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En un sueño

En un sueño sumergido de párpados
he visto como el monte sin hacer ruido
bajaba descalzo hasta la Mar.
Como unos tambores enormes
de tinieblas y largos
pinceles húmedos tocaban.

He visto hilos que deshacen
el aire de la mañana,
pasando por galerías
y espejos empañados.
Como duendes con ropajes de colores
descendían al fondo oscuro de la luz.

He visto unas plumas
misteriosas que goteaban
sobre la pared del arrepentimiento.
Como caía una lluvia adolescente
en el desván de la memoria muerta.
Como una lengua de húmedo musgo
se arrastraba hasta
debajo de mi pena.

Entonces mis párpados se entornaron
y respiré al ver que estabas a mi lado.
Oí como hablabas desde
dentro del amor,
no palabras, sólo luz
y tu respiración pura.
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Negro Mar

El cielo y el mar
Se unen en el color
De la misteriosa noche

Horizontes blancos
No se alejan
Se acercan
En rumores
De delicadas espumas

De un sueño
Parece esa brisa suave
Que se empecina
En recitarme poemas
Robados del negro mar
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"Ahora eterno"

Rémoras
despedazar el amanecer
atezando célula a célula
con las llagas del ayer
atrapar destripar libélulas
vislumbrar suspender
el perfume de la luz
en el puño de las tinieblas.

Más agua para más sed
más alma para más materia
el arroyo de los sucesos
detener
el círculo eterno
de brillos y miserias.

Ahora amor
contengamos el misterio
funde tu estrella en mi piel
enráiza en mi pecho tu planeta
sin más crepúsculo que resolver
abismo contra abismo
espejo contra espejo
sin más reflejos que recorrer
hundámonos en el laberinto
desandemos todas las metas
de este beso inmenso
infinito.

www.youtube.com/watch?v=14OHSNBv3nc Los Enemigos-Entonces Duerme
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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"La respuesta"

En la cara rota del azul
titilan los misterios
deconstruyo las violetas
en un ramillete de culpas
lanzo la moneda púrpura
de la derrota
por una escalera de pétalos
hacia el claro azar del corazón
donde se resuelven tus ojos negros.

En tus ojos negros brilla
se remansa el mar de los secretos
salpicado de islas ignotas
lanzo los dados náufragos
del dolor
me tejo entraña de gaviota
me desentraño vuelo color
pintor de almas a la deriva
herida del corazón.

A la pregunta eterna de tus ojos negros
…la respuesta suicida
es el amor.

youtu.be/CRhvB0B95nc The KVB - Always Then
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Su olor de piel: de blancas gardenias

Su olor de piel: de blancas gardenias.

Suspenderme a tu labio eternamente,
y abismarse en tu ser, y en el grato ambiente
de tu alma inmaculada, vivir eternamente.

Su olor me está esperando en la ducha y me hace lluvia con él, porque siempre es tu olor de blancas gardenias que impregnan cada centímetro de tu piel.

Tocó con suavidad monacal tú vértice más íntimo, doblo mis piernas adorando tan sagrado punto de tu cuerpo desnudo.

Vértice de mujer libre, lleno de misterios; como un altar, depósito una ofrenda, pequeñas violetas sobre tu vientre.

Che-Bazán.España. Poema

www.youtube.com/watch?v=wTtg8-bmf-0
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Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.
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Tercer plano

El tercer plano
de la actriz tímida
ha pinchado el globo de mi apatía.

Ha caído el telón
y no quiero deslizarme
por el suelo enmoquetado
que lleva hasta la puerta.

Hay versos mojados
y placeres de oferta,
hay sauces muertos de risa
al final de la escalera
esperando a que alguien pise
unos misteriosos patines afilados.

¡Me tocó!

Mientras voy cayendo de bruces
pienso en el tercer plano
de la actriz tímida,
que soy zapatero diurno,
que mis piños no están asegurados
y que no me he traído
una cajita donde meterlos.

También me ha dado tiempo
hacer un crucigrama mental
antes de estamparme contra el suelo.

¡Sorpresa!

Noto como tiran hacia atrás
del cuello de mi chaqueta,
me quedo suspendido
a diez centímetros de las baldosas,
he podido contar
tres chicles pegados y dos colillas.

Un balanceo me invita
a poner las manos
y levantarme suavemente,
es la actriz de tercer plano,
con voz lijosa dice:

-Toma chaval,
te has dejado en la butaca
tu corazón de cristal-.

