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Pero debes...

Pero debes abrir los ojos y ver,
sentir la vida en tus pupilas,
notar como se agita el corazón, de nuevo,
y escuchar a esa voz, desconocida,
que te llama.

La vida sigue ahí, cerca,
la ves,
la tocas,
la deseas,
la persigues;
quieres beber su néctar
y embriagarte con su vino,
con su luz...

Tienes miedo, lo sé,
pero es algo normal.
Debes seguir mal que te pese,
debes avanzar,
mirar al frente,
debes buscar los labios que adivinas,
decir su nombre
y leer sus pupilas...

Debes vencer al miedo
y ser tú mismo,
para intentar encontrar la poesía.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/11/18
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Un poco de orden por favor

Tengo un calor
de ciencia ficción,
la camiseta blanca de algodón
empapada,
la mitad del cigarrillo a la virulé,
las luces no paran de guiñar.

Tu bicicleta y paraguas de sol
aún duermen en esta ratonera,
de fondo la voz de Édith Piaf
intenta poner un poco de orden
a estas estancias dislocadas.

Intento ordenar la mesa
tras el terremoto emocional
creado por las musas rebeldes.

Hay miles de papeles,
cientos de bolígrafos que no escriben,
normal,
que puedo esperar
de paquetes de diez por un pavo.

Hecho de menos el ordenador,
era como de la familia,
pero lo tuve que mal vender
en una tienda de segunda mano,
cuestión de pan y atún.

Hoy la vecina
me ha preguntado por ti,
me ha gritado desde la escalera;

-K, a ver si pones
tu jodida vida en orden
de una puta vez-.

Pues vale si usted lo dice,
que corta rollo,
a ver ¿por dónde iba?,
ah, lo siento Édith a dormir,
The Animals despertad
es vuestro turno.

"El sol ha salido por el oeste,
la rotación de la tierra ha cesado
y el mar es un desierto de sal".

Valiente porquería para
iniciar una canción,
¡ea! a la basura
ya van siete hoy.

Ahora que me estoy acordando
tengo que arreglar las cuerdas verdes
de mi sospechoso tendedero.
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El brindis

— ¡No puedo creerlo!
— ¡Yo tampoco! No me abraces así…, me dejas sin aire, Bebo.
—Perdona. Es la emoción, Clarita. ¡Veinte años! Y no has cambiado. Los mismos azabaches de mirada retozona. Mulata… ¿cuántas veces no peinaron mis dedos ese lindo pelo?
—Exageras. Lo ves negro por el tinte. Y la presbicia…, no leo como antes. ¡Todo cambia! Mírate a ti con esa barriga y calvo… ji jajajajaja
— ¡Qué mala eres! Je jejejeje. ¿Estás hospedada aquí?
—No, vine a un evento sobre El Libro y la Lectura. ¿Y tú?
—Tampoco. Soy taxista. Traje un pasajero del aeropuerto. ¡Qué calor! Coppelia está al frente… ¿Me aceptas un helado?
—Está bien, pero despacio… ¿Qué es de tu vida?
—Normal, Clarita. Dos hijos gemelos,…que pudieran haber sido tuyos, Estudian Ingeniería. ¿Nos sentamos allí? Junto al árbol es más fresco… Me divorcié hace dos años. Siéntate.
—Gracias. Hay menos resplandor aquí. El trinar de los pájaros es agradable… Y ese que se escucha… ¿Es sinsonte o ruiseñor?
—Sinsonte.
—Me lo figuraba. ¡Qué lindo canta! Mi hija cumplirá quince primaveras, es adorable y la razón de mi existencia. Quiere estudiar medicina.
—Buenas tardes. ¿Decidieron que pedir?
—Para mí, “Tres Gracias”, de vainilla, almendra y chocolate.
— ¿Y usted, señor?
—Una “Canoa”, de chocolate.
—Como te decía…. Quiere estudiar medicina. Es inteligente como su padre.
—Si hubiera sido mía…
—Nunca fuiste bruto.
— ¡Qué alegría rencontrarme contigo! ¿Será que el destino…?
—La casualidad, querrás decir. No es lo mismo. Me hace feliz verte. …Ya traen los helados.
— ¡Que les aproveche!
—Gracias, Señorita. ¿Agua, Clary?
— ¡Vaya! Me has dicho como “entonces”
— ¡Como “entonces” quisiera fuera todo en adelante!
—Nada será como antes, Bebito. Estoy enamorada. Mi esposo se desvive por mí y yo por él. Te invito a los quince de mi hija el venidero 6 de junio.
— ¡Qué lástima!
— ¿Que sea yo feliz?
—NO. Que no sea yo el padre de tu hija.
—Te sacaron del país… y echaste mujer afuera
—Pero regresé años más tarde. Sin encontrarte.
—Me casé con Víctor y de Santiago vinimos para la Habana.
— ¿Qué Víctor? Lo conozco.
—No. Mira esas nubes. No demorará en llover. Debo marcharme.
—Te llevo.
—Ok. ¡Vámonos!
—Vives ahí.
— No hablaste en todo el camino. Sí. Entra. Te hago un café...
— ¿Y…, Víctor?
—Está en Venezuela. ¿Café o un trago de coñac?
— ¿Y… tu hija?
—Semana de receso escolar. Está en Santiago.
—Mejor un Coñac.
— ¡Brindemos!
—… Chin, chin…
—Chin, chin… ¿Pero…?...
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Carta extraña a Vicky

