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La muerte y yo ® ©

La muerte y yo nos conocemos un poco
seguramente ella me conoce más a mí
de lo que yo pueda conocerle a ella
yo como todos he perdido a alguien
que la muerte se llevó
al principio la maldije.

Pero con el tiempo comprendí
que no es ella la autora de los juicios
solo ejecutora de los mismos
pero no se puede negar que a veces
ella se lleva sin clemencia
a quien merecía vivir mucho más.

Recuerdo mi primer encuentro con ella
fue el peor y el más violento de todos
el que marco toda mi vida pero reconozco
que su abrazo puso alivio al dolor
de quien se llevó aquel día de septiembre
cuando vi con terror el toque de la muerte.

Después la volví a ver por accidente
un inconsciente manejo hasta chocar con ella
luego la vi en aquel hospital como cura infame
aliviando el dolor de toda una vida
siempre es mal comprendida la muerte
no por quienes se van con ella
si no por quienes se quedan.

Mis encuentros con la muerte siguieron
cuando ostente aquel trabajo que tanto amé
donde mi meta era preservar y proteger la vida
pero muchas veces solo fui testigo público
de los restos que deja la muerte
yo tenía qué levantar aquellos restos
y encontrarles un, ¿Por qué?

La muerte siempre es incomprendida
y aunque a veces solo en algunos casos
como cuando muere algún malvado
muchos la celebran como agente justiciero
aun así más de alguien sintió afecto
por aquella persona y lamenta su muerte.

Recuerdo la etapa de mi vida
donde me vi forzado incluso
a llevar a la muerte entre mis manos
donde tuve un momento
a solas con ella
y le pude preguntar y reclamar
por la pena que me causo alguna vez.

Fue ahí en ese momento crucial donde yo
me sentí en las manos de la muerte
y comprendí que no era ella
la que decidía a quien llevar y a quien no
en esa hora de violencia y tras sobrevivir
viéndome ileso vi distinta a la muerte.

Y recordé las palabras de un hombre sabio
que me dijo:
-Nadie muere cuando no le toca.
Claro como negar el dolor
que deja la muerte de un ser amado
sentimos un gran vacío
un desconsuelo infinito
extrañando al que se fue
yo no sé cuándo
ni cómo vendrá la muerte por mí.

Pero sin duda sé
que no dejare de vivir
por esperarla
o por temer su abrazo oscuro
tan cierta es la vida
su magia y su luz
como tan cierto es
que la peor desdicha
no es el morir, sí no
el no haber sabido vivir
porque la muerte
tan solo es
un cambio más de la vida.


Carlos Luis Molina Lara

Ángel de la muerte de Evelyn De Morgan
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Cada mañana...

Estoy cansada
Quiero dormir,
tengo una cama delante y no la puedo usar.
Tengo que seguir,
aunque no hacia la cama que acabo de usar.

El camino es largo y mis pasos cortos.
Mis días largos y mis noches cortas
Ahora solo queda seguir esperando tu llegada.
Porque por mi cuenta tardaría más,
ya que estoy cansada.

Aunque vengas rápido
me parece eterno,
porque no voy como vos,
voy a paso lento.

Sería tarde, pero no de noche.
Una lástima, pero no tragedia.
Salvo si me acuesto,
salvo si me duermo.

Dicen que si te pierdo, si te dejo ir, no vas a volver.
Y otros dicen que ya te fuiste, para no volver.

Siempre a la misma hora te veo pasar,
a veces yendo, a veces volviendo.

La ansiedad me puede
Ya quiero verte,
quiero que llegues,
quiero que me lleves,
A veces pienso en sorprenderte,
tomar un atajo para verte.
Pero no,
tengo que quedarme a esperarte.

En frente mío estaría mi cama,
en frente tuyo sueño mi futuro,
aunque no haya ninguno.

Veo camas por doquier, todas a mi alcance, aunque no las puedo usar.
¿Por qué?
Porqué no me dejan, porqué no es correcto, porqué no está bien.
Sería una molestia para los demás y no se vería bien.
¿Por qué?
Si no va a importarme una vez que duerma apoyando mi sien.

A unos pasos frente a mí tengo una cama y no puedo alcanzarla.
¿Por qué?
Porqué estás acá y la cama solo puedo imaginarla.

