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Tremolar...(Experimental Latín-español)

TREMOLAR
(Experimental Latín-español)

I.- NON AETATE, VERUM INGENIO, APISCITUR SAPIENTIA
Porque dormida está la noche y no se opaca,
con el buen apetito, salta, en su pecho el saber.
¡Oh!. Con resignación el frío hielo muere,
y en su calor, el incensario, colora el humo.
¡En estrofas, entrad, soñadores del alma!.
Y empuñen la espada con la frente.
¡Oh!. El ingenio, de contorno alado.
Arrancando, deshaciendo, apretando.

II.-NOLI INTER EOS AMBULARE QUORUM ESSE ADHUC POTES SERVUS
En potencia la miseria es vital. ¡No olvidarla!.
La testa bien plantada se hace serena.
¡Cuídate al rodar la rueda arrolla!.
Y engendra la testa desgreñada. ¡Oh, sí!.
Y la sombra asombra al claro día,
en la cándida cadena. ¡El combate perdido!.

III.-NON ACCIPIMUS BREVEM VITAM, SED FACIMUS.
Con la emoción falta de voz en mano,
errabundos en la mirada pensativa.
¡La vida en sus labios se seca!.
No circular ligero, donde la vida pasa.
¡Magnífico y distante el aliento cuida!.

POST DATA:
I.- No es la edad, sino el ingenio lo que da la sabiduría.
II.-No camines entre aquéllos de quienes todavía puedes llegar a ser esclavo.
III.-No recibimos una vida corta, sino que nosotros la acortamos.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Del texto y la imagen.


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Mi Calle

Esta será mí calle:
Donde pugna el polvo
Con las tenues luces.

Donde el perro ladre
A sujetos corvos
Que el alcohol produce.

Donde el cuerpo pague
El precio del morbo
Que el sexo traduce.

Esta será mí calle.
Anclaré mis sueños
A los sueños tuyos.

Pospondré mí viaje
Para ser tu dueño,
Mientras restituyo

El poco bagaje
Perdido en desdeño
Por cuenta de orgullo.

Esta será mí calle,
Mis nuevos amigos
Tocarán mi puerta,

Trayendo en la tarde
Sustancias de olvido
Con pena revuelta.

Infaustos mensaje
Albergan consigo
Amistades muertas.

Esta será mí calle,
De fiesta y de luto;
De risas y llantos;

De honra y de ultraje;
De amor absoluto
De miedo y espanto.

De hambre y coraje,
Del pan diminuto
Que en ella comparto.

Esta será mi calle,
Cubierta de granza
En invierno impío

Siluetas al aire
Inician la danza
Bajo un viento frío

Vienen anunciarme
Trazos de esperanza
Que van al vacío

Esta será mi calle,
En ella me pierdo
Por la madrugada

Recuerdo a mi madre
Sufro mi destierro
Sumido en la nada

Me sumo al paisaje
Cubriendo a mi perro
Con una frazada.

Esta será mí calle
Porque... no tengo
Más a donde ir

Cuan miserable,
Hoy lo comprendo.
Tendré que fingir.

Ella no sabe
Cuánto he
Llorado.

Diciembre 12/2018: foto anónima (posiblemente sujeta a derechos de autor)
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A lo más castizo de la España

Madrid-Barajas nos recibe
E inmediatamente vamos a El Retiro
Paseamos, disfrutamos y navegamos por el lago
Zapateamos con el flamenco
Y los solos de guitarra
A lo largo de la Milla de Oro
Como los más pijos y majos
Del barrio de Salamanca.

En la Cibeles la fiesta se arma
Flipamos y suenan las castañuelas
Coqueteamos como si fuera la primera vez
En las playas de la Barcelona y El Mediterráneo,
En las escaleras del Parque Güell
Dejando que todo fluya
O solo se despedace
Que lo nuestro sea un mosaiquillo más
Inscrito en su arte sin distinción
Nos besamos con pasión en un bar de Chueca
y Lolita Flores nos hace olvidar todo
A la mañana siguiente con su "Amnesia"
Con la paella, las parrandas y la marcha.