A: Vicky cuando aún no sabía de qué iba nuestra relación

Confieso que el humo del cigarro no me ha dejado escribir bien,
Pero no temas, no hay letras venenosas en este sobre gris;
Trato – y lo sabes- de parecer lo más calmo posible,
No quiero tormentas que me ahoguen en mi propio vaso de vino.
Confieso que me gusta tenerte recorriendo mis espacios,
Que disfruto verte dormir desnuda en el sillón de la sala,
-y no te cubro con manta alguna-
Confieso que encuentro hasta graciosa tú falta de fluidez en la cocina;
- amen de las visitas al doctor y la cara de mi perro-
Admito que la música clásica que escuchaba ahora me suena diferente,
- me he adaptado a todos tus ruidos-
Pero hay algo que no he podido comprender aún en esta historia;
Algo que se me asoma a cada paso que doy,
- sobre todo cuando te miro en la ducha-
Que somos?
Una pareja normal!
¡O un intento surrealista de experimento emocional!
Al final no espero que me entiendas, o que cambies
– de hecho no lo quiero-
Solo necesitaba preguntarme a mí mismo,
¡Qué carajos somos!
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De Un Día Al Otro

Fue difícil saber que todo iba a terminar así. De un día al otro te fuiste de mi vida y yo quede vació, en silencio y con una parte sin poder llenar. Y pensar que es algo normal en la vida pero uno nunca quiere que llegue por que sabemos que costara enormemente ese momento.
Es difícil despedirse bajo lagrimas. Es difícil tener que soportar que ya no estas y que nunca podre volver a verte.
Ahora solo puedo ver tu foto en una pieza de mármol incrustada en un suelo que las 3 letras que nadie quiere ver... RIP...
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El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

A partir de ese momento, los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, los encuentros amorosos con sus maridos iban a eternizar la memoria de Nacho.
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Labios castos

No recuerdo tu nombre
tampoco el día
que nos conocimos
pero tu imagen vive en mí
como una bala alojada
en un rincón de mi mente

no recuerdo el momento
pudo haber sido hace un mes
una semana o quizás un día
no lo sé
pero aún así
no olvido
nuestro pequeño momento

me pregunto quién serás

un día en ocaso te ví
al siguiente ya no
por qué será que no
sales de mi mente

no te amo
pero aún así te extraño
No sé quién eres.

dime algo
donde quiera que estés
niña de ojos inocentes

me pregunto cuánto tendrás
con quien vivirás
¿realmente fuiste quien me mostró esta realidad?
besarte fue una locura

tus lágrimas de cristal
luego de aquel casto beso;
Alegría, tristeza
no lo sé

decidme quién eres
no te conozco
pero aún así te amo.

la oscuridad se une
a nuestro pecado infernal
tus manos tiemblan de nervios
tus labios callan
mas no puedo parar de hablar

cómo amar lo desconocido
cómo odiarte
sin llegar a desearte

dime quién eres
quiero saber si te volveré a ver.
Tan solo un segundo
hemos de estar
tu recuerdo
algo infernal

observo tu sombra
me haces falta
cómo me falta
lo que no recuerdo
lo que vive en mi corazón
algo suspicaz

a lo mejor mi destino
fue conocerte
quizás llegar a amarte
entonces...
¡¿por qué no puedo recordarte?!

te hago falta
lo sé, tu alma me llama

tal vez esto nunca debió pasar
ahora no puedo parar
te amo

mi corazón se acelera
en pensar lo que pudimos ser

tu recuerdo me mata
no sé qué hacer
dame una señal
de que fuiste real
porque lo que siento
no es normal

he de cerrar mis ojos
mas mi corazón
lo tendré abierto
para tu llegada
desconocida

amarte es una locura
mejor he de odiarte
por qué hacerlo
por qué no simplemente recordarte
mi corazón te llama
más mi mente decide olvidarte

vuelve, hazlo por favor...
señorita de mis sueños
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Metro

Salía de mi trabajo una noche, mi turno es nocturno, pero al menos consigo el último tren del metro para volver a casa...
Una vez dentro de la estación esperaba su llegada, había tres o cuatro personas esperando el vagón también, en el fondo me aliviaba un poco eso por la precaución a los asaltos que se sufren a tales horas.
Después de un largo rato de esperar el tren comenzaba a preocuparme, pensé en que quizá ya no pasaría ninguno y tendría que caminar hasta mi hogar, en medio de dichos pensamientos noto que las personas que habitaban el metro hace instantes ya no están, no explicaba como desaparecieron de un instante a otro... Bueno, quizá estaba muy distraído en mis pensamientos, decidí salir de ahí para dirigirme a pié a casa, pero el cancel de la entrada se hayaba cerrado y a candado visto digería la idea de que me quedé encerrado allí, tan tarde, cansado y confundido. El pánico que se intentaba apoderar fue interrumpido por algo que muy en el fondo me inquietaba más... El sonido del metro llegar, me dirigí a revisar y ahí estaba, parado, con las puertas abiertas como una parada común y corriente, después de un largo momento, por la desidia de entrar o no, la puerta no cerraba, se sentía casi como si me estuviera esperando...
Depronto la voz de, lo que parecía ser el chófer por el uniforme que traía puesto, me dice que suba, que aún es el último recorrido, confiado por el estrés que antes manejé decidí entrar, me senté en un asiento y el chófer volvió a los controles... Razonando toda la situación anterior el escepticismo se presentó, "Quizá sólo cerraron por precaución o algo así." "Puede ser que hubo un percance y por eso el tren tardó más de lo normal. " Pensaba... Mientras miraba por la ventana, de esas veces en que sólo ves las luces del túnel pasar, de un instante a otro ocurrió algo raro... Ya no había ninguna luz, todo afuera comenzó a tornarse oscuro, de nuevo me intentaba convencer de que quizá esa parte del túnel falta iluminarse, etc. Pero comenzaba a sofocarme mirar allá afuera, era como si la iluminación que emitía el propio vagón no pudiera penetrar la obscuridad que había... Sorpresivamente el tren se detuvo y se hizo más grande el terror que comenzaba a sentir al escuchar el motor apagarse y saber que ya no se movía en medio de esa pesadilla.
Asustado me levanté del asiento y corrí apresurado de vagón en vagón hasta la cabina del conductor para preguntar porque había parado la máquina y de cierta forma para calmarme y estar acompañado... Al llegar a la cabina, asomé mi vista por la ventanilla, no podía ver nada, la ventanilla estaba cubierta de una extraña sustancia desde el otro lado, toqué repetidas veces a la puerta y nada ocurría, desesperado y nervioso entre allí... Arrepentido estuve de haber hecho eso, la cabina lucía sucia, oxidada, el olor era insoportable, y era espantoso que en algunas partes de la misma había trozos de piel pegada a las paredes, piel que palpitaba y se movía... Cerré la puerta de inmediato, el horror ya no podía ser mayor, eso creía cuando veo que desde el último vagón del tren las luces empezaron a apagarse, una por una, acercándose, el pánico ya no cabía en mí, era tanto que cuando intenté gritar me faltaba el aire... Y todo se apagó... Mi vista era nula y la presión era enorme, totalmente perturbado escucho como algo va abriendo las puertas de cada pasillo, acercandose lentamente, en mi desesperación rascaba la lámina tratando de salir y cuando escuché que la puerta del vagón donde me hayaba abrió abrí los ojos y estaba en la estación del metro esperadolo, corrí lo más rápido que pude a la salida y cuando llegué se hayaba cerrada con candado, estaba en shock, cuando depronto... Escuché el sonido del metro llegar...
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Reloj de Arena