Cada mañana...
...esperándolo a él...
...esperándola a ella...
...esperando a mi tren.
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etiquetas: tren, sueño, rutina
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Señor destino ® ©

¡Estimado señor destino!
Quiero hoy que lo veo
ya que es tan difícil
lograr coincidir con usted.

Aprovechar en decirle
¡Cuánto le agradezco!
Toda la felicidad
que he tenido
y que le agradezco
las penas también.

¡Señor destino!
Quiero de usted
un gran favor
quiero que me envié
todo cuanto tenga para mí.

No se guarde nada
quiero por favor, ¡Señor destino!
Tenga la plena confianza
que de mí
no tendrá
ningún reproche.

Tampoco quiero
que me tome usted
como a un beligerante
o un irreverente
no es que
busque yo plantearle
una suerte
de reto o desafió.

No, no es nada de eso
mi estimado
¡Señor destino!
Tan solo quiero
manifestar a usted
que por dicha
he tenido la gran fortuna.

De saber entender
que cada golpe
ha sido para mi bien
algunos para correr
otros para detenerme
aún en plena carrera.

Supe ver
que las caídas
no eran el fin
solo la pausa
para subir
un poco más.

He podido comprender
¡Señor destino!
Que quienes han partido
de esta vida
han sido llamados
para ocupar alguna nube.

Sé también
que aun con dolor
otras personas
han entrado y salido
de mi vida
no para hacerme mal.

Por algún
designio místico
si no que
han sido
otras pequeñas pruebas
para fortalecer mi vida
y mi espíritu.

Sé bien
que debo tomar
el vino por vino
y el agua por agua
sé bien
que se sufre y se llora
pero también
se ríe y se goza.

Pues son estas emociones
el sabor y la fragancia
de la vida misma
es por ello, ¡Señor destino!

Que al entender esto
le agradezco tanto
pues comprendo
que hay
más tiempo que vida.

Porque es cosa suya
¡Señor destino!
esto de que la vida se va
pero el tiempo se queda
por lo que es mejor disfrutar.

De todos y cada uno
de los momentos
de nuestra vida
y no puedo
si no reiterarle a usted
mi solicitud para que
por favor me envié.

Todo, absolutamente, todo
lo que tiene usted para mí
estoy enterado de que no es
tan importante lo que quieran
o piensen los demás de mí.

Si no qué lo que cuenta
es lo que yo
pienso de mí mismo
y por fortuna
también he podido ver
que no es usted intransigente.

Y que de cuando
en cuando
a quienes
se esfuerzan mucho
y aprenden ese arte
¡De la fe!
Aun siendo usted
¡El señor destino!

Les permite crear
un destino propio
no quiero ya
entretenerlo más
entiendo lo ocupado
de su agenda
que gusto ha sido
conocerle y poder saludarle.

Por favor continué usted
con su camino
y sus planes
y no tenga más pena
por mí
que yo sabré
entendérmelas siempre
con este mi destino.


Carlos Luis Molina Lara
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Dilema

Entre dos caminos distintos
el mejor es uno mismo
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La batalla más violenta

Te gane la batalla más violenta
Que es la de sobrevivirte en cada beso
La de despertar sobre tus ojos
Y entender que aunque no miremos el mismo camino
Nuestras huellas ya son una sola
Te gane con tus propias armas, en tu propio terreno
Con tus propios miedos
Ya no tienes que esconderte porque ahora
No hay espacios vacíos en la cama
Ni rincones para guardar los silencios
Te gane a golpe de sentimientos, con terapia de choque
Puede que no te hayas dado cuenta pero
Ya no somos los mismos
Mi soledad se está mordiendo los labios
Y tu melancolía huele a miedo
Le ganamos a la muerte
Porque hemos hecho de la vida un paraíso.
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13comentarios 56 lecturas versolibre karma: 122

Entrelazados

Al igual que la vía láctea
giran satélites en mi contorno
y yo a su vez en otra galaxia
eslabones de una misma cadena
pétalos de una misma flor

Vasos sanguíneos comunicantes
circulando por el laberinto de la vida
a la velocidad que marquen las horas
con la distancia que decida el destino

Vestimos con manos entrelazadas
aún a veces mudamos los guantes
y aunque la soledad reclame su brisa
suele ser viento pasajero
es más, cuando crucemos el puente
besáremos la tierra en compañía
ya lo dijo el filósofo
el ser humano, es social por naturaleza
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Cohete

Estás tan bella
y yo en aguas de hastío.