Que extraño se me hace
el primer plano.
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El canto del cisne

Hasta para el espíritu medio una ventana chica le parece poco para un mundo tan grande. Entre tanto me conformo con la ventana de un parque compostelano con sus aves y su lago. El pastor se sienta solitario con libro en mano mientras el humo del cigarro le da forma al aire en movimiento.¿Puede ser brisa o será viento?
El poeta es el cigarro con su tinta gris ceniza le da tangibilidad a lo que no puede ser visto pero sí sentido,¿será viento,será brisa, o tal vez simplemente poesía? Creador es el pastor de su cigarro, él tomó el tabaco en mano y envolvió su misterio con papel opaco. Sólo el fuego y el viento volverá transparente su misterio. ¿será poesía el fuego y el aire en movimiento?
El aire en movimiento le trae al pastor los sonidos de su parque compostelano: el graznido de ocas altaneras y de gaviotas corruptas, el arrullo de las palomas chismosas y la verdad del rumor del viento. Le trae el frescor anacrónico de la hierba recién cortada recordándole su primavera natal; otoño en Sudamérica. Pero de todos sus sonidos el pastor tan sólo anhela oír uno. Pues su naturaleza es casi inaudible y efímera que resulta un desafío para la sensibilidad del pastor. El canto del cisne, ya habló de tu misterio un gran pastor llamado Darío proveniente del otro lado del lago. Y aunque tu canto me lleve a un momento aciago con ansia espero que el significado de la vida surja de este observador callado. Pues entonces: ¿Será poesía el significado de la vida con tu canto consumido por el fuego y el aire en movimiento? ¿O será el humo que dando forma a tu canto en el aire descubra su significado?
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Obra del tiempo

El tiempo que todo lo cambia

Trocó mi hoz en un motor

Que gira al contacto de un botón.

Sin misterios, sin enigmas y sin magia

Vario mi voz con el fragor,

En el delirio de la sórdida invención,

De aparatos doblegados por la rabia.

También así, cedió el fervor

Expresado, en lóbrega comunión,

En la ruta insustancial de la plegaria.
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Misterio de la Rosa

El misterio es la rosa taciturna
marchita, mustia por sed y dolor
que aún así florece desnuda,
que aún así no pierde su color

Sedas sus pétalos oscuros y rojos
suaves al tacto impregnados de aroma
botones pequeños que parecen ojos
me envuelven y acarician mientras me toma

Rosa que no muere en el desierto
entre llanto y risa suspira alevosa
sabe que la belleza es solo cuento
que su mejor virtud es su alma piadosa.
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La casa de muñecas

Mariana vivía en una casa de muñecas. Despertaba todas las mañanas con una enorme sonrisa. Peinaba minuciosamente su rubio y lacio cabello. Desayunaba estrictamente los alimentos permitidos por su dieta y veía a sus padres portar la enorme y contagiosa sonrisa.

Todo era perfecto. Ella era perfecta.

Hasta que llego La niña. Se llamaba Lily y tenia 8 años, pero no jugaba como las demás niñas que Mariana había conocido. Lily tenia ojos tristes que la entristecian también, y la amplia sonrisa ya no era tan grande. Solía sentarse todas las noches frente a la casita de Mariana a mirarla por largo rato antes de comenzar a preguntar: ¿Que se siente ser de plástico? Seguro no sientes nada. Debes ser muy holgazana ¿no?...No deberías serlo. Me gustaría ser como tú, siempre estas feliz.

Luego de la charla lily se iba a dormir. Mariana la observaba. Sentía curiosidad. Una niña no deberia estar triste. Así que, por primera vez desde que llegó a su adorada casa de muñecas, observó a su alrededor. Era una habitación fea y oscura, de colores opacos y desprovista de mobiliario. La niña dormía en un colchón desgastado y lleno de manchas. Vivía en la miseria si lo comparaba con su casita. Mariana deseó que Lily fuese mas pequeña, así podría hacerle espacio en su hogar y entonces sería más feliz. ¡Claro! Para eso eran las muñecas. Mariana decidió ese día que haría feliz a lily.

A la mañana siguiente, Mariana se esmero más que nunca en perfeccionar su aspecto. Se vistio con su mejor ropa y sonrió tanto que le dolieron las mejillas. Nunca le había dolido nada.