todos hoy pronuncian
que nada dura para siempre
y siempre nunca existe,

y hoy
Un día como cualquier otro
El sol atormentaba las rutinas,
la nubes iban
cogiendo la formas que le dieran,
el tiempo seguía atado
en mi reloj
como si fuera un adorno,
todo parecía igual
si, todo parecía normal.

hasta que me tope con tus pupilas
y mi tiempo sin ti, comenzó a perder
sentido en mi vida.

ese preciso momento
en que precise contigo,
las nubes tomaron tu forma
el sol bailaba
con tu sombra
el reloj comenzó
a latir con el ritmo
de tu corazón
y mi corazón
dejo de ser mi corazon
para huir contigo.

el reloj volvió a ser adorno
para saber el tiempo exacto
en la que me exalto
en tu vida
y aprendo de tu amor.
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En una esquina

En una esquina de la habitación, sentada en el suelo, arranada, desolada y escribiendo.

Escribo, siempre escribo, pues en tinta negra me resguardo. Se me empañan los ojos y algo cae por mi mejilla, una gota que llega a mis labios, salada, es salada, lloro.

Escribo y pienso, pienso y escribo. Siento y lloro, lloro porque siento. No lo llego a entender del todo.

En mi esquina te miro, te observo, ¿qué diferencia ves en mí? Soy fuerte, lo sabes, lo sabes bien, lo tienes claro, pero, ¿quieres verme fuerte? Te vuelvo a mirar y veo tus pestañas, tus párpados entornados y tus ojos…, “me encantan tus ojos, ese marrón tierra, ese marrón brillante, esa dulzura…, esas ganas de amarlos”, aún recuerdo cómo te gustaban los míos, aún recuerdo lo que me dijiste. Son iguales, mis ojos y los tuyos, son marrones tierra, son dulces y apetece amarlos. Miro tu cara, ¡qué hermosura! Normal que me fijara en ti, aunque aún no sé cómo reuní el valor para hablarte.

Salado de nuevo, sigo llorando, te miro y lloro, lloro porque tus manos son iguales que las mías, tus ojos como mis ojos…, el amor es igual, él no entiende de sexos, Cupido quiso tocarnos con una flecha a cada uno, fechas que eran idénticas. No encuentro la diferencia entre tú y yo, entre él y ella, entre nosotros y nosotras, entre vosotros y vosotras, es que no la hay, es sólo una letra, es “o” o “a”, ellos y ellas, lo siento, pero me suena igual.

Cierro los ojos, los aprieto fuerte, necesito pensar o, quizá, no hacerlo. Los abro, escribo, recuerdo: “respetar para amar” y tú poniendo los ojos en blanco y diciéndome que no lo entendías, pero que me respetabas y por eso, a punto de que corriesen gotas saladas por tus mejillas, me juraste que si yo había decidido romper nuestra relación respetarías mi decisión:

– Porque la base de cualquier ser humano debe ser el respeto a los demás, al margen de estar de acuerdo o no, al margen de entenderlo o no – eso dijiste, nunca lo olvidaré.

Te alejaste y te perdí, por temor, te perdí. Pero volví a ti, porque el amor es más fuerte que el miedo y yo te amaba, y tú a mí. Cupido nunca dejó de creer en nosotros, nunca se cayeron sus flechas de nuestros corazones.