Prendo la mecha
ahora mismo.
Subo como un cohete
hasta tu propio sino.

Ya nos arreglaremos
con jueguecitos
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Llanto y noche

Sin más se dejó caer al abismo
allí en donde se encuentran
las lágrimas perdidas de cada año,
la angustia comenzó y el corazón
se quebró una vez más

Pues, la misma historia se repite
las mismas lágrimas se asoman
y la angustia regresa en forma de
exámenes reprobados

Mira hacia a delante le dicen
a ella que sufre en silencio
a ella que le cuesta avanzar
en cada piesa de su carrera
pues sería sencillo despertar
y mirar al mundo con ojos sonrientes

Pero no, pues hay llantos y
miradas que inundan la tierra
y el cielo se nubla sólo por
un llanto de angustia que
alimenta con agua el bello mundo
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3comentarios 81 lecturas versolibre karma: 107

Modelado y vaciado

Volvemos al mismo lugar
a la estancia que fue,
colocamos los cuerpos
en idéntica pose,
misma mirada anfibia
doblaje de palabras,
manos, nuca y fricción.

Sincronizados
los ritmos cardiacos
y el plagio del instante
irrepetible
volviéndolo a llenar
con la carne fecunda
de aquella hora turbia,
igual que quien rellena
la moldura vacía,
derramando
saliva, caricias y piel
hasta sellar
esa grieta del tiempo.

Exactamente todo cuanto fue,
fielmente nada.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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11comentarios 124 lecturas relato karma: 117

Rutina

La habitación seguía igual
advirtiese a los recuerdos
por si querían platicar.

Las botellas abrillantasen
el antaño cálido de las luces
en la mesa, en el estante, y yo...

Nostálgico por las reliquias
y los sueños empolvados
en suciedad de verdades.

Que problema es la ausencia
muy amiga de los recuerdos
ambos son testigos del arrebato.

Jamas volvería la luz a ser la misma
ni la mesa, ni el estante, ni yo...
quien se resistía a lo metamórfico.

Pero nuevamente...
la cara opaca de la lluvia
me mostró que no solo era yo.

Ya no me importaba qué
o ¿Por qué?

Era mi pequeño mundo una celda
y yo empezaba a acostumbrarme.
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Querubín

Mi infancia se desarrolló en una casa siniestra, al mismo tiempo que la fobia hacia las cucarachas y una enfermedad nerviosa que hoy sé, requería atención médica. Viví años de terror con la idea de espíritus malignos a mi alrededor. El hogar materno era sombrío, de arquitectura antigua. El aire transitaba por dos largos ventanales y se esfumaba por los pasillos que daban a las habitaciones. A un lado del comedor nacía una escalera recta que conducía al segundo piso; me aterraba subir porque al final había una estatua de mármol, que al recibir la luz del sol producía un efecto fantasmal. Los espejos de los cuartos, formaban una serie de imágenes que trastornaban mi pensamiento, parecían como si pudieran hablar; había uno en especial, con marco negro, que simulaba ser un demonio. Estaba colgado en la pared de la cabecera de la cama. Aprovechando mi situación de la preferida de la casa pedí que lo pinten de dorado; aún así, no dejé de temerle.

El patio era grande y al final se erguía un pozo tapado con láminas de asbesto. Una leyenda giraba en torno a él; pues se decía que había oro en sus profundidades y que una víbora enorme lo cuidaba. Recuerdo que cierto día mi madre contrató a tres hombres para excavar a su alrededor con el fin de encontrar la fortuna, pero una serie de insectos nauseabundos salió del pozo arremetiendo contra ellos. Uno manifestó haber visto a la culebra negra con sus ojos rojizos. Los hombres nunca más regresaron. Por su parte, Querubín cuidaba el patio por las noches. Se trataba de un pastor alemán blanco, consentido de mi madre y al que yo no le caía bien. Me daba la impresión de que Querubín veía cosas que los humanos no podíamos mirar. Ladraba mirando hacia ciertos rincones del patio en donde no había nada. El tío bisabuelo que dormía en un tinglado al final de la terraza dormía con él. Una noche Querubín se le lanzó abrazándolo mientras aullaba de manera escalofriante y el tío bisabuelo lo golpeó lleno de miedo. Querubín a veces se comportaba agresivo. Sólo con mi madre era noble. Nadie se explicó su inesperada desaparición. Una madrugada, después de escuchar un aullido desgarrador, acompañado de un ruido como si unas cadenas hubieran golpeado el piso, llegó un silencio prolongado. A la mañana siguiente Querubín ya no estaba. No lo volvimos a ver.
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2comentarios 23 lecturas relato karma: 63

He...