Cuando Lily llegó, Mariana estaba alegre y dispuesta a todo para llamar su atención. Pero esa noche Lily no la visitó. Se quedó en su cama, cubierta con una fina sábana que no lograba espantarle el frío. Se movía mucho y hacia ruidos raros. Fue esa noche cuando por fin descubrió que era llorar. Y de la gran sonrisa solo quedeba un débil asomo de melancolía.

La niña se presentó la noche siguiente, con rastros de lagrimas en la cara, la ropa rasgada y salpicada de misteriosas manchas rojas. Tenia una marca en la mejilla con una mezcla de colores extraña: era negro, morado, quizás azul, con un leve toque rojizo. Lily hizo ademan de hablar cuando golpes muy fuertes aporrearon la puerta. La niña se estremeció y apuño los ojos como si eso la hiciera desaparecer. Los sollozos casi no le permitían respirar. La puerta paró de sonar y la niña abrió los ojos. Sin embargo, la cerradura comenzaba a crujir al ser insertada una llave. Lily estaba más blanca que un papel, tenia un color enfermo con moradas ojeras.

Por la puerta entro un hombre al que Mariana ya conocía. Y supo que era hora de despedirse de Lily. Siempre era así cuando Él aparecía. Pero no quería despedirse, no esta vez. Y recordó en ese instante que era de plástico y debía sonreír. Eso hacian las muñecas. Mientras Lily era llevada a la fuerza lejos de aquella vieja, y ahora que podía ver, horrible casa, ella se quedo allí, sentada en su cama oyendo los gritos de auxilio de una chiquilla aterrorizada. Nunca los había oído. Tal vez no los había querido oír. Deseó poder ser ciega y sorda de nuevo. Deseó que su sonrisa no fuera una terrible mueca de desesperación y abundante tristeza. Deseó volver a sentirse de plástico.
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Caída libre

I
Van aquí, van allá y también acullá:
en el calor, en el frío y en la lluvia, van.

Con maquillaje, al natural;
con o sin lentes,
contando cuentos que hablan de sueños,
y escribiendo poemas a muñecas semiarticuladas
y a pasados desventurados.

Van pensando rápido,
sacando ideas de un bolso mágico
como el del gato Félix;
o durmiendo bajo el misterio de una palabra:
su alma, su nombre. ¿Van?

II
Lejos, lejos, lejos:
van, van, van,
contando cuentos y escribiendo poemas;
pero van acá
en el corazón del león de hojalata
y melena de paja.

¿Quiénes van?

III
Van, van, van,
en las manitas verdes del jacaranda
y en las de los ficus
y en el viento cálido de mayo.

Van, van, van,
en la distancia
enfrascando miradas,
coleccionando sonrisas
y recortes de enfado.

Van, van, van,
reciclando colores, sonidos,
texturas, aromas y sabores
de Sol, de Luna.

Van, van, van,
en un recuerdo,
en un cuento,
en un poema.

Van, van, van,
en mí, en Todo, en Nada.

¿Quién es Van?
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Encuentro

Se conectó al seguirlo y mirarlo desde lejos.
Él simplemente la vio y notó que debía hacerse el desentendido ante el interés que desbordaba sus gestos.
Ella entendió que él debía dar la pauta para comenzar a gustar uno del otro.
El actúa con un que me importismo para que ella no note que había encontrado un misterio llamativo.
Ella no lo dudó. Se abalanzó como un niño en pleno acto de la piñata.
Él se dejó romper y dejó caer los primeros premios que ella se merecía.
Él no pensó en su pasado ni en el de ella. Él recibió un beso y una palabras que a cualquiera contenta.
Ella comenzó a explorar un bosque marcando en cada árbol majestuoso su nombre.
Él siguió teniendo formalidad en su trato. Comenzó a decirle con pequeñeces que su estadía tendría que ser por más de dos días.
Ella no lo convenció en ningún instante. Ella se lo devoró en cada instante!!
Él no se detuvo más él dejó fluir todo aquello que sin merecimiento quiso entregar.
Ella pensó en él como el final de su búsqueda. Él venía medio roto y descompuesto.
Ellos ya no solo se encuentran o se buscan.
Ellos están a diario juntos.
La necesidad de ir tras el otro nunca fue persistencia fue elección...
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Yoya