Y sigo llorando, arranada, escribiendo y mirándote. Pero de pronto, levantas la vista de tu libro, te giras y el semblante te cambia. En un segundo estás a mi lado, preocupado, pero no hablas, estás esperando a que yo me abra cuando me sienta preparada. Tus ojos marrones tierra, imposibles de no amar porque en ellos se refleja todo tu ser, todo tu amor, toda esa forma de respetar para querer. Y mi corazón comienza a hablarte:

– Pienso en toda esa gente que sufre cada día porque no la saben amar, porque tienen a su lado a alguien que no sabe valorar, que no sabe respetar, que no quiere querer. Pienso en todos esos lugares donde nos refugiamos, en nuestras esquinas, para sentirnos a nosotros mismos e intentar sentir a los demás. Pienso en ti…, y en mi suerte.
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6 Pares de Tacones y 4 Botellas

“De cuando era un mar y se ahogaban en mí,
penas y vírgenes de la plaza”

Abro los ojos y salto a lo desconocido,
el sol me molesta en la ventana
Tropiezo con seis pares de tacones y 4 botellas,
hay ropa de más y ganas de menos –mañana normal-
A penas puedo recordar nombres,
pero aún conservo sabores y tatuajes prestados;
Enfoco al sofá que pide silencio,
bastante ya tubo anoche con los excesos de Ana – y míos-
Sonya se retuerce,
me encandila con el As de Trébol
y unas nalgas que curan la nostalgia;
Yo me niego a declararme pendiente a juicio.
Aun no me aparece la Silvia;
la que colgaba de la lámpara
y pedía a gritos el Mástil del Titanic.
Estará perdida entre los muslos de Débora o de la Claudia;
y yo que aún no sé dónde las deje parqueadas.
Me revuelco con seis pares de tacones,
¿y quién falta?
Con cuatro botellas vacías,
y todo un pegote de licor de menta y chocolate;
Salta un asteroide desde el olvidado rincón,
¡Prepárate marinero!, que tenemos aún tempestades pendientes
y muebles sin utilizar;
¡Que cabeza la mía!,
me faltaba la Gladys, y su afición por la caza mayor
mis poemas al oído, y los muebles rotos.
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No se que decirte

No se que decirte
cuando preguntas por mi
no puedo decirte
mentiras
no puedo decirte
que todo es normal
no puedo decirte
que estoy mal
no puedo decirte
que la estrellas
que posan en mi ventana
te extrañan como yo
no puedo decirte
que mi cuarto
te olvido
porque aun tengo
tu aroma
en mi ropa y paredes


Solo puedo decirte
que ando coqueteando
a la nostalgia
y ando ignorando
lo besos de otro comienzo

Solo puedo decirte
que aunque no te espere
sigo en el mismo refugio
de recuerdos
disparando palabras
contra el olvido
y a todo aquello
que quiera entrar
sin recibir invitación

Solo puedo decirte
que ando buscando
a ese villano
que según era yo
para escapar
de este aburrido
yo
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La mediocridad...

El amanecer despavorido
se adelantaba a la alborada
que corría para observar el sol
y poder decirle adiós

Así se daba a luz
a un día cualquiera
donde cualquiera
solo era algo simple de lo más normal

El despertar en la ducha
la ropa elegida sin ganas
el desayuno prohibido
de la monotonía

Segundo a segundo
ocurría como si fuesen demonios
que te asechan con sus risas
que te invitan a sucumbir entre las sabanas de pesadilla

Que atormentan el descanso
regresar a la cama
Es solo un día más de hartazgo
de ver la cara a cualquiera

Donde cualquiera
solo era algo simple de lo más normal
Frustración de la de derrota
Perderse sin saber estar perdido

Desesperación de la apatía
ver el diario de lo mismo
ciegos todos en su mundo
gritos al viento sin sentido

Chocar de frente a gran velocidad
con el conformismo sin ganas de libertad
en la jaula de uno mismo
pensando alguien lo resolverá

Forcejeo con la mediocridad
la batalla de las almas que se caen
pues sucumben sin piedad
los ecos de gritos; levántate para poder luchar.

El alimento perfecto
solo debes de luchar
es un nada muy simple
no existe el no puedo yo entiendo

Escala cuando hay que escalar
no pises cuando hay que pisar
que tu mano se quede sin tenerlo que recordar
que la inocencia renazca pues alma de niño encontraras...

Así se daba a luz
a un día cualquiera
donde cualquiera
solo era algo simple de lo más normal

Donde cualquiera
puede hacer el cambio
para poder comenzar
y borrar el sabor amargo de la mediocridad


Por: WilyHache®

07 de Noviembre de 2018
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El Ciclo

El cielo estaba oscuro, cuando abriste tus ojos al amanecer.
Tu mirada era en lo profundo, misteriosa y bella como el atardecer.
No había ni pena ni gloria ya eras un nuevo ser.
Valiente como las rosas que en la maleza deciden crecer.
te fuiste sin avisarme, y nunca te quise tener.
Ya eres una flor libre en el campo que se engrandece con su proceder.
los girasoles sus venias te han dado, pronto la tarde volverá a caer.
El sol en el firmamento se pierde, como te perdí a ti también.
Las rosas pierden sus encantos, y mi vida vuelve a ser normal otra vez.

EXMLXT (Marcos Moreu)
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Un suspiro y un café

Intento ver lo que nadie ve,
la esencia,
sentir lo que quizás nadie siente,
las paradojas del tiempo…
y viajo, viajé…
y desde esa madrugada
viajé en mi sentir a ella,
reté a la distancia,
a lo normal,
solo sentí en mi mente el deseo de ir…
la visité cuando dormía,
le acaricié el cabello,
le di un beso en la frente con mi alma,
vi su figura de ángel,
con mis anhelos le besé los labios,
y desde aquella madrugada
siento que no regresé,
que allá quedo una parte de mis sueños,
un anhelo hecho piel,
un momento hecho belleza,
un universo hecho nombre y presencia de mujer.
Hoy suelo visitarla como la primera vez,
desde mi distancia,
sin que ella lo sepa o quizás si,
desde mi rincón del alma,
de ese rincón que ahora es de solo de ella,
y quizás éste suspiro se convierta en un café,
y ese café en su compañía,
y quizás su compañía sienta la mía,
sin máscaras,
y porque no,
un suspiro se haga café.
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Extranjero en mi propia tierra

