los satélites de su ombligo, de trabajadores honestos que se sublevaban cansados de sus tormentos.

-Relátamelo nuevamente,-
le requería ella haciéndole saber que disfrutaba. Y él retomaba los versos, añadiendo cambios, alterando tonalidades y en ocasiones implantando distintos finales, dramáticos, misteriosos. Sin pedir por ello nada a cambio.

Una tarde él describió a la mujer un relato parecido a la historia que estaban viviendo. Ella se vio reflejada en el guión, se vio con precisión dentro de la historia, confirmo el camino recorrido en su vida desde que se encontrara con aquel poeta. De pronto detuvo su narración.

-No continúes con el relato. Solo quiero que me cuentes el final-

Él guardo silencio por un instante, puso las manos sobre la cara de ella y cerró sus ojos. La fue emocionando pausadamente. Ella resbalo bajo los arrumacos de él. Y sólo consiguió decir:

-Has aprendido correctamente. Lo mejor es el punto final.

Canet
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Vampiro de retiro

En una tarde de verano dos amigos periodistas hablaban por lo bajini en una bulliciosa taberna de Madrid.

– A ver, Julián, ¿qué es eso que me tienes que contar con tanta urgencia? ¿Y por qué tanto sigilo?, ¿has vuelto a dejar deudas en una timba?, o ¿has asaltado una casa para conseguir un documento y te han pillado?

– Nada de eso, Pedro, verás… no sé si me vas a creer… pero…

– Dispara, que tengo que ir a comprarme un albornoz.

– Mira, pues que he descubierto a Drácula.

– ¿Drácula?, tú estás chiflado… venga hombre y ¡para esta tontería he venido! Llama a Íker Jiménez y a mí déjame en paz.

– Verás, es un noble descendiente de Vlad el empalador, se llama Vlad también, y me lo encontré en unas jornadas gastronómicas extremeñas tomando migas. Vive aquí en Chamberí.

– Ya veo… ¿eh?, con que en Chamberí. ¿No será otra de tus bromas?, vamos anda, tengo prisa. Tengo que ir a por un albornoz de rayas precioso para el veraneo.

– Escucha, incrédulo, mañana quedamos con él, yo le entrevisto y tú haces las fotos. Si no viene te invito a cenar en el Ritz.

Al día siguiente, quedaron en la Taberna del Murciélago, situada en pleno barrio de Chamberí. Y efectivamente, allí se presentó Drácula – un hombre alto, pálido, dandi, viejo, vestido de negro, con bastón y un misterioso anillo – y nuestros dicharacheros plumillas le entrevistaron.

– Señor Drácula, bueno Vlad, ¿qué le llevó a acabar en España?

– Mire usted, vine por el buen clima, por el sol, estoy muy viejo. Es mentira eso de que los Drácula no podemos tomar el sol. Es un invento, me pongo mis Ray Ban y tan pancho.

– ¿Sólo por el clima vino?

– No, verá, se me cayeron los colmillos y ya no pude morder a más muchachas, entonces me vine aquí porque sabía que tomábais sangre frita.

– ¿Morcilla?

– Exacto, morcilla. Y me voy a pedir una ahora mismo, cuando terminemos la entrevista.

– Y dígame entonces , ¿sólo toma morcilla?

– No, tomo más cosas. Aunque como morcilla casi todos los días, de Burgos.

– Sí, señor, de mi tierra. ¿Y qué hizo con su castillo?

– Se lo vendí al Estado, y con el dinero que gané he comprado un apartamento en Chamberí y me he hecho diez capas españolas de Seseña.

– Muy bien. ¿Y como duerme?

– Ah, je, je, siempre me lo preguntan. Lo del ataúd lo dejé, imagínese transportar eso en el avión. Duermo en una cama de matrimonio, y en verano, con el calor, me meto en la nevera.

– ¿Y a qué se dedica ahora?, ¿en qué emplea el tiempo?

– Pues mire, paseo mucho, cosa que antes no hacía, y estoy escribiendo mis memorias. El libro se llamará Días de sangre y rosas.

– ¿Y cómo lleva lo de que en España se use tanto ajo en la cocina? ¿No le da miedo?

– Ah, eso es mentira también, me encanta el ajo, lo malo es que repite un poco. También dicen que si me clavan una estaca me muero… ¡c***, y si se la clavan a usted o al camarero! Me dan más miedo los de Hacienda, esos sí que son vampiros.

– Ja, ja, es verdad, señor Drácula. Ya hemos terminado, ahora mi compañero le va a hacer unas fotos.

– De acuerdo, pero quisiera volver a verles cuando saque mi libro de memorias.

– Por supuesto, aquí nos tendrá.

Esto fue lo más destacado de la entrevista, aunque era más larga no quiero aburrir al lector. Así que era cierto, Drácula, Vlad, o como se llame vive en Chamberí, va a misa los domingos, es del Real Madrid, le gusta pasear, lleva dentadura postiza, es pensionista y toma morcilla de Burgos. Ya sabes, Íker Jiménez, puedes dedicarle varios programas.
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