Nota:
Realmente no soy ducho en gramática, nunca la estudié a pesar de cuánto me han gustado siempre las letras. La vida y mis quehaceres como cubano de nuestro tiempo me llevaron insoslayablemente por rumbos incompatibles con las letras. No me pesa, porque cuanto hice fue con amor y creo haberlo hecho bien.
A la lectura debo, sin lugar a dudas, el hecho de poseer ciertas facilidades al escribir, porque aunque imperceptiblemente, cada libro que se lee deja huellas y aporta conocimientos además de placer, ampliando nuestro dominio de palabras, significados e incluso, sentimientos. Nos prepara mejor para entender, apreciar y fortalecernos ante las circunstancias que durante nuestro paso por el tiempo debemos afrontar.
De cuando era pequeño, recuerdo la expresión: “Matar enanos”, en alusión a poder realizar algo que siempre se soñó mucho tiempo después. Pues bien, no me siento frustrado porque ahora, después de viejo y jubilado, es que estoy “matando mis enanos literarios”:



Yoya: Así se resumen sus apelativos. Menuda como su mote, es su apariencia frágil cual mariposa. Pero… encierra tanta fortaleza física y espiritual, que sumadas al abanico de cualidades que airean las calles del pueblo cuando pasa, se ha tornado en objetivo de muchos que siguen sus huellas de buenas influencias.
Es un siglo con cuerpo de mujer, una ristra de años bien trenzados que conservan el mismo aroma infanto-juvenil que aún exhala en la envidiable senectud.
Con su andar, como alado, al pasar o detenerse, la saludan todos con cariño, y grácil, les corresponde. Siempre provoca comentarios entre quienes la siguen con la mirada…
-–Parece increíble, pero… ¡ahí va Yoya! –Dicen unos.
–Por ella no pasa el tiempo –Aseguran otros.
¡Y tienen razón! Pareciera que los años no le pesaran, o no le importen. Nunca los cumple….
– ¿Para qué?, si no sé ni cuántos son. –Me responde sonriente –De que los tengo, los tengo y nos llevamos bien.
Con la curiosidad que provocan los asombros, no he podido sustraerme a los impulsos por descubrir los misterios que han mantenido, como en urna de cristal blindado… sus neuronas, tierna sonrisa, carácter afable, férrea salud y excelente memoria; aunque:
–No en mí todo está bueno –Me dijo sin inquietarse –De hace un tiempo a esta parte… no oigo bien.
Hurgando entre amistades, algunas tan longevas y de ambos géneros, con las que compartió infancia, adolescencia y adultez; coincidentes afirman:
Salvo uno que otro resfriado u oportunista virus común que ha sabido eliminar con mañas propias, no ha sufrido enfermedades. ¿Hospitales? Solo a visitar o acompañar enfermos. Desde muy pequeña fue siempre solidaria, buena amiga, mesurada y solícita consejera. Bautizada y fiel creyente iba a la iglesia a cada evento y procesión. Todavía lo hace. Como toda niña, aún sin dejar los juguetes flotó entre humos de ilusión, por los campos de la fantasía. Creciendo amó y pudo descubrir después, que la vida es distinta a las creaciones de sueños dorados de besos sin treguas, de amores sin escalas en los paraderos del diario vivir. La abandonó el primero y al segundo se dedicó con devoción hasta ser separados por la muerte.
Continúa desbrozando dificultades. Las mismas de hombres y mujeres de nuestra sociedad, con el mismo sentido patrio que abrazó y compartió laborando por más de cuarenta años. Después de convivir en pareja por muchos años, ella y Alfredo tuvieron el honor de ser el primero de los matrimonios colectivos celebrado por Los Círculos de Abuelos. Se graduó en la Universidad del Adulto Mayor a los noventa años de edad… y con orgullo conserva su diploma.
A fines de mayo pasado, al cruzarnos le vi el brazo izquierdo en cabestrillo:
– ¡Pero…, Yoya! ¿Qué le pasó? –Le dije al saludarla con un beso y mi mano sobre su hombro derecho como si con ello la aliviara en algo.
–Nada… –Me respondió –Como cada domingo temprano en la mañana iba para el estanquillo del parque a esperar el periódico, en la acera había unos obstáculos de basuras, di un traspiés, me caí… ¡Y ya vez! –concluyó con pesadumbre.
Se me antojó paloma con el ala rota y me causó tristeza. Más tarde supe que sufrió fractura en la clavícula izquierda (Cabeza del húmero) y que no la enyesaron para evitarle daños en la fina y magullada piel.
–Lo de Yoya no son huesos, son cabillas –Me dijo en broma una amiga común celebrando que solo dos meses después, ya hace de todo , incluso lava y afirma que en Septiembre se incorporará de nuevo a los ejercicios en El Circulo de Abuelos.
Su carnet de identidad refiere que nació el 22 de julio de 1918, aunque confiesa haber nacido el 29 de junio de ese propio año. Vive sola, hace todos los quehaceres y mandados. Cada domingo en horas de la mañana se sienta en el mismo banco del parque, detrás del estanquillo, para leer el periódico “Tribuna de la Habana” y enterarse de la “distribución de productos”. Se interesa por las noticias de la ciudad.
–Las internacionales no me gustan… –Dice M– ¡Este mundo está muy loco!
*
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Locura