Es 30 de noviembre cerca de la medianoche, víspera de diciembre, y como acostumbro rutinariamente todas las noches, siempre y cuando el acceso a internet me lo permite, trato de comunicarme con Luis. A veces lo logro, otras como esta noche es difícil, pero sigo en el intento.
Han pasado ya más de siete meses en que él tomó sus morrales, los llenó de provisiones, unas cuantas mudas de ropa, mantas para atenuar el seguro frío por venir, sueños de adolescente, mas mi diaria bendición, para viajar al sur, al lejano sur, al desconocido sur, huyéndole a las miserias y a la desesperanza absurda, bizarra, enquistada en esta Tierra de Gracia, tan noble pero tan maltrecha.
Luis tiene diecinueve años. Los cumplió en septiembre. Hace apenas un año su vida transcurría normalmente entre las clases iniciales de ingeniería en la universidad, las partidas de fútbol y su grupo de amigos, pero la andanza diaria por las calles de la serrana ciudad, cada día más dura, llenas de caos como las de cualquier ciudad nuestra, devenidas en una válvula de presión, lo incorporaron como un número más, a las estadísticas generalizadas, y de la noche a la mañana, se convirtió, en lo que es hoy, un inmigrante.
Yo, el padre viejo, el papá abuelo, al principio no lo entendía. Para mí siempre el inmigrante había sido Abdul, el próspero libanés dueño de cuatro zapaterías contiguas en la cuadra de los árabes, allá en mi pueblo natal, o don Francesco, el sastre italiano de la esquina, o Juan Camilo, el letal delantero de los juegos dominicales, llegado desde Medellín recomendado en tiempos de aquella otrora bonanza cafetalera como capataz de la Hacienda “El Recodo”, quien en noches de verano recreaba en los bancos de la vieja plaza, su amor por la poesía de Neruda y de Machado, fiel además por el folklore irreal de García Márquez; definitivamente, una visión muy particular, y que había soldado sólidamente en mi imaginario, con las imágenes televisivas de la exitosa serie brasilera “Terra Nostra, transmitida por Televen hace ya unos cuantos años, donde se dibujaban los amores y desamores de un grupo de italianos que comenzaban una nueva vida en el sur de Brasil a finales del siglo XIX y principios del XX.
Pero no Luis. No mi hijo. Menos, apenas cruzando esa línea rebelde que conduce a la adultez, y sobre todo, nativo de esta privilegiada tierra que históricamente ha sido un polo apetecido de atracción de inmigrantes llegados de cualquier país foráneo, seducidos por tanto suelo fértil, oportunidades para trabajar y crecer económicamente, en esta especie a su modo de “milagro americano”. Los inmigrantes eran ellos, jamás nosotros.
Pero llegó el día de la partida. Entre sollozos y abrazos colectivos de nuestra pequeña gran familia, y un sin fin de “Dios te bendiga”, en esa despedida forzada para Luis y sus hermanos menores, quienes a su corta edad, el Gabo y María no entendían las dimensiones reales de la distancia, tal vez aproximándola a un fin de semana por ejemplo; solo Daniel, ya adolescente también, se sabía separado de su hermano, amigo y compañero de tardes-noches de partidas tras partidas de futbolito.
Vino el viaje de una, dos, tres, cuatro, muchas jornadas de carretera, comentado vía whatsapp condicionado por el WiFi con descripciones y fotos incluidas sobre las novedades, aventuras y desventuras vividas, tras la larga semana y algo mas que conduce del norte semicaribeño al sur austral, acompañado con la nostalgia a flor de piel a ambos lados del corazón, del que se va y del que se queda. ¡Qué ironía!, ¡Luis a escasos diecinueve años ha recorrido más kilometraje de geografía urbana y rural efectiva que yo en mis cincuenta y dos!. Él los conoce de pasada y de ventana, en ese maratón andariego de vivir en un bus a trasbordos durante nueve días, mientras que yo solo me quedo en los nombres y la ubicación que me brindan mi colección de atlas y enciclopedias geográficas hojeados tantas veces.
Debo reconocer que esos fueron días amargos, de angustiante miedo al desprendimiento, a algo desconocido. Con una camuflada y solidaria conjuntivitis, de más está decir muy oportuna, la infaltable voz quebradiza, una buena dosis de desgano y apatía social, deambulando pues sin querer entre el amor y el dolor, no me quedó otra opción que acompañar la nostalgia en las notas grises y sentidas de las canciones de Perales, Yordano, Nino Bravo y Serrat, mitigando su ausencia durante el viaje, recurriendo a evocar en el calor fraterno tantos momentos vividos de felicidad.
Claro, ¿cuánto tiempo hace de cuando yo lo buscaba en la guardería y el preescolar y nos íbamos a terminar la tarde en el Parque Ciudad de los Niños o en el Mc Donald de Las Américas?. Algo así como quince años, aunque me parecen menos, porque el tiempo en estos tiempos pasa demasiado rápido.
Ya al llegar mi hijo a su destino, la gran metrópoli austral de la costa pacífica sur continental, con su día a día de adaptarse a su condición de forastero, comencé a acostumbrarme a la relación en la distancia, a las video llamadas y al Messenger para vernos en unas pantallas que nos robotizan los movimientos y nos escuchamos asincrónicamente, pero que al fin y al cabo, nos oímos, sientiendose la profunda alegría de la “tropa”, cuando nos colocamos todos enfrente de la mini laptop para “dialogar” como dicen ahora “en tiempo real” con Luis, y que lleva a Gabo a preguntarle, con la propiedad y el derecho que le da la inocencia de sus cuatro años: “¿Vienes el viernes?”, como si estuviera a la vuelta de la esquina y no en las antípodas; si, una relación a través de mensajes constantes que nos acercan aun cuando nos encontremos a 6.996 kilómetros de carretera de separación.
En estos meses transcurridos, mi intuición y mis canas perciben a ese mozalbete más maduro en la vida, pareciera que ha crecido en años, en tamaño y en conciencia, aunque mida el mismo metro setenta; seguro que ya no es el mismo “carajito” que se fue, ahora es un joven tenaz, ecuánime, sensato. Diría mi abuelo Rufino, “echao pa’ lante”, y así anda por esos caminos ya en “la pega” como le dicen allá a trabajar, empleado en “cosas” que hace poco no sabía hacer, pero que las hace abriendo camino hacia un porvenir, y que el mes pasado lo llevó a ser seleccionado en su trabajo como el “Empleado del mes”. Lucho, como le dicen sus nuevos amigos sureños, igual que al viejo cantante de boleros, se muestra orgulloso en las fotos que me envió, posando al lado de una cartelera en la cual en el centro se distingue su rostro, su nombre sobre un comentario favorable, portando en su franela el pin de reconocimiento con el logo empresarial, que a pesar de ser el de menor edad demostró su eficiencia y rendimiento.
Y él y yo felices de saber que hace lo que debe hacer, resumido en el Décimo Primer Mandamiento de la Ley de Nuestra Familia: “actuar bien por sobre todas las cosas”, luchando contra los estereotipos negativos y amarillistas que por desgracia siempre acompañan a los inmigrantes, alimentando y ensanchando a esa extraña palabra llamada “xenofobia”. Siempre “pa’ lante”, porque como sabrosamente cantan Yordano y Canelita Medina, “somos de madera fina”.
Ya mañana será diciembre, pleno de días festivos por la natividad de Jesús, atiborrado de luces, olores y colores que alegran el espíritu de todo niño que entre aguinaldos y villancicos espera al igual que todos, sin distingos socio-económicos, algún regalo prometido por ellos mismos, y Luis estará allá, compartiendo con sus primos que también viajaron en esta diáspora sin razón de ser, a Dios gracias reencontrados para hacerse un espacio cálido filial en la ausencia familiar, conscientes que allende las montañas, un hogar con fervor los espera. Y tal vez este diciembre será triste y diferente; imagino cuando el viejo Betulio cante sus gaitas de todos los años, del amor, de los hijos ausentes y de la alegría de Navidad y Año Nuevo, y yo crea que las compuso pensando en nosotros. Ya no será este año, pero con esperanza y optimismo, en otras navidades próximas él estará presente.
Es por eso que hoy comprendo, que no solo Luis es un inmigrante, sino que también yo lo soy. Aunque estoy en la “ciudad de las mieles eternas”, me siento un extranjero en mi propia tierra, ya que habito un espacio desconocido antes para mí, al ser padre de un hijo en lejanas tierras, aunque esto sea tan común por estos tiempos en estos lares.
Por fin, valió la pena insistir: me acaba de llegar un mensaje de Luis por Facebook. Está en línea y no voy a perder el divino instante de contarnos, hasta que el internet lo permita, los avatares del día…