He vuelto a navegar por la bahía
desplegando la vela
y tomando los remos de mi barca.

He intentado ser yo mismo, nuevamente,
al fundir mis ojos con la inmensidad del cielo
y de las aguas.

He vuelto a ver las olas cantarinas,
vestidas con su blanco inmaculado,
pasar bajo la quilla, al ser cortadas por la proa,
de mi barca.

He intentado sonreír a las gaviotas
y buscar en las estrellas los suspiros
que le mandan, en la noche,
al universo.

He vuelto a escuchar el tic-tac
acelerado de mi pecho,
cuando intenté tomar
estos versos con mis labios.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/11/18
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El anillo de Florencia

Minutos después de darse cuenta que había perdido su anillo, Florencia realmente entendió el Vacío que sentía su dedo.
El color de aquel anillo hacia un hermoso contraste con su piel, y aunque mucho no lo miraba sentía que estaba ahí.
Cuando con la luz chocaba expresaba un brillo sin igual
Pero ella solo lo entendió minutos después de perderlo.
Y al recordarlo no solo se lamentaba sino que así mismo se mentía al decir que nunca más le pasaría .
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•• fénix cinco ••, "Despertar amargo"

Hace tres inviernos que comenzamos mis amigos y yo a hacer el "amigo invisible" por Navidad, y yo era la típica del grupo que pedía mil cosas.
Hoy, al saber quién nos había tocado para este año y ponerme a hacer mi lista, he tenido que ponerme a pensar. Mucho.

Quizá veo profundidad donde solo hay superficie hueca, pero en ese suceso se me ha revelado la verdad sobre mi cambio...
Ya no necesito nada. Ya no quiero nada lo suficiente como para pedirlo.
Y lo que ansío, es inalcanzable.

Me quedo sentada en mi cama mientras los últimos rayos de sol se cuelan por mi persiana creando sombras en la pared blanca
y mi niña interior quiere levantar la mano y hacer formas con los dedos y que se proyecten.
La que soy hoy se limita a mirar
expectante
a la pared. Y a la ventana. Y a mi mano.
Y les pregunta a los tres y a sí misma y a todo lo de su alrededor
por qué existe y existen.
Qué sentido tiene todo.

Expectante. Callada. Observadora.
Me gustaría seguir siendo deseo
y no tristeza conforme.
Ser estrella fugaz
y no tierra firme.

He aprendido
en tan solo unos meses
cuánto puede ofrecer y cuánto puede arrebatar la vida
en un segundo.
Así que ya no soy capaz de querer algo con fiereza,
porque siento que he asumido a la fuerza
que nada permanece demasiado
como para dejar que me importe tanto.

No se es feliz de manera sempiterna.
Tampoco llueve eternamente.

Es lo único que saco en claro del hecho de haberme costado escribir qué deseo en una lista.
Lo único que he aprehendido y no podrá negarme nadie...
Que una vez la vida te quita algo esencial
o te da un golpe tan fuerte que te despierta,
nada de lo que se pueda ir a partir de ahí va a doler tanto
ni a partir de ahí se cerrarán los ojos de la misma forma.
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Leyendo poesía (a @Letizia) (jotabé)

Leyendo muchísimas poesías
te conocí amor mío un día

Hasta a componer rima jotabé
un día para ti yo me animé
pronto como niño me enamoré
y también un anillo te regalé.

Llevarte al mismo altar prometí
en cuanto tus lindos ojos negros vi.