De Venezuela al cielo
O de Madrid al cielo
Ambas son sus sucursales
Gozaremos unas tapas
y derrocharemos en la Gran Vía
Al son de las cantaoras y bailaoras
De las Plazas de Toros
Y tomando fotos en la Puerta de Alcalá.
Efectivamente será de infarto
Ni la Pantoja, la Rocío, o la Penélope
Podrán igualarlo
La Moncloa se nos quedará corto como palacio
Pues ni el Bernabéu ha sido testigo de tanto desparpajo.

etiquetas: patria, castizo, verso, poema, españa, madrid, barcelona, poema, querencia
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Soy

Soy viento que plácido yace en la nuca del cielo.
Sorbo de luna,licor de mares agitados en hielo.

Espacio entre la vida y el argumento...

Soy fuga q danza en los ardides de brillos inquietos
Bolsillo del silencio.
Proa del olvido.
Pescadora del detalle
Soslayo del navegante.

Exilio de costumbres egoicas.
Manto del indefenso.
Horizonte acurrucado y quieto...
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Huellas

Huellas infinitas huellas
que nos van marcando a lo largo de la vida
de amores a escondidas, de amantes
de alegrías y tristezas.

Huellas que guían, nuestros pasos marcan un camino a los que nos siguen
que se van perdiendo con el tiempo.

Huellas y más huellas

Huellas de amigos que ya no están
que se quedan al paso, en la nada
que sólo fueron simples huellas.

Pero hay huellas que nos marcan, que nos delatan, que nos reconstruyen y nos destruyen
que nos intimida, huellas casi imposible de olvidar.

Huellas y más huellas

Huellas de besos, de abrazos, de un te amo, de un te extraño, de lágrimas o de un adiós.

Huellas de rencor, de odio
de desilusión, de fracasos, de mentiras, de verdades y dolores..

Huellas y más huellas
que van quedando atrás...
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6comentarios 42 lecturas versoclasico karma: 95

Adios

Adiós
Al verte mi corazón se siente vivo…
En tu ausencia la lentitud de su palpitar marcan mi tristeza…
Ahora que se que el final se acerca, temerosa quedo ante los recuerdos que no cesan dentro de mi…
Viviendo el momento contigo me encuentro, sin pensar en un mañana melancólico por tu ida…
Te siento dentro, son tan profundas estas emociones, que el mar se queda escaso…
Mis lágrimas derraman ira, una ira producida por la apatía de tus sentimientos…
Sola me quedo, pero escarmentada me siento…
Un querer que no quiera marcharse, me desafía en este reto donde el olvido queda como protagonista…
Mis manos se agarran con fuerzas a la nostalgia que dejas…
En la oscuridad se pierde tu rostro, cada vez más tenue porque ya no hay brillo en mis ojos…
Idealizada te encontré en mi imaginación, la cual fue puro engaño dentro de mi interior…
El sol se acerca, pero mi agonizante alma no le deja paso a esos rayos que solo tienen compasión por un cuerpo frágil y roto por tu adiós…
Sufro a solas y a escondidas, sigo esperándote…
Mi adrenalina quema mi cabeza, haciéndola inútil por tales sucesos….
Corrompes mi cielo que ahora se convierte en un infierno, donde todo lo que siento se quema a fuego lento….
Me das pena, me dicen los silencios de amargura…
Pero mi aura que aun tiene fuerzas, brillan por mí como brillan esta noche las estrellas…
Alzo la mirada al cielo, donde alzo mi cuerpo y yacen mis sentimientos…
Soledad cógeme en este silencio…
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Mi último poema

Los días pasan frente a mí,
las horas es lo último que cuento,
los minutos casi no los veo,
y los segundos ya ni los puedo sentir

El tiempo está por consumir,
todos mis muchos recuerdos,
pulverizando sin esfuerzo,
lo que nombré vivir.