José Urbina Pimentel
2018
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Mis Cielos

Vivo entre cielos plagados
de anhelos, distanciamientos
mil cielos de sentimientos
y de sueños sepultados.
Parecen abandonados
sus jardines prominentes
mas suelen ser tan potentes
los aromas de sus flores
que apagan males, ardores
y dolores prominentes...

Son mil fantasías rotas
las que adornan sus entradas
son selectas las miradas
que pueden ver mis gaviotas.
Pocos aprecian las gotas
paraíso lacrimal
lluvia de lo mas normal
espacio en el que navego
donde se inclinará tu ego
frente a mi instinto animal...

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Mis cielos
2018 | Décima Espinela
Transmisor d Sinestesias©
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El camino de Santiago, el inmigrante

Santiago, después de pernoctar la noche en la ciudad Venezolana de Santa Elena de Uairén, Estado Bolívar, región que se ubica a casi 29,2 kilómetros de la frontera con Brasil donde se encuentra la ciudad de Pacaraima, y que esta, a su vez, está a 200 kilómetros de Boa Vista, ambas en territorio Brasileño; se levantó con la firme determinación de salir del país e ir en busca de un mejor porvenir, la suerte ya estaba echada. Pasó por una estación de servicio de gasolina y observó con un dejo de resignación una lucha encarnizada de los usuarios por hacerse del preciado combustible.

Un sexagenario señor discutía que los controles impuestos al racionamiento era el responsable de las inmensas filas, y una joven se atrevió a comentar y mirando a su derredor, que el problema de la gasolina en el país se debe al contrabando indiscriminado y que la guardia nacional permitía, por estar incursa en el delito. Y entre otras y más razones, tres patrullas de la guardia nacional llegaron a rauda velocidad y con sus armas de largo alcance y ataviados con sus trajes de escarabajo se encargaron de ordenar la trifulca.

Santiago vio la escena, pero sin asombro, el problema del desabastecimiento de combustible, es algo tan normal y sucede en cualquier parte del país. continuó caminando hasta llegar a los caminos o atajos, ahí le esperaban Jesús y Rafael dos jóvenes profesionales en carrera administrativa, amigos de la infancia, con los que emprenderá un largo camino que los llevará al objetivo primario llegar a la hermosa ciudad Brasileña de Boa Vista como primera gran escala.