Te juré también que por ti moriría
contra todo los pronósticos viajé
y ante tu gran belleza sucumbí.
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16comentarios 82 lecturas versoclasico karma: 104

Ruleta Rusa

Desde aquel prehistórico bostezo
acumulamos las mismas pieles
y los mismos zapatos de trotamundos
deambulando por esta tómbola de feria
con el triunfo de un concurrido juego
donde todos, absolutamente todos
participamos de su azar

Os presento a la sin par, “ruleta rusa”

Es tu turno, compañero
aunque tus fauces rechinen
y tus pupilas se distorsionen
ese gatillo debes apretar

Tú tranquilo, muy tranquilo
la mayoría dispara alientos
regalándote de nuevo tu ritmo cardiaco
aun existe una posibilidad
donde acecha el peligro
una bala con calibre de ambigüedad
que te reventará las sienes
con su impacto fulminante y certero
cubriéndote de sangre de otra dimensión
bien a la gloria de unos besos
o al infierno de sus ausencias
y no puede ser otra, que "la bala del amor"
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5comentarios 71 lecturas prosapoetica karma: 102

Simplemente morir

Voy caminando plenamente hacia el atajo de mi propia muerte.
Hacia ese largo cansancio del alma quien insistentemente me recuerda todo lo que he vivido.
Atrapado en una habitación rasgada por el tiempo.
En mi propio féretro.
Simulando dormir.

El arreglo floral que siempre imagine,
cubre la totalidad donde palidezco en mi última morada.
Todos esos rostros somnolientos,
despavoridos.
Observándome una vez más.
Todos allí.
Murmurando.
Fisgoneando.
Una y otra vez.

Todos hablan al mismo tiempo.
Las voces repercuten en mi cabeza.
No puedo expulsarlas. Por más que lo intento; parecen como si cobraran vida. Voces que se funden en esas lágrimas que me conducen hacia un anunciado suplicio. Hacia ese abismo donde se alza el vuelo hacia la muerte de ese espacio infinito.

Paredes frías.
Inertes.
Girando en un inconstante movimiento de ida y retroceso.
Aquí todo está muerto.


Mi cuerpo aborrece el cansancio eterno.
De ese frió sepulcral.
Donde me deslizo en las aguas profundas de ese rió con olor a muerte.
Pestífero a formol.

Solo soy yo.
Sin respiración alguna.
En proceso hacia algo que desconozco.
Ahogado en el tiempo.
Observando fijamente el techo sin poder mirar hacia los lados.
Solo escucho llantos. Voces de alarmas.
Olor a Flores.
De velas encendidas
Olor del alma inquebrantable que duerme.


Logro escuchar pasos agigantados que se acercan a mí.
Siento la voz de un niño que se acerca.
Creo que soy yo mismo tratándome de abrirme entres las penumbras de una soledad inmensurable.
Donde las lagrimas soplan muy dentro, como queriendo arrancarme el corazón.
Nunca aprendí a llorar.
Siempre me tragaba las lágrimas.


Simplemente morir.
Acostado.
Inerte.
Sin vida.
Con una gran hendedura sobre el pecho. Zurcido a las patadas.
Con hedor de perro. Aun sangrando. Coagulado. Casi morado.
Sin movimiento.

Y allí quedo yo.
Con mis labios cerrados.
Dentro de mi propia esencia.
Todo será polvo.
De Vida a muerte.
De transformación.

Muerto.
Vivo.
Aun no lo sé.
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No Te Sientas Sola

Nunca te sientas sola
Ni tampoco te agobies
Por aquellos que te odien
No te refugies
En la soledad que hiciste tu edén

No te acurruques
En la cama llorando
A escondidas debajo de las sábanas blancas
Que ocultan tus lágrimas
Aquel dolor que te causaron
Y dañaron por dentro
Dejando un hueco que jamás se regenerara

Porque me hablas
Porque estás conmigo
Porque me siento tan sola

Te hablo porque me entristece
Que no pueda ayudarte
Darte una mano
Levantarte y quitarte
El llanto en un abrazo eterno

Estoy contigo porque
Soy tú amigo jamás te mentiría
Jamás te diría algo que te hiriera
Para que no te sientas tan solitaria
Por eso te acompaño
Nunca te haré daño

Daría lo que fuera para quitarte
La idea de que estas sola
No lo estés siempre cuenta conmigo
Para lo que quieras,
No te digas que no puedes
Porque yo creo en ti yo sé que puedes
Sé que crees en ti misma
No te sientas tan melancólica en este día
Yo estaré aquí a hora y siempre pero nunca te sientas sola
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