Qué decepción que en este momento,
quiera retornar yo atrás,
por olvidar la forma fugaz,
en que se ha perdido mi aliento.

No es tiempo de lamentos,
sino de disfrutar,
lo que aún puedo recordar,
y no olvidaré ni muerto.

Mi legado será,
todo lo que escribí,
las amistades que pude hacer,
la familia que construí,
y este poema que dejaré.

Espero así poder,
lograr que los demás,
se interesen un poco más,
en el tiempo que poseen.
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"Tu suave ternura" (Jotabé decasílabo)

Yo te tengo muy junto a mi lado
tus dulces besos me han consolado

me envuelves en tu suave ternura
dejando en olvido la amargura
que se apodera de la dulzura
que de mi… brota con hermosura

tu cuerpo compenetrado al mío
era imposible sentir el frío

por que estando bien encaminado
a nuestro encuentro está la dulzura
que llenará de fresco rocío.






Clementina Bravo Rivera
Cleme_Eternamente
13 de diciembre de 2018
Arica - Chile
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El tomo de mi vida

Cada capítulo
de mi historia
contiene mustios
versos que alargan
mi agonía
pues me quedé
sin casa, sin adiós,
sólo con olvido.

Mis ojos,
como libros abiertos
difunden los más tristes
versos que no se agotan
por la partida
pues quedé
sin amigos, sin amor,
con soledad y desvarío.

Mi voz,
entona mustios quejidos
que el viento no te alcanza.

Y sigo aquí,
esperando a que
se acabe la obra
que recita mi vida.
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Recuerdos Olvidados

Miles de abejas en mi cabeza
estiran las células de mi piel
para no dejarme pensar.

El panal de mis pensamientos,
teje entresijos donde resulta difícil llegar
y alcanzar recursos bañados de pegajosa miel rancia.

Recuerdos casi olvidados
y que aún las abejas arrastran
estirando con ellas mis ideas y pensamientos
No dejándome pensar, recordar ni tampoco almacenar.

Difícil enfrentarse a un mundo cruel
cuando en tu cabeza algo no quiere aflorar,
algo sumergido en pensamientos aferrados en pasillos olvidados,
donde no se puede llegar.
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Si querréis verme

Ciertas veces, siento vuestro respirar cerca de los ganglios.
En ocasiones, dispongo del don de clarividente
y puedo percibir tantas cosas ocultas...pero no verle.
Puedo escuchadlo cantar en el antro,
ubicado detrás de la luna roja.

Desde alguna estrella podéis seguidme,
en cualquier pared blanca con tizne, escribidme.
El adiós se convierte en enemigo silente del olvido.
Y el chocolate no aporta serotonina al cerebro.
Presiento que las floribundas producen su alergia.

A veces, siento vuestro regaño de padre,
entonces, ando derechita y sin voltear el alma para atrás.
Lográis que en mis ojos crezcan flores acuáticas.
Vuestra voz ingresa por cualquier orificio artificial
y grita "cuánto me amáis" y me hacéis mal.
Vuestro beso hace nudo en la garganta.

Ciertos días, vuestra risa llega en mis nubes
y en los días pesados, como cartas azules se abren.
¡Cómo odiáis el habedme hecho llorar!
Algunos días, os imploro que me dejéis en paz,
que no me busquéis; porque ya estoy
y nunca podré regresar.

No os imagináis, cuántos dientes de leones he soplado
ni cuántos vinos desabridos he tomado
ni cuántos higos tuve con vuestra majestad,
cuando rehicimos el recuerdo.
Si querréis verme, subid el volumen a vuestra canción
y sabré que estáis a punto de llegar.