Cuando una caja hace de sombrero
cuantos caminos habrá descubierto,
cuantos sueños castizos
involucrados en atardeceres viajeros
ejerciendo un cristal en su nave mental
que flota a la deriva
sin un Dios natural arrogante.
Solo lámparas infinitas
proclaman su llegada vagabunda
sin más misterios que su ser.

Noviembre 16 - 1993
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De tiempo y relativos

Hay algo en sus ojos, que me hace permanecer ahí, intentando descifrar qué pasa por su cabeza y aunque al final no lo entiendo, lo cierto es que no quiero que me mire con esos ojos, no quiero que piense que puede quedarse y habitar mi cuerpo e irse apoderando de mis recuerdos.

Me niego a que me mire de esa forma, con ese brillo en los ojos; es que quizás él no lo nota, pero me hace querer correr hasta sus brazos y al mismo tiempo huir lo más lejos que pueda, y no, no quiero huir y tampoco quiero anidar en su pecho como quien al fin encuentra refugio.

Está mal, todo mal, no tiene pies ni cabeza. Sin embargo, cuando estoy con él, es decir, cuando estamos ahí frente a frente todo parece encajar, incluso nuestros cuerpos ‘rebeldes’, tan parecidos como diferentes.

Y no, no es como dice Cortázar que… andábamos por ahí sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos... porque no, no quiero, muy romántica la frase, muy linda sí, muy de todo, pero no.

Yo no quiero pensar que estaba destinada a encontrármelo en el camino, en cambio quiero pensar que decidí por mi cuenta, sí, por mi cuenta y no la del "señor destino" que esa tarde nos juntáramos para tomar café (por cierto, fue una tarde hermosa, hacía mucho que no sentía un abrazo como ese ¡Y vaya lluvia tan conveniente, tan precisa! No casualidad sino un pretexto).

Como venía diciendo, quiero creer que sí hubiese sido diferente y nos cruzáramos cualquier otro día por la calle y por casualidad alguno de los dos fijara su mirada en el otro, lo primero que haríamos sería girar la cabeza hacia el lado contrario.

Sí, es que por más loco que resulte, no siempre es fácil sonreír a los extraños, (aunque deberíamos naturalizarlo), yo por lo menos me hubiese intimidado un poco, por la misma razón del principio, esos putos ojos y su maldito brillo que parece estar hablando a gritos sin decir una palabra.

Es probable que no me entiendan, créanme yo escasamente lo consigo, la cosa es que quiero verlo y saber que el tiempo juntos puede ser tan largo como corto y que así como suena de fácil leerlo, sea de fácil creerlo, a fin de cuentas, el tiempo es relativo y estar juntos también.

Hablando de tiempo y de relativo, y esa manía mía por contar los días y sacar cuentas sin sentido, ya superé mis expectativas en tiempo de estar con él y no sé si me asusta o me gusta (la verdad es que me encanta).

Quiero que él lo sepa, y me miré sin respuestas, que se dé cuenta que no tengo certezas de nada, que me he hecho una y mil ilusiones al tiempo que las he hecho desvanecerse, que no espero nada suyo y que aun así me sorprende siempre.

Es que me muero (sigo hablando de relativos) por decirle que no me hacen falta compromisos porque de esos tengo bastantes conmigo misma y ya suelen agobiarme lo suficiente, que con él quiero todo y nada (y en todo incluyo los orgasmos ya sean en el baño, en la sala u en la cama… donde sean pero que sean).

Ya le he dicho que lo quiero, y lo cierto es que esa no es la palabra correcta, porque si algo siento por él, es algo que se sale de lo posesivo que puede resultar un ‘te quiero’, esa frase que para mí en tantas ocasiones ha significado encierro…

… A él lo veo y lo siento libre y me encanta así; tan feliz, tan hombre y tan niño, es un misterio. Me fascina pensar que con él todo es nuevo; es como ir aprendiendo a gatear y de pronto estar corriendo o mejor aún montando en bicicleta sin las manos en el timón y con los brazos abiertos (como eyacular en medio de un oral y reír sin aliento).