Fijaron como hora de salida las 7 de la mañana teniendo como punto de encuentro la inmensa piedra apostada en las afuera de la ciudad, era una granítica y colosal piedra que nadie tenía una explicación veraz de cómo llegó ahí.

Santiago lleva a cuesta la cantimplora gris de la abuela, una mochila en su espaldar con sus papeles de identidad y su grado universitario, un bolso verde con sus pertenencias y tan solo 200 dólares que a duras penas pudo reunir y los cuales tendría que administrarlo bien durante el recorrido, pues los controles de cambio del país hace infructuoso conseguir los billetes verdes de manera fácil, siempre hay que acudir al mercado negro.

Santiago dijo _ Tenemos dos días para llegar a la frontera antes que el sol desaparezca. Y de ahí seguir por las márgenes del río Orinoco.

Rafael con un tono ya cansado contestó _ llegar hasta Brasil, la decisión, compañeros no ha sido fácil, atrás se quedan los recuerdos, los sueños, los amigos, las caras de tristeza; los amores y las fundaciones cargadas de querencias impartidas en el hogar.

Jesús con cierto asombro señaló _ Todo eso importa y nos debe dar fuerza para continuar, tenemos que huir del país, que ya no nos ofrece oportunidades.

Los hermanos Jesús y Rafael llevan como destino final llegar a Arequipa, Perú, ellos manifiestan la facilidad que ofrece el país en legalizar los papeles, y sumado a que ahí los espera un hermano que se adelantó. Mientras Santiago espera alcanzar a Argentina, el país de sus sueños, afecto trasmitido por su abuela.

Santiago, profesional universitario, titulado con honores. Se cargó de ilusiones al graduarse en la universidad de Mérida como Geólogo, padre de dos niños pequeños formado en un núcleo familiar de clase media ya deprimida, educado bajo el calor familiar que ofrece la idiosincrasia andina que hace hincapié en el respeto y la humildad. Santiago vio como sus esperanzas tomaron impulso y se apegó a un programa del gobierno pero quedo totalmente desilusionado al ver como la política hacia estrago dentro de sus filas, y una inflación que destroza el bolsillo del salario real del venezolano, terminó por ensombrecer sus ilusiones.

II

Al fin, después de caminar un considerable trecho consiguieron el camino de asfalto muy transitado por guardias nacionales que merodean la zona en búsqueda de garimpeiros, traficantes de valores, especies, madera y animales, siempre mostrando sus armas de acero y automáticas. Se animaron a seguir antes que el sol dejara su fulgor, y esperando siempre que una persona piadosa les diese un sorpresivo aventón.

El viaje o la travesía la planificaron por casi tres meses siempre reunidos en casa de los hermanos, ahí planificaban, colocaban puntos de referencia para llegar desde Mérida, la ciudad natal, hasta Santa Elena, casi 1748 kilómetros los separan, esta ruta la pueden hacer con moneda local, pero tampoco cuentan con mucho dinero en efectivo, debido al problema del circulante que ha hecho colapsar los bancos nacionales. Contaban los enseres necesarios para subsistir. Como geólogo Santiago es un probo lector de cartografía. Siempre discutían amenamente pero siempre concluían que la mejor decisión era abandonar el país, y no por ser desleal al país donde nacieron que por demás tiene una de las geografías más hermosas del continente y el calor de la gente es espectacular, sino por las condiciones que rayan en pobreza, delincuencia, inflación, poco crecimiento económico, controles políticos etc.

En una noche de intenso conversar Jesús dijo. _ Muchachos de que valen los estudios en el país si con ello no podemos realizar nuestros sueños. Tendrían que pasar muchos años para poder conseguir algo que nuestros padres en otra época y en poco tiempo lograron con su trabajo.

Santiago intervino _ Así es Jesús, veamos la cosa así, cuando en una familia el dinero que entra no supera el gasto necesario para mantenerse, la cosa esta mal y esto es lo que está pasando en el país con las reservas en oro y petróleo más grandes. Jesús un joven Economista, siguió relatando_ Un salario decente y aquí cito a una Economista clásico como David Ricardo debe ser suficiente para cubrir todas las necesidades.

Santiago apuntó, _Si. Educación, recreación, salud, alimentación.

Y Rafael que estaba absorto en la conversación puntualizó antes de que terminara de hablar Santiago_ Y debe alcanzar también para el Ahorro.

Jesús dijo _ahí está el secreto de la superación, el Ahorro, vean, esta variable es igual a Ingreso menos el Gasto. Si tú no puedes ahorrar en condiciones normales entonces no estamos bien, no es que el país este mal, son las políticas gubernamentales que no dan con la solución de los problemas.

Ya casi en víspera del viaje Jesús y Rafael no pudieron obtener su pasaporte, le fue infructuoso conseguirlo, debido a la alta restricción que el organismo hace para entregar tarjetas de identidad. Mientras Santiago, lo tenía vigente. La opción era entonces burlar el puesto fronterizo yendo por los caminos verdes hasta Pacaraima, ciudad Brasileña.

De vuelta al camino se encontraron con la noche y vieron un pequeño recodo y decidieron descansar siempre intercalando las horas de vigilia, son caminos peligrosos, y en esta hora aciaga los bandoleros es lo que más abunda. La naturaleza Amazónica ya en la oscuridad se sumerge en una sinfonía de colores y sonidos, los monos aulladores y los grandes árboles moviendo sus inmensas ramas que dulcemente chocan con el viento, las estrellas volcánicas colgadas en la bóveda celeste hacen de la noche un precioso cuadro de pintura rupestre. La noche pasó tranquila. Y ya cuando el alba despuntaba, los muchachos ya tenían todo preparado para continuar.