13 de diciembre de 2018

Escúchalo recitado, por este enlace...
www.youtube.com/watch?v=eWIwn2KZEt4&feature=youtu.be
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Huida

Y navegué esas lunas agrias
de tu destartalado universo
Y conocí los ambientes
más rivalizados y perversos
Y ahora tan solo quedan
estos rotos versos
Que me humillan y traicionan
como en mis mejillas tus besos
Ellos eran dulces y amargos
en sus caminos más ambiguos
¿Quién destrozaría estos ojos negros
tan distantes al zafiro?

Y él
Y ella
Todo el mundo ha apagado
esta triste y escondida estrella
No soy tesoro en mar de botellas
Tan solo cristal roto a orillas del Sena
Y tú me mostraste todo tu arsenal
Y yo caí rendida a tus pies
cual vendaval
Y hoy deseo alejarme pronto
Acercarme cerca
a otro mundo más cómodo
que aunque duela
no me sangre
Que bendiga mis pupilas
congeladas en este frío aire
Que me anime a olvidar
el dolor que me produce
este malévolo arte
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Tu opinión

Te escucho para conocer más de ti,
pues tu opinión será para mí,
un cristal de puro hierro fundido,
que sin quedar en el olvido,
defenderé con todo mi corazón,
y que sin perder la devoción,
me adentraré en su contenido,
como un príncipe dormido,
que solo sueña con amor.
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En la esquina

En la esquina hay un bar que presume de adicciones, donde las monedas compran los indultos a sus penas, que se sienten prisioneras de inconvenientes pasiones.

En la esquina hay un bar que me alentaba pisar, porque guardaba en mi Alma el malestar de un adiós, fue tanto lo que dolió que me costaba olvidar

Y en ese bar dejé mi huella en cada copa, y junto a mi huella la marca de mi boca que de todo lo indebido se dejaba provocar

Con los ojos cerrados la amé, pero a ojos abiertos fue tanto lo que lloré que si una de mi lágrima del cielo callera, convertiría el seco otoño en la más verde primavera

Acompañado del alcohol llegan las tardes, porque en mil historias de amor fuimos cobardes, desamparados infortunios en las sendas más oscuras, con almas desnudas carecientes de ternura

Pero de recuerdos nos llenamos quienes de la rosas recordamos la más filosa de su espina, y las penas desahogamos en este bar de la esquina.
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Grietas en el espejo

El mundo se pierde como mis rimas,
cayendo en pozos de oscuridad,
tropezando en callejones de desidia,
solapando las emociones
en tétricas siluetas sin vida.

La muerte acecha en cada rincón
como un baile de sombras,
una danza fúnebre de ilusión,
cobijo fugado inerte
de rutinas apelmazadas sin voz.

La noche se confunde sin prisa
precipitándose hacia ninguna parte,
proyectándose sobre un fondo suicida,
sutil soliloquio sin vuelta
hacia ninguna parte, hacia ninguna salida.

El olvido inunda en cada estación
como trenes abandonados,
raíles de desesperación,
ángeles caídos ardiendo,
reyertas internas que astillan la razón.
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Nican Mopohua

(«Nican Mopohua es el nombre del relato en Náhuatl
de las apariciones marianas de la santísima Virgen en México,
bajo la advocación de Guadalupe,
que tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac»)

A tus pies camino con calma
por terreno yerto atravieso
con un soplo de silencio
que abate, hunde
agobia y entristece.
Solo el sol me consume
y voy hacia ti morenita
con la gracia de Dios.
A pedirte por los sufridos
por los enfermos que gimen su dolor
por las parturientas
por los niños y ancianos abandonados
por mis heridas no sanadas
por este corazón doblegado
a las angustias.

Virgencita de Guadalupe
Patrona de México
y señora de los inmigrantes. 
Tus hijos que cruzan las fronteras
huyendo de las manos impías
que descalabran los erarios públicos.
Oh, virgencita de tu fruto hermoso
germinó la más prístina semilla,
el vino que deleita mis cansados labios
el Jesús ungido.
Oh, virgen cuida de los enfermos,
de los desvalidos y de las aves cantoras
de mi árbol de almendro.