Así me siento, con los brazos abiertos, con el corazón galopando en cada respiro; con ganas de decirle que se vaya lejos, que vuele tan alto como quiera, que suba la montaña y que también camine desnudo por la playa, mientras se fija en la flaquita de cara linda y bonitas nalgas.

Me encantaría que sepa lo bonito de sentir que puede enamorarse de cualquiera, que puede querer pasar su tiempo aquí o allá; me gustaría que sepa que no importa si mañana se va y ya no regresa nunca más, porque me habrá quedado todo y nada. Y la nada que me da, es más que todo lo que he recibido antes.
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Entendí tu mensaje en el silencio...

Entendí tu mensaje en el silencio
y marché, con el mismo, hacia la nada,
quería refugiarme en las tinieblas
y ser un Peter Pan con telarañas,
quería ser la rosa de los vientos
que un día sorprendió la marejada,
cubiertas sus espinas por las olas
dejando entre las aguas su nostalgia,
quería emborracharme en el salitre
y ser el cisne gris de la mañana,
que marcha en un estanque abandonado
en pos de la silueta de las hadas,
es fácil que renazcan del silencio
los gritos inaudibles de fantasmas,
aquellos que surgieron en las noches
por medio de cadenas y campanas...

Entendí que quisieras liberarte
y marchar por el mundo con tus alas,
a beber en las fuentes misteriosas
que ofrecían mil sueños y esperanzas,
pero yo me quedé con una duda
y pensaba en un tiempo y las palabras,
cuando tú me ofrecías tu cariño
y, también, me decías que "me amabas",
pudo ser una frase irreflexiva
para hacer de mi vida una metáfora,
un oasis de paz, un espejismo
y lograr embriagar, así, tu alma,
pero atrás me quedé con el silencio,
compañero de guerras y batallas,
él bien sabe de heridas y lamentos
y de sangre, tinieblas y de lágrimas...

"...Entendí que los hombres nacen libres
y que tú, en el fondo, eso buscabas,
a pesar de sumirme en el silencio
y negar lo que un día proclamaras..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/11/18
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Misterio

Nos miramos,
sin preguntarnos quién falta,
luego nos amamos,
intentando vernos
en cada parpadeo
que nos hace libres de ese misterio.
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Elogiable Entereza... (Experimental filosófico)

ELOGIABLE ENTEREZA
(Experimental filosófico)


En la roca la entraña se baña. ¡Porosa!.
De suspiros llena y rosa. ¡La roca!.
Sus nerviosas manos extendiendo.
Persuasivos pirueteados.
Y nada turba en el mar la brisa,
cazando a los minutos alevosos,
en la urna del misterio esquivo.

¡El eyecte ejerced!.
El embeberse enmenden.

En la ceniza desamparado,
el tiempo al olvido consume.
¡Tan pálido y perdido en el ayer!.
El desconcierto acierta en concierto.
Del ayer los sueños todos. Duermen.
Con la gracia sin igual del espejo.
¡Al ser flores de los confines!.

El enrede entretejen.
¡Enfrenen el emerger!.

La corriente besan los murmullos,
de la mísera paz dónde mueren,
y donde el anhelo se derrumba.
En la estatua desnuda descansando,
en la calma, sensual, teme al cristal.
¡Dúlcido y lento el nuevo día!.
Porque flores mañana y abrojos hoy vierte.

Al abarcar y abrasar.
Abaratan al acampar.

En tanto tenues al mutismo tejen.
¡Qué lóbrego el horizonte brilla!.
¡Cuánto color de oliva afila!.
En las pestañas conversa audaz,
una vez esmeraldas al tatuarse.
Las horas de pétalos al secarse.
¡En la orfandad del albor!.

Ese éter eleven.
El encele enerven.

¡Por dónde el precipicio escapa!.
Entre líricas palomas pródigo,
la eternidad ligera pende.
Hacia el silencio. ¡Y muriendo vive!.
En la dicha del salmón,
con el árbol iracundo.
En tanto alcanza el túnel.

Incidid, insistí.
Infringid, inscribid iris.

Al agua sin tener nada. ¡De sed!.
Y aún en la sed nadando.
Cuidando a la plaza el césped,
con la armadura y su ternura.
¡Porque dura lloviendo lancinante!.
La entereza que suma sombras.
Al virginal fulgor de los recuerdos.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)
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