Prosiguieron su ruta hasta llegar a una inmensa carretera que los llevaría a Pacaraima y de ahí a Boa Vista, ambos territorios al sur de la frontera con Venezuela. El sol era sofocante y los carros pasaban a la velocidad del sonido, los pies dentro del calzado se comprimían, y la sed era insoportable. Descansaban y seguían caminando. Un conmovedor señor de una camioneta que transportaba forraje para los animales le ofreció el aventón, eso sí en la cajuela, y hasta el terminal de la ciudad brasileña de Boa Vista. Tamaña sorpresa se ahorraron una gran cantidad de kilómetros y dinero. Desde el terminal de Boa Vista los amigos continuarían la ruta hasta Manaos y Porto Velho, Brasil, hasta llegar a Arequipa, Perú. Santiago pasaría un tiempo acompañando a los hermanos antes de proseguir su ruta hasta Argentina…

Santiago desde niño soñaba con atravesar el mar e irse en búsqueda de sus sueños, llegar a una gran metrópoli con sus inmensos vitrales cargados de historia y también recorrer la espesa pradera y juntarse con lugareños a empujar el arado así como lo hacía desde pequeño en su natal Mérida, para ir abriendo surcos por el camino. Su abuela amante al tango siempre le impresionaba con las canciones de arrabal que hacía sonar en su viejo RCA Víctor.

Antes de salir Santiago le dijo a su mama_ No tengo otra salida, es cara o sello, pero el riesgo lo asumo. Ahora comprendo que la vida no es fácil.

Sigue Santiago exponiendo sus razones, mientras su madre se ahoga en llanto, junto con su esposa. Madre_ Trataré de ganarme la voluntad de la gente, puede ser que no sea bien recibido, un extranjero es una carga para los Estados Nacionales. Reconozco que la migración es un flagelo, una dura carga para el país receptor. Me llevo los consejos y principios morales inculcados en el hogar que tanto papá, la abuela y tú me supieron infundir.

La madre lo reconforta y le entrega un escapulario con la virgen del Carmen y una pequeña estatuilla de san Benito y así Santiago se abraza con sus hijos, su esposa y madre, que quedan con una tristeza rasgada y una ausencia que se proyectará por un largo tiempo.

Finalmente Santiago llega a Buenos Aires después de una larga travesía, desde su natal Mérida. En el camino para completar el pasaje o gastos relacionados con el viaje, vendió unas monedas de plata antigua y el anillo en oro que su abuela se los regaló en una noche de titilantes estrellas, teniendo a la alquitrana luna andina de testigo. Ahora tocaba poner de su parte guardarse la nostalgia, tragar grueso, trabajar honradamente y luchar por un mejor porvenir.
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Tu nombre (Signaux)

Tu nombre (propio e impropio)
versa por todos lados
y no puede considerarse normal:
se escucha entre los versos de una canción
y humecta la tela fina del cortinón.

Lo tiene el amigo y los desconocidos.
Lo nombra el sacerdote en el templo.
Lo grita la madre al parir.
Lo reseña la noticia por las mañanas frescas.
Se leen en graffitis, expuestos en lugares inaccesibles.

Mi cantante favorito se llama como tú
El alma del amor se pronuncia como tú
El nombre de la casa se deletrea como tú
La gente en la calle te nombra a cada instante.
El colibrí que besa la orquídea ostenta tu nombre.

El nombre de la empresa se registra igual que tú
El santo protector y el demonio se apellidan como tú.
Las monedas de 1922 se acuñan como tú.
El titular del documento se identifica como tú.
El protagonista de la película se apoda como tú

Todas las nubes trazan las iniciales de tu nombre.
Los laberintos empiezan con tu letra y la salida nunca.
Hay plazas que se denominan como tú.
Tu nombre, moldura que refuerza los portones del recuerdo.
Tu nombre, halo solar que a mi alma rodea.
Tu nombre, hostiga a mis ortigas de hormigas.

La estrella porno que se fuga del cielo,
con el deseo, subroga tu nombre.
EL martirio contempla penas por tu nombre.
El narciso roba la esencia del pronombre
y el mar, conlleva la tercera parte del amar.

Por todos lados se escucha, se siente y se lee.
Parece señalar que no me puedo esconder.
¿Un mensaje irrumpiendo al libre albedrío?
¡Qué bonito suena tu nombre en otras voces!
La naturaleza asume tu voz y mi corazón responde.

Lo que está conectado muy adentro,
siempre se refleja afuera.
Coincidir con tu nombre, poco colabora.
¡Ojalá que también sientas la persecución de mi nombre!
La ausencia y la nostalgia se describen como tú.

Los nombres de las escalinatas, del café y del jardín,
no serán definidos por los cronistas del ayer.
Las tantas letras de tu nombre,
quizá lo reseñe algún poema al revés, o
se relacione con el seudónimo de un poeta perverso.

15 de octubre de 2018
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Fantasma de helada

¿De qué color son las estrellas?
Cuando se posan sobre el pasto –
Se expanden –

Suaves – como el algodón

Tráfico de borregos – más grandes de lo normal
Lana?
No – algodón... Teñidos con el vino que sobró de la Boda

Coágulo limpio de zafiro
Como si hubiese caído helada –

*

Me dijo cosas en la noche
Antes de que se fuera
Que está limpio porque las estrellas

Cayeron –

Por qué me llamas aún así?
Él ya se fue
La helada lo hizo blanco

Y el sol verde la hizo –
Él ya se fue –
Mas esto no significa

Que otro invierno no llegará
*
*

Y un día él preguntó
Si era esto o aquello
Él y ella sí sabían –

Él no
Él no sabe –
*




a. d.
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