El sol sigue destilando mis manos
con un roció perenne
solo tu imagen de Madre buena
de Madre sencilla
me lleva hasta tu tribuna
anfiteatro de plegarias dolientes.

Madrecita celeste y azul destello
mis manos ya te alcanzan
la muchedumbre te abraza
y nada es imposible para ti
hoy tu pueblo te canta las mañanitas
y las guitarras, hilos de acordes
se afinan con armónicos divinos
y los Ángeles corean la gloria,
el Dios salve, la concordia
y la unión entre nosotros.

Madre ya estoy frente a ti
me reconoces en este presente existencial
soy una caverna de huesos y músculos retorcidos.
Soy tu hijo encarnado pecador
con un hambre infinita de fe,
de certeza por tú milagrosa convicción mariana
dulce presencia y amorosa indulgencia
me envuelvo en tu regazo,
en tu asilo sacramentado.

Perpetua y amada señora
reverdece en mi Alma los lirios azules
que desde niño me acompañan,
y que en el cascabelero carrusel de mis andanzas
permanecen en completo olvido.

Madre píntame una sonrisa
dibuja en el pórtico de las cruces
las pacificas olas del mar
que mueven mi velero
que en esta tarde de cielo abierto
es llevado a la cálida orilla.

Tú amor y abrazo fecundo me atrapa
en un regocijante frenesí.
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6comentarios 76 lecturas versolibre karma: 112

Amar

Es arder en la llama más humana,
con febril esperanza en cada tiempo
de un decir quiero
… en ayer, en presente y en mañana,
viajando en cascabeles por el viento.

Es dar una esperanza a quien renuncia
al placer de vivir gozosamente;
incitarlo a seguir en alborozo,
ostentando la flor que nos anuncia
la dicha plena del sentir hermoso.

Es prender una estrella al sentimiento,
olvidando el rencor de los humanos;
cuando pare una madre en virtud de alumbramiento
estrecharnos en abrazos y medirnos más hermanos.

Es olvidar presagios del sentir,
es perdonar con fe y sin recelo;
aliviar el dolor de un sufrir
e ignorar el lenguaje de los celos,
haciendo dulce armonía el vivir.

Es andar por el camino florecido,
alineando plumajes en mil vuelos,
desechando orgullos desvalidos…
preparando ara amar en otro cielo.

Poema del libro “Amanecer crepuscular”
De Horacio F. Rodríguez Porto
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El olvido, el olvido...

Te veo y me hieres como una espada,
Ha pasado tanto tiempo que la sangre está seca e incluso duele más...
Te has convertido en todo lo que juramos aborrecer,
Y sin embargo no consigo esquivar tu sombra...
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Ese lugar

Fue en ese lugar donde te ví por última vez
cuando te alejaste de mí ,cuando el reloj marcaba las diez
Desde ahí te fuiste esa mañana para no regresar
dejando una pena que no puedo consolar

La mesita en la cual compartimos tantas veces un café
fue testigo mudo de la última vez que te abracé
Ahí fue la primera vez que dijiste que me querías
y ahora sólo hay pena,y unas sillas vacías

Pequeño lugar de tantos encuentros y alegrías
ahora te veo desolado y frío,porque ya no estás
Tu imagen recuerdo ahora frente a las sillas vacías,
y el dolor se acrecienta al saber que no volverás

Lugar en que las penas me atacan, como perros en jauría,
desgarrando toda mi alma,llenándola de heridas
Penas que aplastan sin piedad mi corazón,
mientras los trenes,indiferentes, llegan a la estación.

Entonces como un loco, fuera de la realidad,
me siento en una de las sillas para contigo conversar,
y te digo que te amo, y que no te puedo olvidar
te digo que te espero para volverte a besar

Busco tu mano suave para poderla acariciar
más sólo encuentro un vacío que no puedo llenar
Me levanto y me alejo de ese triste lugar
me alejo sollozando ,para nunca regresar.
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4comentarios 64 lecturas versolibre karma: 113
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